El Criticón

Opinión de cine y música

Fallece Dusty Hill, cofundador de ZZ Top

Otro miembro de una banda mítica nos ha dejado estos días. El confundador, vocalista y bajista del veterano grupo de blues rock ZZ Top, Dusty Hill, falleció el 28 de julio, contando con 72 años. Su edad y complicaciones varias (tenía diabetes y problemas de cadera) han acabado con uno de los autores de temas tan redordados como La Grange.

Nació en Dallas, Texas (EE.UU.) en 1949. Se formó como músico durante su época de estudiante, pasando por varias bandas que fueron dando forma a los integrantes y el estilo de ZZ Top, creada en 1969. Con quince discos a cuestas y temas sonando en infinidad de películas, ZZ Top es un referente del blues rock, de los moteros con barba, de los paisajes desérticos con matojos rodando…

Biografía: Wikipedia. Discografía: Rateyourmusic.

Ha fallecido Joey Jordison, cofundador de Slipknot

Joey Jordison (Iowa, EE.UU., 1975), se inició pronto en su afición a la música, tocando en varias bandas del instituto, con predilección por la batería y la guitarra y el rock/metal. De los grupos de su época de estudiante, saltó en 1995 a formar, junto a Paul Gray, la banda Slipknot. Esta no tardó en causar bastante impacto en el mundo del metal con su peculiar estética y sus épicas percusiones. Por ello, la carrera de Jordison levantó expectación, prometía ser uno de los grandes baterías contemporáneos. Se ganó una legión de fans y era solicitado por grupos como Korn para sus giras.

Los excesos de la banda pasaron factura, no sólo por lesiones durante los conciertos, sino por las drogas. Gray murió por sobredosis en 2010, y si bien Jordison superó la adicción, un giro inesperado lo llevó al retiro en 2013: sufría una rara enfermedad, la mielitis transversa, una inflamación de la médula espinal de la que poco se conoce. Afirmó que llegó a tener las piernas paralizadas, pero tras un larguísimo proceso de rehabilitación, empujado por su pasión por seguir tocando, consiguió ir recuperando la forma física y volver a trabajar en 2018.

Slipknot se mantuvo a pesar de las bajas, y a su retorno prefirió encarar nuevos proyectos antes que quitarle el puesto a su sustituto. Colaboró en el segundo álbum de Sinsaenum (Repulsion for Humanity, 2018) para ir calentando, y luego se centró en crear un nuevo grupo, llamado Vimic. El disco con el que iban a estrenarse se ha ido retrasando misteriosamente desde 2018, y todavía está en el aire.

Jordison murió en casa mientras dormía, según su familia, la noche del 26 de julio, contando tan solo 46 años. Las causas no han trascendido todavía, aunque es lógico pensar en alguna secuela de su enfermedad.

Cuando salga a la luz su ábum póstumo tiene todas las de convertirse instantáneamente en una obra de culto.

Biografía: Wikipedia. Discografía: Rateyourmusic.

Slipknot, People=Shit (Live)

Slipknot – Disasterpieces (2002)

Viuda Negra


Black Widow, 2021, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: Cate Shortland.
Guion: Jac Schaeffer, Eric Pearson, Ned Benson.
Actores: Scarlett Johansson, Florence Pugh, David Harbour, Rachel Weisz, Ray Winstone, O-T Fagbenle, Olga Kyrylenko, William Hurt, Ever Anderson, Violet McGraw.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Entretenimiento de primera con colosales escenas de acción. David Harbour y su personaje desbordan carisma. La relación familiar es muy emocionante.
Lo peor: El personaje de Yelena y la actriz Florence Pugh se quedan cortos. La historia es más de lo mismo y desaprovecha el potencial de Natasha/Viuda Negra y Scarlett Johansson. La música es horrenda.
Mejores momentos: La persecución con la tanqueta. La comida en familia.
La frase: La gente con amigos no me llama a mí.

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Alerta de spoilers: Comento algunos detalles del argumento, pero no creo que sea nada que pueda estropear el visionado. —

Estamos ante otro caso donde Disney/Marvel ficha a un director o directora desconocido en el que han visto talento y saben que no armará jaleo intentando imponer su visión, pues este también sabe que está ante su entrada a lo grande en la industria. En este caso se han ido hasta a Australia, donde Cate Shortland apenas tenía unos pocos cortos, series y películas menores, destacando Lore (2012), una coproducción con Alemania, y algunos episodios de Vidas secretas (2001). En el guion tenemos una colaboración entre Ned Benson (La desaparición de Eleanor Rigby, 2013), Eric Pearson, de Thor: Ragnarok (2017) y Agente Carter (2015), y Jac Schaeffer, con quien la compañía tuvo algún flechazo, porque pasó instantáneamente de su primer largo, una comedia chorra, Timadoras compulsivas (2019), a tener el peso de Wandavisión (2021) y la presente sobre sus hombros.

