El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: abril 2007

La sombra de la sospecha

 

The Sentinel, 2006, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 108 min.
Director: Clark Johnson.
Escritores: George Nolfi, Gerarld Petievich (novela).
Actores: Michael Douglas, Kiefer Sutherland, Eva Longoria, Kim Basinger.
Música: Christopher Beck.

Valoración:
Lo mejor: Por decir algo, tiene actores interesantes.
Lo peor: Historia muy vista, falta total de interés en la narración, dirección horrible, personajes insípidos…
Mejores momentos: ¡Ja!

Flojísimo thriller de acción en el que entre la nula originalidad del planteamiento y la nefasta puesta en escena echan por tierra cualquier esperanza de disfrutar de un entretenimiento aceptable, pues el producto, a pesar de contar con estrellas en el reparto, es más propio de la televisión. Y hablando de la caja tonta, resulta sorprendente que el director de La sombra de la sospecha (inspirada traducción de The Sentinel, el centinela), Clark Johnson, se haya encargado con anteriodidad de la realización de varios capítulos de las dos mejores series policíacas de la última década: The Wire (Bajo escucha en castellano, si no me equivoco) y The Shield (Al margen de la ley en nuestro país), donde su labor, si bien no extraordinaria, sí tuvo la calidad suficiente como para no desentonar en estas dos rompedoras producciones. ¿Cómo su salto al cine pudo ser tan horrible?

Los tres protagonistas de esta apática producción (Kiefer Sutherland, Michael Douglas y la emergente estrella de Mujeres desesperadas, la menuda Eva Longoria) son agentes de seguridad encargados de velar por una figura de gran importancia, nada más y nada menos que el Presidente de los Estados Unidos, quien se convierte en el objetivo de algún asesino (por supuesto, extranjero) que tiene infiltrado un socio en el equipo de seguridad. A pesar de ser un argumento demasiado visto, el autor del guión no se esfuerza por buscar un distanciamiento de los esquemas típicos, con lo que el devenir de los acontecimientos lejos de entusiasmar resulta anodino. Aventuras amorosas, traidores que no lo son, protagonistas tomados por topos, intriga sin intriga, acción aburrida, agujeros de guión, saltos espacio-temporales casi mágicos, inverosimilitudes que cantan demasiado… Todo empeorado aún más por la penosa puesta en escena, que hace de las escenas de acción algo tan confuso como soporífero. Si sumamos el montaje excesivamente acelerado y caótico (y mareante, agobiante…), unos flashes extraños metidos de vez en cuando sin sentido alguno, una música también predecible, un reparto de grandes nombres perdidos en personajes vacíos, etc., la película no ofrece nada que merezca la pena salvar.

Mucho más recomendable es la serie 24, de similar temática y con un genial e imparable Kiefer Sutherland al frente del reparto, y eso que no me parece gran cosa a pesar de estar bien realizada. Claro que si quieren calidad de verdad, las dos series que mencioné al principio van sobradas; eso sí, The Wire no es de acción, sino de guión complejo y pausado, pero en cambio The Shield es más intensa que 24 y está mucho mejor escrita. Todas son muestras del buen nivel de la televisión actual ante el continuo fracaso del cine, tanto que he tenido que esforzarme para hablar más de la película que de ellas.

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Náufrago

Cast Away, 2000, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 143 min.
Director: Robert Zemeckis.
Escritor: Williams Broyles.
Actores: Tom Hanks, Helen Hunt, Nick Searcy.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Robert Zemeckis y Tom Hanks, que se bastan para sustentar la película.
Lo peor: Puede hacerse larga.
Mejores momentos: La pérdida de Wilson.

