El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: septiembre 2006

21 gramos

 

21 Grams, 2003 EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 124 min.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Escritor: Guillermo Arriaga.
Actores: Naomit Watts, Sean Penn, Benicio del Toro, Charlotte Gainsbourg, Melissa Leo.
Música: Gustavo Santaolalla.

Valoración:
Lo mejor: Cada uno de los actores, la fuerza hipnótica del relato, el perfecto puzzle de imágenes y sensaciones gracias al exquisito uso del ritmo, del montaje, de la fotografía, y del color.
Lo peor: Si se puede considerar un fallo, que no es apta para todos los públicos.

Su confección aparentemente deshilvanada, la lentitud en mostrar abiertamente algo (requiere atención extra para ir construyendo las piezas), el duro drama que muestra, la fotografía y montaje ágiles, las sensaciones transmitidas más por una expresión que por un diálogo… pueden ser motivo de atragantamiento y aburrimiento para más de un espectador.

Muy hábil hay que ser para construir una historia no lineal, para ubicar cada elemento, cada secuencia, en un orden correcto que desvele con estructura lógica la trama y desarrolle a los personajes de forma consistente y bien relacionada con la sucesión de eventos. Alejandro González Iñárritu lo consigue con aparente facilidad, dotando así a la película de mucho más interés y profundidad de la que tendría con una narración sencilla, ya que lo que ha hecho no ha sido sólo dotar de mayor efectismo al relato, sino también desarrollar, a base de pequeños capítulos, la transición, la evolución de los personajes desde su vida normal a la pura desesperación; alternar estas situaciones, este proceso evolutivo como lo ha hecho, le ha otorgado mayor énfasis a las tragedias personales, pues el contraste es más notable.

Los personajes están desarrollados con descripciones exhaustivas que, junto con las magníficas interpretaciones de todo el reparto, dotan a los caracteres de una humanidad que desborda de la pantalla y envuelve con melancolía al espectador. Benicio del Toro está inmenso como padre tan agobiado por sus pecados que termina convirtiéndose en un fanático religioso; Sean Penn dota a su carácter del miedo a la muerte… y también a la vida (otro grandioso papel del actor, sin duda uno de los más grandes de la historia); Naomi Watts muestra la desesperación de una madre que ha perdido de un golpe a su familia; y Charlotte Gainsbourg, la más desconocida del reparto, no se queda atrás, mostrando más que correctamente el sufrimiento de su personaje ante un novio que no la trata como se merece, después de todo el esfuerzo que ha hecho por estar a su lado.

Técnicamente la producción es notable: dirección, fotografía, iluminación y montaje de primer nivel. Artísticamente es una pequeña delicia, una de esas películas extrañas que salen de vez en cuando.

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Enigma

 

Enigma, 2001 Reino Unido, Alemania, Holanda.
Género: Drama, thriller.
Duración: 119 min.
Director: Michael Apted.
Escritor: Tom Stoppard, Robert Harris (novela).
Actores: Dougray Scott, Kate Winslet, Saffron Burrows, Jeremy Northam, Nicolaj Coster-Waldau, Tom Hollander.
Música: John Barry.

Valoración:
Lo mejor: El excelente guión, la música, el vestuario, el actor principal.
Lo peor: Le cuesta arrancar y los personajes no están del todo logrados.

Película de intrigas, espionaje y amores enfrascada en plena Segunda Guerra Mundial, en la sede donde los ingleses trabajaban a contrarreloj para descifrar las claves alemanas creadas con la máquina llamada Enigma. Es una obra atípica hoy día, de guión muy enrevesado, personajes ambiguos y varias tramas de misterio entrelazadas. Está basada en una novela de Robert Harris y tuvo muy buena acogida por la crítica y bastante buena por el público.

La trama se inicia con la vuelta al trabajo de un genio matemático, uno de los integrantes más destacados del grupo inglés encargado de la criptografía, tras haber perdido el juicio por causas no muy claras. Trabaja en un lugar donde el secreto está a la orden del día y los distintos departamentos no saben qué hacen otros. El protagonista (Dougray Scott) pronto inicia sus indagaciones sobre la desaparición de una joven de belleza cautivadora y fama de ligona (una siempre escuálida Saffron Burrows), cuyo rechazo fue lo que le llevó a perder el juicio. En su investigación entabla una profunda amistad con la compañera de piso de la chica (Kate Winslet), una mujer inteligente relegada por ser poco atractiva (además de mujer, claro). Las pesquisas le llevan a una trama de espionaje con la máquina Enigma de cifrado alemán de por medio, y se tropieza por el camino con un misterioso investigador (Jeremy Northam) que sabe mucho más de lo que aparenta.