Viuda Negra resulta por sí sola una cinta de acción muy equilibrada, un entretenimiento sin fisuras graves que empañen el visionado. El ritmo es ágil, combinando muy bien los conflictos familiares, bastante completos y emocionantes, sobre todo por la química entre los personajes, con unos escenarios de acción variados y de ejecución impecable (salvo por ese inexplicablemente cantoso primer plano del salto en paracaídas). Solo la machacona música afea un espectáculo colosal que te habrá vibrar en el cine y se puede disfrutar sin problemas otra vez en casa.

Sin embargo, estamos hablando del vigesimotercer episodio de una serie, y esto debe contar en su valoración. Hay que tener presente la búsqueda de novedades o lo contrario, el estancamiento. Es imprescindible ponderar trayectoria de los protagonistas y la trama global, y en esto último también se debe analizar lo certero del momento y las lecturas subyacentes. Y en todo ello, Viuda Negra se queda muy corta, resultando una de las entregas menos atractivas y recordables de la saga Los Vengadores.

Lo primero que desentona es el momento, tanto del personaje como de la temática. A santo de qué viene abordar una historia en solitario de un arco ya cerrado, y todo para aportar más bien nada a su personalidad, motivaciones y odisea. Y qué sentido tiene meterse en una intriga de guerra fría ambientada en los noventa y los dos mil, y luego además no desarrollar una trama de espionaje y suspense adecuada al personaje. Olvidan los orígenes de la Viuda Negra para embarcarse en una grandilocuente mezcla de James Bond (recuerda mucho a MoonrakerLewis Gilbert, 1979-, tanto que la citan para intentar evitar críticas) y una épica de superhéroes más propia de Thor o Iron Man, pero que además tampoco es nada original, porque parece un remedo de X-Men 2 (Bryan Singer, 2003).

Si al menos dentro de ese rango intentaran algo nuevo, pero no hay novedad alguna en un esquema narrativo que ya hemos visto numerosas veces en la saga y en infinidad de títulos del estilo. Y para rematar, el epílogo es una lastimera vuelta al statu quo que no hay por dónde agarrar: ¿por qué ahora deja de huir del general Ross, por qué abandona a su familia recién unida, por qué no ayuda a encontrar y salvar a las demás viudas…? Y aun hay más, pues en la escena post créditos quieren volver a generar una tensión artificial e innecesaria con otro choque con su hermana.

En resumen, no sé cómo los autores han pensado en que tener a Natasha más tiempo volando por los aires en una lucha apoteósica que inmersa en alguna intriga de espías con el tono adecuado (suspense, traiciones, giros inesperados) era lo que necesitaban el personaje y el espectador. Así que entramos en un juego de expectativas, y como era de esperar, la decepción ha embargado a gran parte de los seguidores que esperaban algo más en el estilo de Gorrión Rojo (Francis Lawrence, 2018) que de los referentes citados. Incluso los que hayan disfrutado con unas aventuras intrascendentales pero muy amenas probablemente acaben perdiendo la paciencia en un final lleno de explosiones infinitas y vuelos absurdos.

Como en otros capítulos menores, las secuelas de Iron Man, las dos entregas de Ant-Man, y Doctor Extraño, este se sostiene por el carisma de algunos personajes y la simpatía de las situaciones en que se ven envueltos, y por el fastuoso acabado con un ritmo bien medido. Aun así, en estos aspectos se pueden señalar también mejoras obvias.

Que no aprovechen del todo las posibilidades de Natasha y el talento de Scarlett Johansson no impide disfrutar de un personaje con pegada, y más cuando interacciona con su peculiar familia, donde tenemos escenas muy potentes, en especial la memorable reunión familiar. David Harbour alcanzó la fama, ya siendo un veterano, con Stranger Things (2019), y está aprovechando bien el tirón, superando el batacazo de Hellboy (2019) sin problemas. Borda al héroe con conflictos humanos atosigándolo mientras además el mundo no lo trata bien. Yelena Belova es la versión de Natasha sin salir de su burbuja: inmadura, ingenua, a pesar de sus dotes como asesina. Pero se pasan un poco de frenada con su vena cómica, que no pega en quien acaba de despertar de una pesadilla y enfrenta un nuevo mundo lleno de dificultades. Además, Florence Pugh (El rey proscrito -2018-, Mujercitas -2019-), a pesar de que tiene algún contacto en las altas esferas empeñado en hacerla famosa, no ha demostrado talento alguno por el momento, andando de nuevo bastante justa en su interpretación, lo que mina un poco las buenas escenas que tienen las hermanas.

