El Criticón

Opinión de cine y música

Ex Machina


Ex Machina, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Alex Garland.
Guion: Alex Garland.
Actores: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac.
Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury.

Valoración:
Lo mejor: Temática jugosa bien tratada. Puesta en escena sobria pero efectiva en la creación de intriga y emociones.
Lo peor: La sensación de que con este argumento podrían contar cualquier cosa, con lo que, según lo que imagines y esperes, puede que no te llene, sobre todo en su flojo final.
El Óscar: Premio a mejores efectos especiales… ¿En serio? ¿Ante Mad Max y El despertar de la Fuerza? Si solo tiene un pequeño trucaje con la tira de años de antigüedad; por ejemplo se vio en Inteligencia Artificial en el 2001.

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Un programador que trabaja en la empresa más grande y popular del gremio (un trasunto de Google) es elegido por sorteo para pasar una semana en compañía del fundador y presidente de la misma, sobre el que existe una admiración rayana la adoración fanática, como ocurre con Steve Jobs por ejemplo. Pero no serán unas vacaciones al uso, porque este dirigente sigue siendo un visionario y tiene un proyecto revolucionario que requiere una evaluación externa. El joven elegido deberá relacionarse con la inteligencia artificial que ha creado para estimar si es completa, es decir, consciente y emocional cual persona.

Lo que Ex Machina propone es un ensayo, un análisis de lo que esta situación podría implicar y en lo que podría derivar. No es un argumento nuevo, 2001 y Terminator ya trataron el tema hace décadas y coinciden en algún punto importante, y recientemente hemos tenido otras con más semejanzas, Transcendence y Her. La primera fue un intento de cinta comercial que resultó un despropósito, la segunda mostraba potencial pero la obsesión por lo pretencioso también la hundió. Y aunque ambas dejaban sobre la mesa algunas propuestas interesantes de cómo se comportaría una IA y cómo reaccionaría el ser humano y la sociedad ante ella, es Ex Machina la que logra retomar el tema con mayor seriedad y detallismo, pero también más entretenido a pesar de su sobriedad y el tono filosófico que empuja a la reflexión. Supongo que también podría citarse A.I., Inteligencia Artificial, pero no se parece en nada, amén de que era irregular y demasiado melodramática (parecía un telefilme de alto presupuesto), en contraste con esta, más equilibrada, sutil y natural.

Su principal punto fuerte es la excelente construcción de personajes y la perspectiva intimista, centrada en aspectos profundos de la psique humana. Era indispensable acertar ahí, pues es la base del relato: seres humanos, con todas sus fallas y secretos, ante una situación novedosa que promete cambiarlo todo. Nos presentan a los dos protagonistas de forma que en seguida intuimos sus formas de ser… pero realmente no los conocemos, porque todos guardamos secretos y disimulamos emociones, y los demás nos ven con su propia perspectiva. Así, son caracteres muy verosímiles, con sus fallas, sus secretos, sus pensamientos y sentimientos contenidos, sus puntos de vista, etc. Y la relación entre ambos y la IA fluye como cualquier relación, con sus mentirijillas, sus velos y sus posturas fingidas. Con ello el guionista y director Alex Garland aborda con delicadeza y verosimilitud lo que define a un ser racional y sensible, de forma que además del fantástico retrato que hace del ser humano también es muy hábil a la hora de dibujar lo que podría ser una inteligencia artificial.

Los actores corren desigual suerte. Alicia Vikander como la IA está estupenda en un papel difícil, el de las reacciones y reflexiones veladas. Aquí es donde empezó a sonar su nombre, y luego deslumbró con La chica Danesa. Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis, El año más violento, Show Me a Hero) cumple bien como el genio críptico y la vez algo excéntrico, pero quizá podría haber dejado más huella. Y Domhnall Gleeson me parece bastante limitado para ser el protagonista principal, le falta registro y nervio. Curiosamente, entre 2014 y 2015 estrenó nada más y nada menos que cinco películas de bastante éxito y que acapararon numerosas nominaciones a premios, lanzando su nombre en la industria a lo grande: El despertar de la Fuerza (donde coincidió con Isaac), El renacido (en ambas se lo vio mucho más implicado que aquí), Brooklyn, Invencible y la presente; su agente estuvo bien inspirado.

Otro aspecto destacable es la puesta en escena, que combina muy bien la elegancia visual con el dominio del tempo narrativo. El escenario elegido es un acierto, tanto por su por su belleza como por la comunión de exuberante naturaleza con la frialdad humana, que le va de perlas al argumento. Garland le saca gran partido a este entorno componiendo imágenes bastante atractivas que mantienen los sentidos siempre en alerta. Pero va más allá, porque el tono de misterio también es muy acertado y va creciendo poco a poco. El sugerente escenario, la cada vez más inquietante figura del genio informático, la fascinante IA y sus posibles intenciones, la dinámica de la relación entre los tres y los secretos que van saliendo a la luz juegan muy bien con el suspense y el factor descubrimiento. En realidad prácticamente nada de lo narrado es realmente novedoso, pero consigue mostrarlo como si lo vieras por primera vez, poniendo cada giro en su momento justo y en la atmósfera adecuada. Por desgracia su cierre rompe el hechizo. En él se pierde un poco el ambiente sugestivo, llegando a atascarse en una solución bastante predecible. Además, el tono contemplativo, pausado, también deja de funcionar: debería haber subido el ritmo para darle más intensidad. Así, según las expectativas que fuera generando la cinta, su desenlace puede llegar a decepcionar porque podía derivar en muchas opciones y se decanta por una muy básica después de todo lo que ha ido proponiendo.

Ex Machina no resulta una obra revolucionaria a pesar de que parece creerse que sí lo es, pero es muy entretenida y deja unos cuantos pensamientos rondando en la cabeza, amén de que destila elegancia y buen hacer.

La chica danesa


The Danish Girl, 2015, Reino Unido, EE.UU. Alemania, Bélgica, Dinamarca.
Género: Drama.
Duración: 119 min.
Dirección: Tom Hooper.
Guion: Lucinda Coxon, David Ebershoff (novela).
Actores: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard, Matthias Schoenaerts, Ben Whishaw, Sebastian Koch.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, música y vestuario impresionantes. Reparto muy entusiasta.
Lo peor: Le falta algo de valentía, ritmo y pegada, y le sobra obsesión por ganar premios.