La narración discurre entre flashbacks constantes que van mostrando la turbulenta y breve historia de amor del protagonista, necesarios pero algo torpes y típicos, y va cobrando intensidad y calidad conforme avanza todo el embrollo. El guión muestra hábilmente una trama compleja con muchos misterios paralelos y relacionados entre sí, y no se desinfla en las resoluciones. Sin embargo, cabe mencionar que toda resolución está expuesta con todo detalle, como si el espectador no fuera capaz de adivinarlas por su cuenta con unas cuantas pistas bien puestas, y que los personajes resultan en algunos casos demasiado típicos (la fea lista hasta resulta molesta).

La dirección de Michael Apted es notable, pues aprovecha al máximo los paisajes, la excelente ambientación (digna de una superproducción) y, lo más importante, no se pierde al construir todas las piezas de este intrincado puzzle con la precisión necesaria. Las interpretaciones son más que correctas, con un Dougray Scott muy bien metido en su papel. La banda sonora de John Barry desarrolla un tema principal de gran belleza, como es habitual en él. En definitiva, una apuesta altamente recomendable para quien busque entretenimiento inteligente.

James Newton Howard – Lady in the Water

James Newton Howard – Lady in the Water
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

Quinta colaboración entre Shyamalan y Newton Howard, dos artistas siempre que conjugan muy bien su sobrada inspiración con su extraordinaria calidad técnica. La joven del agua es hasta ahora, a mi modo de ver, la producción de menor calidad de este director, aunque la partitura sigue siendo de primerísimo nivel.

Como siempre, Newton Howard realiza una composición muy elaborada, adaptable y completa en matices, cuya escucha, aislada o en la película, atrapa fácilmente y uno tiene la sensación de que debe escucharla de nuevo y con mayor atención para fijarse bien en lo que está oyendo; de hecho, con cada audición gana enteros. Como viene siendo habitual en estas colaboraciones, desarrolla temas pausados, de melodías repetitivas y embelesadoras que van creando una atmósfera oscura, inquietante. La composición es muy original, con una eficaz simbiosis del registro de intriga con los elementos más etéreos que le otorgan el necesario matiz de cuento fantástico.

El primer tramo de la partitura está dedicado a la presentación de la historia, con temas que muestran la intriga perlada con tonalidades algo más alegres, con cortes de carácter fantástico, con coros angelicales, pianos, campanilleos y un aura etérea. Prologue es la mejor muestra de este tema, un corte delicado que acompaña a la curiosa presentación de la historia. Le sigue The Party, otro de los mejores instantes de la partitura, una pista larga con el tono habitual de Newton Howard: reiterativo, envolvente, capaz de levantar sensaciones de inquietud. Es un corte completo, con varios cambios de estilo: al principio las percusiones añadidas le otorgan un cariz levemente exótico muy conseguido, hacia la mitad llegamos a un clímax que transforma la orquesta, la cual se ve ahora dirigida por pianos, y en el tramo final predominan sobre todo las cuerdas.

Poco a poco el registro se va oscureciendo, adquiriendo sonoridades cada vez más tensas y girándose puntualmente hacia momentos más rudos y violentos. Tenemos cortes dedicados a crear atmósfera, como Walkie Talkie, otros más intensos como The Blue World, otros que se acercan de nuevo al estilo fantástico, como Giving The Kii, y finalmente, en The Great Eatlon se expone la parte más activa y contundente, que con explosiones de cuerda, vientos y coros, alterna instantes triunfales con otros de acción intensa… En resumen, la música no se ancla en temas concretos a los que se recurre una y otra vez, sino que está en constante evolución, adaptándose en cada corte a las necesidades del momento.

