El Criticón

Opinión de cine y música

Ha fallecido Pharoah Sanders, rey del jazz espiritual

Pharoah Sanders nació en 1940 en Arkansas, Estados Unidos. Creció en una familia de músicos y no tardó en unirse a la fiebre del rythm and blues, pero cuando conoció el jazz se decantó por él. Tras un periodo tocando en pubs y lidiando con la pobreza (literal, dormía en calle), tuvo la suerte de caer en la banda del gran John Coltrane. No tardó en alternar su puesto de saxofonista en el grupo con sus propios trabajos por libre. Y tan por libre. Su estilo alternativo, en plan hippie, llevó el jazz espiritual a nuevas fronteras, y no tardó en convertirse en uno de los músicos del género más aclamados, con algunos de sus álbumes en la cumbre, como Karma (1969) y Black Unity (1971). Pero casi toda su discografía es imprescindible.

En la entrada del nuevo milenio su ritmo de trabajo bajó mucho, pero inesperadamente tuvo otro momento de éxito con la colaboración con el grupo de electrónica Floating Points en 2021. El disco, Promises, fue muy aplaudido, estando el top anual de muchas revistas online, pero lo cierto es que yo, aun escuchando mucha electrónica, no termino de verle mucho valor. Pero esta atípica obra no hace sino agrandar su legado como músico arriesgado y único.

Falleció el 24 de septiembre en su hogar en Los Ángeles, contando con 81 años.

El País le dedica un buen artículo.

Biografía: Wikipedia. Discografía: Rateyourmusic.

Ha fallecido Wolfgang Petersen

Nacido en 1941 en Emden, Alemania, Wolfgang Petersen se inició en el cine como afición, y no tardó en estudiar para ello y dirigir algunas obras de teatro. En la década de los 70 estuvo centrado en televisión, hasta que pudo dar el salto al cine con la ambiciosa El submarino (Das Boot, 1978).

De hecho, era tan ambiciosa que le quedó una película de cinco horas, pero los productores vieron que era tan buena que le redujeron su metraje a dos horas y media para darle viabilidad comercial. Fue un éxito de crítica y taquilla mundial, y también supuso una lección moral, pues al representar a los soldados alemanes como personas y no como nazis desalmados cambió la visión de muchos espectadores. Con el tiempo termineron editando la versión completa en forma de miniserie.

La fama le permitió saltar a Estados Unidos con la superproducción La historia interminable (1984), que también obtuvo bastante éxito. Sin embargo, a pesar de haber afianzado su posición no terminó de ser un autor muy prolífico ni apuntó muy alto. Tras las rarezas de Enemigo mío (1985) y el thriller La noche de los cristales rotos (1991), apenas la épica Troya (2004) destaca entre unas pocas obras comerciales de escasa trascendencia (Estallido -1995-, En la línea de fuego -1993-, La tormenta perfecta -2000-) y alguna incluso de escasa calidad (Air Force One -1997-, Poseidón -2006-). Para su último lagrometraje volvió a Alemania: Cuatro contra el banco (2016).

Falleció el 12 de agosto en su hogar en Los Ángeles, contando con 81 años.

Biografía: Wikipedia. Filmografía: IMDb.

Black Phone


Black Phone, 2021, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 102 min.
Dirección: Scott Derrickson.
Guion: C. Robert Cargill, Scott Derrickson, Joe Hill (relato).
Actores: Ethan Hawke, Mason Thames, Madeleine McGraw, Jeremy Davies, James Ransone, E. Roger Mitchell, Troy Rudeseal, Miguel Cazarez Mora.
Música: Mark Korven.

Valoración:
Lo mejor: Los actores jóvenes son muy competentes.
Lo peor: Refrito del género sin alma ni tan siquiera coherencia. Se hace muy, muy aburrida.

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Alerta de spoilers: Resumo bastante a fondo la historia.–

Scott Derrickson labró una buena reputación con El exorcismo de Emily Rose (2005), Líbranos del mal (2014) y Sinister (2021), tres de terror que tuvieron bastante éxito entre los amantes del género. También ha sido uno de estos talentos incipientes que acaba fichado por grandes estudios para alguna superproducción, como Ultimátum a la Tierra (2008) y Doctor Strange (2016). Esto es una oportunidad para cobrar un buen cheque, darte a conocer ante el público y hacer amigos en la industria, y luego tener más facilidad para rodar lo que te venga en gana. Sin embargo, ahora que cuenta con esa ventaja, Derrickson da un importante paso atrás: Black Phone es una obra completamente fallida. Por suerte para él, este es un género peculiar donde cintas menores suelen tener éxito, y no le está yendo nada mal en taquilla, así que no tiene pinta de que realmente vaya a afectar a su carrera.