En los secundarios anda la cosa más justa. Rachel Weisz (La fuente de la vida, 2006) por desgracia no tiene un papel con suficiente peso como para dejar huella más allá del delicioso encuentro familiar. El cutre villano, Dreykov, es bastante decepcionante; Ray Winstone (secundario en infinidad de títulos) hace lo que puede con un estereotipo sin savia, del que te olvidas en cuanto deja de estar en el plano. En el limbo queda el ente asesino encarnado por Olga Kurylenko (Oblivion, 2013), que no termina de aportar nada concreto; a ver si tiene más desarrollo en alguna otra entrega donde pueda aparecer, porque coger una actriz de tanto caché para tan poco no tiene sentido. Diría también que se echa de menos más interacción con las demás viudas, al fin y al cabo es todo versa sobre ellas.

En cuanto a la parte dramática y aventurera, porque espionaje no hay, la unión de las dos viudas y sus primeros pasos mantienen bastante bien la expectación, y las primeras escenas de acción, más terrenales, son bastante inmersivas (muy lograda la persecución de la tanqueta) y juegan bien con sus habilidades y su relación. Y como indicaba, el encuentro familiar es un fantástico colofón que exprime muy bien una historia con poca sustancia.

Pero empiezan a aparecer dudas ya en el rescate en la prisión. Resulta bastante espectacular, pero no encaja en la línea de estos personajes, y menos cuando estas dos heroínas, ya pasadas al lado bueno, parecen preocuparse bien poco de una avalancha que ha podido matar a todos los presos y guardianes. Y en el acto final se viene todo abajo, es un mero trámite donde la simplona trama se cierra sin sorpresas porque todo el esfuerzo se pone en asfixiarte con un sobrecargado clímax de acción. Pero tanto fuego artificial no logra disimular la falta de ambición ni los agujeros de guion. El poder de Dreykov parece demasiado grande, su base demasiado llamativa y aparatosa, como para creer que pueda pasar desapercibido, sobre todo ante Los Vengadores. Así, el clímax final más que asombroso resulta un tanto cargante. Y los blandos desenlaces de cada rol más la forzada vuelta al statu quo no ayudan a acabar el visionado con la sensación de haber visto algo recordable y que aporte novedades a una serie ya muy madura.

Mención aparte merece la banda sonora. Que a estas alturas de la saga sigan dándole tan poca importancia a una línea musical coherente es muy decepcionante. Pero que encima olviden lo poco que han logrado unificar los dos autores más destacados hasta ahora, Alan Silvestri y Henry Jackman, y recurran a unos de los peores músicos del momento, Lorne Balfe, no se puede entender. El destroce que hace es semejante al que Misión Imposible: Fallout (2018), todo ruido informe tanto en la acción como en los momentos dramáticos. Pero me temo que esto no es más que una extensión de la crisis sufre vive el gremio por culpa de los estudios y productores sin visión artística.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011)
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores: Fin del juego (2019) (versión sin spoilers)
Spider-Man: Lejos de casa (2019)
-> Viuda negra (2021)
Los Eternos (2021)

La guerra del mañana


The Tomorrow War, 2021, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, drama.
Duración: 140 min.
Dirección: Chris McKay.
Guion: Zach Dean.
Actores: Chris Pratt, Yvonne Strahovski, Sam Richardson, Edwin Hodge, Betty Gilpin, J. K. Simmons, Jasmine Mathews, Ryan Kiera Armstrong, Mary Lynn Rajskub, Alexis Louder.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Personajes que enganchan, tramos impredecibles y con tensión, y buen espectáculo de acción.
Lo peor: Se reincide demasiado en lado dramático, con cansinos conflictos padre e hijo que rompen el ritmo. La coherencia se deja demasiado de lado en algunos momentos.
Mejores momentos: La batalla por las calles. La pelea final.

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Los avances auguraban lo peor, una serie b cutrecilla en aspecto visual e historia, pero la La guerra del mañana ha resultado un entretenimiento bastante digno.

La productora, Skydance, tenía planeado el estreno en cines en diciembre de 2020 mediante la distribuidora Paramount Pictures. Pero la pandemia lo dejó todo en el aire hasta que se plantearon recurrir a las plataformas streaming. Amazon tuvo buen ojo en adquirirla, porque a pesar de las tibias críticas iniciales ha sido su mejor estreno hasta el momento y el boca a boca del público está yendo bien.

