El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: agosto 2006

Hans Zimmer – Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest

Hans Zimmer – Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

Esta vez Hans Zimmer ha tomado las riendas del proyecto, si bien no puedo saber si quería eludir otro fiasco artístico o repetir el éxito de ventas de la primera entrega. Yo diría más bien que ganar dinero para vivir haciendo lo que le dijeran y ya está. Lo que sí es evidente es que el resultado ha mejorado algo con respecto a la anterior entrega, pero también que no se ha distanciado del sonido directo y facilón de las peores películas de acción a las que orquesta, o lo que es lo mismo, es otra versión de La Roca, La maldición de la Perla Negra… es decir, un disco de acción bastante comercial, quizá lo buscado por los creadores de la película. Es sencillo, directo, de fácil escucha.

En los casi sesenta minutos de música del disco, que obviamente no es toda la que hay en la película pero sí están representados los temas clave de la BSO, hay pocos que merezca la pena comentar, pues la mayoría son versiones de otros filmes de Zimmer en plan más electrónicos y apresurados:

El tema de Jack Sparrow está aderezado con un simpático violín de corte aventurero, aunque se interrumpe constantemente con las percusiones habituales del autor, otorgándole más fuerza y acción como requiere un film de estas características. Es un sonido muy visto, pero se ve que gusta al autor, los productores y el público, porque no cambia de estilo.

Más interesante es el tema dedicado al kraken (The Kraken), aunque hay que admitir que la base es la misma. El toque conferido es más variado, y además la inclusión del inmenso órgano le otorga un carisma especial, logrando sin duda el momento más destacado de este trabajo… pero es un corte largo, y pronto pierde ese carisma para volverse en una estrafalaria fanfarria de caóticas percusiones que, como en la primera entrega de la saga, no es más que una remezcla del tema central de Gladiator y el modelo Zimmer de sonido de acción.

A continuación tenemos el tema de Davy Jones, el curioso enemigo de la función, que incluye muy brevemente las notas de la caja musical que porta y del órgano de su camarote entre las mismas sonoridades de siempre.

I’ve Got Me Eye on You es lo peor de la obra, pues parece un mediocre resumen de la estupenda El Pacificador, unificando el tema de coros rusos y el de acción en un corte breve. Alucinante falta de esfuerzo que confluye en una total falta de compaginación entre música e imágenes.

Tenemos también cortes cómicos, como Dinner is Served, una versión de temas circenses que acompaña a las partes más absurdas (pero divertidas) de la película, y Two Hornipes (Tortuga), destinado a la secuencia en la taberna de mala muerte. No es un derroche de imaginación, pero supongo que uno hace lo que el director le manda.

Y para finalizar, algo digno de estudio, pues habría que averiguar si es labor de Zimmer o exigencia del director o la productora. Pensaba que no se podía caer más bajo tras escuchar las dos partes que llevamos de la saga, pero el corte final del disco es espeluznante. Si ya la composición del resto de piezas parece producida directamente en una mesa de mezclas, enorme fue mi sorpresa al toparme con un remix de discoteca de ínfima calidad, un insulto a los oídos de cualquiera con un mínimo de dignidad, denominado Tiesto Remix, donde sobre un ritmo chunta-chunta que cualquier DJ aprendiz utilizaría dando a un botón estándar se añaden breves diálogos de la película y demás porquerías. Ridículo, vomitivo. No lo tendré en consideración a la hora de valorar la banda sonora original (ejem), porque me vería obligado a bajarle un punto o más. Qué desvergüenza tienen algunos.

En fin, para fan incondicionales de Hans Zimmer.