Black Phone (un título muy difícil de traducir, por lo que se ve) adapta un relato de Joe Hill, hijo del venerado Stephen King. No sé el original, pero la cinta es un compendio de los clichés más viejos y cansinos del género. El argumento de desapariciones de niños en suburbios en los años setenta a manos de un tipo chungo con máscara está harto gastado, y también abusa de infinidad de recursos evidentes: payasos y globos, lluvia y chubasqueros (ItKing, 1986- es una influencia obvia), visiones de fantasmas, sótanos, teléfonos inquietantes, forzadísimos sustos sonoros e incluso la típica pareja de detectives empanados.

Y no me malentendáis. Ya he dicho muchas veces que una idea muy vista puede funcionar si se cuenta bien. Ahí están como ejemplo las estupendas The Conjuring 1 y 2 (James Wan 2013 y 2016). Pero este no es el caso.

No se entiende nada de lo que está pasando, no hay unas reglas concretas, no se atisba un objetivo en el horizonte, los protagonistas no tienen un arco personal ni retos que permitan conectar, y la mezcla de subgéneros y estilos no cuaja de ninguna manera. Deambula sin ton ni son entre terror psicológico, slasher (asesino enmascarado), apariciones paranormales, sueños proféticos, casas embrujadas…

Empieza con una prometedora premisa de terror psicológico con carga social: los niños protagonistas sufren el acoso de los matones y de sus padres, con palizas brutales. Este primer acto sin duda sirve para indicar que el niño, endurecido por el ambiente tóxico, plantará cara cuando lo alcance el villano. Pero este tramo es tan largo e incide tanto en las escenas de violencia que ese parecía ser el argumento principal, y de repente se abandona todo eso para seguir otra línea… no, varias líneas entremezcladas sin conexión clara.

La breve parte del individuo inquietante acechando por el barrio en realidad inquieta poco, porque todo el mundo hace vida normal a pesar de haber supuestamente muchos críos desaparecidos. La odeisa en el sótano tampoco mejora la situación, porque entra de lleno en esa desconcertante combinación de distintas ideas.

Por la razón que sea, pues aquí no se explica nada, los fantasmas de anteriores víctimas conectan con el protagonista a través de un teléfono estropeado. Supongo que el autor espera que entendamos que se justifica con la clásica ansias de venganza de fantasmas atrapados entre muchos, pero no sabría decir, porque no llega a asentar nada, se pierde en diversas subtramas que no llevan a nada: los flashbacks de estas víctimas, los sueños de la hermana, los detectives…

Todas estas líneas sin conexión clara ni finalmente utilidad son de lo más chocantes, tanto que por momentos he pensado que Derrickson pretende una parodia gamberra del género, a lo Maligno (James Wan, 2021). La inútil aparición de los detectives torpes es lastimera, pero la absurda inclusión del hermano tonto del villano resulta surrealista. Por desgracia, no llega a caer de lleno en el cine cutre, el de pasártelo bien por la vergüenza ajena que provoca, y todo esto va pesando cada vez más, llevándote del aburrimiento al sopor extremo.

Mientras tanto, el protagonista trata de escapar en diversos escenarios que convenientemente le ponen en bandeja las llamadas telefónicas. Al estilo No respires (Fede Álvarez, 2016), intenta sobrevivir y largarse antes de que el dueño del hogar lo pille. Pero claro, si le dan todo hecho y se oye bajar al malo por las escaleras, ¿qué tensión puede haber?; si las motivaciones del asesino no se explican, ¿qué peligro esperar de él?; y si la mitad de estos retos son callejones sin salida para matar el tiempo hasta el final, terminas pensando que te están engañado. A la vez, hermana tiene sueños proféticos que no aportan nada, salvo aumentar esa sensación de que se les da todo hecho a los personajes. En todo el galimatías y los cruces de subgéneros y estilos, este asesino encarnado por Ethan Hawke queda diluido hasta el punto de que te preguntarás qué coño pinta en la película. Y el clímax final da lo más predecible que cabría esperar.

Ni la buena interpretación de los hermanos protagonistas, Mason Thames y en especial Madeleine McGraw, ni la correcta fotografía, que juega bien con los tonos anaranjados y apagados del cine de los años setenta y se maneja bien entre las sombras, permite levantar algo el nivel. Es una de las películas más malas y aburridas que he visto en años, y mira que recientemente me he tragado algunos bodrios de gran calibre, como Pig (Michael Sarnoski, 2021) o Lamb (Valdimar Jóhannsson, 2021).