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Está claro que es una película confeccionada para ganar premios, los Óscar a la cabeza, que Eddie Redmayne y Tom Hooper quieren repetir sus éxitos recientes, La teoría del todo y El discurso del rey respectivamente. El patrón es el mismo de siempre: melodrama de superación personal de unos seres desamparados contra el resto del mundo. Un matrimonio de pintores daneses (inspirados vagamente en figuras reales) ve rota su felicidad y armonía cuando el hombre sale del armario como transgénero. El mundo que conocían cambia por completo, el choque con la sociedad está garantizado, y deberán luchar por darle forma a una nueva vida.

La perspectiva es más luminosa de la cuenta viendo el argumento, pues esta situación, si en nuestros días está rodeada de tabúes y problemas, en esa época supondría un escándalo social enorme, vejaciones personales constantes, una difícil lucha contra las imposiciones morales, y en definitiva un horroroso suplicio para quien lo viviera. Pero como debe ajustarse a los cánones de Hollywood lo edulcoran hasta convertirlo en relato blandengue, que finge ser crítico y trágico pero sólo vende emociones baratas. El protagonista casi no sufre traspiés (un capítulo de acoso metido con calzador, unas visitas a médicos que no suponen demasiados problemas), los amigos son imposiblemente tolerantes y fieles, se topa con buena gente allá por donde va, la esposa está abierta a todo y no se hunde nunca y el matrimonio pasa de puntillas por las crisis esperables. El simple hecho de elegir una pareja de artistas que se mueven por los fueros más abiertos y progresistas de la sociedad facilita mucho las cosas. Habría sido más valiente e interesante ambientar la historia en una paleta familia obrera o en unos nobles ultraconservadores, pero elegir artistas bohemios parece hacer trampa.

Eso sí, hay que decir que la idea de conmover con un tono amable la dominan bastante bien, sin caer en la manipulación y el exceso de sensacionalismo. Logran de cuento de hadas semitrágico con buenas dosis de ilusión y mensajes de superación facilones pero no retorcidos; que todavía recuerdo con asco Dallas Buyers Club, Descifrando enigma y Whiplash, tres detestables monstruos de la manipulación emocional que triunfaron recientemente. La comparación más cercana sería precisamente La teoría del todo, un drama comercial sencillo pero hecho con bastante cariño, con lo que disimula bien su estilo prefabricado y almidonado.

El matrimonio resulta encantador, en parte por su relación tan abierta, en parte por las formas de ser (la vitalidad de la esposa se contagia rápido), y también por el entorno rutilante (arte, fiestas, vida en lugares hermosos). Y los pocos amigos (el belga Matthias Schoenaerts, que se dio a conocer en la recomendable Rundskop, la bailarina –Amber Heard-) se hacen querer también a la primera. El factor clave de la fuerza de estos personajes son los actores. Redmayne ya demostró su vena camaleónica en la encarnación de Stephen Hawking, y aquí está estupendo en un registro más emocional que físico, aunque este también cuenta mucho (la adaptación a los movimientos y gestos femeninos). Como él ya era conocido, la que terminó deslumbrando fue su compañera, Alicia Vikander, que se presentó a lo grande en el año 2015 con Ex Machina y la presente. En aquel título jugaba con la contención, y aquí todo lo contrario: una mujer vivaz y enérgica que repentinamente se encuentra con una tormenta de acontecimientos y dramas que amenazan con destruir su idilio.

En cuanto a la historia, con esa limitación narrativa autoimpuesta resulta muy predecible. Deben cumplir con los patrones básicos, las escenas de rigor, y no salirse mucho en tono; el escritor no parece esforzarse en tratar de sorprender, de buscar soluciones más ingeniosas, y cada capítulo y giro se ve venir de lejos. Además, con eso de abarcar muchos años se le notan algunos saltos un poco bruscos, como si faltara una transición más adecuada de eventos y maduración de personajes. Pero nada es especialmente grave, de hecho resulta bastante entretenida. Aunque si termina siendo un título de buena calidad es sobre todo por su acabado, primero por los imponentes actores, segundo por la arrebatadora puesta en escena.

El exotismo que ofrece la ambientación en la Europa menos conocida de la época lo aprovechan muy bien. El vestuario es excelente, las localizaciones muy acertadas, la fotografía maravillosa (Danny Cohen) y la música (Alexandre Desplat) delicada y hermosa. Cada plano es un cuadro: composición compleja y colores equilibrados cautivan e hipnotizan. Tom Hooper se acerca más a la calidad con que asombró al mundo en El discurso del rey que a la poco inspirada labor de Los miserables, conformando una película más sólida y atractiva de lo que su simplón guion parecía que podía ofrecer.

En cuanto a los Óscar, no voy a criticar que faltara esta brillante fotografía, porque la competencia en este campo el año pasado fue brutal: Mad Max, El renacido, Los odiosos ocho, Sicario y Carol. Pero sí me falta la nominación a banda sonora (probablemente la mejor del año tras El despertar de la fuerza), y sobre todo me sorprende su ausencia como mejor película, dado que es de la onda de la Academia y además bastante correcta, pero prefirieron tonterías como El marciano y Broolkyn o productos fallidos como El puente de los espías. O quizá me equivoco y no entra en los gustos de la academia, pues a lo mejor a pesar de los años que han pasado desde Brokeback Mountain todavía están muy viva la homofobia, transfobia y demás mierdas.

Brooklyn


Brooklyn, 2015, Reino Unido, Canadá, Irlanda.
Género: Drama.
Duración: 111 min.
Dirección: John Crowley.
Guion: Nick Hornby, Colm Tóibín (novela).
Actores: Saoirse Ronan, Emory Cohen, Eileen O’Higgins, Emily Bett Rickards, Julie Walters, Samantha Munro, Jim Broadbent, Emory Cohen, Domhnall Gleeson.
Música: Michael Brook.

Valoración:
Lo mejor: Saoirse Ronan. Cierta elegancia y naturalidad…
Lo peor: …aunque no impide que el resultado sea predecible y en ocasiones almidonado.

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Seguro que has visto esta película varias veces, con otros títulos y actores. Es la clásica historia de maduración a través de un viaje. Un joven algo más listo y despierto que los demás de su entorno decide dejar atrás lo conocido para explorar nuevos horizontes. Tendrá algunos desencuentros, sufrirá algunas penurias, pero irá adaptándose al mundo, aprendiendo de sus gentes y culturas, y volverá más sabio y con un poso que le permitirá enfrentar lo viejo con soluciones que en ese lugar estancado parecen nuevas. En algunos casos, como en este, el retorno puede ofrecer la disyuntiva de si quedarse o seguir donde tenía una nueva vida.