Al final de disco nos encontramos con cuatro canciones acreditadas a Bob Dylan pero interpretadas por otros artistas. Tres de ellas pueden escucharse durante la película. La partitura original dura cuarenta y dos minutos, lo cual no está nada mal para películas con poca música como las de Shyamalan, y no parece que la inclusión de estas canciones haya limitado la exposición correcta de los temas de la composición de Newton Howard. Además, son de buena calidad.

Por cierto, el diseño de la carátula del CD es una autentica preciosidad.

 

1. Prologue – 2:52
2. The Party – 6:40
3. Charades – 5:50
4. Ripples in the Pool – 1:49
5. The Blue World – 4:25
6. Giving the Kii – 1:49
7. Walkie Talkie – 2:08
8. Cereal Boxes – 2:33
9. Officer Jimbo – 3:31
10. The Healing – 4:03
11. The Great Eatlon – 4:41
12. End Titles – 1:43
13. The Times They Are A-Changin – Bob Dylan – 5:59
14. Every Grain of Sand – Bob Dylan – 4:15
15. It Ain’t Me Babe – Bob Dylan – 3:46
16. Maggie’s Farm – Bob Dylan – 3:36
Total: 59:40

Una historia de Brooklyn

 

The Squid and the Whale, 2005, Canadá.
Género: Drama.
Duración: 88 min.
Director: Noah Baumbach.
Escritor: Noah Baumbach.
Actores: Jeff Daniels, Laura Linney, Owen Kline, Jesse Eisenberg, Anna Paquin, William Baldwin.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: El guión, los magníficos personajes, el toque duro y realista.
Lo peor: La dirección no es redonda, y se nota que intenta esconder el bajo presupuesto.

Una historia de Brooklyn (en realidad El calamar y la ballena, pero los traductores estaban creativos) es el relato personal de su escritor y director sobre un momento importante de su vida: el divorcio de sus padres. Gracias a esta experiencia Noah Baumbach ha dotado a la historia de unas dosis de realismo cotidiano muy poco habituales en una película, creando situaciones que más de uno ha podido vivir de cerca, con toda su dureza y credibilidad, con unos personajes excelentes y una puesta en escena cada vez más habitual, la cámara en mano, que aunque no está empleada con total acierto sí da un aire más que digno a una producción independiente de bajo presupuesto que apenas tiene un par de escenarios y evita los planos amplios de la ciudad para no mostrar sus carencias.

La narración se centra en una familia donde los padres son escritores, el progenitor de cierta fama pero ya sin ideas, su mujer, que es un éxito ascendente, y dos hijos, uno adolescente y otro que acaba de entrar en la adolescencia. El distanciamiento entre la pareja se ve aumentado por los celos profesionales, por una madre que prefiere buscar felicidad en otra pareja y un padre cerrado de miras y con opiniones directas y destructivas. Esta ruptura marca profundamente a todos los caracteres presentados, pero hace especial mella en los hijos.

Baumbach nos muestra la situación con tan sólo algunas concesiones cómicas que incluso están marcadas por un humor ácido e irónico. El tono en general es cruelmente realista, muy humano y descorazonador, con personajes que se expresan su frustración y odio destruyéndose psicológicamente entre ellos. Las situaciones, aun siendo de apariencia poco trascendentes, logran transmitir muchísimos sentimientos al espectador. Los personajes están escritos con mucha delicadeza y afán detallista, y se enriquecen además con los aportes de conocimientos de primera mano. Los caracteres logrados rozan la perfección:

Tenemos al padre (Jeff Daniels, muy correcto en un papel muy distinto a lo que nos tiene acostumbrados), para mí el más conseguido, pues aunque es el personaje más cruel, no es el malo de la función porque sí, sino porque alguien debe serlo más que los demás: es prepotente, arrogante, egoísta, profundamente manipulador con sus hijos, a los que influye con sus ideas pseudo-intelectuales e intenta poner en contra de su madre. Sus frases son auténticas perlas llenas de ofuscada crueldad, diálogos brillantes pero duros. La madre, una bellísima Laura Linney, tiene menos fuerza y presencia en pantalla, pero no es un personaje fallido, pues aporta lo justo al conjunto. Su aventura es una falta moral grave que marca a los hijos y empeora la situación; pero también produce pena ver cómo ha de soportar los envites altaneros de su marido. Los menores, como dije, sufren muchísimo la situación. El pequeño Frank (Owen Kline) se vuelve un chico introvertido, con una obsesión insana por la masturbación y, lo que es peor, un alcoholismo incipiente; a su favor, ve las buenas cualidades de la madre, como respetar las distintas opiniones y personas. El mayor (Jesse Eisenberg) quiere ser fiel reflejo de su padre y traga así mucha mierda que convierte en su escudo ante el mundo. El resultado le va destruyendo: mina sus relaciones, su libido, su inteligencia.

