El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: noviembre 2006

Capercaillie – Delirium

Capercaillie – Delirium
Género: Celta, Nuevas músicas, pop
Año: 1991, Survival
Valoración:

Karen Matheson: voz.
Charlie McKerron: violín.
John Saich: bajo, guitarra, coros.
Manus Lunny: bouzouki, guitarra, coros.
Marc Duff: flauta (silbato), bodhran.
Donald Shaw: acordeón, teclados.
Más algunos colaboradores.

Delirium es el primer gran disco de Capercaillie (Secret People, To The Moon y Choice Language son los otros). A veces, cuando lo escucho, me digo: “éste es el mejor”, pero en cuanto me pongo otro cambio de opinión. Todos son álbumes con el sello de Capercaillie, pero cada uno tiene estilo y alma propios, y todos son magníficos. Y eso sin desmerecer los demás trabajos de la banda, sean los primeros (los más celtas) u otros que no les salieron redondos.

En Delirium, disco producido por Donal Lunny, se aventuraron por primera vez en la creación de canciones propias además de versionar temas tradicionales escoceses. Lo hicieron mezclando el gaélico con el inglés y lo celta con instrumentación y técnicas modernas. El formato de piezas cortas (jigs) de la música celta, con su habitual cambio de ritmo dos o tres veces por tema, se cambia por un estilo más moderno donde una canción de entre tres y cinco minutos desarrolla generalmente un esquema que se repite alrededor de un estribillo. Así, el estilo final es sumamente atractivo para un oyente que no conozca o aprecie la música celta.

La utilización de bajo y teclados eléctricos, percusiones y piano como base es exquisita. Sobre ellos se añaden, según el corte, gaitas, magníficas percusiones étnicas, bouzouki, flautas y la omnipresente y divina voz de Karen Matheson. El resultado, un álbum lleno de canciones prodigiosas, cada cuál más bella y adictiva. La fuerza de los temas más marchosos es impresionante, y la cadencia de los más relajados muy sentimental. La composición refleja una inspiración notable y el detallismo de los temas es sublime, cuidando esa peculiar envoltura de percusiones y preciosos pianos que le dan un aire tan característico.

Esta simbiosis de estilos resulta maravillosa gracias a la profesionalidad de unos artistas que han nacido con la música en la sangre. Se nota muchísimo cuando los músicos de un grupo son excepcionales (no hay más que comparar esta banda con cualquier grupo comercial de pop/rock, o por mencionar uno conocido que mezcla también la música celta, el infame The Corrs): la música suena límpida, con cada instrumento perfectamente sincronizado y con sus sonidos exprimidos al máximo por manos expertas.

Un trabajo redondo, magnífico, aunque podría destacar algunos temas inolvidables como Rann Na Mona, Cape Breton Song, Coisich, A Ruin

 

1. Rann Na Mona – 3:52
2. Waiting for the Wheel to Turn – 4:38
3. Aodann Srath Bhain – 4:06
4. Cape Breton Song – 3:04
5. You Will Rise Again – 3:33
6. Kenny MacDonald’s Jigs – 4:00
7. Dean Saor An Spiorad – 4:26
8. Coisich, A Ruin – 3:12
9. Dr. MacPhail’s Reel – 2:52
10. Heart of the Highland – 3:50
11. Breisleach – 2:46
12. Islay Ranter’s Reels – 3:06
13. Servant to the Slave – 6:42
Total: 50:14
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Batman Begins


Batman Begins, 2005 EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 140 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Gary Oldman, Katie Holmes, Cillian Murphy, Tom Wilkinson, Rugter Hauer, Ken Watanabe.
Música: Hans Zimmer, James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion impresionante y un reparto de grandes actores, entre los que destaca un maravilloso Michael Caine.
Lo peor: Un montaje demasiado acelerado y alguna secuencia de acción mejorable; la aburrida interpretación de Katie Holmes y su aburrido personaje; y sobre todo, la insistente y poco adecuada banda sonora.
La frase:
1) ¿Para qué nos caemos? Para aprender a levantarnos.
2) Da igual lo que sea en el fondo. Uno se define por sus actos.
3) ¿No lo tiene en negro?

* * * * * * * * *

Esta producción no tiene nada que ver con el Batman de Tim Burton, sino que es un nuevo acercamiento a la historia del oscuro superhéroe, y aunque carece del carisma arrollador que le imprimió Burton, en cambio es una propuesta seria, contundente, épica, que trasciende el propio género para intergrarse muy bien entre los mejores thrillers de los últimos tiempos. En cuanto a la temática de superhéroes, quizá no sea mejor que aquel Batman y Spider-Man 2, o quizá sí, pero lo que sí está claro es que es un título ejemplar difícilmente superable.

Christopher Nolan y David S. Goyer han construido un guion magnífico, casi redondo, con todos los elementos muy bien medidos: nos ofrecen una trama densa y con gran número de personajes con gran dimensión, y nos deleitan con multitud de detalles ingeniosos, frases muy inspiradas y secuencias memorables. Mantienen un ritmo que no decae en ningún momento pese a que hay más desarrollo de caracteres que escenas de acción. Consiguen dotar de historia y vida a la ciudad y enlazar todos los protagonistas en la trama, demorando la aparición de cada uno lo necesario para poder acercanos a ellos poco a poco y exponer la parte que les corresponde a cada uno en el elaborado conjunto. De hecho, como en los thrillers clásicos de los años cincuenta, tienes que esforzarte bastante por seguirlo todo.

El propio Batman no aparece hasta entrada la hora de metraje. Primero había que conocer el entorno, y luego Bruce Wayne tenía que caminar el tortuoso sendero que lo lleva a ponerse la máscara. Con el mimo que le ponen, la presentación y maduración del héroe es la mejor que se ha visto hasta la fecha. Los villanos no se quedan atrás a pesar de tener nada menos que tres figuras principales formando parte de una intriga global que va creciendo poco a poco; todos son intrigantes y suponen buenos retos iniciáticos para Batman. En el bando de los buenos hay un puñado largo de secundarios, y la mayor parte se hacen querer. El mayordomo Alfred, con una interpretación de Michael Caine memorable, es un apoyo fantástico, y de su boca oímos algunas frases magníficas; el policía asqueado de la corrupción (Gary Oldman) y el empleado olvidado (Morgan Freeman) muestran muy bien su situación de aburrida desesperación y reaccionan ante las nuevas posibilidades que les brinda la aparición del hombre murciélago; Falcone (Tom Wilkinson) es un gángster imponente que no resulta demasiado estereotipado; Espantapájaros es un carácter inquietante y la interpretación de Cillian Murphy muy correcta; Henri Ducard (Liam Nelson impecable como siempre), mentor de Batman y pronto oponente también, es el sabio e inquebrantable líder de una organización misteriosa con sugerente pasado; y mención especial para otros que cuentan con breves apariciones, como Ken Watanabe o Rugter Hauer, actores míticos en papeles cortos pero capaces de dejar huella en el relato.

Es difícil de creer la facilidad con la que meten tantas cosas en tan poco tiempo. Salvo excepciones como alguna inesperada joya, como L. A. Confidential, como señalaba prácticamente habíamos olvidado lo que es un thriller de gran calibre. Así que Batman Begins supone toda una lección para el cine moderno, demasiado acostumbrado al uso de argumentos simples y personajes construidos con cuatro frases y dos tópicos. Sin embargo, no todo son maravillas, pues hay algunos detalles bastante mejorables. El más notable es que el personaje femenino, Rachel Dawes, no tiene la misma fuerza que los masculinos. Parece un simple nexo de unión entre el hampa y la justicia, una justificación para exponer la corrupción, algo que ya quedaba además claro con Gordon y sus compañeros. Y, sobre todo,  su presencia como chica de la función resulta forzada y la interpretación de Katie Holmes deja mucho que desear.  Al contrario que con los demás personajes, no conocemos de dónde sale su determinación, ni la actriz transmite bien la lucha y las penurias que se supone que enfrenta. Al menos el giro final aporta algo más inteligente de lo que se suele ver, pero llega tarde.

Nolan ofrece un gran espectáculo, destacando el amor y esfuerzo por hacer las cosas bien: su apuesta por lo artesanal ofrece un aspecto visual sólido, verosísimil e impresionante, y sin duda perdurará en el tiempo. La combinación de efectos tradicionales y digitales es excelente: los planos cercanos de muchos edificios e incluso alguna carrera con el batmóvil han sido realizados con maquetas enormes, mientras los fondos se añaden con ordenador; aunque también hay algún plano general de la ciudad que es digital y no se nota nada. En cuanto a la dirección en general, el tono ominoso, sombrío, es muy acertado, conformando una narrativa ágil pero intensa, amena pero capaz de transmitir seriedad. Pero a algunas escenas de acción no les coge el punto. En las secuencias de tortas cara a cara tenemos una fotografía demasiado cerrada sobre los personajes, unas coreografías muy básicas, y un montaje caótico que no deja ver nada. Lo extraño es que en las persecuciones y carreras con el coche se enfrentaba a una difícil mezcla de maquetas y un cacharro enorme que apenas andaba, y aun así consigue transmitir la sensación de caos y velocidad a través de una planificación y una edición brillantes. No se entiende que algo tan complicado acertara tanto y en algo más común se quedara tan corto.

Y tenemos un aspecto que, al menos a mí, me ha decepcionado bastante. Será porque el Batman de Danny Elfman y el Superman de John Williams marcaron a lo grande el aspecto musical del género, pero desde entonces se da por sentado que cada nueva película del mismo tendrá una gran banda sonora. Desde luego, el tener una temática fantasiosa permite dejar volar la imaginación, y como suelen combinar drama humano, épica y acción, pues más posibilidades ponen en bandeja. Pero me temo que aquí no apuntaron muy alto. Fuera cosa del estudio o a propuesta de Nolan, contrataron a Hans Zimmer en una época de bajón, de obsesión por la electrónica. Y la banda sonora resultante es bastante limitada, con parches de Piratas del Caribe que taladran las escenas de acción sin mucha conexión con las imágenes, y un surruro forzadamente intenso pero repetitivo e impersonal para el resto. Lo curioso es que ficharon a otro autor con gran caché, James Newton-Howard, para colaborar en la composición. No sé si fue por temas de agenda, que Zimmer no daba abasto, o porque su trabajo no convenció. El caso es que se nota muchísimo que Newton-Howard compone las partes íntimas, el drama de personajes, y aunque son momentos breves funcionan mucho mejor: bien orquestados, sutiles en lo emocional. Sea como sea, queda una banda sonora ruidosa pero machachona, sin personalidad.

Aparte se pueden señalar detalles que afean el acabado aquí y allá. En el templo entiendo que exploten los barriles de pólvora, pero de ahí en adelante no se entiende qué pasa, todo explota poco a poco, las vigas incluso, hasta una explosión final absurda. Que los padres salgan de la ópera, que se supone que estará en la parte rica de la ciudad, al callejón más oscuro y mugriento, es demasiado artificial. En el final, Ra’s se pone la máscara cuando ya está inmerso en los vapores; si es inmune, por qué se la pone, si no, le habría afectado ya. Rachel se iba con un policía alejándose de todo el fregado, pero de repente aparece sola justo donde Ra’s está trabajando. El anciano que vemos en la central de las aguas de la ciudad me pone nervioso: ¿no había mejor forma de explicar qué ocurre y señalar la tragedia inminente? Ya es poco creíble que Gordon sea capaz de conducir el batmóvil, pero para rematar, cuando llega al punto clave las armas se activan solas y él sabe qué hay que hacer. Y finalmente, me molesta mucho un cliché habitual del cine de acción: el sonido de amartillar armas cada vez que una sale en pantalla, aunque los que las sostienen no estén realmente haciendo nada con ellas o incluso tengan automáticas que no requieren esa acción; también me mosquean los pinchazos (el antídoto o los sedantes) que suenan como grandes tuberías soltando gas.

En resumen,  estamos ante una de las películas más interesantes que ha dado el cine en los últimos años, no sólo de acción y superhéroes, sino en general, pero le falta una pizca para la perfección.

Enya – Amarantine

Enya – Amarantine
Género: Nuevas músicas
Año: 2005
Valoración:

Cuando Eithne Ni Bhraonain (en inglés Enya Brennan) se escindió de Clannad tras una brevísima etapa en la banda, comenzó en solitario una impresionante carrera artística y sobre todo comercial. Deslumbró al público con Enya (luego conocido como The Celts), Watermark (su mejor trabajo) y Shepherd Moons, tres preciosas obras de Nuevas Músicas con toques celtas. Lamentablemente, aunque su comercialidad despuntó aún más con The Memory of Trees y A Day Without Rain, artísticamente agoniza cada vez más, y quizá también se ha acostumbrado a las mieles del éxito y no busca la inspiración musical, sino la repetición de lo seguro. Su último trabajo, Amarantine, es el más flojo de todos, un disco muy aburrido, completamente prescindible.

El sello característico de Enya se muestra agotadísimo (hasta la carátula es repetitiva). No hay innovación alguna ni inspiración en las canciones. Todas ellas siguen la misma fórmula no sólo en la técnica, que es excelente se mire por donde se mire (prodigiosa producción de Nick Ryan, como siempre), sino en el arte: la sensación de “esto ya lo he oído” es constante, la creación musical prácticamente es inexistente. Sí, Enya y el matrimonio Ryan se habrán hartado de trabajar en la producción de temas tan detallistas como los suyos, con un uso exquisito de la tecnología para hacerse ella sola los coros y crear atmósferas tan sugerentes, y han perdido el tiempo en crearse un idioma propio (¡!)… pero ahí se queda todo en Amarantine.

De entre los doce temas del disco apenas puedo seleccionar alguno más destacable que el resto. En general, abundan cortes lentos y repetitivos y otros muchos que recuerdan demasiado a trabajos anteriores. El propio Amarantine denota una simplicidad exasperante, aunque el canto de Enya sea bonito, y no se aleja nada de los demás (resulta calcado a It’s in the Rain, por ejemplo). Quizá Drifting, por su cadencia enamoradiza de piano y cuerda, sea de lo poco que merece la pena rescatar.

Y por si fuera poco, amenazan con una nueva edición que aprovechará la Navidad para vender más, aunque hay que decir que cuatro temas nuevos son casi un disco entero.

 

1. Less Than a Pearl – 3:44
2. Amarantine – 3:13
3. It’s in the Rain – 4:08
4. If I Could Be Where You Are – 4:01
5. The River Sings – 2:49
6. Long Long Journey – 3:17
7. Sumiregusa (Wild Violet) – 4:42
8. Someone Said Goodbye – 4:02
9. A Moment Lost – 3:08
10. Drifting – 4:12
11. Amid the Falling Snow – 3:38
12. Water Shows the Hidden Heart – 4:39
Total: 57:40

Roque Baños – Alatriste

Roque Baños – Alatriste
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

Roque Baños desarrolla una temática de claras características castellanas. La guitarra española y las melodías de contrastes apagados ofrecen correctamente el aire manchego de la película. Si a esto sumamos el uso de lentas melodías de orquestación sencilla, el resultado es una música bastante melancólica. Para el personaje de Alatriste ha compuesto un tema también acorde con ese carácter de motivaciones y metas claras y simples: una melodía de guitarra sin artificios; lástima que esto signifique que se olvida en seguida.

Los escasos temas de acción marcan los instantes más interesantes de la película y del disco. Son momentos con intensas percusiones y vientos de ritmos rápidos, con notas fugaces. Roque Baños no crea grandes melodías, pero son temas atractivos. Sin embargo, si nos salimos de estos escasísimos cortes, la partitura no ofrece gran interés. Baños es buen compositor, pero la música creada para Alatriste es puramente incidental, de atmósfera. Apenas hay inspiración, no hay temas que presenten algo de carisma. En general no llega a ser un mal disco, pero su escucha se hace algo monótona, aburrida. Igual que la película a la que orquesta, la técnica es buena, pero el arte brilla en pocas ocasiones.

Los momentos más destacados los tenemos en Flandes, un corte largo iniciado lentamente hasta que la fanfarria explota, Asalto al Galeón, con rápidos juegos de percusiones y vientos, y Batalla, donde a las rudos vientos se suman intensos coros. Todos son muy similares en forma y ejecución, pero resultan interesantes.

Como ocurrió con la película, deja la sensación de que se ha desaprovechado una gran oportunidad para crear un trabajo de proporciones épicas.

 

1. Flandes – 8:38
2. Alatriste – 1:12
3. Angélica y María – 2:35
4. Malatesta – 2:11
5. Bocanegra – 4:20
6. La Conquista de Breda – 6:14
7. Quien no sospecha tanto amor – 3:05
8. Asalto al galeón – 4:15
9. Toca ser libres – 3:22
10. Los menesteres del Rey – 3:56
11. Traición a Íñigo – 3:10
12. Duelo – 4:02
13. Recordando a Quevedo – 3:25
14. El collar – 3:38
15. La mancha de la traición – 1:32
16. La playa – 1:15
17. Batalla – 3:01
18. Héroe abatido – 2:42
19. Cuenta lo que fuimos – 3:51
20. Fanfarre y créditos – 7:47
Total: 75:00

Fallece Basil Poledouris

El día ocho de noviembre falleció el compositor de bandas sonoras Basil Poledouris, víctima de un cáncer. Poledouris nació en 1945 en Estados Unidos. Su primera banda sonora original fue para un director con el que ha colaborado en varias ocasiones, John Millius, en 1966 (The Reversal of Richard Sun). Su última composición es de hace un par de años para una película televisiva (The Legend of Butch & Sundance), desde entonces estuvo apartado de su trabajo debido a la enfermedad.

Pese a ser un compositor no tan renombrado como otros, siempre ha contado con una buena base de seguidores, gracias sobre todo a su trabajo más conocido, la espectacular Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian, 1982). En su haber hay otras composiciones extraordinarias como La caza del Octubre Rojo (The Hunt For Red October, 1990), Los señores del acero (Flesh+Blood, 1985), Robocop (1987), entre otras.

Naves misteriosas

 

Silent Running, 1972, EE.UU.
Género: Ciencia-Ficción.
Duración: 89 min.
Director: Douglas Trumbull.
Escritores: Deric Washburn, Michael Cimino, Steven Bochco.
Actores: Bruce Dern, Cliff Potts, Ron Rifkin, Jesse Vint.
Música: Peter Schickele.

Valoración:
Lo mejor: Decorados y maquetas.
Lo peor: El guión: infantil, vacío, aburrido, lleno de agujeros.
El título: Naves misteriosas es una traducción sin sentido del original. Más correcto sería Naves silenciosas o Carrera silenciosa.
Curiosidades: El guionista Michael Cimino es famoso por su gran obra, El cazador; Steven Bochco es uno de los grandes genios de la televisión, autor de NYPD, Señora Presidenta, L.A. Law, Hill Street Blues, Over There…; Ron Rifkin, jovencísimo e irreconocible en esta película, es un secundario muy habitual en cine y televisión, y conocido sobre todo por las series Urgencias y Alias.

En un futuro donde los humanos han consumido todos los bosques de la Tierra, un proyecto espacial intenta conservar en varias naves-invernadero multitud de especies de animales y sobre todo vegetales. Salvo algunos ecologistas, la humanidad ya no conoce la belleza de la naturaleza y sus frutos, y el proyecto poco a poco cae en el olvido hasta que se decide desmantelarlo. Es entonces cuando el protagonista, un hombre solitario, marginado, dedicado enteramente al cuidado de los bosques de una de las naves, comienza su caída irremediable hacia la locura. Asesinando a sus compañeros y desviando el rumbo de la nave consigue salvar su preciado tesoro… Pero pronto se da cuenta de que ha perdido otro tesoro en su arriesgada aventura: el contacto humano.

Esta producción de ínfulas ecológicas y vagas pretensiones de cine de CF inteligente termina siendo una historia aburridísima, con ideas de un carácter tan infantil que resultan ridículas, un desarrollo cada vez menos inspirado y atractivo, una falta de rigor científico total… Una película difícil de ver por lo mediocre que es.

La presentación de las naves y los cuatro personajes no está mal expuesta, con los diálogos justos para mostrar la situación social de forma resumida y clara y con las escenas necesarias para ver cómo funciona el trabajo que realizan y las relaciones entre estos escasos tripulantes. El paso de Lowell, el desquiciado biólogo, a la locura es evidente y muy acorde con su personaje. Los decorados y maquetas cumplen muy bien pese a su antigüedad. Pero a partir de ahí el despropósito es de enormes proporciones.

El guionista no tiene la suficiente habilidad para llenar una hora de metraje con las aventuras de un solo personaje en un escenario limitado. La narración consiste en varias escenas bastante penosas puestas unas detrás de otras hasta alcanzar la duración estándar para el filme. Hay una falta total de interés y contenido en los diálogos y situaciones, desaprovechando completamente la buena idea de que Lowell intente rehacer su vida anterior de la forma que a él le gustaría, utilizando a los robots de la nave como sus nuevos amigos. Estos robots resultarían infantiles hasta en una producción de Disney: parecen cachorrillos remolones con constantes demostraciones de sentimientos, escenas increíblemente absurdas como un robot dándole toques con su mano a otro para que se dé la vuelta, o los mismos llorando la pérdida de otro… No hay ni un solo momento que merezca ser rescatado.