Estamos ante una mezcla de incontables premisas y películas del género, pero bien intencionada, intentando buscar su propio camino, y tiene consciencia de que es un entretenimiento, pero sin caer en los peores estereotipos que se suelen repetir en este ámbito. Aunque al final tropieza en algunos aspectos y no consigue desplegar todo su potencial, el resultado es un espectáculo bastante gratificante.

En un rato es Aliens (James Cameron, 1986), en otro La cosa (John Carpenter, 1982), en otro La guerra de los mundos (Byron Haskin, 1953), y también podemos pensar en cualquier entrega de Battlefield y Call of Duty. En el cine reciente, recuerda muchísimo a La gran muralla (Yimou Zhang, 2016), que fue un desastre al que gana por goleada, Invasión a la Tierra (Jonathan Liebesman, 2011), algo superior en ritmo pero más limitada en argumento, y Al filo del mañana (Doug Liman, 2014), que trajo un ligero soplo de aire fresco aunque no fuera redonda.

Lo bueno es que mezclan ideas de muchas fuentes saltando de una a otra constantemente, de forma que logran una correcta sensación de incertidumbre, de que no se sabe por dónde va a tirar en el próximo segmento, qué deparará a los personajes. El guionista Zach Dean (de la llamativa Deadfall -2012-) trabaja bien cada parte, sin miedo a que cada cambio de rumbo y de ritmo espante a espectadores acostumbrados a que los lleven de la mano por los caminos más fáciles. Y por su lado, el director Chris McKay (Batman: La LEGO película, 2017) moldea también adecuadamente los tempos de cada capítulo.

En la introducción estamos largo tiempo con la familia del protagonista, conociendo su forma de vivir antes de la guerra, entendiendo lo que podría perder, lo que hay en juego. Su familia es bastante agradable, y sus conflictos personales y laborales definen sus capacidades. Conforme entramos en la trama, el misterio nos embarga: ¿qué enfrentaremos en el futuro? La presentación de sus compañeros de batalla es ágil, y algunos resultan bastante simpáticos, incluso el topicazo del negro humorístico se hace querer rápidamente. Cuando empiezan las carreras huyendo de las criaturas o enfrentándose a duras penas contra ellas entramos en una de acción donde la épica no engulle la atmósfera de tensión, habiendo incluso momentos de bastante agobio. En el tramo final, a pesar de que parecía atascarse en lo más básico y apuntar a un desenlace trilladísimo, inesperadamente da otro giro bastante efectivo que nos lleva a una pelea apasionante.

Entre todo ello hay buenas dosis de drama y humor. Se habla de la familia, los héroes, la deshumanización de la guerra. Se juega bien con la unión del grupo de amigos, del comando protagonista, donde la química entre los actores es crucial. Cada uno tiene unas experiencias y habilidades, deben trabajar juntos por la superviviencia, y van cambiando según asimilan o se ven superados por las circunstancias.

El carismático Chris Pratt funciona bien como líder inteligente y valeroso pero en el fondo humano. Sin embargo, en los giros serios hacia el drama se ven sus limitaciones interpretativas. Ahí se lo come Yvonne Strahovski, quien demostró su gran talento en El cuento de la criada (2017). En los secundarios tenemos un veterano como J. K. Simmons y la ascendente Betty Gilpin (La caza, 2020), quienes tienen pocos minutos pero los aprovechan bien. Sorprende el desconocido Sam Richardson como el amigo gracioso y cobarde, papel que clava a pesar de que, como decía, apuntaba al típico rol secundario cargante. Y es intrigante el curtido en la batalla, en manos de un misterioso Edwin Hodge, pero podrían haberle sacado más partido.

Las criaturas, aparte del correcto nivel en la recreación digital, dan asco y son impredecibles, algo difícil de conseguir a estas alturas en que hemos visto de todo. Sin embargo, fuera de ellas los demás elementos cumplen por la mínima. Los efectos especiales, decorados, localizaciones y la música constatan que estamos ante una serie b, una cinta de presupuesto moderado o bajo. Se notan limitaciones en bastantes momentos, como los habituales tonos naranjas de los efectos digitales que van justitos, y sobre todo da la sensación de que corremos por cuatro escenarios muy parcos donde se notan las pantallas de fondo. Hay que aclarar que algunas fuentes cifran el presupuesto en 200 millones de dólares, pero en realidad ese es el monto que pagó Amazon por hacerse con ella. Dudo que costara más de 70-80, y contando con que Pratt se llevase un buen pico como sueldo.