Una historia descarnada muy interesante, con bastante que enseñar sobre las relaciones humanas y escrita con bastante habilidad, sobre todo en la plasmación de los caracteres.

United 93

 

United 93, 2006, EE.UU.
Género: Drama, acción, documental.
Duración: 111 min.
Director: Paul Greengrass.
Escritor: Paul Greengrass.
Actores: Christian Clemenson, Thris Gates, David Alan Basche, Cheyenne Jackson, Opall Alladin, Gary Commock, Nancy McDoniel.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: La realización de Paul Greengrass, el estilo documental.
Lo peor: La frialdad del relato y la descentralización del argumento producida por tanta ida y venida a centros de control.
Mejores momentos: El tramo final, cuando los pasajeros tratan de acabar con los terroristas.

Primera superproducción centrada en los eventos ocurridos el fatídico 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, aunque fue precedida de su versión televisiva (cuyo nombre, Vuelo 93, ha llevado a la confusión a más de uno). Contrariamente a la próxima película de esta índole (Word Trade Center, de Oliver Stone con un reparto encabezado por Nicolas Cage), que se anuncia como el típico melodrama hipertrofiado estadounidense, con historia lacrimógeno-televisiva de alto presupuesto, United 93 se presentó, y su visionado así lo confirma, como un docudrama directo, sin concesiones políticas ni morales, sin mensaje de algún tipo. Simple y llanamente es la reproducción de los hechos que llevaron a la aeronave a estrellarse.

El filme resultante es un tanto atípico, una historia de acción y drama sin personajes al uso, con una narración saltando constantemente de una localización a otra, siguiendo los vuelos secuestrados desde distintos centros de control y desde el avión protagonista (que acabó estrellándose por Pennsylvania, cerca de su objetivo, Washington). Con la cámara en mano y un montaje muy ágil, algo habitual en él, Paul Greengrass, que también ha escrito la historia, va narrando en tiempo aproximadamente real el despegue del vuelo 93 de aerolíneas United, controlado desde el centro de mando de la zona, los primeros secuestros, vistos desde un centro de mando común, y poco a poco incluye centros de las otras zonas afectas, así como el mando militar. Precisamente estas idas y venidas son el punto flaco de la función, pues están formadas por conversaciones estériles de datos de aviación y griterío entre las estaciones de control, que restan interés al relato y desvían la atención de la parte más importante e interesante de la trama, el drama en el secuestro protagonista. Con tanta localización, el inicio de la película se alarga por indefinición de argumento y porque no hay personajes en los que centrarse, pero poco a poco la intensidad va creciendo conforme avanzan los atentados. Así, en el tramo final, cuando los pasajeros aceptan su destino y deciden intervenir, se torna frenético y tenso, y está narrado sin concesiones de ningún tipo, es cruel, realista: las llamadas telefónicas de despedida, el terror que viven tanto pasajeros como terroristas, el histerismo de los centros de mando…

La elección de actores desconocidos (y según se comenta, de algún familiar de los fallecidos) es un gran acierto, ya que, al tener una narración de corte documental y sin personajes, había que huir de rostros familiares con los que el espectador conectase de manera inapropiada (que los viese como actores, en vez de como personas reales). El elenco elegido funciona a la perfección, tanto en el retrato físico de personas normales como en la interpretación. Por lo demás, la fotografía se maneja muy bien en un espacio tan reducido, y según el centro de control el uso de la iluminación varía para facilitar la ubicación al espectador; y la música está empleada con sumo cuidado, sin buscar efectismo innecesario, solamente como complemento donde hace falta.