* * * * * * * * *

A Zemeckis no le bastaba con hacer un filme sobre un náufrago sobreviviendo en una isla minúscula, y he ahí la novedad y el atractivo de esta interesantísima producción. El Náufrago de Zemeckis añade con un pulso narrativo bastante correcto (aunque al final puede hacerse un poquito larga) una exhaustiva descripción de la vida normal del protagonista para establecer un contraste bien definido entre la vida anterior al naufragio, la supervivencia durante el mismo y la readaptación que se produce a su regreso. Además, el relato está inundado de detalles que tendrán relevancia a lo largo del metraje, y estos humanizan considerablemente una historia de supervivencia que en manos de otro autor con toda probabilidad no habría dado mucho de sí: el busca, la navaja, la muela, Wilson, el paquete sin abrir, la cena de mariscos, la percepción y uso del tiempo que tiene el protagonista…

El director incorpora con solvencia unos aspectos técnicos de gran nivel, entre los que cabe destacar unos efectos sonoros y especiales de calidad puestos completamente al servicio de la narración, una fotografía correcta y una música (de su habitual colaborador, Alan Silvestri) que hace acto de presencia en contadísimas ocasiones, sólo cuando es estrictamente necesaria. A pesar de la poca complejidad del relato y de las limitadas posibilidades del reducido número de personajes y localizaciones, cada escena tiene una razón de ser y muchas de ellas ofrecen instantes muy emotivos, como el estrecho lazo que une a Chuck, el protagonista, con Wilson, la pelota de voleibol que hace las veces de compañero en la isla. En cada secuencia el director imprime con sumo acierto el tono y ritmo necesarios, ensalzando los contrastes buscados entre las distintas etapas de la odisea: el ajetreo del día laboral, los problemas de mantener una relación amorosa estando tan distanciados, el seguro caos de la cena navideña y el inseguro y aparatoso del accidente, la soledad en la isla, la vuelta a un mundo que ha seguido en marcha… No hay alardes fuera de lugar en una cinta que busca transmitir emociones a través de las vivencias y sentimientos de su personaje principal, una cinta en la que todo está bien medido y encauzado hacia el protagonista absoluto de la película, un inmenso Tom Hanks, quien rara vez no borda de manera sobresaliente sus papeles. Casi no hay secundarios, aunque cabe destacar la estrella femenina Helen Hunt, a la que misteriosamente no le vemos el pelo desde hace años a pesar del sonado Oscar por Mejor imposible. Eso sí, el doblaje de la actriz me rechina muchísimo, pues en castellano está interpretada por la misma actriz que dobla a Jodie Foster, y no hace ningún esfuerzo por cambiar un poco el tono, con lo que es una constante sensación de déjà vu.

Para terminar, dos curiosidades. Una, Tom Hanks tuvo que perder veintidós kilos para mostrar la pérdida de peso en la isla; se paró la producción de Náufrago, y mientras tanto, para aprovechar el tiempo mientras adelgazaba, Zemeckis rodó la película Lo que la verdad esconde. Dos, Robert Zemeckis afirmó en alguna entrevista que el paquete sin abrir que el protagonista se guarda para entregar al final del filme contenía un teléfono satélite sumergible y que funciona a energía solar… Muy gracioso el hombre.

Arcade Fire – Funeral

Arcade Fire – Funeral
Género: Rock
Año: 2004
Valoración:

Win Butler: voz, guitarra, piano, bajo.
Regine Chassagne: voz, percusiones, teclados, xilófono.
Richard Parry: guitarra, teclados, acordeón, coros.
Tim Kingsbury: bajo, guitarra, teclados.
William Butler: guitarra, bajo, xilófono, percusión.
Sarah Neufeld: violin.
Jeremy Gara: percusiones, guitarra.
Más algunos colaboradores

No recuerdo cómo los conocí. Supongo que las referencias a su supuesta innovación y calidad me llamarían la atención en alguna revista o página web y comencé a escucharlos. El comentario de Funeral fue uno de los primeros que puse en el blog, pero como nunca he estado contento de cómo me quedó y ahora la repercusión del grupo va en aumento por la salida al mercado del nuevo disco, creo que merece más mi atención y he decidido rehacerla para a continuación preparar la crítica del segundo álbum. Mi opinión no ha variado, aunque sí he afilado bastante la crítica (que la anterior me parecía bastante sosa) para dejar bien claro que, a pesar de ser un grupo que me ha gustado bastante, no puedo estar más en desacuerdo con la etiqueta de obra maestra que mucha gente se empeña en otorgarle.