En esta categoría hay obras originales e inteligentes, como El indomable Will Hunting, las hay que combinan tragedia y aventuras, como El rey león (aunque en esta el viaje es obligado), otras se centran en un aspecto concreto, como La vida de Adèle con el despertar sexual, y alguna trata de aportar un estilo novedoso pero realmente no ofrece nada nuevo, como Boyhood (de ahí que su éxito me resulte incomprensible)… Pero por lo general la mayoría son melodramas sencillos (Tracks, El viaje de tu vida), y muchos no pasan de tener un guion de telefilme, es decir, poco imaginativo, anclado en clichés. Y aun así algunas de estas cintas triunfan porque explotan algunos elementos que gustan en los Óscar: la superación personal, el yo contra el mundo, el ambiente de época y, este sí suele ser merecido, los esfuerzos interpretativos. Por ejemplo recientemente tenemos An Education, amable y certera en la descripción de los personajes, pero poco sustanciosa en conjunto, y tuvo un puñado de nominaciones. O esta Broolkyn, que también optó a muchos premios a pesar de no aportar nada genuino.

No hay capítulo que sorprenda y cada personaje responde a un estereotipo del género. Además es demasiado luminosa. Todos los chicos son perfectos (románticos, serios…), la jefa es cariñosa, el cura un encanto, la madre muy permisiva, y realmente a la protagonista no le pasa nada grave más allá de la dolorosa lejanía con el hogar y los seres queridos. La única figura algo más oscura está para cumplir con otro tópico: la vieja repelente que será puesta en su sitio en la escena de rigor cuando la protagonista vuelva más fuerte. Por suerte no resulta pastelosa y manipuladora, es decir, no se exceden con el factor Óscar, resultando más natural y verosímil que bodrios infumables como Descifrando enigma, Whiplash, Dallas Buyers Club… La perspectiva sencilla pero cercana (lo vemos todo a través de una chica de pueblo) logra suficiente simpatía y dosis de humanidad como para provocar sentimientos sin forzar la cosa. No llega a deslumbrar, es algo predecible (la inmigración hacia américa de los irlandeses es bien conocida), y alguna vez cae en lo ñoño (la escena final en el barco es tan forzada, tan cliché, tan innecesaria), pero es emotiva en su justa medida, ofrece una correcta representación de la época, de los anhelos y fallos de los seres humanos, del crecimiento como personas.

Se nota una falta de ambición, o la imposibilidad de haber conseguido un buen presupuesto, en la inexistencia de grandes exteriores (el barco ni se ve desde fuera) y algún efecto cutre (el plano desde la barandilla al océano canta mucho), cumpliendo únicamente en el vestuario. Pero como la historia es intimista no se echa de menos la ampulosidad habitual de estas obras, y el director se esfuerza bastante, ofreciendo un aspecto visual de buen nivel. Además Saoirse Ronan llena la pantalla ella sola, tanto por su hermoso rostro con rasgos tan de la época como por la estupenda interpretación a través de la que muestra un amplio rango de sentimientos con sutileza y contención.

Escuadrón suicida


Suicide Squad, 2016, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 123 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Will Smith, Margot Robbie, Joel Kinnaman, Viola Davis, Cara Delevingne, Jai Courtney, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jay Hernandez, Karen Fukuhara, Scott Eastwood, Jim Parrack, David Harbour, Jared Leto.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes de Will Smith y Margot Robbie, y sus interpretaciones, sobre todo la de esta última.
Lo peor: Todo lo demás.
Mejores momentos: El rescate. La escena del bar.
El doblaje: ¿Por qué dejan sin traducir algunas palabras? ¿Es que pensaban que así mola más? “Speech” en vez de “discurso” y otros términos en inglés me descolocaron y molestaron un montón. ¿Pero quién habla así? Aparte, la voz de Joker la pone a parir todo el mundo, y con razón.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores de ningún tipo.–

Llega la nueva entrega del universo DC adaptado por Warner Bros. Llega con miedo por parte de los productores, porque el capítulo inicial de la serie que une a varios de sus personajes, Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia, no contentó a casi nadie, y aunque la taquilla fue notable, parece ser que esperaban más, así que flota en el ambiente el temor de las siguientes partes se resientan. Y los cinéfilos llegamos también con pocas ganas (aunque como buenos frikis, ficharemos), dada la patente torpeza de la que van haciendo gala. De hecho los rumores sobre rodajes de escenas adicionales causaron bastante revuelo. ¿Intentaban arreglar una chapuza a última hora? ¿Pretendían darle un toque de humor extra para paliar las quejas sobre el estilo ominoso y trascendental tan postizo de los dos filmes protagonizados por Superman? ¿Querían darle un toque más adulto viendo el éxito de Deadpool? El rumor más sonado es que el director tenía una obra oscura, en la línea de la saga que están adaptando, y el estudio la ablandó y llenó de humor más ligero. Si bien para la crítica sólo puedo basarme en lo estrenado, es inevitable opinar sobre el proceso creativo, pues arrastra decisiones y acciones bastante erráticas que sin duda están afectando a la calidad de los episodios que llevamos.

El primer aspecto reprobable son las prisas, las presiones del estudio, que ponen fechas de estrenos antes de tener si quiera guion, que piden resultados rápidos y exigen cambios en medio del rodaje. Esto no es exclusivo de esta serie, es una plaga en la industria. Incluso grandes obras se rodaron improvisando (como Gladiator), porque una vez en marcha no se puede parar el rodaje, costaría demasiado. O, por centrarme en los superhéroes, Iron Man se apañó bastante sobre la marcha. Así que no podemos decir que sean nuevos en estas malas artes… pero repetir el mismo patrón en tres ocasiones desde luego no te deja en buen lugar…

Se lanzaron a unir Batman y Superman sin haber terminado de asentar al dios de Krypton ni haber presentado al azote de Gotham. Y da la impresión de que lo hicieron porque pensaron que esta confrontación tan popular era un salto necesario dada la tibia recepción de El hombre de acero. Si Marvel arrasó con Los Vengadores nosotros también. Pero olvidaron que la competencia empezó con buen pie, pues Iron Man encantó a todos y supieron superar el gran patinazo de El increíble Hulk consolidando la saga con una segunda entrega de las andanzas Tony Stark, uno de sus iconos, y las primeras partes de las otras dos figuras principales, pues aunque Capitán América: El primer Vengador no fue deslumbrante sí definía muy bien la personalidad del héroe y las características de su historia, y Thor fue la mar de entretenida y mostraba también un rol con carisma. Pero en Warner van a pelo… y se encuentran con un título que debe unir demasiadas cosas y ambiciona demasiado. Y no tienen buenos guionistas y directores, o no les da tiempo a buscarlos, ni les dejan margen para desarrollar con tranquilidad el proyecto: depurar el estilo, perfilar mejor los caracteres y su trayectoria, buscar una trama de calidad y equilibrada…. Y claro, sale lo que sale, un batiburrillo de ideas, personajes y estilos muy mal planteado y ejecutado con gran torpeza.

¿Y han aprendido algo? Pues está claro que no. Con Escuadrón suicida se aferran a la fórmula, innovando únicamente en la aportación de más humor (y como indicaba, todo parece indicar que fue un apaño de última hora). El resultado de ir hacia adelante precipitadamente, saltando a la unión de otro grupo de héroes sin haberlos introducido debidamente, se nota desde las primeras escenas: tienen que lidiar con un material demasiado amplio y complejo, se enfrentan a una producción donde ponen demasiadas esperanzas, y se vuelven locos en el proceso tratando de hacer que todo funcione.

Los protagonistas son presentados con prólogos, flashbacks y resúmenes metidos a mogollón, como si fueran el “anteriormente en…” de cualquier serie. Y esa es la sensación constante: que te has perdido los capítulos que los introducen y no entiendes nada. A pesar de los minutos dedicados apenas definen sus formas de ser, y parece que los realizadores de vez en cuando se dan cuenta de que tienen que explicar un nuevo aspecto de su historia, con lo que recurren a nuevos flashbacks que cuelan con calzador y están llenos de topicazos, porque deben ser breves, que rompen el ritmo. Sólo hay cuatro principales dignos de mención, y sólo dos de ellos dan la talla. Deadshot y Harley Quinn de hecho son lo único que da cierta coherencia, atractivo y dirección a la película. Tienen un carácter bien determinado y bastante sugerente, y son los únicos con escenas con algo de empaque y una leve evolución (su acercamiento y entendimiento mutuo), los únicos con chistes que incitan a la sonrisa y cuyos problemas llaman mínimamente la atención. Will Smith alterna bien los momentos sombríos con los de excitación y cabreo, y Margot Robbie (dada a conocer en El lobo de Wall Street) está fantástica con su repertorio de coqueteos y locuras.

Los otros dos relevantes se estancan en estereotipos, desaprovechando sus posibilidades. El coronel prometía pero termina siendo muy monocromático, pues su motivación es muy básica y no da más de sí. Joel Kinnaman (The Killing, Robocop) es buen actor, pero no tiene donde agarrarse. Amanda Waller, la agente secreta que arma el comando, también se queda en una promesa: la de ofrecer un villano más complejo y terrenal que el ente mágico que hace las veces de enemigo final, así como ahondar en la corrupción y la ambigüedad moral. Pero se pasan recalcando lo obvio hasta convertirla en otro vulgar cliché: los protagonistas tienen que quedar como medio buenos (empezar como malotes pero acabar abrazando la responsabilidad y la colaboración), así que hay que dejar claro que ella es la mala, y lo hacen con algunas escenas dignas del “mejor” cine cutre, como esa en la que se carga a tiros a sus propios hombres. De risa. Ni la correcta interpretación de Viola Davis (Criadas y señoras, El juego de Ender), que consigue excelentes miradas de hijaputa, levanta el interés.

El resto de personajes son intrascendentales, como incluidos para cumplir el cupo pero sin saber qué hacer con ellos, quedando como meros frikis de adorno. ¿Cuál se supone que es la habilidad o poder del atracador y qué pinta en todo esto? Con la asiática y su katana tenemos otro tópico cansino. Parece que siempre tiene que haber algo raro y bruto tipo La Cosa/Hulk/Groot, y cumplen con ello sin preocuparse por darle una personalidad. No falta tampoco el que quiere ser bueno pero no le dejan, que tendrá su giro tan previsible como aburrido. Y para rematar está el que desde el primer momento apunta a que será carnaza.

En cuanto a la dinámica de la pandilla, esta tampoco da nada de sí. Sin diálogos con ingenio, cinismo e ironía, sin chistes de nivel, sin escenas que expriman a los caracteres, lo que queda son tipos raros andando por la calle. Los temas de amistad en tiempos difíciles, caídas al lado oscuro y retomar el camino, así como los juegos con los límites de la ética y los puntos de vista sobre la misma, son superficiales, anecdóticos, como si no pusieran esfuerzo en tratarlos, como si no fueran importantes. Pero al final los autores se acuerdan de que hay que cumplir con ello, que de eso va la película, así que de repente los personajes deciden unirse, afirman que son una familia, y se lanzan a luchar por el tipo que los está extorsionando con su libertad y su vida, todo ello sin una razón clara, pues salvo el incipiente romance o colegueo entre Quinn y Deadshot, ninguno se ha movido un ápice desde su primera aparición. Es que hay alguno que se va, pero luego vuelve porque sí. También podemos preguntarnos la lógica misma de la concepción del grupo… ¿De qué podrían servir un francotirador, una loca, un atracador y una espachina contra un enemigo del calibre de Zod?

Y sobre las inclusiones de otros de la saga, parecía que con Joker habían superado el fallo de Batman vs. Superman con Wonder Woman, es decir, si va a ocupar muchos minutos debe tener una influencia en la trama y los protagonistas. Pero por desgracia no logra hacerse un hueco a pesar de tener bastante metraje. Un tipo loco maquillado que mata gente, no hay más. Termina siendo un anodino complemento de la historia de Quinn, con lo que obviamente los que esperábamos más de una figura tan llamativa y con tanta presencia en los anuncios hemos acabado muy decepcionados. El resto (Batman, Flash y otros indefinidos) los muestran en modo cameo como diciendo “tenemos un plan”, cuando la evidencia apunta a lo contrario. Con unos personajes tan desconocidos (Cyborg, Aquaman) no puedes hacer esto, sólo genera confusión. ¿Pero quieres llegar a todo el mundo o sólo a los lectores más acérrimos?

Con este grupo tan desaprovechado, que oscila entre la indiferencia y el aburrimiento y tiene pocos momentos dignos, no hay muchas formas de lograr una aventura que enganche… y menos si tampoco le pillan el tono que se esperaba, que se anunciaba, que requería dada la fuente original, resultando una cinta fingidamente “guay”, ingeniosa y atrevida, y fingidamente oscura, adulta y divertida. En el primer conjunto tenemos el malogrado carácter moderno y gamberro. Con las letras horteras en pantalla no sé si querían imitar el estilo graciosete de los créditos de Deadpool, pero lo que vemos me parece una cagada: infantiles y cutres, y ni siquiera da tiempo a leerlas del todo. Los intentos de resumir las supuestas personalidades excéntricas con escenas y gracias breves carecen de savia e ingenio. Y la originalidad no se ve por ninguna parte, sino todo lo contrario: los tópicos de familias son bastante cargantes, los guardias tontos y violentos son clichés cansinos. En el segundo conjunto, como en las dos entregas previas, el estilo oscuro y serio resulta impostado. El aspecto visual de colores apagados y unos supuestos criminales como protagonistas no impresionan, porque no hay escenas realmente épicas, ni dramáticas, ni adultas; la limitación de edad a mayores de 13 años le ha hecho mucho daño. Y el humor es flojo tirando a malo. Sin chispa ni inteligencia, forzado en muchas ocasiones, primordial y predecible en otras, apenas hay tres o cuatro momentos donde la sala, llena a rebosar, se rio tímidamente. En Deadpool es despolle era constante, y Guardianes de la galaxia te llevaba de la emoción intensa a la risa descontrolada con gran facilidad.

Lo cierto es que entrando en el segundo acto (una vez puesta en marcha la misión) hay un amago que lleva a pensar que en el resto de la cinta exprimirían por fin la dinámica del grupo, con una aventura que combinara violencia, humor negro y atractivos individuos marginales y dementes. En la misión de rescate destaca una sorpresa sencilla pero efectiva, las reacciones de todos y un giro con Quinn; y poco después tenemos la escena del bar, que por fin saca algo de los personajes, en especial los dos con más visibilidad. Pero la trama en que los sumergen es insípida y termina de matar el poco potencial que se dejaba ver. Los realizadores han perdido todo el primer segmento tratando (inútilmente) de dar forma a los protagonistas, no queda tiempo para elaborar una buena historia. Así que arman un básico plan de rescate y una lucha contra un monstruo de manual. Tenemos una bruja piruja cuya naturaleza, objetivos y poderes no se explican lo más mínimo, cuya intérprete Cara Delevigne no realza con carisma y maldad sino todo lo contrario, termina de hundir con su apatía. Con semejante panorama, ¿cómo esperas que sienta la más mínima intriga o congoja? Puede hacer lo que quiera el guionista, con lo que no hay manera de implicarse y huele a resolución con truco mágico, pues sin definir unas reglas no puede haber giros y soluciones con una lógica tangible. Pero sobre todo, si el relato versa sobre la moralidad del ser humano, de la sociedad y de los gobiernos, pon un contrincante que haga una réplica decente. Los Vengadores, en La era de Ultrón, tenían una extensión de sus líos morales e ideológicos en su villano, con lo que se podía jugar con el tema. Aquí tenemos un inerte malo de final de fase. Además es evidente que ganarán, así que menos interés se consigue. Y como señalé, el intento paralelo de dotar de enjundia al rol de Viola Davis no funciona.

Por el camino nos topamos con su ejército de entes indefinidos que caen como moscas en escenas de acción del montón y donde los héroes no sufren (aunque mueren extras irrelevantes en cantidad, como para forzar una tensión inexistente). Sí, podemos decir que la serie Los Vengadores también ha empleado este patrón de enemigos de papel, y más de la cuenta… pero como decía, ahí al menos ahí ponen un adversario de nivel y los protagonistas dan la talla. En principio este tipo de tropas tontas lo perdono, pues es una imposición debida al rango de edad (humanos muriendo en masa de forma violenta subiría la edad recomendada) y el tiempo (ya hay muchos caracteres). Pero precisamente el saberlo de antemano te debería empujar a potenciar los otros elementos importantes: los personajes, la acción. A los primeros ya los he descartado, pues a pesar de los prometedores Deadshot y Quinn esto es una obra coral y el conjunto está muy lejos de funcionar. En cuanto al nivel de las escenas de acción, David Ayer dirige con la desgana que mostró en Fury (Corazones de acero), no con la pasión de Sabotaje, con la que fue capaz de levantar otro título donde hubo un gran caos en el rodaje y la postproducción. La primera secuencia importante, un tiroteo por las calles previo al rescate, es muy, muy floja. Los enemigos atacan en fila sin ocultarse ni disparar hasta que están encima, y los “buenos” no sabes por dónde andan la mitad del tiempo. Todo parece rodado en un barato decorado de interior, sin alcanzar el nivel exigible para un estreno de estas características: sin sentido del espectáculo, con una fotografía sin alma y un montaje lamentable que da un ritmo como aletargado (aunque no tanto como en Batman vs. Superman, donde parecía ir todo a cámara lenta).

Pero peor es el desenlace, porque el poco nivel alcanzado se termina de diluir. La confrontación es simplona y monótona, no saca nada de los caracteres, que vuelven a estancarse en cuatro clichés tras el amago del tramo central, y desde luego el villano no consigue causar el más mínimo impacto. El nivel visual es muy pobre: efectos especiales propios de serie b (cuatro rayitos y colorines, fondos falsos que cantan a videojuego) y un escenario pequeño y nada llamativo. Ayer lo remata siendo incapaz de filmar un clímax de nivel. El montaje horrendo y la absurda idea de rodar con niebla (¿un intento de disimular las carencias técnicas?) se traducen en que no se ven la mitad de los golpes y se pierde la escasa espectacularidad que pudiera tener. Cámaras lentas finales en un último intento de forjar un ambiente intenso y dramático, más un previsible giro que deja todo más o menos como estaba y lanza los esperables prólogos, no mejoran las sensaciones sobre el bajón del último acto.

Me resulta incomprensible que costara 175 millones de dólares (y esto es lo que admiten, puede ser más). Supongo que se habrá inflado en los vaivenes de levantar un proyecto tan grande sobre la marcha, con cambios, re-rodaje y postproducción acelerada, porque estrellas que cobren grandes sumas no hay, y el aspecto visual es de producción de 40 millones a lo sumo. Pon otros veinte en sus numerosas canciones caras, por decir una cifra alta, que no sé cuánto podrían haber costado, y ni aun así se acerca a esa marca. En cuanto a recaudación, no creo que le vaya mal, como tampoco le fue mal a Batman vs. Superman o a Iron Man 3, la peor recibida del grupo fuerte Marvel. Y es que salvo que cante mucho a basura de grandes proporciones (como el reinicio de Los cuatro fantásticos), la gente va al cine independientemente de las críticas, por la afinidad con las series, el atractivo de los superhéroes, y el no quedarse sin temas de conversación. Eso sí, veremos si da dinero. Dicen que para empezar a ser rentable debe llegar a los 750-800 millones, pues el cálculo siempre es el doble de lo que cuesta hacerla, anunciarla y distribuirla. Y se han gastado un pastizal en venderla (hasta hicieron campaña especial con Joker para que luego no haya tenido relevancia real), porque Warner sigue empeñada en labrarse un nombre con la imagen de marca, no con la calidad de la misma.

Al menos, al no ser tan presuntuosa y larga como los dos entregas previas resulta más ligera, e incluso tiene unas pocas secuencias donde se deja entrever su potencial (igual que la anterior con Batman, Quinn y Deadshot levantan un poco el pésimo nivel general). Pero el resto es un galimatías, un quiero y no puedo que denota un caos en el estudio, el rodaje y la postproducción. Además da la sensación de que en postproducción vieron que no tenía garra visual y argumental, o que la ablandaron demasiado si hacemos caso a los rumores, e intentan conseguir personalidad mediante canciones con pegada. Una cosa es que uses un tema concreto para redondear una escena, y otra poner uno y otro y otro y otro extractos de temas hiperconocidos (van a lo más fácil) sin venir a cuento; como digo, deben haberse gastado un pastizal en derechos. En cuanto a la música original, la labor de Steven Price, quien hiciera una buena entrada con Gravity, es tan impersonal y apagada que no parece existir.

Así pues, aunque no se haga tan pesada como Batman vs. Superman es igualmente insatisfactoria: caótica (por el estilo mal definido tanto como por el ritmo inestable) pero predecible, artificial por fuera pero impersonal por dentro, ruidosa pero sin savia ni emoción. No puedo aprobar una película con tantas carencias. Hasta El hombre de acero la supera, y ya andaba floja. Marvel dio un gran ejemplo de que se puede lograr una película de alta calidad que parta de un número amplio de personajes desconocidos para el gran público: Guardianes de la galaxia.

No quería meterme en el fregado pero me asombra tanto que lo voy a hacer: es increíble la guerra que se ha montado en internet desde Batman vs. Superman, con los fanáticos de DC negándose a admitir el por ahora fracaso continuado de esta serie y tratando de sabotear las críticas: campañas para cerrar rottentomatoes.com (web que recopila críticas de medios), oleadas de votos con miles de cuentas creadas días antes del estreno dando dieces de nota en IMDb.com para inflar las medias, acoso constante en foros, donde no hay manera de opinar con tranquilidad (lo peor son las teorías de la conspiración: que si Disney/Marvel ha comprado las críticas, que si los fans de Marvel no entienden el supuesto tono sombrío y trascendente de esta serie)… Es tan ridículo e inmaduro como por ahora la propia saga La liga de la justicia de Warner/DC.

Calle Cloverfield, 10


10 Cloverfield Lane, 2016, EE.UU.
Género: Intriga.
Duración: 104 min.
Dirección: Dan Trachtenberg
Guion: Josh Campbell, Matthew Stuecken, Damien Chazelle.
Actores: John Goodman, Mary Elizabeth Winstead,
John Gallagher Jr.
Música: Bear McCreary.

Valoración:
Lo mejor: Bastante entretenida. Los autores conocen sus limitaciones y se esfuerzan por lograr un producto sólido.
Lo peor: Venderla como secuela de Cloverfield (Monstruoso), cuando no tiene nada que ver ni en forma ni en contenido… ni en calidad.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores más allá del argumento presentado en los avances; y desde luego no destripo los giros clave.–

Qué cagada anunciarla como secuela o película derivada (“spin off”) de Cloverfield (Monstruoso). Está claro que los productores (J. J. Abrams, Drew Goddard, Matt Reeves) han aprovechado el éxito de aquella, auspiciado por la efectiva campaña viral que se montaron, para atraer de nuevo al buen número de espectadores que tuvo. Pero también es evidente que no tiene nada que ver en lo argumental, ni en el estilo… pero tampoco en la calidad, con lo que han abandonado directamente al resto de espectadores y a los que se sintieron estafados con aquel burdo engaño, con lo que recaudó menos a pesar de la supuesta expectación. Y estamos ante un entretenimiento muy digno gracias a que está bien planteada y ejecutada con profesionalidad, con lo que pienso que podía haber tenido más éxito con una campaña que vendiera mejor sus cualidades de cinta de misterio bastante más seria que la bobada de acción juvenil que ofreció la otra.

Una mujer es secuestrada y llevaba a un búnker por un tipo espeluznante. Obviamente deberá tratar sobrevivir al captor, aprender de sí misma para sacar fuerzas de su interior, y elucubrar algún plan para escapar. Pero los realizadores dosifican bien los previsibles pasos de la aventura, manejando con habilidad la buena descripción de los pocos personajes y los escasos elementos narrativos disponibles, logrando un relato con cierta intriga, emoción y buen ritmo.

Los protagonistas son definidos con trazos sencillos pero efectivos y pequeñas menciones a sus historias personales acertadamente desglosadas a través del argumento, con lo que no tenemos los típicos roles planos en plan el malo porque sí y la heroína imbatible: nos hacemos una idea de los condicionantes que han dirigidos sus vidas, y en la historia que están viviendo ahora los cambios en ellos son evidentes y cruciales en el desarrollo de acontecimientos. Por ello podemos introducirnos con cierta intensidad en esta odisea e interesarnos por cómo podría acabar. Además se añaden las dosis justas de sorpresas, jugando con las distintas ocurrencias y locuras del captor, y con el suspense, tanto por cómo saldrá de esta la protagonista como por si realmente está ocurriendo algo fuera. El final se lanza al giro que finge ser innovador, único, asombroso, pero a estas alturas no sorprende lo más mínimo. Por suerte el clímax de acción y tensión funciona bien, sobre todo gracias a la fuerza del rol central y al buen trabajo del director.

