El Criticón

Opinión de cine y música

Buenas noches, y buena suerte

Good Night, and Good Luck, 2005, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 93 min.
Director: George Clooney.
Escritores: George Clooney, Grant Heslow.
Actores: David Strathairn, George Clooney, Robert Downey Jr., Patricia Clarkson, Ray Wise, Frank Langella, Jeff Daniels, Tate Donovan.

Valoración:
Lo mejor: Algunos pasajes. Avivar el recuerdo de partes oscuras de la historia para que no vuelvan a ocurrir.
Lo peor: Una dirección muy mediocre.
Mejores momentos: Cuando los periodistas lanzan el primer ataque contra el Senador y esperan llamadas telefónicas con temor.

* * * * * * * * *

Buenas noches, y buena suerte es una de las películas más sobrevaloradas que he visto en muchos años (siete nominaciones a los Oscar, de risa), y echa por tierra todo lo que esperaba de George Clooney como director y guionista después de tanta expectación.

La factura técnica es muy pobre, incluso lamentable en ocasiones. La fotografía, obligatoria en blanco y negro para no desentonar con el abundante material de archivo, es de las peores que he visto en una película de supuesto alto nivel, algo realmente ridículo. Un intento de cámara en mano, de mover el objetivo entre los personajes mientras estos dialogan, completamente fallido: movimientos torpes, abundantes fallos de enfoque (mira que le cuesta encontrar al personaje que busca)… El montaje tampoco es bueno, hay momentos en que los planos parecen estar empalmados al azar, perdiendo completamente el ritmo de la narración.

La dirección en general no es destacable, y a veces también peca de torpeza. Las localizaciones, muy limitadas, no tienen entidad, tanto que la mayor parte del relato no sabemos dónde transcurre, no se da a los personajes un lugar donde establecerse. Quizá se buscaba eliminar todo artificio, centrarse en la narración y el duelo dialéctico, pero incluso el plató donde Murrow (David Strathairn) presenta el programa resulta anodino, frío, sin presencia. Me viene a la mente el gran filme del año, Crash, donde la realización también huye de localizaciones y se centra en las historias. Pero en la película de Paul Haggis había personajes muy logrados que sostenían las imágenes y narración, y en la de Clooney tan solo diálogo (y no muy bueno salvo algunas ocasiones), lo que se traduce en una falta completa de impacto visual con la que atrapar al espectador.

El reparto es otra decepción. David Strathairn cumple bien mostrando la tensión a la que está sometido, aunque no es ni por asomo uno de los mejores papeles de su carrera. Lamentablemente, es el único que muestra algo de conflicto interno, de emociones: el resto del reparto está desaparecido, ya sea porque los actores no imprimen ninguna emoción a sus desdibujados personajes (Robert Downey) o porque no tienen presencia alguna en pantalla, como George Clooney y prácticamente el resto del equipo, producto de las fallas de la dirección y fotografía.

El guión, sus intenciones, el riesgo artístico y político, es lo más destacable, y lo que considero que ha lanzado a esta torpe película a la fama aun siendo bastante imperfecto. No conozco muy bien la historia, y el periodista prácticamente nos resulta desconocido en España, así que no puedo decir si el trato que ha tenido ha sido objetivo, pero hay momentos muy interesantes, tensos e inquietantes en el pique intelectual entre el Senador y el presentador.

En el lado negativo, este guión no consigue llevar muy bien la trama, perdiéndose en una subtrama molesta y que no aporta nada (la de Joe Wershba y su mujer, interpretados por Robert Downey Junior y Patricia Clarkson) y con baches constantes en el desarrollo de la situación política: se torna difuso, poco claro en algunas ocasiones, no va al grano y no dice casi nada, para en el siguiente momento soltar un discurso lleno de contenido. Parece como parcheado, como si hubiera algunas partes y diálogos que Clooney quería destacar pero no supo cómo; pero en general cumple bastante bien en su propósito de documentar un oscuro episodio de la historia política reciente.

Aunque hay algún momento en el que parece querer adoctrinar sobre el uso de la televisión como medio de educación (el prólogo y el epílogo sobre todo), considero que es incluso un acierto hacerlo tan descarado, pues hoy día la sociedad se merece una buena torta para que espabile de lo idiotizada que está con la telebasura. Así mismo, es una lección y un aviso sobre el abuso del poder, del miedo y del control de la información, un peligro siempre presente en los gobiernos (y en pleno vigor con el tema del 11-S, sobre todo en EE.UU.), y un canto a la libertad de pensamiento y expresión.

Repasando concienzudamente mis recuerdos de la película (aunque sólo la he visto una vez) le otorgaré un aprobado, pero con reservas. Un buen actor y unos cuantos buenos momentos no son suficientes para más.

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