El Criticón

Opinión de cine y música

Banderas de nuestros padres

 

Flags of Our Fathers, 2006, EE.UU.
Género: Drama, acción.
Duración: 132 min.
Director: Clint Eastwood.
Escritores: William Broyles, Paul Haggis, James Bradley (novela).
Actores: Ryan Phillippe, Jesse Bradford, Adam Beach, John Benjamin Hickey, John Slattery, Barry Pepper, Jamie Bell, Robert Patrick, Neal McDonough.
Música: Clint Eastwood.

Valoración:
Lo mejor: Las escenas de guerra, el manejo de la cámara que posee Eastwood.
Lo peor: Es demasiado irregular en forma y contenido, y cuanto más avanza la cosa empeora. Casi todos los actores principales.
Mejores momentos: El desembarco.

No logro entender cómo Clint Eastwood ha perdido tanto el rumbo con esta película. Se caracteriza por ser un autor de narraciones sobrias y maduras, de grandes personajes y que acostumbra a obtener magníficas interpretaciones de sus actores. Sin embargo, todo esto le ha salido mal en esta esperada producción bélica sobre la toma de la isla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial.

Banderas de nuestros padres es un relato que conjuga la visión de la guerra desde la perspectiva de un grupo de soldados, mostrando toda su crueldad y las heridas que deja en los hombres que participan en ella y en los miembros de la familia que dejan atrás, a la vez que analiza con ojo crítico la descarada manipulación mediática que se desarrolla en su país, donde se desvirtúan y edulcoran los hechos creando falsos héroes con fines monetarios y políticos. Eastwood ha intentado abordar esta narración paralela construyendo pequeños capítulos que fueran confeccionando el relato a la vez que se desarrolla la evolución de los personajes desde su entusiasmo inicial a su situación estable o desesperada (según el carácter) cuando su fama de héroes empieza a pasarse de moda, pasando por la dolorosa transformación que les produce el conflicto bélico. Pero, para sorpresa de casi todo crítico y espectador, el conocido como último autor clásico ha estado sumamente torpe e ineficaz.

Algunos de sus puntos fuertes siguen estando en vigor, pero en ocasiones muy desplazados a segundo plano por los continuos y crecientes errores. Maneja la cámara que da gusto verlo, tanto en momentos intimistas como cuando la acción estalla en todo su esplendor. Hace gala de un virtuosismo elegante y lleno de recursos, sacando un provecho magnífico del conflicto bélico, ya sea en escenas nocturnas en espacios limitados por la oscuridad o en grandes planos del impresionante desembarco, donde demuestra su gran experiencia al incluir con maestría los grandes despliegues de extras, decorados y efectos especiales. Pero rodar bien no hace grande a una película si el guión no es capaz de construir bien la historia y el propio director no sabe editarla de manera que arregle los problemas.

A pesar de la inmejorable labor de Paul Haggis en Crash y de los buenos resultados que cosechó de la crítica en su anterior trabajo con Eastwood (Million Dollar Baby), no se entiende cómo esta vez estos dos grandes artistas han podido confeccionar una narración tan irregular, a veces desastrosa a veces casi excelente. La estructura narrativa salpicada de continuas idas y venidas en el tiempo (de la guerra a la campaña publicitaria) no solo no imprime un ritmo adecuado, sino que lo rompe constantemente, y mientras avanza la proyección la torpeza llega a convertirse en negligencia, con repentinos flashbacks ubicados sin motivo alguno o extensiones inadecuadas de algunos tramos. En medio de la película asistimos a una escena donde el indio mata a un japonés, momento incorporado de forma repentina y que no atiende a ninguna lógica; el tramo final se centra en el autor del libro y en los últimos días del indio, pero acaba siendo un capítulo insípido y cansino y que incrementa las malas sensaciones que deja la película al no ofrecer un final atractivo.

A lo largo de las dos horas tampoco hay manera de que consigan hilar una correcta exposición de caracteres, quedando personajes vulgares, planos, aburridos, aspecto empeorado por un casting horrible, donde cuanto más importante es el carácter, peor es el actor (con la honrosa excepción del indio Adam Beach): Ryan Phillippe tiene el mismo registro interpretativo que una pared, Jesse Bradford está un poco mejor pero tampoco da la talla, y parece estar siempre excesivamente feliz; se cuenta con secundarios algo más profesionales (Robert Patrick, John Slattery, Barry Pepper…), pero sus apariciones están muy limitadas y tampoco se encargan de personajes que aporten mucho interés. Huelga decir también que la falta de carisma de estos personajes, las interpretaciones anodinas y los cambios de tiempo y lugar son caldo de cultivo para la distracción, para que el espectador se pierda varias veces intentando averiguar quién es el polvoriento soldado casi clónico que hay en ese momento en pantalla.

No puedo más que lamentar que Clint Eastwood haya echado a perder las posibilidades de crear otra película de gran calidad, sensación agravada por los buenos momentos que alcanza la cinta en comparación con los sorprendentes fallos. Y, aunque sé que no me va a leer, quiero suplicarle que se busque un compositor y deje de dar la paliza con sus partituras monotemáticas: siempre crea músicas repetitivas y además no sabe emplearlas, llegando a desentonar su música con su propia narración en varias ocasiones.

Ahora, a esperar Cartas desde Iwo Jima, que a tenor de la recepción mediática, promete al menos ser más redonda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: