El Criticón

Opinión de cine y música

El código Da Vinci

 

The Da Vinci Code, 2006, EE.UU.
Género: Misterio, acción.
Duración: 149 min.
Director: Ron Howard.
Escritores: Akiva Goldsman, Dan Brown (novela).
Actores: Tom Hanks, Audrey Tautou, Jean Reno, Alfred Molina, Ian McKellen, Paul Bettany.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Algunos de los actores: brillante Ian McKellen, terrorífico Paul Bettany. Y la música de Hans Zimmer.
Lo peor: Audrey Tautou no da un buen papel. Los personajes son penosos y sobre todo es muy pretenciosa y larga, con un gran bajón de interés en el tramo final.

Con tantas críticas negativas y tanta repercusión mediática me negué a ver El código Da Vinci en el momento de su estreno, hasta que un día alguien de la familia la alquiló y, no teniendo nada mejor que hacer y pensando en que tendría que verla con mis propios ojos para unirme a las innumerables quejas, decidí proceder a su visionado. Tan bajas eran las expectativas que el producto no sólo acabó gustándome, sino que me pareció una película de acción comercial entretenida que hubiera recibido por mi parte un aprobado arreglando poquitas cosas. Errores típicos y otros nuevos, pero al fin y al cabo, una película del montón que ni mucho menos es una producción nefasta. Pero no nos engañemos, de buena tiene poco, o más bien nada.

Akiva Goldsman sigue fielmente al libro (no lo he leído, pero no ha habido quejas a este respecto) en la construcción de una trama detectivesca de secretos de importancia histórica encabezada por un especialista en símbolos (sea lo que sea eso) y una policía cuya familia estuvo relacionada con las organizaciones religiosas que ahora son motivo de la investigación. La narración es morosa pero no llega a aburrir, hasta que el tramo final se alarga de forma innecesaria y con escaso contenido. Las pistas que van siguiendo los protagonistas son algo simples en relación con la extraordinaria importancia del caso, pero aunque también les falte sorpresa mantienen dignamente la tensión y llevan el relato de manera que resulta ligero en contenido (algo soso a veces) pero activo en ritmo.

Los personajes no dan mucho de sí, siendo tan planos que sólo se sustentan por la buena labor de la mayoría del reparto, destacando a un magnífico (como siempre) Ian McKellen, que da vida con maestría a un personaje tan exagerado como increíble. Paul Bettany produce auténtico pavor en algunos instantes, secundarios como Jean Reno y Alfred Molina están en su línea habitual de calidad y el famoso Tom Hanks ofrece una interpretación no muy entusiasta pero acorde con su vulgar personaje. Sin embargo, la menuda fémina del reparto (Audrey Tautou) sale malparada, ofreciendo una interpretación apagada, insípida.

La mayor pega que se le puede hacer, aparte de los personajes, es el ridículo montaje de conspiraciones y secretos que idea Dan Brown. Cualquiera con dos dedos de frente es consciente de que es pura e insostenible ficción, aunque lamentablemente el libro se convirtió en best-seller y ha llegado a mucha gente que, en su ignorancia, se ha tragado todas o casi todas las mentiras, cuando, al menos viéndolas en la película, ni siquiera soy capaz de explicarme cómo pueden funcionar en el libro sin que el argumento se caiga por su propio peso (así de malo debe de ser). El cúmulo de asociaciones ocultas y tesoros perseguidos por la Iglesia podría dar para mucho juego, pero Brown es incapaz de entretejer una buena trama de misterio y aventura que enlace bien con los hechos históricos que se conocen, llegando hasta el punto de caer en lo ridículo en algunos instantes. En consecuencia, la película llega a ser sorprendentemente pretenciosa y manipuladora, con momentos que producen auténtica risa, como el personaje de Ian McKellen explicando sus absurdas teorías y convenciendo a los demás al instante de forma precipitada y cutre.

Ron Howard, conocido por ser el director marioneta al que le encargan todos estos proyectos que podríamos definir como productos comerciales prefabricados, otorga a la película una gama de colores demasiados oscuros que obligan a dar brillo para poder ver algo, pero salvo los continuos flashbacks (alguno insufrible, como el del aeropuerto) y montajes a lo C.S.I que adornan el metraje explicando todo lo que hacen y dicen los personajes, como si el espectador fuese incapaz de visualizarlo por su cuenta, no se le puede criticar demasiado, ya que lo que tenía entre manos no podía dar mucho de sí. Eso sí, podría haber puesto más énfasis en la conclusión del filme recortándole digamos que por lo menos media hora… aunque peor es saber que para el DVD han sacado una versión extendida de tres horas (¡¡!!).

Lo más destacable, la banda sonora original de Hanz Zimmer, que sorprende por su originalidad y eficacia con las imágenes. Un placer recuperar a un autor que estaba empezando a desilusionarme.

Ah, y como era de esperar, la segunda parte ya está anunciada. Y el público, como es voluble, se verá presionado por la campaña publicitaria y acudirá en masa a verla, tal y como ha pasado con la segunda novela.

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