El Criticón

Opinión de cine y música

Corrupción en Miami

Miami Vice, 2006, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 134 min.
Director: Michael Mann.
Escritores: Michael Mann.
Actores: Colin Farrel, Jamie Foxx, Gong Li, Naomie Harris, Ciarán Hinds, Luis Tosar, John Ortiz, Elizabeth Rodriguez, Barry Shabaka Henley.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: La fotografía de Dion Beebe, la dirección de Michael Mann, una buena historia policial, la iluminación, el sonido…
Lo peor: Le falta garra en algunos pasajes, que se hacen lentos y faltos de contenido, y se echa de menos más acción.
Mejores momentos: Toda la introducción. El rescate de la novia de Ricardo. El tiroteo final.
La frase:
-Dispara y ella muere. Dispárame, vamos. Todos volaremos.
-Eso no ocurrirá. Lo que ocurrirá es que te meteré una bala disparada a ochenta metros por segundo en la médula en la base de tu cerebro. Entonces estarás muerto de cuello para abajo antes de que tu cuerpo se dé cuenta
.

* * * * * * * * *

Es muy fácil describir Corrupción en Miami: es una versión inferior de Heat narrada con la a veces extenuante lentitud de Collateral. Quien vaya esperando un film de mucha acción acabará decepcionado al encontrarse un pausado thriller policial de historia intrincada y bien desglosada, con personajes oscuros, ambiciosos y de moral ambigua. Así mismo, cabía esperarse mucho más del sello característico de la serie, pero finalmente no hay tanto glamour ni carreras con carísimos deportivos y lanchas (tan sólo una de cada) y las localizaciones en Miami son poco destacables. La historia es más realista y deprimente, y obviamente está actualizada. Mann construye una sólida trama policial con una presentación exquisita, un desarrollo notable pero demasiado ralentizado, y un final muy digno pero mejorable.

Los dos protagonistas se ven envueltos por casualidad en un fatal desenlace de una investigación delicada e importante, y su repentina presencia garantiza para algunos altos mandos (el agente del FBI Fujima –Ciarán Hinds– y el Teniente Castillo –Shabaka Henley-) una buena colaboración. Este prólogo, con Sonny y Ricardo saliendo de la discoteca y preocupándose por un viejo amigo, donde el teléfono móvil es un protagonista más, y con una breve pero intensa persecución, es una introducción perfecta a la historia. A partir de aquí se va construyendo un complejo y muy cuidado puzzle de tramas anti-droga, corrupción, personajes ambiciosos, y una (ésta más endeble) línea amorosa.

Si la presentación de la historia fue buena, también lo son los primeros acercamientos de los protagonistas a la red que pretenden desenmascarar. El primer contacto con José Yero está muy bien confeccionado, sin abusar de los tópicos de la situación tensa; los posteriores juegos de a ver cómo se realizan las entregas de los envíos de drogas son muy realistas y añaden mucho peso y credibilidad a la película. El punto álgido de la función se alcanza cuando está en juego la vida de la novia de Ricardo, con una operación de rescate magnífica. Finalmente, el desenlace, con un tiroteo hiperrealista, cierra esta estupenda historia…

… Pero no todo son buenos logros. A esta trama rica en detalles y personajes de dudosa moral se le añade una historia de amor demasiado vista, algo soporífera y que daña bastante el ritmo narrativo así como la originalidad del relato. Es una historia mal enlazada, con momentos realmente aburridos (demasiadas escenas de bailes), unos pocos muy buenos (Yero mirando a Sonny e Isabella, un plano que define completamente su personaje), y una resolución demasiado previsible. Si a esto le añadimos que el ritmo de la película en ocasiones peca de ser demasiado lento, obtenemos un metraje inflado (muy habitual hoy día, me temo), que lastra demasiado una película que podría haber sido bastante buena.

En cuanto a la realización, aquí son todo alabanzas. Dion Beebe, un genio de la fotografía (Memorias de una Geisha, Collateral, Chicago), y Michael Mann, uno de mis directores favoritos, forman un estupendo dúo de profesionales que sacan un extraordinario partido a los primeros planos (caóticos pero muy expresivos), a la cámara en mano (dotando de gran realismo y un impresionante atractivo a las imágenes), y aportan la gran innovación, el uso de lentes ultrasensibles (aparte de las lentes digitales) para rodar de noche, que le confieren a las imágenes un aspecto un tanto extraño (unos tonos de colores que no se suelen ver, con mucho grano) pero que aporta otro toque de realismo y originalidad, amén de estar empleado sin abusar, sin vacilar de la innovación.

Una importante queja vendría de la banda sonora. Estoy habituado a que Mann no utilice partituras complejas, sino temas breves y sobre todo creaciones preexistentes (notable es su predilección por mi querida Lisa Gerrard), pero la selección musical de Corrupción en Miami, salvo el brevísimo tema de Linking Park que abre el filme y ambientaba los trailers, peca de ser poco impactante, con una falta total de temas carismáticos que no se olviden antes de que hayan terminado de sonar.

Corrupción en Miami se estrelló bastante en la taquilla norteamericana, pues pese al abultadísimo presupuesto y a la amplia campaña publicitaria, el producto realizado por Mann dista de ser una película para el gran público: es una apuesta más inteligente de lo habitual en las superproducciones de Hollywood.

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