Aunque como dije, no tiene mensajes políticos, si se puede observar la clara incompetencia del Gobierno y los militares ante el ataque sufrido por el país. El Presidente estuvo ausente (escondido sin saber qué hacer, dejando pasar el tiempo en un colegio) y luego se dio a la fuga en el Air Force One. Así, los militares cayeron presa del descontrol, sin órdenes claras, sin objetivos. Claro que también es cierto que nadie estaba preparado para responder a un ataque de esta índole en tan poco tiempo.

Me atrevo a decir que, sin que sea una gran película (aunque tiene el visto bueno de la crítica en general, que la alaba bastante), probablemente será una de las pocas inspiradas directamente en el 11-S que merezca la pena, ya que no es una producción con intenciones comerciales o políticas, ni busca dramatismo y efectismo fácil (lo que la haría muy típica seguramente), y además cuenta con una buena factura.

Corrupción en Miami

Miami Vice, 2006, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 134 min.
Director: Michael Mann.
Escritores: Michael Mann.
Actores: Colin Farrel, Jamie Foxx, Gong Li, Naomie Harris, Ciarán Hinds, Luis Tosar, John Ortiz, Elizabeth Rodriguez, Barry Shabaka Henley.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: La fotografía de Dion Beebe, la dirección de Michael Mann, una buena historia policial, la iluminación, el sonido…
Lo peor: Le falta garra en algunos pasajes, que se hacen lentos y faltos de contenido, y se echa de menos más acción.
Mejores momentos: Toda la introducción. El rescate de la novia de Ricardo. El tiroteo final.
La frase:
-Dispara y ella muere. Dispárame, vamos. Todos volaremos.
-Eso no ocurrirá. Lo que ocurrirá es que te meteré una bala disparada a ochenta metros por segundo en la médula en la base de tu cerebro. Entonces estarás muerto de cuello para abajo antes de que tu cuerpo se dé cuenta
.

* * * * * * * * *

Es muy fácil describir Corrupción en Miami: es una versión inferior de Heat narrada con la a veces extenuante lentitud de Collateral. Quien vaya esperando un film de mucha acción acabará decepcionado al encontrarse un pausado thriller policial de historia intrincada y bien desglosada, con personajes oscuros, ambiciosos y de moral ambigua. Así mismo, cabía esperarse mucho más del sello característico de la serie, pero finalmente no hay tanto glamour ni carreras con carísimos deportivos y lanchas (tan sólo una de cada) y las localizaciones en Miami son poco destacables. La historia es más realista y deprimente, y obviamente está actualizada. Mann construye una sólida trama policial con una presentación exquisita, un desarrollo notable pero demasiado ralentizado, y un final muy digno pero mejorable.

Los dos protagonistas se ven envueltos por casualidad en un fatal desenlace de una investigación delicada e importante, y su repentina presencia garantiza para algunos altos mandos (el agente del FBI Fujima –Ciarán Hinds– y el Teniente Castillo –Shabaka Henley-) una buena colaboración. Este prólogo, con Sonny y Ricardo saliendo de la discoteca y preocupándose por un viejo amigo, donde el teléfono móvil es un protagonista más, y con una breve pero intensa persecución, es una introducción perfecta a la historia. A partir de aquí se va construyendo un complejo y muy cuidado puzzle de tramas anti-droga, corrupción, personajes ambiciosos, y una (ésta más endeble) línea amorosa.

Si la presentación de la historia fue buena, también lo son los primeros acercamientos de los protagonistas a la red que pretenden desenmascarar. El primer contacto con José Yero está muy bien confeccionado, sin abusar de los tópicos de la situación tensa; los posteriores juegos de a ver cómo se realizan las entregas de los envíos de drogas son muy realistas y añaden mucho peso y credibilidad a la película. El punto álgido de la función se alcanza cuando está en juego la vida de la novia de Ricardo, con una operación de rescate magnífica. Finalmente, el desenlace, con un tiroteo hiperrealista, cierra esta estupenda historia…

… Pero no todo son buenos logros. A esta trama rica en detalles y personajes de dudosa moral se le añade una historia de amor demasiado vista, algo soporífera y que daña bastante el ritmo narrativo así como la originalidad del relato. Es una historia mal enlazada, con momentos realmente aburridos (demasiadas escenas de bailes), unos pocos muy buenos (Yero mirando a Sonny e Isabella, un plano que define completamente su personaje), y una resolución demasiado previsible. Si a esto le añadimos que el ritmo de la película en ocasiones peca de ser demasiado lento, obtenemos un metraje inflado (muy habitual hoy día, me temo), que lastra demasiado una película que podría haber sido bastante buena.