Arcade Fire es una banda nacida en Montreal (Canadá) sobre el año 2002. La recepción comercial de su primer álbum, Funeral (2004), fue excelente pese editar bajo el sello de una discográfica independiente, superando considerablemente las previsiones de ventas. Sectores de la crítica lo citaron como uno de los mejores discos del año y músicos conocidos han mencionado su nombre y alabado su calidad (David Bowie, Bono…), e incluso han sido denominados como “la mejor banda de la historia”, algo absurdo sólo considerando el número de obras. Algunos oyentes entusiasmados llegan a aclamarlos como el U2 de esta década, lo cual ya me dice todo sobre la poca altura que ostenta el listón de calidad de la música que llega a sus oídos, pues U2 (por supuesto, en mi opinión) es mediocridad bastante aburrida.

Así pues, con este primer disco han entrado por la puerta grande de la historia del rock, una recepción desmesurada y sumamente injusta para el que esto escribe. Es reconocido como un grupo innovador e incluso rompedor, pero lo cierto es que su originalidad no es extraordinaria y queda algo opacada por una ejecución bastante mejorable. La aportación de violines, acordeones y pianos es meramente anecdótica, su presencia es más atmosférica que instrumental, quedando tan solo como un añadido sobre ritmos rock algo predecibles, con lo que más que enriquecer la composición la adornan. Sí, el grupo se expresa con entusiasmo musicalmente hablando, ofrecen un toque propio atractivo y considerablemente logrado, pero están muy lejos de merecer los apelativos de rompedores. Quizá su repercusión se deba a que los seguidores del rock suelen ser bastante cerrados a este estilo musical, como si no hubiera más música en el mundo o si este género fuera el único bueno, y cualquier innovación, por mínima que sea, produce absoluta admiración… siempre que se ponga de moda, claro.

El amplio número de miembros de la banda tampoco brilla de manera singular en la plasmación de las canciones, pues no son artistas virtuosos. Algunos temas en los que se observa cierto vacío instrumental a pesar de estar abarrotados de ellos, otros donde los ritmos no están del todo definidos o se entremezclan… No son errores alarmantes, pero sí alejan a los canadienses de lo que un servidor consideraría un grupo realmente bueno. A continuación realizo comentarios pista a pista, dejando constancia de los aciertos y errores, de la irregularidad que marca la tónica del álbum:

Jugosos acordes de guitarra y piano dan inicio al disco en el tema Neighborhood #1 (tunnels). La voz, eficaz aunque algo forzada cuando grita, desglosa una canción bonita y bien construida, de ritmos rápidos pero no apresurados. Un prometedor comienzo desinflado rápidamente por el esquemático Neighborhood #2 (Laika), con una introducción de los acompañamientos demasiado vista. La instrumentación principal es por contra singular, con sugerente trasfondo de acordeón; pero a la vez los efectos corales entorpecen a pesar de sus buenas intenciones, mientras la batería atosiga con ritmos banales. En su clímax de guitarra y coros se aprecia una grabación de aficionado que necesita con urgencia un buena mejora de producción e interpretación que dé fluidez a cada instrumento.

En la balada Une Année Sans Lumiere huyen del estribillo repetitivo y varían el ritmo hacia la mitad final, acertando completamente en la decisión y consiguiendo un resultado enriquecedor. El potente inicio de Neighborhood #3 (power out) se ve contrastado por el severo vacío instrumental del que hace gala el corte. La agotada voz se acompaña con ritmos muy simples de batería, guitarra y xilófono, y las sonoridades se estorban afeando el conjunto. De nuevo, falla la presunta originalidad: no es más que un parche no muy bien puesto encima de un sonido ya viejo.

Neighborhood #4 (7 Kettles) presenta otro tema de melodías suaves y lángidas, de ritmos latentes que no terminan de tomar forma y una letra apesadumbrada. No brilla por su complejidad, pero tampoco era necesaria para ofrecer una canción atractiva. El violín, sin ser elemento estrella, acompaña correctamente. En la misma línea sentimental se halla Crown of Love, uno de los momentos donde la instrumentación está mejor aprovechada y casi la única vez en la que se saca algo de melodía del violín. Bella introducción de piano, buen sentido del ritmo y lograda simbiosis entre la voz y el sinuoso violín.

A continuación tenemos tres temas de estructura similar que no presentan grandes alardes en la composición pero son disfrutables. Los coros hacen de la intensa Wake Up un plato sabroso, aunque de digestión rápida. Algunos tramos, como la parte final, son especialmente interesantes. Falla el cantante, que denota falta de profesionalidad en todo el álbum, pero no echa a perder el tema. En Haiti es la voz femenina la que lleva el mando. Los tenues coros se entremezclan con efectos sonoros, el ritmo es sencillo pero ameno. Una canción bien edificada, pero su fachada no cala hondo durante mucho tiempo. Rebellion (Lies) se mantiene en la línea de los dos anteriores, igual de interesante a pesar de ser más repetitivo. De nuevo buen uso de los juegos corales, con apariciones diseminadas con cuidado a lo largo del tema, y ritmos planos pero aceptables para imprimir fuerza y velocidad.

Cierra la función In the Back Seat,
con un inicio que recuerda a Björk y un desarrollo en que el por segunda y última vez se acierta en el uso del violín. Aunque no es un tema muy elaborado sí es una buena forma de cerrar el álbum, con ese tipo de canción lánguida de melodías alargadas que se van perdiendo poco a poco en los últimos segundos. Es de esos temas que casi te obligan a escuchar un disco otra vez para quitarte esa sensación de pérdida que dejan. Quizá, junto al primer corte, lo mejor del álbum.

En conjunto es una obra que ofrece más riqueza de la que cabría esperar de un grupo primerizo, aunque las buenas ideas no consiguen deslumbrar o son notablemente desaprovechadas. Un trabajo bien intencionado en el que la suma entre aciertos y errores ofrece una obra digna, muy interesante y de cierta belleza, pero con importantes lagunas que lo alejan de ser realmente destacable, redonda. Como decía al comienzo, su repercusión es asombrosamente superior a sus méritos. En su momento les di un voto de confianza, esperando que el toque alternativo creciera y moldeara una banda distinta, única, de las que a mí me gustan, y que perfeccionaran su técnica más allá del tono de aficionados que ofrecen, pero no ha sido así, pues su segundo trabajo es más de lo mismo, y a estas alturas dudo mucho que puedan llegar más allá de banda de rock al uso de las que tienen miles de seguidores.

 

1. Neighborhood #1 (Tunnels) – 4:48
2. Neighborhood #2 (Laika) – 3:32
3. Une Année Sans Lumiere – 3:41
4. Neighborhood #3 (Power Out) – 5:12
5. Neighborhood #4 (7 Kettles) – 4:49
6. Crown of Love – 4:42
7. Wake Up – 5:35
8. Haiti – 4:07
9. Rebellion (Lies) – 5:10
10. In the Back Seat – 6:20
Total: 48:00

Jeff Beal – Rome

Jeff Beal – Rome
Género: Banda sonora original
Año: 2007
Valoración:

Para la estupenda superproducción histórica realizada entre las prestigiosas y siempre excelentes HBO y BBC el músico Jeff Beal, quien ya deslumbró en Carnivàle, es el encargado de su arriesgada banda sonora original. Y digo arriesgada porque la dificultad de musicalizar un periodo del que se tiene pocos conocimientos en ese sentido es notable. La aventura la salda con gran éxito, orquestando una música de gran complejidad con rasgos étnicos que le otorgan un creíble aire romano. Basta ver la longitud del disco, rozando los setenta y cinco minutos, y tener en cuenta que reúnen la música de tan sólo doce episodios de una serie de televisión, para hacerse una idea la magnificencia del proyecto, digno de una película de gran nivel. Estamos en una época en la que la calidad de la series se equipara y muchas veces supera a la del cine, y eso se refleja también en las bandas sonoras de las mismas, que cada vez adquieren mayor importancia y ofrecen mejores resultados.