Pero no importa que ande algo justa en efectos especiales porque, como explicaba, en gran parte del relato la atmósfera está muy conseguida, estás sumergido con interés en las aventuras de los protagonistas. Pero sí hay tramos en que se rompe un poco el hechizo, y provienen de bajones de tono y ritmo. El drama familiar convencía, pero se alarga demasiado, sobre todo con el padre del protagonista, metido con calzador más de la cuenta porque los autores se empeñan en hablar demasiado sobre conflictos paterno filiales; bastaba con sugerirlo para entender la relación con la hija en el futuro. También se descuida la coherencia en momentos clave: la coronel es multitarea, dirige el ejército, se mete en las misiones más locas, y trabaja ella solita en el laboratorio. ¿Qué costaba poner unos extras en la investigación y justificar un poco mejor que acabe metida en la caza de la hembra? El momento vulcanólogo también hace torcer el gesto: ¿esta gente tan competente no es capaz de encontrar un especialista de verdad? Y quizá se podría haber materializado mejor el salto hacia el desenlace, que funciona por sorprendente, pero necesitaba una introducción con mayor pegada y verosimilitud. Que cuatro cualquieras saquen una deducción tan obvia a estas alturas y el resto de la comunidad de científicos y líderes no se entere de nada…

También se puede pensar en alguna mejora evidente en el último capítulo, que quizá hubiera sido predecible, pero al menos tendría más garra que el blando final elegido:

Alerta de spoilers: Destripo el final con detalle. —

Esperaba que los protagonistas fueran los que desatan la guerra al ir a por la nave en el hielo, liberando accidentalmente a las criaturas y cerrando así el círculo con un clásico giro macabro del género, pero los autores se empeñan en volver al dramón con la reunión familiar cursi. Al menos, la pelea con la hembra da mucho juego y tiene momentos espectaculares, como cuando se arranca el brazo.

Fallece Richard Donner

El 5 de julio nos dejó Richard Donner, uno de los directores de acción más recordados de los años ochenta.

Nacido como Richard Donald Schwartzberg, en 1930 en Nueva York, poco se sabe de su vida privada. Ni las causas de la muerte han trascendido todavía. Tenía 91 años.

Empezó su carrera en los sesenta, sumando numerosos episodios de series, algunas tan populares como El pistolero de San Francisco (1957), El teniente (1963), El Agente CIPOL (1964), La dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959)…

Cuando saltó al cine en los setenta no sólo era un veterano, sino que pegó un pelotazo de impresión: Enlazó La profecía (1976) y Superman (1978), convirtiéndose en un referente mundial. Siguió deslumbrando con títulos fantásticos tan célebres como Lady Halcón (1985) y Los Goonies (1985), y marcó tendencia también en la acción con la saga Arma letal (1987).

Sin embargo, en este campo no fue muy prolífico, y su carrera se fue frenando al llegar el fin del milenio con cintas que no tuvieron tanto éxito, como Conspiración (1997) y Arma letal 4 (1998), a las que siguieron dos aún menos recordadas, Timeline (2003) y 16 calles (2006). Tras esta última se apartó de la dirección y no se volvió a saber nada de él más allá de un par de créditos como productor.

Quizá en la biografía que publicaron en 2010 (You’re the Director… You Figure It Out: The Life and Films of Richard Donner, por James Christie) se ahonde más en su trayectoria y su vida personal.

Biografía: Wikipedia. Filmografía: IMDb .

Un lugar tranquilo 2


A Quiet Place Part II, 2020, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 97 min.
Dirección: John Krasinski.
Guion: John Krasinski.
Actores: Emily Blunt, Millicent Simmonds, Cillian Murphy, Noah Jupe, Djimon Hounsou.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Mucho talento delante y tras las cámaras. Hecha con cariño por los personajes y por el género.
Lo peor: Menos original y más predecible que la primera parte, con lo cual no sorprende en ningún momento.
El póster: Qué absurdo poner la coletilla o frase comercial más grande y centrada que el título.

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Alerta de spoilers: Entro bastante al detalle, aunque como es habitual creo que casi todo sale en los tráileres. —

A Un lugar tranquilo (John Krasinski, 2018) le ocurrió como a The Conjuring (James Wan, 2013): la premisa y sus referentes estaban muy vistos, pero tuvo la suerte de caer en manos de guionistas y directores que mostraron pasión por el género, exprimiendo sus escenarios con gran talento, y amor por los personajes, manteniéndolos siempre en el foco de la narración. El público respondió con un entusiasmo incluso desmedido, así que las secuelas estaban garantizadas. Pero en el caso de Un lugar tranquilo el agotamiento de la fórmula se ha empezado a mostrar muy pronto.