En cuanto a la realización, aquí son todo alabanzas. Dion Beebe, un genio de la fotografía (Memorias de una Geisha, Collateral, Chicago), y Michael Mann, uno de mis directores favoritos, forman un estupendo dúo de profesionales que sacan un extraordinario partido a los primeros planos (caóticos pero muy expresivos), a la cámara en mano (dotando de gran realismo y un impresionante atractivo a las imágenes), y aportan la gran innovación, el uso de lentes ultrasensibles (aparte de las lentes digitales) para rodar de noche, que le confieren a las imágenes un aspecto un tanto extraño (unos tonos de colores que no se suelen ver, con mucho grano) pero que aporta otro toque de realismo y originalidad, amén de estar empleado sin abusar, sin vacilar de la innovación.

Una importante queja vendría de la banda sonora. Estoy habituado a que Mann no utilice partituras complejas, sino temas breves y sobre todo creaciones preexistentes (notable es su predilección por mi querida Lisa Gerrard), pero la selección musical de Corrupción en Miami, salvo el brevísimo tema de Linking Park que abre el filme y ambientaba los trailers, peca de ser poco impactante, con una falta total de temas carismáticos que no se olviden antes de que hayan terminado de sonar.

Corrupción en Miami se estrelló bastante en la taquilla norteamericana, pues pese al abultadísimo presupuesto y a la amplia campaña publicitaria, el producto realizado por Mann dista de ser una película para el gran público: es una apuesta más inteligente de lo habitual en las superproducciones de Hollywood.

Narada Collection Series – A Childhood Remembered

Narada Collecion Series – A Childhood Remembered
Género: Nuevas Músicas
Año: 1991, Narada
Valoración:

El sello discográfico Narada es proclive a editar constantes discos que reúnen a muchos de sus artistas bajo alguna temática concreta. No sé quién los propone, quién elige las canciones, pero generalmente son trabajos muy acertados, que sirven de forma excelente a varios objetivos como la introducción general al sello y en consecuencia a la rama de Nuevas Músicas más productiva y con mejores trabajos que se puede encontrar. El disco que aquí comento, A Childhood Remembered, es hasta ahora la mejor recopilación que he escuchado de la empresa. La selección no es sólo acertadísima y completa, sino que muestra a los mejores músicos que la discográfica tiene o ha tenido con temas que suponen en muchos casos los más logrados de sus carreras. Como es habitual, los cortes son creaciones de uno o de otro artista, pero las colaboraciones entre ellos a la hora de las grabaciones son constantes.

El comienzo es sobrecogedor, con uno de los temas instrumentales más soberbios y cautivadores que he escuchado nunca: The Cello’s Song, de Kostia y David Arkenstone. Para el que esto escribe, es la mejor composición de Arkenstone (sobre la carrera de Kostia tengo menos conocimientos), y también lo mejor del disco, una maravilla de siete minutos que parece caída del cielo. Teclados y un leve campanilleo dan paso a la introducción del solo de violonchelo interpretado por Paul Gmeinder. Esta breve presentación se diluye en un juego de sintetizadores que van creando ambiente hasta que el violonchelo vuelve a hacer acto de presencia entre las violas. El corte prosigue de forma hipnótica, cobrando intensidad con las cuerdas, llegando a su punto álgido a los cinco minutos y medio. Es una composición brillante, una joya inolvidable.

El segundo tema, Tree in the Storm, corresponde a Ralf Illenberger, un guitarrista y teclista dotado no sólo a la hora de tocar, sino tan inspirado como el resto de la plantilla de Narada a la hora de componer. El corte tiene el estilo clásico del sello, sencillo, alegre, con arreglos bien medidos. Los bajos y percusiones marcan el ritmo de la guitarra de Illenberger mientras los sintetizadores ofrecen juegos de sonidos que enriquecen el tema. Muy bonito, de los que más me gustan del disco.