Con la favorable posición del director entiendo que tuviera buena distribución, pero el boca a boca debería haberla matado rápido y en cambio está teniendo bastante éxito, superando los 130 millones de recaudación contra unos 20 que costó, así que aun contando con otro tanto en publicidad y distribución está haciendo dinero. Resulta muy chocante cómo el público del cine de terror puede encumbrar obras mediocres y hundir otras de mucho más valor: recientemente Maligno y Relic (Natalie Erika James, 2020) pasaron sin pena ni gloria a pesar de ser inmensamente superiores, muy sorprendentes e inquietantes. Black Phone es para encerrar en un sótano y hacer como que no ha existido.

Kimi


Kimi, 2022, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 89 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guion: David Koepp.
Actores: Zoë Kravitz, Byron Bowers, Rita Wilson, Devin Ratray, Derek DelGaudio, Jaime Camil.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Buenas dosis de suspense gracias a un guion y acabado sencillos pero de calidad. Personaje central potente y bien interpretado.
Lo peor: El cambio de tono hacia el humor negro en el tramo final descoloca, se siente prescindible. Hay partes un tanto predecibles.

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Tengo bastante admiración por Steven Soderbergh, un autor juguetón, capaz de dar siempre un toque personal y una vuelta de tuerca a un género cada vez más en desuso, el thriller, el cine de suspense con un público objetivo más bien adulto. También me cae bien por su sinceridad a la hora de hablar de la situación del cine contemporáneo, sus peculiaridades y problemas. Pero ir a contracorriente suele tener un precio, y es que puedes pasar del tipo alternativo aclamado (Ocean’s Eleven -2001-, Erin Brokovich -2000-, Traffic -2000-) al rarito olvidado (Solaris -2002-, Contagio -2011-, Indomable -2011-, la serie The Knick -2014-…).

Durante los confinamientos y posteriores restricciones debidos a la pandemia de coronavirus de 2020, muchas producciones se fueron rodando adaptándose como podían a las trabas y contagios, pero muy pocas basaron sus argumentos en aspectos de la propia pandemia. Kimi podría ser la más destacable.

Una joven vive aún encerrada en su casa en las postrimerías de la pandemia, no solo tele trabajando, sino también porque la crisis ha agravado sus problemas psicológicos y padece severas agorafobia, hipocondría, obsesión compulsiva… Pero en su labor de analizar los comandos de voz de un asistente del hogar llamado Kimi descubre un posible crimen que podría esconder un complot de la empresa, y deberá enfrentar todos sus conflictos personales para poder intentar encarar semejante reto.

Soderbergh se une al también notable guionista David Koepp (Parque Jurásico -1993-, Misión imposible -1996-) para ofrecernos un thriller con sabor a clásico, muy del estilo de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock (1954). Prima la sencillez y, dentro de lo posible hablando de una historia de crímenes y conspiraciones, un tono realista. Se busca la conexión con un personaje central muy potente, desbordante de humanidad, y también una crítica social sobre aspectos actuales, todo ello en un ambiente de intriga que te mantenga en vilo.

La protagonista, Angela Childs, representa todos los miedos y dificultades que hemos vivido durante la pandemia. La soledad en un mundo precisamente interconectado, la saturación de información y medidas sanitarias que más que ayudar desconciertan, las nuevas rutinas que trastocan vidas, los problemas mentales que emergen de todo ello o los latentes que explotan como nunca… Desde las primeras escenas nos introducimos de lleno en su vida, compartimos codo con codo sus tribulaciones. La intriga criminal añade también la crítica social, más concretamente al dominio de las grandes corporaciones tecnológicas sobre el ciudadano, la economía, las política… sobre todo, vaya. La desgraciada de Angela se ve envuelta en una situación que le viene grande, y el espectador sufrirá bastantes emociones en su odisea.

La notable interpretación de Zoë Kravitz y el excelente pulso de Soderbergh en la dirección materializan muy bien el guion. Rodar en un escenario cerrado y lograr transmitir tanto no está al alcance de muchos. Cada gesto y respiración de Angela tiene un sentido, se siente vívido. Cada plano está bien medido para afilar adecuadamente el suspense pero sin parecer facilón o sobreponerse con efectismo innecesario; salvo ese del objeto puesto en el borde de la encimera, tan obvio que no parece idea de los mismos autores. Destaca también la salida al exterior, donde la cámara persigue a Angela con unas carreras y ángulos que enfatizan de maravilla la paranoia en que vive.