La primera mala sensación que deja es un largo prólogo que evidentemente está ideado como espectáculo grandilocuente. Esto no pega nada en un relato que iba por la senda de la introspección con los personajes y las atmósferas sugerentes en la narrativa. Pronto se ve que no aporta nada, pues no deja ningún detalle argumental o dramático esencial que se recupere en el resto de la proyección. Que presenta al vecino que aparecerá luego, diréis, pero está claro que no hacía falta tanto jaleo tenerlo un par de segundos en segundo plano que no muestran nada de su personalidad o algo que haga contraste entre las distintas etapas. La historia realmente comienza donde acabó la anterior, entrando en una nueva situación que podría cambiar la forma de sobrevivir a los monstruos…

Pero a la hora de la verdad no se aporta nada nuevo en esa dirección. La odisea de la familia es la misma, los escenarios los mismos, el enfrentamiento con las criaturas no tiene alguna novedad que sorprenda y el viaje dramático de los personajes tampoco.

En realidad hay un amago con dirigir la historia hacia otro camino, pero se deja de lado sin llegar a desarrollarlo. Con la aparición del rol de Cillian Murphy se habla de la desaparición de las convenciones morales de la sociedad en situaciones extremas, pero lo poquísimo que se ofrece está muy visto, la clásica idea de que el hombre es un lobo para el hombre abordada con unos mínimos muy decepcionantes. No hace falta irse a clásicos del género como El amanecer de los muertos (George A. Romero, 1978), sino que hoy en día cualquier episodio de la irregular The Walking Dead (Frank Darabont, David Alpert, Robert Kirkman, 2010) ha tratado estos temas con mucha más complejidad. Sólo tenemos un par de encuentros con grupos de humanos, y no ofrecen ninguna lectura inteligente, solo suponen dificultades artificiales sin calado alguno. Ni siquiera salva la función este nuevo personaje, pues pronto queda claro funciona únicamente por el buen hacer habitual de Murphy (Peaky Blinders, 2013), pues su trayectoria de redención y vuelta a la humanidad no podría ser más simplona y previsible (destacando esa escena tan forzada para que aparezca en el momento justo).

Así que este amago con un giro que traiga novedades se queda en puro humo, aunque por suerte dura tan poco que no llega a molestar. Lo malo es que precisamente su presencia realza el problema de que se repite paso por paso la premisa del primer episodio. Cambiamos el parto del bebé como hilo central en la odisea de supervivencia por el hijo herido, pero los arcos dramáticos son los mismos: la hija tratando de mostrar su madurez, el niño intentando superar sus miedos, la madre incansable en su lucha por salir adelante. Dejamos la granja, pero no tardan en encasquetarnos otro pequeño escenario, este mucho menos atractivo y versátil que aquel, y donde todo confluye otra vez en un sótano aislado que acaba inundándose. Que la hija esté algo más lejos da igual, pues el clímax a varias bandas es el mismo y la lucha contra las criaturas y viaje de cada personaje terminan igual, exactamente igual.

Podemos citar también alguna inconcruencia llamativa. Hay menos momentos de torcer el gesto en este capítulo, pero uno de ellos es muy grave como para dejarlo pasar: un bebé recién nacido que no llora, come y caga cada tres horas, que sólo hace ruiditos en los momentos más interesantes para el guion… No puedes poner en juego una baza tan impredecible si no vas a mantenerlo verosímil.

John Krasinski era reticente a una segunda entrega, pero parece que acabó aceptando porque le dejaron libertad creativa, o sea, el guion y quizá el montaje final. Sin embargo, no ha estado nada inspirado, es obvio que ha ido a lo fácil, y en el único aporte que se ha atrevido a explorar, al final ha pesado tanto el miedo a alejarse de la línea original que lo ha dejado en algo anecdótico e intrascendental. Pero cierto es que también mantiene principales las virtudes de la primera parte.

Su talento y entusiasmo tras la cámara vuelve a ofrecer un relato absorbente y tenso a pesar de enfrentar por un lado una patente falta de originalidad y por el otro la dificultad extra de un mundo en silencio. Cada sigiloso paso que da la familia transmite la sensación de peligro, los retos intermedios (los primeros contratiempos de la hija en solitario, el encuentro con el grupo hostil) los resuelve con el virtuosismo necesario para que funcionen adecuadamente. Vuelve a deleitarnos con varios clímax ejemplares que atrapan con bastante fuerza, destacando el desenlace a dos bandas… si al menos hubiera sido más valiente en el desenlace… Y sobre todo, se mantiene fiel a un concepto narrativo básico pero del que muchos autores se olvidan, especialmente en el cine contemporáneo: hay que tener a los personajes, sus vivencias, sus esfuerzos y sus dilemas internos activos en cada minuto del metraje. De nada sirven los fuegos artificiales sin protagonistas con los que conectar. Y estos se ven muy bien realzados por otro papelón de Emily Blunt, la buena labor de Murphy y que los chavales cumplen sin problemas.

Por sí sola, Un lugar tranquilo 2 es un entretenimiento digno. Pero si la primera película andaba totalmente falta de novedades, repetir otra vez lo mismo sólo consigue hacer más evidente sus carencias. Así que una vez acabada es inevitable pensar que no tiene sentido volver a verla, para eso te pones aquella. A pesar de ello, está teniendo la misma recepción por el público: como si fuera algo que nunca se ha visto antes. Espero que eso no signifique que los productores lo tomen como una carta blanca para repetir lo mismo en otro capítulo más.

PD: Es inevitable observar que el hijo ha crecido un montón, pero al menos tuvieron la suerte de acabar el rodaje antes de la pandemia.
PD2: Dado el dinero que dio la primera parte, esperaron todo lo que pudieron para estrenarla en cines en buenas condicinoes.

Ver también:
Un lugar tranquilo (2018)
-> Un lugar tranquilo 2 (2020)

The Conjuring: Obligado por el demonio (Expediente Warren 3)


The Conjuring: The Devil Made Me Do It, 2021, EE.UU., Reino Unido.
Género: Suspense.
Duración: 112 min.
Dirección: Michael Chaves.
Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick.
Actores: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Ruairi O’Connor, Ruairi O’Connor, John Noble, Julian Hilliard, Eugenie Bondurant.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, aspecto visual llamativo de primeras.
Lo peor: El guion es un quiero y no puedo de ideas que no van a ninguna parte. La dirección no es capaz de generar la atmósfera de suspense adecuada. Es anodina y no da miedo alguno.
Lo peor: Otra vez han vuelto a Expediente Warren, después de amagar en la segunda entrega con hacer borrón y cuenta nueva usando el más fiel The Conjuring.

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Las dos primeras entregas de The Conjuring fueron obras bastante sólidas del cine de terror. Sin duda las ha habido más originales y redondas, con M. Night Shyamalan a la cabeza, pero están realizadas con mucho mimo en el guion, sabiendo exprimir bien unas bases muy usadas, y dirigidas con mucho conocimiento del género. Marcaron para bien o para mal el porvenir de este ámbito, pues por un lado recuperaron el interés en el terror clásico, y a su estela cintas de aquellos años con distribución menor, como Babadook (2014), Sinister (2012) o It Follows (2014), recibieron más atención, pero por el otro, los productores aprovecharon el éxito sacando películas paralelas cutres por toneladas para hacer caja rápida: Annabelle (2014… y ya lleva tres entregas), La monja (2018), La llorona (2019).

Los puntos fuertes eran evidentes: un escenario que temer y una familia que apreciar. Con James Wan al frente de la producción cuidaban la conexión del espectador con los personajes antes de meternos en todo el meollo. El escenario se trataba como un protagonista más: reconocíamos poco a poco cada recoveco intrigante de la casa encantada, y se establecía una relación con sus habitantes, atando su destino a ella. Cada pasillo, habitación, rincón y sobre todo sótano resultaba espeluznante de por sí, pero en los clímax de terror Wan mostraba un despliegue de recursos brillantes: atmósferas muy trabajadas a base de paciencia, silencios, miraras a la oscuridad y lo desconocido, actores bien manejados y muy implicados, y para rematar, una notable banda sonora de Joseph Bishara.

El guionista David Leslie (La huérfana -2009-, Aquaman -2018-) y el director Michael Chaves (La llorona) no son nuevos en el género e incluso tienen relación con Wan, pero carecen de la experiencia de este y no han demostrado una visión audaz o un talento nato. Pensar que la saga necesitaba renovación para no repetir lo de casa y familia encantadas es más que aceptable, pues la premisa podría acusar desgaste. Pero no puedes llegar a una serie que tiene unas formas y unas virtudes muy definidas e irte por las ramas con diversas ideas a medio cocer mientras abandonas cualquier intento de respetar sus puntos clave. No tarda mucho en aparecer la sensación de que estos autores ni siquiera fueron conscientes de lo que funcionó entonces y se han montado su propia película encajando como pueden a los Warren.

El relato empieza varias veces con distintas ideas que toman distintas direcciones, sin tener claro el destino ni tan siquiera buscar un equilibrio en común, aunque en líneas generales parece que pretenden un thriller policíaco. La mitad de la película va en un estilo sórdido a lo Seven (David Fincher, 1995) o El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991), con un entorno sombrío y decadente, crímenes grotescos, investigación policíaca y judicial… Seguimos pistas por distintos pueblos y bosques, sin terminar de quedar claro hacia dónde vamos, y sin formar en ninguno de esos escenarios una conexión sólida, de manera que se generen sensaciones de agobio y temor. Se alejan tanto del terror que a veces tenemos escenas de acción típicas del policíaco: el momento de los protagonistas corriendo y a punto de caer por un precipicio es predecible en el guion y muy pobre en la ejecución, no hay tensión alguna y el paupérrimo nivel de los efectos especiales te saca por completo de la escena. En el curso de la investigación a veces pesa también mi odiado truco de hacer que las cosas les caigan encima a los personajes: el ayudante de los Warren no pinta nada, salvo acelerar algunas soluciones para ahorrar esfuerzo por parte del guionista.

Cuando se inclinan por lo paranormal, tras tanta salida por la tangente ya tenían difícil sacarle partido, pero todavía cometen nuevos deslices que añaden aún más metraje y dispersión. El flashback con el niño del prólogo llega cuando su historia se ha cerrado, y es demasiado largo para sólo exponer un par de obviedades. La estancia en la cárcel del adolescente víctima de las posesiones parece una excusa para aparcarlo mientras los Warren hacen de detectives. Y tras todos estos rodeos, el giro de pasar de casas encantadas a un culto satánico que controla las posesiones con motivos desconocidos no llega a levantar el interés en el caótico viaje de los protagonistas. Le ponen tan poco empeño a la hora de construir unas motivaciones a cada rol, un misterio sugerente, una investigación atractiva, un encuentro final sobrecogedor… que acaba la película y no sabes muy bien qué ha pasado, quién ha hecho qué, por qué han ido de lugar en lugar, y te importa bien poco el destino final de los personajes.

Para rematar, una de estas importantes líneas abiertas no se cierra. Los Warren prometen al joven ayudarlo con su juicio, y se amaga con que se aceptará la defensa… pero todo esto se olvida durante el resto de la película, y en el desenlace de repente saltamos a la sentencia sin más. En la historia real en que se basa, el juez mandó rápidamente a los Warren y el cuento de las posesiones a paseo, pero en esta saga quieren hacer pasar a estos timadores por cazafantasmas reales, y en este caso no pueden hacerlo, así que usan una elipsis rara donde no se ve si lo han defendido o no, pero quieren hacer creer que sí lo han ayudado… a pesar de que va a la cárcel. Queda muy forzado y confuso, y como digo deja totalmente abierta una de las muchas tramas presentadas.

La familia protagonista de este episodio, que se limita prácticamente a la pareja de adolescentes, apenas pasa de simpática, y en gran parte gracias a los desconocidos actores Ruairi O’Connor y Sarah Catherine Hook. Con el poco partido que les sacan e incluso la sensación de que se olvidan de ellos durante largos tramos, es difícil establecer una férrea conexión emocional, vivir de cerca su sufrimiento. Los Warren tampoco apasionan. A pesar de la competente interpretación de Patrick Wilson y Vera Farmiga no hay un drama personal tangible (supongo que por eso incluyen el manido cliché del problema físico de Ed), mientras que en lo laboral, el esfuerzo por desentrañar el lío de posesiones y exorcismos da tantos tumbos que no se siente su esfuerzo ni mucho menos nos creemos los peligros. El final bien podría pasar por el típico de los thrillers policíacos: perseguir al malo en su guarida a torta limpia y con mucho juego visual para disimular las carencias narrativas.

La pena es que la fotografía y sobre todo la iluminación son magníficos. A simple vista cada escenario parece predispuesto a llevarte hacia el terror. Pero con un guion tan flojo y descentrado y un director incapaz de arañar la mínima tensión, no digamos ya miedo, no hay manera. Desde el artificial y caótico prólogo con el exorcismo queda clara la limitación de recursos: efectos visuales y sonoros demasiado remarcados, todo es griterío, luces y ruidos molestos, con momentos ridículos como los movimientos espasmódicos de los poseídos sonando como troncos rompiéndose. Tampoco es una posición desde la que Joseph Bishara pudiera lucirse, ya que de haber alguna escena que lo permitiera, se ve solapada por el ruido.

Con todo, Obligado por el demonio no llega a ser mala. Se puede ver sin sufrir aburrimiento, rechazo o incluso vergüenza ajena, algo muy habitual en innumerables títulos del género. El problema es que es insípida, pasa sin dejar la más mínima huella, cuando las otras dos entregas eran una montaña rusa de emociones.

Ver también:
The Conjuring (2013)
The Conjuring 2 (2016)
-> The Conjuring: Obligado por el demonio (2021)