 

1. Jack Sparrow – 6:06
2. The Kraken – 6:55
3. Davy Jones – 3:15
4. I’ve Got My Eye On You – 2:25
5. Dinner is Served – 1:30
6. Tia Dalma – 3:57
7. Two Hornpipes (Tortuga) – 1:14
8. A Family Affair – 3:34
9. Wheel of Fortune – 6:45
10. You Look Good Jack – 5:34
11. Hello Beastie – 10:15
12. He’s a Pirate (Tiesto Remix) – 7:02
Total: 58:32
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Dead Can Dance – Within the Realm of a Dying Sun

Dead Can Dance – Within the Realm of a Dying Sun
Género: Darkwave, gótico
Año: 1987, 4AD
Valoración:

Este trabajo de tétrico nombre y sugerente portada nos muestra al Dead Can Dance más oscuro y siniestro. Las reminiscencias del rock gótico e industrial son nulas, la experimentación musical ha continuado, ha evolucionado y ha llegado a otro nivel musical que no tiene definición, una música completamente exclusiva del grupo. La instrumentación se basa en instrumentos de vientos graves (trombones), percusiones imponentes (timbales), cuerdas, sintetizadores, algunos desconocidos y antiguos y por supuesto la oscura y gutural voz de Brendan Perry y la exquisita y espeluznante de Lisa Gerrard. El tono conferido es sumamente deprimente, lleno de un aura de melancolía y un deje a lejanía, a fantasía podríamos decir, propiciado por un sonido que sugiere a iglesia (el sintetizador que asemeja tenuemente al órgano de iglesia en tonos suaves pero oscuros, los ecos…). Los cortes son de fácil escucha, no resultan tan extraños y complejos como en los próximos discos. Canciones tristes pero bastante normales dentro de lo que cabe.

Anywhere out of the World nos introduce en este viaje fantástico con unos golpes de metal y un creciente sintetizador. El tono tenebroso va in crescendo hasta que los bajos hacen acto de presencia y son seguidos por la voz de Perry. En cambio Windfall se inicia en vientos y no incorpora metal hasta su ecuador, resultando un tema instrumental algo más atmosférico… Viene a la mente un bosque oscuro, alejado de la civilización…

In the Wake of Adversity es otro tema de voz masculina, con una base de cuerdas sostenidas por la atmósfera de los sintetizadores. Es uno de los momentos más interesantes, una canción rica en sonoridades. Lisa Gerrard introduce a la instrumentación y a Brendan Perry en Xavier, un tema de gran fuerza, de grandes percusiones y, aun dentro de una línea de profunda tristeza, algo más animado, de sonoridades casi heroicas. Le sigue Dawn of the Iconoclast, con Lisa haciendo sus cantos sin letra tan característicos; un tema más llano, donde la instrumentación es más sosegada obteniéndose un corte donde los sonidos parecen estar latentes, esperando a estallar… y cuando parece que eso va a ocurrir, termina abruptamente.

Cantara es un tema donde hay que hacer un inciso. Es interesante, original, tan bueno como el resto del disco… pero es una canción que deja una sensación de que le falta algo… porque la versión en directo (de la gira de la que salió Toward the Within años después) tiene una calidad sobrecogedora, una fuerza tan arrebatadora que deja sin aliento durante seis largos minutos, una sucesión de sonidos magistrales donde la voz de Gerrard llegó más alto que nunca, con un solo de salterio (o hammered dulcimer) alucinante… Un tema irrepetible, que no se ha escuchado ni siquiera en la gira que unió de nuevo al grupo en 2005. La versión de estudio resulta suave, ligera, con la voz reprimida, en comparación con aquél.

Para cerrar la obra tenemos Summoning of the Muse, con los metales sosteniendo a Gerrard en otro tema grandioso, y Persephone (The Gathering of Flowers), excelente composición para despedirse: lenta, sosegada incluso en su magnífico clímax, se diluye poco a poco.

A partir de aquí considero que Dead Can Dance está en la plenitud de su carrera, siendo este su primer trabajo verdaderamente notable y donde se salen por completo de líneas musicales que podrían enmarcarse (levemente) en algún género actual (los anteriores tenían reminiscencias rock). En la escasa duración del disco son capaces de desplegar una sucesión de temas excelentes y muy variados jugando con la música como sólo ellos saben hacer. Un grupo extraordinario y un disco impresionante, único.

