El Criticón

Opinión de cine y música

Cinderella Man

Cinderella Man, 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 144 min.
Director: Ron Howard.
Escritor: Cliff Hollingsworth, Akiva Goldsman.
Actores: Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti, Bruce McGill.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Los retazos de historia que rodean a la película. Las interpretaciones de Russell Crowe y Paul Giamatti. El montaje, sublime.
Lo peor: El exceso de manipulación dramática sobre el espectador y lo enormemente previsible que resulta la historia. La sosísima interpretación de René Zellweger. Y un leve exceso de metraje, así como una gran caída de interés en la parte final.
Mejores momentos: Entrando en el piso de Giamatti.

* * * * * * * * *

Todo en su promoción apuntaba a película construida para gustar y ganar premios (aunque no se llevó apenas galardones), tipo Una mente maravillosa o Titanic, y su visionado así me lo confirma con creces. Cinderella Man (el hombre cenicienta) es quizá la película más manipuladora que he visto, hasta el punto de resultar molesta en ocasiones: el héroe en horas bajas que retoma su camino, la familia unida pese a la adversidad, el mundo hostil, los amigos, los empresarios malos, los enemigos implacables… y sobre todo las escenas conmovedoras, tan cursis en su confección que parece salir azúcar de la pantalla. Cada secuencia está claramente destinada a levantar unas sensaciones concretas en el espectador, pero están realizadas siguiendo el manual de guionista hasta en el más mínimo detalle, resultando previsibles hasta lo irrisorio. Se sabe cómo se va a encauzar el argumento desde las primeras secuencias, y se puede adivinar perfectamente cada reacción entre los personajes, cada situación que va a suceder a continuación, y por supuesto se ve venir enseguida el final feliz. No requiere el más mínimo esfuerzo mental, todo está bien masticado, todo listo para la lágrima, la sonrisa…

Pese a todo, es una producción sumamente entretenida, y eso que lastra con el error más común en el cine actual, el exceso de metraje. Con quince minutos menos habría sido mucho más amena y ligera. Además, tiene otros logros que la hacen una excelente apuesta para pasar un buen rato, como es la presencia de dos actorazos como Rusell Crowe y Paul Giamatti, ambos con una asombrosa capacidad camaleónica tanto física como interpretativa: cada personaje que pasa por sus manos resulta totalmente creíble. La mala sorpresa la ha dado René Zellweger, convertida en apuesta de calidad tras papeles muy logrados como el de Cold Mountain, pero cuyo trabajo aquí es inexpresivo.

Ron Howard, conocido por ser un director que sigue el manual y el guión sin aportar un ápice de carisma, me ha sorprendido realizando una labor muy correcta, excelente en ocasiones tan complejas como los combates, donde se apoya en una buena fotografía y un montaje tan perfecto que, para mí, es lo mejor del filme. Aunque el último enfrentamiento resulta bastante largo (se produce una grave carencia de ritmo e interés en la parte final del filme), en general todos están confeccionados con una técnica depuradísima y Howard los rodea de los diálogos del comentarista pero también de las sensaciones del protagonista, con lo que obtiene un correcto ritmo que aligera mucho la acción. En alguien como yo que no ve el más mínimo interés en el boxeo, ha supuesto que las peleas pasaran volando y hubiera mucho más que simples puñetazos, lo cual es de agradecer.

Otro elemento que me ha llamado la atención es la habilidad para enfrascar el relato en la situación histórica tras el crack de la bolsa, obtenida no sólo gracias a un magnífico diseño de producción y vestuario y por las desventuras de la familia protagonista, sino también por pequeños aportes en primer o segundo plano, breves interrupciones que, lejos de resultar perjudiciales con el ritmo de la película, aportan riqueza y momentos simpáticos, como la búsqueda de leña para calentar la casa, las vivencias de los amigos del protagonista (tanto su manager como el colega que hace en la fábrica)…

Cinderella Man es, por tanto, entretenimiento con demasiadas pretensiones y demasiada manipulación dramática, pero también muy destacable por su factura técnica, impecable en algunos elementos (vestuario, montaje), sus intérpretes e incluso su banda sonora (a pesar de que Thomas Newman repite por enésima vez su bello estilo).

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