Es obvio que no se busca un relato rompedor, sino la contención, retorcer lo cotidiano, crear desazón llevándote a una situación que podría ocurrirte a ti mismo. Pero eso no impide que haya tramos donde resulten algo predecibles, como la esperable respuesta esquiva cuando no hostil de la ejecutiva. Difícil no pensar que podrían haber buscado alguna solución más ingeniosa. Y quizá fueron conscientes de ello, porque en el tramo final optan por un tono de humor negro en la onda de Quentin Tarantino. Pero desentona en una obra tan formal, y puede estropear un poco la buena atmósfera conseguida. Otro problema es que, si bien el tratamiento de la informática estaba siendo bueno, hay un patinazo muy llamativo: cada vez que enfocan al hacker tecleando se ve claramente que está fingiendo, pulsando teclas aleatoriamente con todo descaro, y queda cutrísimo.

También me gusta el colaborador habitual del director en las bandas sonoras, Cliff Martinez, tan experimental como él. Sus trabajos en Solaris (2002), Contagio y The Knick son fascinantes. Aquí la música no toma tanto protagonismo y no tiene tiempo de lucirse, pero eso no significa que no esté muy certero también a la hora de matizar la intriga y el drama.

Kimi es otro buen tanto de Soderbergh en el cada vez más yermo páramo del thriller, una pequeña gozada para los amantes del género. Pero quizá sin una plataforma de streaming como HBO Max no la hubiéramos visto, porque los estudios dan la espalda a este tipo de propuesta en las salas de cine. Tanto Amazon Prime Video como sobre todo Neftlix están sacando bastantes cintas de acción y suspense que en los noventa eran comunes pero desde el año 2000 difícilmente tienen distribución, y si se unen otras tanto mejor.

El agente invisible


The Gray Man, 2022, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 122 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely Joe Russo, Mark Greaney (novela).
Actores: Ryan Gosling, Chris Evans, Ana de Armas, Billy Bob Thornton, Jessica Henwick, Regé-Jean Page, Julia Butters, Alfre Woodard, Dhanush, Callan Mulvey.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto carismático, personajes simpáticos, buen sentido del espectáculo y del humor.
Lo peor: Algunos roles secundarios cojean y un par de escenas de acción con efectos digitales no dan la talla.
Mejores momentos: Toda la parte de Praga, en especial cuando el protagonista está esposado al banco.
El anuncio: Es descarado como Audi ha metido dinero para mostrar sus coches.

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La novela El agente invisible de Mark Greany de 2009 es llevada al cine por los hermanos Anthony y Joe Russo, Christopher Markus y Stephen McFeely. Los cuatro se conocen por la saga Marvel, donde han colaborado en varios títulos de Capitán América y Los Vengadores. Se gesta en el seno de Netflix con la posibilidad de tener secuelas, ya que hay numerosos libros.

La premisa no es original ni en papel ni en su llegada a la gran pantalla. Centrándonos en lo que aquí concierne, recientemente encontramos numerosos títulos del estilo, varios de ellos en la propia Netflix: Kate, Extraction, Alerta roja, Polar… Agentes secretos o mercenarios, compañeros peculiares, escenarios de acción por todo el globo, un tono más bien distendido cuando no humorístico… Esta última es la mejor baza con la que están contando: la plena consciencia de que son entretenimientos sin pretensiones permite que sus alocados argumentos y rocambolescas situaciones no pequen de pretenciosos o demasiado inverosímiles. Quizá no es tan divertida como Alerta roja ni tan ágil en ritmo como Extraction, pero El agente invisible tampoco falla en su propósito de hacerte pasar un buen rato y permitir posteriores visionados sin que se resienta.

Lo mejor es el estupendo reparto que han conseguido reunir para los protagonistas principales. A la solvencia más que demostrada de Ryan Gosling y Chris Evans se incorpora una Ana de Armas con cada vez más proyección internacional. Los tres tienen una química estupenda, se adaptan con versatilidad al sentido de humor, lleno de diálogos ingeniosos y situaciones hilarantes. Sus personaje son también bastante agradables, cada cual con unas características concretas bastante llamativas. La única pega, que Ana de Armas merecía más tiempo en pantalla.