1. Anywhere out of the World – 5:08
2. Windfall – 3:30
3. In the Wake of Adversity – 4:14
4. Xavier – 6:16
5. Dawn of the Iconoclast – 2:06
6. Cantara – 5:58
7. Summoning of the Muse – 4:55
8. Persephone (The Gathering of Flowers) 6:36
Total: 38:45

Memorias de una Geisha


Memoirs of a Geisha , 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 145 min.
Dirección: Rob Marshall.
Guion: Robin Swicord, Arthur Golden (novela).
Actores: Ziyi Zhang, Ken Watanabe, Suzuka Ohgo, Michelle Yeoh, Youki Kudoh, Kaori Momoi.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La hipnótica fotografía, la música de John Williams.
Lo peor: La sensación de que la historia está muy vista y sólo cambia el lugar por uno algo más exótico

* * * * * * * * *

Publicitada y exitosa versión del exitoso libro homónimo, Memorias de una Geisha de Rob Marshall (lanzado a la fama tras el musical Chicago) es un relato que prometía mucho más de lo que al final ha dado. Sin duda la obra escrita será más rica y compleja, tendrá unos personajes con muchos más matices, una historia mejor desarrollada, una descripción de la época bastante más completa… Para la película obviamente había que sintetizar, adaptar, recortar… Lo que queda es un relato demasiado común, una historia de superación personal que no aporta nada nuevo excepto la ambientación en una sociedad menos conocida. Y es también decepcionante en ese aspecto, pues esperaba un acercamiento mucho más detallado a la cultura japonesa y a las Geishas, esperaba algo distinto y lo que se nos ofrece no es más que una relamida historia made in Hollywood: las penurias del personaje principal, la lucha ante la adversidad en una sociedad clasista, cerrada y dura, el esfuerzo por alcanzar una meta soñada… Todo es lo mismo de siempre. Está claro que el público recibe muy bien los relatos de superación personal que son predecibles y acaban bien.

El principal problema es que el personaje principal no me emocionó lo más mínimo, no viví con intensidad sus aventuras, algo imprescindible en este tipo de historias. Sus motivaciones (ver al presidente, estar con él) son demasiado endebles, su aceptación de lo que debe ser es demasiado limpia (la transición es demasiado sosa, y el apoyo de la voz en off no refuerza demasiado esa parte). Por otro lado, me dio la sensación de que el relato carece de una dirección fija en algunos aspectos, como la crítica (no se decide entre crítica o ensalzamiento de la sociedad de las geishas, ni de la posición de la mujer…), y se limita a un tratamiento y exposición superficial de la sociedad en cuestión, hasta el punto de que al final todo queda limitado a unas cuantas rencillas entre personajes, que encima están demasiado desperdigadas. También se producen muchos altibajos narrativos, es decir, hay cantidad de metraje donde no parece pasar nada.

Como en las últimas películas que he visto y comentado en el blog, al final lo que más valor tiene es la forma en que se ha rodado. Aunque Marshall no logre imprimir ritmo a una historia demasiado pesada y lenta, al menos no decae hasta lo negligentemente soporífero. Los actores, grandes intérpretes japoneses del momento, están convincentes, pero no destacables como para alabar su labor. Pero los aspectos llamados técnicos resultan notables, brillantes en ocasioes: la fotografía obtiene planos de un virtuosismo tal que ensalzan aún más las grandísimas labores de vestuario y los escenarios creados por una dirección artística que puso sumo cuidado en la recreación de Japón. Gracias a ella se consigue dotar al film de un aura de belleza constante, hipnótico en algunos pasajes, lo que se remata con el portento de banda sonora original del Maestro John Williams El tema de Sayuri, con Yo-Yo-Ma al violonchelo, es sublime.

En general, es una película recomendable por su belleza visual, pero podría haber dado mucho más de si, es un relato demasiado trillado y contado con muy poca pasión.

Poseidón

 

Poseidon, 2006, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 99 min.
Director: Wolfgang Petersen.
Escritor: Mark Protosevich, Paul Gallico (novela).
Actores: Kurt Russel, Josh Lucas, Richard Dreyfuss, Jacinda Barret, Emmy Rossum, Jimmy Bennet, Mike Vogel.
Música: Klaus Badelt.

Valoración:
Lo mejor: El provecho que saca Petersen de los EFX y del nulo guión convirtiendo la película en una montaña rusa de acción y emociones.
Lo peor: Pues eso: la falta total de guión, los personajes vacíos, los diálogos escupidos sin gracia…
Mejores momentos: El plano que abre la película mostrando el barco, la secuencia del ascensor y por supuesto la ola gigante.

Sorprendente producción de acción descerebrada que da mucho más de lo que esperaba, un film de acción rodado con una fuerza narrativa espectacular y apabullante, lleno de momentos emocionantes, tensos, sorprendentes, sin concesiones baratas al dramatismo (si ha de morir alguien, lo hace y ya está, los cadáveres se amontonan como es normal…). Wolfgang Petersen sabe en todo momento lo que tiene entre manos: un producto vacío, sin guión, con unos personajes construidos sobre un estereotipo tan leve que no levantan el más mínimo interés, y con unos diálogos que casi se pueden ignorar y no afectaría al desarrollo de las aventuras; por eso mismo pone todo el énfasis en el espectáculo visual, y puede explayarse a gusto ya que contaba con un presupuesto astronómico.

El resultado es una de las películas de acción más espectaculares y sobrecogedoras que he visto en muchos años. No pierde el tiempo en presentar innecesariamente a unos personajes que nunca van a dar más de sí, así que tras dar unos cuantos nombres y mostrar unos cuantos clichés para que sepamos quién es el papá, quién el chuletas, quién la guapa, etc, Petersen da paso a la ola gigante y comienza la función. El resto es un trajín de explosiones, saltos, agua, caos, desesperación… hay alguna breve pausa para mostrar relaciones entre el grupo aventurero, lo cual da para situar a la gente (vamos, hacer un recuento de sobrevivientes) y de nuevo meterlas en otro embrollo alucinante. Consigue sólo con el uso del escenario, los EFX, el sonido y su cámara dotar a las secuencias de una entidad que ya quisieran para sí otras películas de acción de alto presupuesto (Armaggedon, por ejemplo): hay algunas dramáticas (el niño bajo el piano), otras oscuras (el cable que suelta descargas eléctricas mortales), otras explícitas y durísimas (ahogamiento de un personaje en primer plano), otras sorprendentes y espectaculares (un personaje haciendo locuras entre agua y fuego)… hay momentos agobiantes, otros alegres, y consigue un clímax en el que, aunque no se dude que sobrevivirán, sí pone los pelos de punta y acelera el pulso como pocas películas del género… Y todo en un metraje que, por fin, no pasa de la hora y media, lo cual ayuda muchísimo al ritmo.

Mención especial para la secuencia que abre la película, un vacile de efectos especiales de proporciones antológicas: el vistazo aéreo al barco mientras uno de los protagonistas hace deporte es tan perfecto que, si no supiera que no es real, lo supondría en el acto. El nivel de detalle, el movimiento de la cámara… en ningún momento deja traslucir un origen en maqueta o digital, y la inclusión de personas en movimiento es aún más impresionante.

Poseidón acierta en lo que falló Titanic: la relamida y típica historia de personajes ñoños que lastra el metraje y el interés está aquí limitada a una exposición sumamente breve y se centra en lo importante, la acción. Es pues, un refrescante producto para dar rienda al consumismo y pasar un buen rato, y nada más.

Cinderella Man

Cinderella Man, 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 144 min.
Director: Ron Howard.
Escritor: Cliff Hollingsworth, Akiva Goldsman.
Actores: Russell Crowe, Renée Zellweger, Paul Giamatti, Bruce McGill.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Los retazos de historia que rodean a la película. Las interpretaciones de Russell Crowe y Paul Giamatti. El montaje, sublime.
Lo peor: El exceso de manipulación dramática sobre el espectador y lo enormemente previsible que resulta la historia. La sosísima interpretación de René Zellweger. Y un leve exceso de metraje, así como una gran caída de interés en la parte final.
Mejores momentos: Entrando en el piso de Giamatti.

* * * * * * * * *

Todo en su promoción apuntaba a película construida para gustar y ganar premios (aunque no se llevó apenas galardones), tipo Una mente maravillosa o Titanic, y su visionado así me lo confirma con creces. Cinderella Man (el hombre cenicienta) es quizá la película más manipuladora que he visto, hasta el punto de resultar molesta en ocasiones: el héroe en horas bajas que retoma su camino, la familia unida pese a la adversidad, el mundo hostil, los amigos, los empresarios malos, los enemigos implacables… y sobre todo las escenas conmovedoras, tan cursis en su confección que parece salir azúcar de la pantalla. Cada secuencia está claramente destinada a levantar unas sensaciones concretas en el espectador, pero están realizadas siguiendo el manual de guionista hasta en el más mínimo detalle, resultando previsibles hasta lo irrisorio. Se sabe cómo se va a encauzar el argumento desde las primeras secuencias, y se puede adivinar perfectamente cada reacción entre los personajes, cada situación que va a suceder a continuación, y por supuesto se ve venir enseguida el final feliz. No requiere el más mínimo esfuerzo mental, todo está bien masticado, todo listo para la lágrima, la sonrisa…

Pese a todo, es una producción sumamente entretenida, y eso que lastra con el error más común en el cine actual, el exceso de metraje. Con quince minutos menos habría sido mucho más amena y ligera. Además, tiene otros logros que la hacen una excelente apuesta para pasar un buen rato, como es la presencia de dos actorazos como Rusell Crowe y Paul Giamatti, ambos con una asombrosa capacidad camaleónica tanto física como interpretativa: cada personaje que pasa por sus manos resulta totalmente creíble. La mala sorpresa la ha dado René Zellweger, convertida en apuesta de calidad tras papeles muy logrados como el de Cold Mountain, pero cuyo trabajo aquí es inexpresivo.

Ron Howard, conocido por ser un director que sigue el manual y el guión sin aportar un ápice de carisma, me ha sorprendido realizando una labor muy correcta, excelente en ocasiones tan complejas como los combates, donde se apoya en una buena fotografía y un montaje tan perfecto que, para mí, es lo mejor del filme. Aunque el último enfrentamiento resulta bastante largo (se produce una grave carencia de ritmo e interés en la parte final del filme), en general todos están confeccionados con una técnica depuradísima y Howard los rodea de los diálogos del comentarista pero también de las sensaciones del protagonista, con lo que obtiene un correcto ritmo que aligera mucho la acción. En alguien como yo que no ve el más mínimo interés en el boxeo, ha supuesto que las peleas pasaran volando y hubiera mucho más que simples puñetazos, lo cual es de agradecer.

Otro elemento que me ha llamado la atención es la habilidad para enfrascar el relato en la situación histórica tras el crack de la bolsa, obtenida no sólo gracias a un magnífico diseño de producción y vestuario y por las desventuras de la familia protagonista, sino también por pequeños aportes en primer o segundo plano, breves interrupciones que, lejos de resultar perjudiciales con el ritmo de la película, aportan riqueza y momentos simpáticos, como la búsqueda de leña para calentar la casa, las vivencias de los amigos del protagonista (tanto su manager como el colega que hace en la fábrica)…

Cinderella Man es, por tanto, entretenimiento con demasiadas pretensiones y demasiada manipulación dramática, pero también muy destacable por su factura técnica, impecable en algunos elementos (vestuario, montaje), sus intérpretes e incluso su banda sonora (a pesar de que Thomas Newman repite por enésima vez su bello estilo).

La guerra de los mundos


War of the Worlds, 2005, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 116 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Josh Friedman, David Koepp.
Actores: Tom Cruise, Dakota Fanning, Justin Chatwing, Miranda Otto, Tim Robbins.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La soberbia dirección de Steven Spielberg, llena de planos magníficos gracias a la inestimable ayuda del director de fotografía Janusz Kaminski. El buen papel de Dakota Fanning a pesar de su corta edad.
Lo peor: El guion, lleno de baches, personajes sosos y relaciones previsibles, además de relatar una historia completamente desfasada.
Mejores momentos: El observador extraterrestre buscando en el sótano.