Es el turno de Kostia en solitario, aunque cabría mencionar la colaboración a la guitarra de doce cuerdas de Arkenstone. Maria Morevna es un corte muy completo en instrumentación. Kostia añade un cuarteto vocal, violines y un buen espectro de percusiones. Pero sin el sintetizador, que expone la parte más inspirada de la composición, perdería bastante.

Daviz Lanz y Paul Speer vuelven a unirse para la siguiente pista, The Dragon’s Daughter. El siempre inspirado piano de Lanz, con sus bellísimas notas, es el alma de esta creación, una de las más melancólicas del recopilatorio. Le acompaña la guitarra de Speer, pero sin querer en ningún momento tener más protagonismo del necesario, pues Lanz es el compositor.

Un cierto aire medieval le otorga Carol Nethen a Flight of the Wild Swans. Una pieza alegre, de suaves y simpáticas melodías sobre un acompañamiento de percusiones.

Trapezoid es una formación que no conozco. A ellos debemos la pista número seis, Hawk. Es un juego veloz de hammered dulcimer (instrumento de cuerda) sostenido sobre sintetizador y percusión, con la inclusión puntual de violín y otros elementos.

Eric Tingstad a la guitarra acústica y Nancy Rumbel al oboe, percusiones y otros instrumentos, desarrollan esta composición de Rumbel, inspirada claramente en los ritmos de los indígenas de Norteamérica: Crow and Weasel. Los solos de guitarra y oboe aportan preciosas melodías y se entrecruzan cada uno a su ritmo pero dando forma al corte: uno de los instrumentos es el cuervo y el otro la comadreja del título, cada uno con su propia personalidad.

Llega el momento de David Arkenstone, el artista de mayor proyección comercial de Narada. The North Wind tiene el estilo característico de la línea más electrónica de su carrera desde los primeros compases, con esos arreglos de sintetizadores tan intensos y envolventes, animados con las percusiones. Kostia añade mayor fuerza al instante con la inclusión de cuerdas.

Martin Kolbe compone e interpreta él solito Hiawatha’s Song, una pista muy simpática, de saltarinas notas de teclado marcadas por las percusiones.

Si el tema anterior era creación exclusiva de Kolbe, Richard Souther hace lo propio en … Said the Emperor. Estilo con matices asiáticos en los teclados y un piano con deje jazzístico marcan este animado momento.

Sorprendente me resulta la inclusión Alasdair Fraser, un músico escocés, lejano a la norteamericana Narada. Fraser es para muchos el mejor violinista de escocia, uno de los más reconocidos artistas de la música celta de dicha región, pero el tema que aquí presenta, First Flight, se aleja notablemente, aunque no del todo, del sonido chillón y trepidante del violín escocés. Es una creación en la línea elegida para el disco, con toques entre medievales y escoceses proporcionados por el arpa celta, y envuelto en los teclados.
Destacar la presencia en la producción de Billy Oskay, otro artista ajeno a esta discográfica, conocido sobre todo por su presencia en Nightnoise.

Wayne Gratz es otro gran pianista del sello. The Green Room cuenta con la aparición de Kostia, quien secunda muy sutilmente con las cuerdas al solo de piano de Gratz.

Destacar también la cuidadísima edición del disco, con un libreto amplio, lleno de información, con la presentación de cada tema por parte de sus autores así como la ficha técnica de cada uno de ellos. Mi trabajo favorito de Narada, que recomiendo encarecidamente a cualquiera que sienta pasión por la buena música, sea del género que sea.

 

1. The Cello’s Song – 7:03
Kostia y David Arkenstone
2. Tree in the Storm – 4:18
Ralf Illenberger
3. Maria Morevna – 5:12
Kostia
4. The Dragon’s Daughter – 4:38
David Lanz y Paul Speer
5. Flight of the Wild Swans – 5:33
Carol Nethen
6. Hawk – 4:25
Trapezoid
7. Crow and Weasel – 6:16
Eric Tingstad y Nancy
Rumbel

8. The North Wind – 6:16
David Arkenstone
9. Hiawatha’s Song – 5:33
Martin Kolbe
10. … Said the Emperor – 3:26
Richard Souther
11. First Flight – 4:17
Alasdair Fraser
12. The Green Room – 4:21
Wayne Gratz
Total: 62:27