La puesta en escena de Dan Trachtenberg (este es su primer largometraje) ofrece un producto bastante sólido, y más teniendo en cuenta que el escenario único limita mucho el rango de acción y las posibilidades narrativas. Se nota que pone esfuerzo en sacar partido del lugar, de forma que todos los rincones del búnker (habitaciones, almacén, cocina, comedor) son presentados poco a poco y cada uno forma parte intrínseca del avance de la trama y la evolución personal, es decir, es consciente de su relevancia argumental, no sólo visual. Está claro que es un filme muy del estilo de Hitchcock… pero también que queda lejos de la visión y excelencia del genio del misterio. Una cosa es no fallar, pero otra llegar a deslumbrar. Y tanto al guion como a la dirección les falta ingenio y novedades. No hay situaciones que nos cojan desprevenidos, soluciones visuales de alta calidad u originalidad que refuercen la sencillez del argumento, de hecho recurren más de la cuenta a golpes sonoros y subidones musicales. En otras palabras, cumplen con lo justo y no son capaces de quitarse el tono predecible de encima, de manera que los momentos importantes, incluso como digo los que pretenden ser giros sorprendentes o resoluciones inesperadas, se ven venir de muy lejos. Hasta cuando lo tienen en bandeja fallan: hubiera sido muchísmo mejor dejar la decisión final en el aire para quedarte con la duda.

Así pues, aunque funciona bien como entretenimiento pasajero, se queda a las puertas de lograr un título tan intrigante, agobiante e innovador como da la sensación de que pretendían. Los que mejor cumplen son los actores. John Goodman es la elección perfecta para hacer de tipo imponente y chiflado, y Mary Elizabeth Winstead es una actriz de sobras competente que no termina de alcanzar el éxito que merece.

Elvis y Nixon


Elvis & Nixon, 2016, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 86 min.
Dirección: Liza Johnson.
Guion: Joey Sagal, Hanala Sagal , Cary Elwes.
Actores: Michael Shannon, Kevin Spacey, Alex Pettyfer, Johnny Knoxville, Colin Hanks, Evan Peters.
Música: Ed Shearmur.

Valoración:
Lo mejor: El reparto está convincente.
Lo peor: No saca nada de gracia de un relato con mucho potencial.

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Elvis y Nixon se queda en un quiero y no puedo. Se ven las intenciones de construir una comedia basada en situaciones surrealistas, personajes estrafalarios, momentos incómodos y absurdos. El extraño capítulo histórico en que se basa lo pide a gritos: Elvis, a las puertas de su decadencia, tiene la ocurrencia de convertirse en un agente de la ley para combatir la inmoralidad de la sociedad. Ver a esta figura, referente de excesos y modas estéticas y que además falleció por abuso de narcóticos, hablando de que los hippies (encabezados por The Beatles) traen la decadencia, ya es bastante cómico, pero el delirio explota del todo cuando se empeña en ver al presidente Nixon para obtener su placa de oficial especial de manos de la máxima autoridad. Eso sí, este acercamiento no es el primero, hay otra película que trató los hechos, Elvis y Nixon: ¡vaya dúo! (1997), pero no sé si mejorará a la presente. Y encuanto a fidelidad tampoco sé cómo andará; por lo pronto, parece que en realidad quería una medalla por sus supuestos esfuerzos patrióticos, no una placa para actuar como agente.

Pero el potencial no llega a exprimirse prácticamente nada, pues al guion le falta ingenio y la directora no imprime el tono adecuado. Parece un drama desganado, un telefilme con un protagonista poco carismático que busca un propósito nuevo que lo mantenga vivo, todo ello mostrado en un viaje sin garra ni ritmo. El poco humor emerge automáticamente de lo descabellado de cada situación, porque la sátira y la locura subyacente no se exploran lo más mínimo. Sólo los diálogos del esperado encuentro tienen algo de enjundia y definen un poco más a los personajes, pero tampoco son para echar cohetes, porque no saben ir al grano con determinación e inteligencia. Tampoco se saca mucho partido del drama y la crítica latente: la relación entre los personajes (amistad, maduración, familia) y la fama (la imagen, la responsabilidad) se queda también en la superficie, cuando parecía que iba a abordar esos temas con la esperada agilidad e ironía.

El interés inicial que despierta la historia se disipa a marchas forzadas, y sólo mantiene un mínimo por el buen hacer de los intérpretes (aunque Michael Shannon tiene un físico demasiado agresivo que no pega mucho como Elvis) y algún segmento algo más sólido o divertido (la pastelería, el encuentro final). Por ello no llega a ser un desastre, pero se ve y se olvida enseguida.

Jason Bourne


Jason Bourne, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 123 min.
Dirección: Paul Greengrass.
Guion: Paul Greengrass, Christopher Rouse.
Actores: Matt Damon, Tommy Lee Jones, Alicia Vikander, Vincent Cassel, Julia Stiles, Riz Ahmed, Ato Essandoh, Scott Shepherd.
Música: David Buckley, John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes e interpretaciones de Matt Damon y Alicia Vikander.
Lo peor: Los villanos no impresionan mucho, la trama menos todavía, todo es repetición de las entregas previas.
La traducción: ¿Por qué los protagonistas se mandan los mensajes de móvil en castellano? ¿Lo usan para dificultar la interceptación? No, resulta que la versión española los muestra traducidos no con subtítulos, sino sustituyendo el texto del móvil. Es una tendencia que empieza a provocarme escalofríos… Recordemos cómo el Capitán América, en la versión española, en vez de empaparse de la cultura de su país como es obvio, apuntaba en su libreta cosas de España. Una cosa es traducir, otra adaptar eliminando la cultura original. Si haces esto, ¿por qué cuando los protagonistas viajan a Londres no lo conviertes en Madrid?