* * * * * * * * *

En un primer visionado, salvo por el hecho de haber disfrutado de una película de acción bien rodada y entretenida, salí bastante decepcionado al ver cómo Steven Spielberg derrochó su talento en un historia de invasión alienígena muy desfasada, llena de agujeros en su planteamiento y desarrollo, y con una historia familiar bastante sosa, predecible y con un final demasiado dulzón. Pero con cada visionado voy descubriendo nuevos matices, nuevos planos magníficos, por originales o por haber sido empleados de forma exquisita. He tardado tiempo en aceptar que a veces cuenta más la historia que el cómo se cuente, y a veces es al revés. Y estamos en una producción en la que Spielberg probablemente sabía que tenía una tontería de acción entre manos y echó todo su haber en dotarla de una dirección que aprovechara al máximo cada situación, por previsible o simplona que fuera temáticamente, hasta convertirla en un deleite de imágenes. Muchos planos… no, muchas secuencias enteras son verdaderos logros de ritmo y movimiento de cámara, como la carrera en coche por la autovía, con la cámara dando vueltas alrededor gracias a algún bien empleado trucaje digital, o el breve rapto de la hija, con algunos planos sublimes como aquél en que la cámara mira desde dentro de un coche a través de un agujero en la luna.

Y sí, el guion se cae por todos lados, o resulta bastante tontorrón tanto en la parte ciencia-ficción como en el drama familiar. Alienígenas capaces de viajar por el espacio en avanzadísimos artefactos que fallecen por el descuido (increíble hoy día) de no llevar un traje para protegerse del entorno hostil. Además, la idea de dejar naves enterradas durante milenios o millones de años es más ridícula aún: ¿qué pasa con los movimientos telúricos, la acción humana…? Probablemente pocas hubieran sobrevivido, aun con buenas protecciones y camuflajes.

En cuanto a las aventuras de la rota familia protagonista, lo más interesante es la lucha por la supervivencia, es decir, las escenas de acción (salvo esa en la que Tom Cruise corre en una lluvia de rayos y todos mueren menos él), porque las peleillas entre padre e hijos no dejan de ser relaciones tratadas con poca profundidad y tienen regusto a producción televisiva.

Entre los actores estrella destaca con luz propia la pequeña Dakota Fanning, toda una actriz que augura una carrera digna de mención si no se atasca en el paso a la edad adulta como le pasa a muchos niños actores.

Al igual que la versión de Byron Haskin de 1953, La guerra de los mundos de Spielberg no deja de ser una superproducción bien rodada, aunque sí es cierto que la antigua versión tenía un guion más sólido y más de película de CF que de acción.

Da igual que haya alguna parte en la que deseemos que el personaje de Cruise la palme, o que la narración en off sea razón suficiente para colgar al guionista, Spielberg, gracias a su prodigiosa mano, salva la función. Y sólo por eso merece la pena.

Superman Returns


Superman Returns, 2006, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 154 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Bryan Singer, Dan Harris, Michael Dougherty.
Actores: Brandon Routh, Kate Bosworth, Kevin Spacey, Fran Langella, James Mardsen, Parker Posey.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La monumental banda sonora. Los efectos sonoros. La recreación del yate de Luthor.
Lo peor: Personajes vacíos, interpretaciones sin carisma, trama lineal y sin sustancia, efectos especiales y escenas de acción no a la altura del presupuesto… Como parte de la serie no aporta nada, como película independiente es mediocre.
La pregunta: En los mapas, Metrópolis aparece ubicada donde Nueva York. ¿Entonces Nueva York no existe en este universo?

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No sé cuántos años se han tirado tratando de resucitar la serie Superman, pero sí que tuvo etapas delirantes, como la versión que estuvo a punto de hacer Tim Burton con… ¡Nicolas Cage como Superman embutido en un traje de luces horteras que ríete tú de la orgía homosexual de los Batman de Joel Schumacher! Tras tanto cambio de guionista, director y pruebas de rodaje infructuosas, el gasto se estaba disparando cosa mala, de forma que llegó un momento en que parece que en el estudio se acobardaron y tiraron por lo fácil: rodar una entrega muy conservadora, olvidando la lógica actualización o reinicio y disfrazando de continuación un remake que en realidad quedó malamente disimulado. La jugada no salió del todo mal en la crítica, quizá porque la fórmula tan cercana a la original hizo recordar las emociones vividas con la cinta de Richard Donner (yo no la conocía en su época, pero vista ahora, me parece cutre y tontorrona… como el propio Superman, héroe del que no entiendo su fama). Pero el público no ha sido tan fácil de enganchar: a las nuevas generaciones les ha parecido aburrida, y las viejas se han quejado precisamente de lo poco que se innova. La taquilla refleja el desencanto: 390 millones para un presupuesto descomunal de unos estimados 200 (y algunas fuentes lo elevan a 270), a lo que debes sumar como mínimo 100 más en publicidad y distribución, es un claro fracaso que probablemente haya dado cifras negativas.