El propio guionista parece no esforzarse en tapar las carencias y enormes agujeros del libreto: ¿por qué en vez de dedicar tantos recursos para conservar bosques enteros no guardan las semillas y ya está?, ¿por qué con la tecnología que tienen no son capaces de rastrear a una nave que se desvía del rumbo?, ¿por qué los demás se olvidan de ella en cuando se aleja un poco?, ¿cómo una nave tan avanzada y con tantos robots no tiene un equipo médico adecuado y el protagonista tiene que reprogramar (de forma muy cutre e increíble) a los robots de mantenimiento para que le cosan una simple herida?, ¿por qué destruyen partes tan grandes de las naves en vez de acabar con los bosques de otra manera? La lista de despropósitos es larga, pero en cuanto se plantea algo de rigor científico cae aún más bajo: la nave pasa por los anillos de Saturno… ¡donde hay un viento terrible que azota a los robots que andan por el casco como si ahí hubiera gravedad!

En fin, una película que parece escrita por algún aficionado, y eso que el nivel de producción denota un presupuesto más que decente.

Javier Navarrete – El Laberinto del Fauno

Javier Navarrete – El Laberinto del Fauno
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

Aunque la película de Guillermo del Toro no fue tan buena como esperaba, sí que la recomiendo por su buena factura y porque es un producto bastante atípico en el panorama cinematográfico. Para este cuento de hadas adulto y extremadamente oscuro y cruel, Navarrete ha puesto una orquestación magnífica a una composición brillante.

La música suena contenida, como una fantasía a punto de estallar, exactamente igual que en la película: realidad y fantasía se funden, la fábula emerge a escondidas y casi nunca de forma superlativa, sino de manera sugerente. En pocas ocasiones del filme la magia explota completamente ante nuestros ojos, y en la música de Navarrete sucede lo mismo pero obteniendo mucho mejores resultados: las melodías guardan una fuerza impetuosa de forma que siempre dan la sensación de estar ocultando algo grande. Este efecto consigue que la banda sonora, siendo generalmente muy sosegada, resulte impactante como si fuera una fanfarria inmensa. Este prodigioso resultado es producto de una composición cuidadísima a todos los niveles, donde las distintas melodías que suenan simultáneamente dan sentido global a los cortes, y además cada uno de ellos es único pero a la vez forma parte de un todo. La música va danzando y evolucionando, sonando con un refinado estilo que muchas veces puede no tener significado aparente pero sí expresa muchísimas sensaciones, como pura poesía.

Basándose en un motivo de cadencia tétrica y deprimente ha creado una partitura larga pero que no se hace repetitiva, sino todo lo contrario: los más de setenta minutos del disco embargan al oyente en estas melodías maravillosamente complejas y profundas, tan llenas de matices que no cansan nunca. Esta cadencia le otorga a la música un carisma especial, y hace que consiga evocar constantemente el toque de cuento de hadas de aspecto gótico. Pero este efecto no exime a la música de ser realmente densa; como dije antes, Navarrete construye melodías complejas, tanto que es infructuoso intentar establecer temas en concreto más allá de los evidentes (la nana y el de Ofelia, que además están muy entrelazados entre sí).

Sin embargo, Navarrete también sabe utilizar, cuando es necesario, instrumentos en solitario. Hay varios momentos excelentes en los que por encima de la atmósfera tenebrosa destacan bellos solos de piano o violín.

Extraordinaria y bellísima es esta oscura y sugerente banda sonora original que muy posiblemente se alce como una de las mejores del año. Un enorme aplauso para Javier Navarrete, un compositor de un gremio, el español, que ofrece muchas veces buenos trabajos que no llegan a ser muy conocidos por la poca calidad del cine al que acompañan, aunque hay que decir que en este caso la película tiene mayor carácter internacional porque es una coproducción y viene de mano de un autor con varias películas en Hollywood, así que la partitura quizá tenga bastante repercusión también.

 

1. Hace mucho, mucho tiempo – 2:14
2. El Laberinto – 4:07
3. La rosa y el dragón – 3:36
4. El hada y el Laberinto – 3:36
5. Las Tres Pruebas – 2:07
6. El árbol que muere y el sapo – 7:12
7. Guerrilleros – 2:06
8. El libro de sangre – 3:47
9. Nana de Mercedes – 1:39
10. El refugio – 1:33
11. El que no es humano – 5:55
12. El río – 2:50
13. Un cuento – 1:55
14. Bosque profundo – 5:48
15. Vals de la mandrágora – 3:42
16. El funeral – 2:45
17. Mercedes – 5:37
18. La luna llena y el fauno – 5:08
19. Ofelia – 2:19
20. Una princesa – 4:04
21. Nana del Laberinto del Fauno 1:47
Total: 73:57