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Tras el intento de extender la serie Bourne sin Paul Greengrass y Matt Damon, con ese El legado de Bourne que nos aburrió cosa mala, se anunció que volverían a la fórmula original. Y se lo han tomado a rajatabla: esta nueva entrega se aferra demasiado a lo conocido. Si la tercera ya mostraba cierto agotamiento, qué menos que intentar ir un poco más allá. Pero sea por miedo a que cambiar mucho causara tan poca sensación como causó el capítulo protagonizado por Jeremy Renner, o porque no han sido capaces de ir más allá salvo por la posible continuidad del personaje de Vikander, Jason Bourne es una película completamente estancada.

No creo que sean spoilers, porque una vez dicho que tenemos lo mismo que en las anteriores ya te haces una idea. Bourne está escondido pero el destino lo vuelve a poner en la mira de la CIA. En los despachos se ponen las pilas y lanzan su persecución. Él no quiere saber nada, pero le tocan las pelotas (con un giro que omito por si acaso por ser más relevante, pero que ya tuvimos en la segunda parte y que aquí se ve venir de lejos) y vuelve a la acción. En la intriga asistimos paso por paso al mismo proceso de siempre: la tecnojerga y ciencimagia imposible (no, no pueden controlar las cámaras de las calles de un país extranjero), las artimañas de los dirigentes de los proyectos secretos para seguir manteniéndolos en la oscuridad, el activo enviado para asesinar al objetivo… Bourne pasará también por las etapas que conocemos de sobras: los juegos de esconderse entre la multitud y localizar al individuo buscado para lograr otra pieza del puzle, los recuerdos que va reconstruyendo poco a poco, la persecución con moto y con coche de rigor, el encuentro final con el tipo importante y con el activo, y vuelta a desaparecer.

Para colmo, la intriga del pasado y la conspiración del alto mando turno de la CIA son menos sustanciosas que de costumbre. Acabada la película no tengo claro qué perseguía Bourne y qué ha hallado. Básicamente el nombre de su padre y qué hacía en la compañía, y no es un gran giro o sorpresa, no me parece que resulte crucial para resolver su crisis de identidad y su desarraigo, al menos no tal y como lo exponen. En cuanto al nuevo enemigo, Tommy Lee Jones para mi sorpresa está muy, muy soso, como si no tuviera ganas de estar ahí, lo que termina de matar un personaje monocromático e insustancial, fruto tanto de la poca fuerza de la trama como porque resulta muy repetitivo. ¿Pero cuántos directores de proyecto hay? ¿Los realizadores de la serie no pueden buscar un villano más original? Que a estas alturas Bourne parece muy estrecho de miras, arriesgándose tanto a pesar de quedar claro que surgen nuevos enemigos de la nada, asumiendo inútilmente que desaparecido uno se desactivan todos los programas oscuros y la CIA lo dejará en paz.

Da la impresión de que los autores conocen esta falla, pero no ponen demasiado empeño en solucionarla. Hacen un amago de aportar algo, pero casi es peor que esté ahí, porque pone de manifiesto lo que podría haber sido la película y no es. Con el personaje de Alicia Vikander parece que van a renovar la historia de conspiraciones y riñas en la agencia, así como asentar cierta continuidad… pero lo cierto es que esta sección apenas se desarrolla, recuerda demasiado al rol de Joan Allen en la segunda y tercera entregas, y me temo que y se queda en una presentación muy somera mientras se centran en repetir todos los demás elementos. Eso sí, el papelón que hace es para enmarcar, quitándose de encima rápidamente la sensación de que era demasiado joven para el rol y ensombreciendo aún más al flojo Tommy Lee Jones.

También podría decirse que en el tema de las redes sociales se vislumbraba la posibilidad de sacar más partido del argumento de espionaje gubernamental, pero a la hora de la verdad la temática subyacente es como si no le importara a los realizadores, es el plan del malo a desarticular y ya está. Esto maximiza el efecto de que Bourne no parece perseguir nada tangible más allá de unir cuatro datos de su pasado, pues las conspiraciones a desentrañar acaban siendo irrelevantes nombres de proyectos e irrelevantes jefes de divisiones. Inicialmente funcionaba porque manejaban bien la intriga y el esfuerzo del personaje llegaba con intensidad (en parte porque siempre ha estado bien realzado por un comprometido Matt Damon), pero tras dos capítulos con lo mismo es inevitable pensar que en la tercera y quinta partes deberían haber aportado algo más. En El legado de Bourne la premisa plantea algunas pequeñas novedades, al menos sobre el proceso de creación de los soldados, pero no llegaron a sacarle chicha. Aquí el amago de mojarse un poco más con una historia más compleja y con carga crítica tampoco no llega a nada.

Y para rematar tenemos la pobre resolución: una amplia escolta que desaparece por arte de magia y no acude al oír tiros, un deus ex machina de último segundo forzadísimo, y una pelea final cuerpo a cuerpo que no puede sorprender, así que alargarla sin ofrecer una vuelta de tuerca que reactive el interés no funciona. El desenlace sólo se mantiene por la persecución en coche, y porque buscan a toda cosa que sea espectacular.

En la puesta en escena hay otro problema recurrente: el exceso de movimiento en la cámara. Por lo general Greengrass domina muy bien la cámara en mano frenética y el montaje veloz, construyendo secuencias de acción de corte realista donde es fácil sumergirse plenamente en el caos. Pero en los momentos más intensos se pasa con el ajetreo, dificultando a veces entender qué está pasando. Y aquí también pesa el factor repetición. Ni una, ni una sola escena de acción aporta una mínima innovación. Cumplen con lo justo para no aburrir, pero no impresionan lo más mínimo. Hasta los últimos momentos de la persecución final no han conseguido que se me acelere el pulso, y no porque busquen algo original, sino porque con el básico “más grande y más bestia” terminan la secuencia en un pico brutal.

Así que cabe preguntarse: ¿por qué no me veo las dos primeras en casa y me ahorro el dinero y esfuerzo de ir al cine a tragarme un clon sin savia? Pues supongo que todos vamos por lo mismo: familiaridad. Conocemos y nos gusta la serie y el personaje, y no tienen que ofrecernos mucho para satisfacernos porque el listón lo bajamos inconscientemente con las obras que amamos. Es algo más entretenida que El legado de Bourne, pero si te paras a pensar le sacarás muchas carencias y ninguna novedad, con lo que desde mi punto de vista tiene ningún aliciente para verla de nuevo.

Ver también:
El caso Bourne.
El mito de Bourne.
El ultimátum de Bourne.
El legado de Bourne.