La película es floja. Quizá no horrenda, pero apenas vale como espectáculo veraniego de los de disfrutar sin pensar, y como parte de la saga es un quiero y no puedo. Muchos son sus fallos y pocos sus aciertos… de hecho, no tiene ninguno notable más allá de su gran banda sonora y conseguir que dos horas y media de una historia muy pobre, con personajes aburridos y actores inertes, resulte un visionado aceptablemente entretenido, aunque como es obvio no soporta revisionados sin desmoronarse por completo.

Para empezar, lo de mezclar remake y continuación queda muy raro. No tienen reparo alguno en que la historia parta de Superman II, haciendo como si la III y IV no existieran. Vale, dicen que son muy malas, pero a mí también me lo parece la primera, y de todas formas la serie es la serie, o sigues en ella o la reinventas. Y resulta que quieren hacer las dos cosas, porque la venden como un capítulo más pero a la vez intentan modernizarla trasladando la acción a 2006. Pero vamos a ver: ¿estás siguiendo una línea narrativa ambientada a finales de los setenta o no? Porque queda muy confuso y extraño que Superman se vaya cuatro o cinco años pero aparezca en 2006… y toda la gente sigue con la misma edad que en los años setenta. Por si fuera poco, Bryan Singer se empeña no sólo en repetir la misma trama, sino que ofrece un aspecto visual añejo, como tratando de llevarnos a esa época. Así, las oficinas, las calles de Metrópolis y el vestuario tienen un aspecto de hace décadas… pero entre medio hay teléfonos móviles, modernos aviones y lanzaderas espaciales, espectaculares yates…

Como es esperable, al argumento le pesa que es una imitación del primer filme, con lo que resulta muy predecible, pero empeora al no ofrecer un relato con garra y profundidad. Los personajes no tienen savia alguna, y con su recorrido emocional tan limitado no llegan a despertar el interés. El triángulo amoroso de hecho resulta un tanto infantil, y esta escritura tan endeble provoca unos efectos secundarios tronchantes: básicamente las relaciones se resumen en que Lois es una zorrona que se busca un millonario que la mantenga mientras sueña con que vuelva Superman, y este llega en celo y se dedica a llevársela en vuelos para calentarla, sin importarle si rompe la familia. Digno de una historia de amoríos de instituto. El resto de secundarios son puro relleno para cumplir con la saga: flashbacks innecesarios para incluir a la madre (¿alguien se acuerda de ella tras el visionado?) y clichés cansinos con los compañeros de trabajo.

Pero lo que remata el desastre es el fallido casting. Se supone que se las vieron putas para encontrar un actor que pudiera sustituir al icónico Christopher Reeve, pero asombrosamente terminaron cogiendo a un tipo cualquiera por la calle. La falta de experiencia de Brandon Routh es bien patente, con lo que su papel roza la vergüenza ajena. Con Lois tampoco sé qué hicieron, porque parece que también buscaron a propósito una mala actriz: Kate Bosworth. Y supongo que para no desentonar fichan a James Marsden como el novio, sabiendo lo mal que lo hizo en X-Men. El otro problema es la edad, lo que magnifica la pregunta de cómo pudieron cagarla tanto con el reparto. ¿Pero cómo coges a unos niñatos para hacer de unos Clark y Lois supuestamente maduros, que han vivido de todo y tenido hijos? Todo esto termina además con una sorpresa inesperada: el gran Kevin Spacey está muy poco convincente como el loco despiadado de Luthor, pues realiza una interpretación muy apática. La única que convence es Parker Posey como Kitty, la mujer florero de Luthor, quien consigue hacer verosímil un rol difícil: el de secundario cómico tonto.

Sobre otro tema primordial, la relación de Superman con la humanidad, no sacan nada digno de mención. Me da la impresión de que buscaban un tono melancólico, con el héroe encontrándose con que el mundo ya no lo necesita y sintiéndose completamente solo y desubicado. Pero esto se queda en esa sensación, porque no hay una evolución dramática en la historia y el personaje que aborden el tema y lo encaucen hacia alguna parte. El único amago que llegan a mostrar lo resuelven de forma bastante lastimera: Superman se dedica a detener pequeños robos y accidentes de tráfico, como si quiera aparecer en las noticias… Pero las guerras, dictaduras y hambrunas del mundo le importan un pimiento.

