El Criticón

Opinión de cine y música

21 gramos

 

21 Grams, 2003 EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 124 min.
Director: Alejandro González Iñárritu.
Escritor: Guillermo Arriaga.
Actores: Naomit Watts, Sean Penn, Benicio del Toro, Charlotte Gainsbourg, Melissa Leo.
Música: Gustavo Santaolalla.

Valoración:
Lo mejor: Cada uno de los actores, la fuerza hipnótica del relato, el perfecto puzzle de imágenes y sensaciones gracias al exquisito uso del ritmo, del montaje, de la fotografía, y del color.
Lo peor: Si se puede considerar un fallo, que no es apta para todos los públicos.

Su confección aparentemente deshilvanada, la lentitud en mostrar abiertamente algo (requiere atención extra para ir construyendo las piezas), el duro drama que muestra, la fotografía y montaje ágiles, las sensaciones transmitidas más por una expresión que por un diálogo… pueden ser motivo de atragantamiento y aburrimiento para más de un espectador.

Muy hábil hay que ser para construir una historia no lineal, para ubicar cada elemento, cada secuencia, en un orden correcto que desvele con estructura lógica la trama y desarrolle a los personajes de forma consistente y bien relacionada con la sucesión de eventos. Alejandro González Iñárritu lo consigue con aparente facilidad, dotando así a la película de mucho más interés y profundidad de la que tendría con una narración sencilla, ya que lo que ha hecho no ha sido sólo dotar de mayor efectismo al relato, sino también desarrollar, a base de pequeños capítulos, la transición, la evolución de los personajes desde su vida normal a la pura desesperación; alternar estas situaciones, este proceso evolutivo como lo ha hecho, le ha otorgado mayor énfasis a las tragedias personales, pues el contraste es más notable.

Los personajes están desarrollados con descripciones exhaustivas que, junto con las magníficas interpretaciones de todo el reparto, dotan a los caracteres de una humanidad que desborda de la pantalla y envuelve con melancolía al espectador. Benicio del Toro está inmenso como padre tan agobiado por sus pecados que termina convirtiéndose en un fanático religioso; Sean Penn dota a su carácter del miedo a la muerte… y también a la vida (otro grandioso papel del actor, sin duda uno de los más grandes de la historia); Naomi Watts muestra la desesperación de una madre que ha perdido de un golpe a su familia; y Charlotte Gainsbourg, la más desconocida del reparto, no se queda atrás, mostrando más que correctamente el sufrimiento de su personaje ante un novio que no la trata como se merece, después de todo el esfuerzo que ha hecho por estar a su lado.

Técnicamente la producción es notable: dirección, fotografía, iluminación y montaje de primer nivel. Artísticamente es una pequeña delicia, una de esas películas extrañas que salen de vez en cuando.

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