El repertorio de secundarios sin embargo es bastante irregular y muestra las debilidades del guion. El argumento no hay por dónde agarrarlo, y a veces ni con el estilo de cómic es difícil ignorar escenarios tan poco creíbles y figuras tan mal planteadas como los villanos. Los jefes de la CIA que meten en apuros a nuestros protagonistas no mantienen el tipo, resultan torpes tópicos más caricaturescos que temibles, y el casting está muy desacertado: Jessica Henwig es buena actriz, pero no pega nada en el personaje, es demasiado joven, y Regé-Jean Page tiene el mismo problema pero además su papel es más bien lastimero. En tierra de nadie queda Billy Bob Thornton como el típico mentor y Julia Butters como la niña que saca el lado más humano del asesino, roles muy sencillos y predecibles que caen medio bien pero no terminan de sentirse del todo integrados.

Otro punto fuerte es la vibrante puesta en escena. En Capitán América: El Soldado de Invierno, Capitán América: Guerra civil, Los Vengadores: La guerra del infinito y Los Vengadores: Fin del juego, los hermanos Russo mostraron un talento descomunal, poniéndose en primer plano del cine de acción contemporáneo, teniendo a todos en vilo por lo que nos trajeran a continuación. Aquí sigue viéndose su versatilidad, pero arrastran algunos problemas que empañan las buenas impresiones.

El ritmo es bastante bueno, quizá algo mejorable en el tramo inicial. Pero su fuerte son las escenas de persecuciones y tiroteos. Solo algunos golpes se pueden ver algo falsos, como coreografiados, pero dada la complejidad de las peleas que se han montado se perdona. Y cuando están inspirados nos dejan secuencias alucinantes: toda la parte de Praga es memorable, de las mejores escenas de acción de los últimos años. La planificación del escenario tuvo que dar bien de trabajo, y la ejecución está muy cuidada, destacando incontables detalles sorprendentes en los golpes y otras soluciones (un reflejo bien usado y cosas así).

Sin embargo, parece que tras poder disfrutar en los citados episodios de Los Vengadores de las mejores empresas de efectos especiales del momento, no han sido capaces de adaptarse a una producción donde no tienen tantos recursos. Dinero había, pero el enorme presupuesto de 200 millones de dólares no ha bastado para que las compañías con las que han trabajado dieran la talla en los momentos más ambiciosos. La escena del avión y del tranvía dejan mucho que desear, parecen formar parte de otra película: los efectos por ordenador, las pantallas de fondo, los dobles digitales… todo canta demasiado y se intenta disimular con oscuridad y nieblas. Y no se puede esconder lo obvio: un director con mayor visión o experiencia vería que no llega, que no está resultando como esperaba, y daría un paso atrás para buscar otra forma de hacerlo. Un gran ejemplo es Steven Spielberg con Tiburón (1975), donde las dificultades logísticas con la recreación de la criatura lo llevó a potenciar el suspense. Así que se puede decir que los Russo han pecado de ambición o incluso soberbia y han patinado en una cinta que tenía potencial para mucho más.

Aun con su patente irregularidad, hay suficiente buen hacer en El agente invisible como para esperar con interés las secuelas.

Jurassic World: Dominio


Jurassic World: Dominion, 2022, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 147 min.
Dirección: Colin Trevorrow.
Guion: Emily Carmichael, Colin Trevorrow, Derek Connolly.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Laura Dern, Sam Neill, Jeff Goldblum, Isabella Sermon, DeWanda Wise, Campbell Scott, Mamoudou Athie, BD Wong, Omar Sy, Dichen Lachman, Justice Smith, Daniela Pineda.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Personajes y actores principales simpáticos, con extra de nostalgia.
Lo peor: Personajes secundarios insoportables. Es un sinsentido de escenarios de acción sin suspense ni drama detrás, y encima muy mal rodado.
El título: Si tradujeron el anterior, por qué este no.

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Alerta de spoilers: Repaso bastante la trama y la historia de los personajes. —

OTRA SAGA AHOGADA POR LOS ESTUDIOS

Con la nueva trilogía de Parque Jurásico ha pasado como con la de secuelas de La guerra de las galaxias, pero con los errores agravados. Superar las flojas y decepcionantes continuaciones originales parecía muy fácil, pero ha primado la fórmula de cine de estudio sobre el arte, y hemos tenido sinsabores unos tras otro. La que abría esta nueva trilogía, Jurassic World, fue un remake descarado de Parque Jurásico, pues el estudio pensó que la nostalgia bastaba para llenar las salas. Y me temo que no se equivocaron, pues fue un éxito monumental. Cierto es que a pesar de su falta de originalidad y trascendencia era bastante amena, destacando por un buen acabado, pero es un producto sin alma, sin capacidad de perdurar en la memoria.