Al final, lo único que parece ofrecer la cinta es el enfrentamiento con Lex Luthor, que en un giro simple pero efectivo sale de la cárcel y se hace con una nueva fortuna. Si el resto hubiera ido tan al grano como la presentación de este personaje… Pero me temo que es un momento de lucidez fugaz, porque luego le dedican mucho metraje para exponer cosas muy obvias, y todo con una narración apática, sin ritmo ni escenas de acción de relleno que agilicen las cosas (hay un tiroteo, pero sin interés). Cuando por fin empieza la batalla entre ambos, ha pasado nada más y nada menos que hora y media de proyección… Y el espectáculo no es tan llamativo como para olvidar todas esas tramas insustanciales y esa narrativa aburrida.

Primero, partimos de varios agujeros de guion y de lógica. En plan de Luthor es un sin sentido. ¿Qué espera ganar con una tierra rocosa y yerma? Por no decir que habla de la superioridad tecnológica de los cristales de Krypton para doblegar al mundo, pero lo único que sabe hacer es crecer minerales. Un helicóptero con francotirador, y adiós megalómano. Lo de Superman levantando la inmensa roca es imposible, se clavaría en ella antes si quiera de despegar. La “malaciencia” no acaba ahí, porque la capa agitándose en el espacio como si hubiera aire resulta ridículo. Segundo, las secuencias de acción no son gran cosa. El caos en el yate es lo único llamativo, por ser algo más elaborado y que funciona en lo visual. Por lo demás, en un relato de este superhombre, que permitiría escenas de todo tipo, la falta de imaginación los lleva a basar uno de los clímax principales en el despegue de una avioneta con mar revuelto, una escena de tensión impostada que provoca más bien risa.

Tercero, todo esto se ejecuta con efectos especiales bastante mejorables. La escena del yate y la creación del nuevo continente parecen de otra película, porque su acabado es muy superior al resto. Los efectos por ordenador se quedan cortos, en especial los horribles dobles digitales, y las pantallas de fondo se notan mucho, con lo que las escenas de vuelo dan bastante el cante, y momentos cumbre, como la caída del avión, parecen sacados de finales de los noventa. Es decir, el conjunto no cumple como superproducción. Si te fijas bien se nota que Singer trata de esconder esas carencias, quedando cortes abruptos en el montaje y secuencias que parecen huir de la espectacularidad. Un ejemplo claro es ese momento en que la cámara nos va acercando a la gran roca que levanta Superman, donde esperas que el fluido tráveling acabe llegando al héroe pero de repente hace un forzado cambio de plano para saltar a su careto.

Pero cuidado, porque si has terminado el segmento más intenso alucinado por la falta de pretensiones y las carencias del guion, aún queda como media hora de final insípido. Toda la parte de la falsa muerte y los ineficaces cierres de las historias personales terminan agotando la paciencia de cualquiera. Lo único bueno de la función es tan destacable que queda muy por encima de ella: la monumental banda sonora del poco conocido John Ottman pasó desapercibida por el poco impacto de la película, y es una pena, porque la composición es brillante, ofreciendo una serie de temas de acción vibrantes, algunos con una fuerza épica arrolladora.

Al final, lo mejor de este proyecto fue la charla que dio uno de los guionistas que pasó por él antes de ser descartado, el friki de Kevin Smith, donde aprovechó para poner a caldo las malas artes de los productores que no tienen ni idea de cine y manejan estas producciones de mala manera.

PD: Revisionada en bluray en febrero de 2016, hay que decir que envejece fatal por su trama y estilo anticuados, pero es que ahora los efectos especiales parecen realmente horribles.
PD2: Por lo visto existe un Extended Cut que pasa de 154 a 169 minutos (15 más). ¡Pero si ya le sobra metraje! Quizá incluyan una escena que se sabe que fue rodada: la llegada de Superman a Krypton (¿a qué velocidad viaja?), donde sólo encuentra ruinas.