En la segunda, El reino caído, ya no tenían tan claro qué hacer. Está la idea de sacar a los dinosaurios de la isla para buscar nuevas fronteras, pero también se aferran a la imitación a El mundo perdido. Si parece que el estudio no tenía claro por dónde ir, además el equipo elegido para escribir y rodarla se fue por unos derroteros un tanto extraños, con esa trama de la mansión y la niña clon que no había por dónde agarrar. Como es también habitual en el cine hecho a trozos según cada directivo, productor y autor mete sus ideas por la fuerza, hubo rumores de imposiciones y cambios improvisados. También se mantuvo en pie a duras penas por el estupendo acabado y unos personajes bastante planos pero agradables, aunque ya se hacía bastante cuesta arriba.

En la tercera, tras tanto andar por la cuerda floja, caen al abismo. Sufre la misma maldición que La guerra de las galaxias: El ascenso de Skywalker: no saben si repetir o innovar, y marean la perdiz entre ambas ideas sin llegar a concretar nada, pues cada implicado parece estar tirando en una dirección sin que haya nadie al frente tratando de mantener la cordura. Y el desastre está garantizado.

HISTORIA SIN PIES NI CABEZA

La premisa ya parte de una posición bastante cuestionable: de las pocas especies e individuos de dinosaurios que escaparon de la subasta en la mansión de la segunda parte hemos pasado a una colonización mundial de numerosas especies e incontables ejemplares. Aun así, es un inicio prometedor: con la introducción de las noticias y la posición de Claire rescatando dinosaurios parece que se va a abordar sin rodeos la «nueva normalidad» de tener el ecosistema y la civilización humana acosada por dinosaurios, lo que abre un gran y sugerente abanico de historias de distintos estilos que abordar.

Pero el relato no termina de cobrar forma, vaga sin rumbo claro, y tiene muchos frentes abiertos, demasiados, con lo que la duración se va de madre. A veces repite obstinadamente los cánones de la saga, otras se va por derroteros que no aportan nada interesante o tan siquiera coherente. Y para rematar, no tardan mucho en abandonar cualquier intención inicial y volvemos al statu quo: ¡otro parque de dinosaurios! ¿Para qué amagas con salir entonces, para qué perder tanto tiempo en tramas que no llevan a ninguna parte? La idea de tener a los protagonistas yendo tras dinosarios que crean problemas aquí y allá y mercenarios trayendo otros nuevos no sonaba mal, siempre que los autores tuvieran a bien idear buenos escenarios. Pero tras amagar con ello deshacen todo lo andado sin venir a cuento.

Tenemos los líos familiares de Owen Grady y Claire Dearing con la niña clon, Maisie Lockwood, cuya existencia los obliga a mantenerse al margen. Pero está claro que algo ocurrirá para devolverlos al juego. Reaparecen los personajes originales, Ellie Sattler, Alan Grant e Ian Malcolm, metidos por la fuerza una historia que iba desarrollándose sin ellos y necesita hacer un hueco enorme para incluirlos, así como malabares alucinantes para forzar los encuentros con los demás protagonistas y situaciones.

Tras varios palos de ciego, el nuevo parque para dinosaurios termina convirtiéndose en un débil hilo central. Eso sí, el retorno a lo mismo de siempre trae un giro demencial, supongo que ideado para intentar aportar algo nuevo después de precisamente despreciar las novedades que habían planteado. Los dinosaurios pasan a ser algo secundario, usados como pobre justificación de escenas de acción que aparecen por todas partes sin razones claras y sin dejar huella alguna. Toma protagonismo una historia de langostas y experimentos genéticos de las malvadas corporaciones, estilo Monsanto, que no se siente nada conectada con la saga, pues parece que han tomado el guion de alguna serie B de enjambres de bichos que invaden pueblos. Y para colmo, los mensajes sobre ecologismo siempre han estado presentes, pero aquí el panfleto es bastante burdo.

Difícil mantener el factor sorpresa a estas alturas, así que lo lógico era esforzarse más en los otros puntos fuertes que hicieron de Parque Jurásico una obra que encandiló al mundo: personajes humanos y con gran magnetismo, escenas de tensión y acción de gran calidad. Pero como suele pasar en el cine contemporáneo, el tono de suspense es inexistente y está todo determinado por las piezas de acción que los mandamases quieran incluir, dejando situaciones inverosímiles cuando no agujeros de guion en cantidad, y una narrativa que detesto, la de que las pistas y respuestas de los misterios no son trabajadas por los protagonistas en escenarios que mantengan buenas dosis de intriga y deparen sorpresas, sino que les caen convenientemente encima en el momento preciso.

Ellie y Alan se ponen en marcha porque ella llega diciendo que sabe cosas, Owen y Claire porque los mercenarios del villano vienen a por la joven clon, y ambas parejas deambulan de un lado para otro encontrándose con todo lo que necesitan. Los primeros se quedan pasmados en el nuevo parque hasta que Ian Malcolm les revela las averiguaciones que ha hecho fuera de pantalla, y su aporte termina quedando limitado a entrar en laboratorios varios para agitar el avispero (o langostero) de cara al siguiente momento de acción. Los segundos se ven empujados a distintas partes del globo para fardar de presupuesto con escenarios exóticos, pero lo único que hacen es correr hasta que, igualmente, otros secundarios los asisten convenientemente: el amaestrador de la primera entrega, Barry Sembène (Omar Sy), y el informático tonto de la segunda, Franklin Webb (Justice Smith). La chiquilla clónica también está en todos lados, pero por el camino su historia de encontrar un lugar en el mundo queda muy básica y se resuelve simplemente viendo un mensaje de su madre biológica, con lo que el arco que habían presentado con el tema clon en la segunda entrega se siente totalmente desaprovechado. Y para rematar, los encuentros fortuitos a lo largo del relato son de lo más rocambolescos, da igual en qué confín del mundo o en qué lugar recóndito del parque se hallen, terminan encontrándose justo en los momentos clave.

Entre las paridas más destacables hay varias verdaderamente risibles, de las más ridículas que he visto en el cine: el empollón informático ya venía siendo un tópico bien rancio de sabelotodo antisocial, mal vestido y con gafas, y aquí retorna siendo becario de la CIA… un becario que puede sacar a la calle una tableta con información sobre los agentes secretos más importantes de la organización; que se tiren toda una escena explicándote que las medidas de seguridad que hay en el parque obligan a entrar volando, y luego resulte que hay un metro mucho más cómodo y seguro con el que salir y entrar… o no tanto, porque los dinos acceden y corretean por él fácilmente; dichos animales tienen un chip de control mental y hay un protocolo de urgencia cuando se produce una catástrofe en el parque… y consiste en juntar a todos los dinosaurios, incluyendo los más violentos, ¡en el recinto del personal humano!

PERSONAJES PRINCIPALES DESAPROVECHADOS
Y SECUNDARIOS INSOPORTABLES

Después de dos películas donde su relación apenas se movió alrededor de algunos tópicos, y la mitad ocurrió fuera de pantalla entre los dos primeros episodios, Owen y Claire por fin tienen escenas dignas en su relación personal y sentimental. Son bastante mundanas, pero no se necesita más como punto de partida. Sin embargo, una vez en marcha no hay más, así que es una suerte que Chris Pratt y Bryce Dallas Howard aporten buena química y gran simpatía. Alan y Ellie tienen bastante presencia y una correcta conexión con los demás, así que no parece nostalgia gratuita a pesar de llegar tarde y no muy bien; Laura Dern y Sam Neill hace mucho que demostraron ser buenos actores, el segundo de hecho merece mucha más fama. Pero al terminar la película cuesta recordar tanto los conflictos personales como los retos que ha superado el grupo durante las caóticas aventuras, y mientras que hay algunos diálogos bastante logrados en sus interacciones, otros muchos se inclinan por un humor muy tonto. Un poco por debajo queda Maisie: la joven Isabella Sermon es competente, pero como señalaba, el arco de su rol no tiene sustancia, así que queda bastante infrautilizada.

Aquí termina lo medio bueno, porque el resto es engullido por la incomprensible obsesión a la que se han aferrado en esta trilogía de convertir a los secundarios en roles cómicos de estilo infantil y absurdo. Esta línea alcanza a Malcolm, lo tritura y destroza hasta dejarlo en una caricatura de sí mismo verdaderamente cargante, de forma que ni la buena vena cómica Jeff Goldblum es capaz de tapar el desatino. También penoso resulta el empresario maligno. Es tradición en la saga poner villanos tipo dibujo animado, histriónicos malvados con mensaje de corrupción moral simplón y que morirán de forma graciosa. Pero con este han caído más bajo que nunca, destacando que es una ridícula parodia de Elon Musk. Decir cargante es poco, resulta una auténtica tortura. Campbell Scott hace como bien puede lo que le encargan, abusar de tics y manierismos excesivos.

En El reino caído habían creado un personaje homosexual, la veterinaria Zia Rodriguez, pero se asustaron en el último momento y recortaron escenas para dejar ese lado de su personalidad fuera. Curiosamente, aquí tenían más tiempo para explorar el rol de Daniella Pineda, pero se deshacen de ella sin más e introducen a Kayla Watts, encarnada por DeWanda Wise; fijo que algún directivo se llevaba mal con la primera o estaba prendado de la segunda. La piloto que trapichea en los márgenes de la ley es carismática de primeras, pero cada dos por tres anda repitiendo que le gustan las mujeres, algo que no aporta nada a una personalidad que ni llega a definirse y queda como otro descarado panfleto político que sumar a los ya demasiados que salpican demasiadas películas y series hoy en día. De hecho, también hay alguna escena de mujeres unidas y emancipadas que da vergüenza ajena.

A los repelentes colegas de Owen y Claire ya los he mencionado, pero tenemos otros secundarios nuevos prescindibles: la asiática (Dichen Lachman) que sirve de especie de villana intermedia resulta tan ajena a la película como olvidable, y el ayudante del empresario que tiene dudas sobre su trabajo (Mamoudou Athie) tampoco aporta nada útil, solo sirve para darle una llave a los protagonistas, algo que podría haber hecho Malcolm. En tierra de nadie queda Henry Wu (BD Wong), que ha ido dando bandazos sin rumbo durante toda la saga: de científico entrañable a tópico de científico demente sin moral, y ahora tiene una especie de viaje redentor que me importa bien poco.

ACABADO INDIGNO DE UNA SUPERPRODUCCIÓN

El director Colin Trevorrow estuvo bastante bien en la primera parte, supliendo la falta de originalidad del guion (en el que también colaboró entonces y ahora, todo sea dicho) con un acabado impecable en la técnica y con ritmo y energía de cara al espectador. Pero aquí no llega a controlar la cinta en ningún momento, la desgana o prisas hacen mella en todo el equipo de rodaje y el producto final hace aguas por todas partes.

Hacen lo habitual de las malas películas: dejar todo el trabajo que pueden para la etapa de postproducción, donde ya es tarde, porque cuesta encajar los efectos especiales y lograr un buen montaje con un metraje donde no han tenido claro ni qué rodaban, así que como para planificar algo concienzudamente. Y como resultado, los efectos especiales son increíblemente malos y el montaje chapucero. Incluso técnicas muy viejas, como los muñecos y animatronics para primeros planos, dejan muchísimo que desear.

La escena de persecución en moto es espantosa, digna de la copia mala de The Asylum, no de una superproducción de 200 millones de dólares: todo son borrones, pantallas de fondo evidentes, dobles cantosos… Por no decir que el estilo a lo James Bourne y Misión Imposible está muy visto y aquí no pega nada. Aquí se esperan escenarios de tensión y acción largos, bien currados, que resulten absorbentes. Pero tenemos unas aventuras y peleas con dinosaurios que son un caos de ruido y planos frenéticos donde no se entiende nada, empezando por la razón de lo que está ocurriendo.

Hasta la banda sonora se resiente. Con la falta de calado dramático y de coherencia narrativa, el solvente Michael Giacchino apenas rasca un repertorio de temas de acción bastante rutinarios. No es que las otras dos sean de las mejores en su rica discografía o se acercaran al legado de John Williams, pero eran bastante buenas.

Jurassic World: Dominio no cumple con el mínimo exigido para una cinta de acción con la que pasar el rato, y como entrega de la serie abandona tanto algunos de sus pilares y desvirtúa demasiado los que mantiene, así que es comprensible que la gente se sienta defraudada cuando no estafada.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido: Parque Jurásico (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World: El reino caído (2018)
-> Jurassic World: Dominio (2022)

Ha fallecido James Caan

Nacido en New York, en 1940, la carrera de James Caan carrera es larga y se gestó poco a poco, con muchas apariciones esporádicas en series en los 60 y ya algunas películas al final de la década, destacando la gran El Dorado (1966), donde empezó a hacerse notar con una interpretación estupenda. De ahí pasó a la aclamada El padrino (1972), tras las que parecía tener el cielo garantizado y poder hacer lo que quisiera, como la extraña Rollerball (1975). Pero a pesar de la fama y el prestigio, fue de esos que nunca consiguió asentarse como actor principal, ni siquiera tras la también memorable Misery (1990), de hecho, tenía que recurrir a papeles menores para mantenerse a flote, incluyendo en televisión, donde tuvo suerte en la serie Las Vegas (2003), que protagonizó durante varias temporadas. Si bien se ha mantenido siempre activo, llevaba muchos años sin destacar.

Ha muerto el 6 de julio, con 82 años.

Biografía: Wikipedia. Filmografía: IMDb.