Al contrario que en Carnivàle, donde la música es protagonista de muchísimas de sus largas escenas sin diálogo, en Rome es utilizada en casi todo momento de forma muy sutil, fundiéndose tan bien con las imágenes que su presencia pasa casi completamente desapercibida. Hasta la escucha aislada en disco no he podido apreciar bien todos los matices de esta deliciosa banda sonora, con lo que el acierto de Jeff Beal es doble e incluso triple: doble porque aparte de la excelencia de su trabajo se debe tener en cuenta la equilibrada y eficaz simbiosis con las imágenes, y triple porque el músico ha sabido cambiar del tono de Carnivàle, donde creaba una música con mucha personalidad, al tono de Rome, donde es un elemento bastante más pasivo. Y no por tener menos protagonismo en primer plano pierde vigor, de hecho es una composición muy viva y con sonoridades de notable riqueza.

Beal se inspira en los rasgos de las culturas mediterráneas, tanto europeas como norteafricanas, para la construcción de esta partitura en la que desarrolla una serie de motivos en los que, a pesar de lo que algún título pueda indicar, no existe una variación temática clara para situaciones o personajes. Los temas exponen sonoridades con abundante percusión, gran protagonismo de vientos y constante apoyo de instrumentos de cuerda propios de las etnias de referencia. Según los requisitos de la situación el corte adquiere intensidad (nunca apoteósica tipo Gladiator), como The Battle Has Begun o Riot in the Senate, Pullo Finds the Gold (que por cierto tiene un par de diálogos), mayor dulzura para los momentos intimistas (Niobe’s Theme, Octavia Seduces Octavian, Caesar Reunites with Servilia), rasgos más trágicos para los momentos de aflicción (Niobe’s Fate), o simplemente presentan livianas melodías de acompañamiento. Sea como sea, la música funciona en su mayor parte como exquisito complemento; ni siquiera el corte Triumph desglosa fanfarrias excesivamente grandiosas, sino más bien descriptivas. Así pues, Jeff Beal ha bordado la reconstrucción del periodo en el que transcurre el relato, y lo ha hecho sin alardes, realizando una composición dedicada a terminar de perfilar la narración, a acompañarla sin dejarse notar, antes que a asombrar con grandilocuencia y espectacularidad más propias de una película de cine de acción.

 

1. Rome Main Title Theme – 1:33
2. The Forum – 1:41
3. Terrible News – 1:13
4. Niobe’s Theme – 3:14
5. The Battle Has Begun (Caesar’s Theme) – 3:12
6. Octavian and Octavia’s Themes – 2:02
7. Riot in the Senate, Pullo Finds the Gold – 4:06
8. Caesar Reunites with Servilia – 2:41
9. Janus Breaks – 1:48
10. Marshall Law, The Temple – 2:14
11. Caesar’s Seizure – 2:34
12. Hell Hath No Fury – 2:27
13. Vorenus Made Evocati, Servilia’s Curse – 5:06
14. Farewells, The Storm – 3:18
15. The Raft – 3:22
16. The Death of Pompey – 4:57
17. Octavia Seduces Octavian – 2:28
18. Cleopatra Seduces Caesar – 3:50
19. Triumph – 7:08
20. Mark Antony and Atia – 1:38
21. Vorenus Saves Pullo – 5:35
22. The Murder of Julius Caesar – 3:13
23. Niobe’s Fate – 5:13
Total: 74:33

Ravenous

 

Ravenous, 1999, Reino Unido, EE.UU. República Checa.
Género: Aventura, terror, comedia.
Duración: 100 min.
Director: Antonia Bird.
Escritor: Ted Griffin.
Actores: Guy Pearce, Robet Carlyle, David Arquette, Jeremy Davies, Jeffrey Jones, John Spencer, Neal McDonough.
Música: Damon Albarn y Michael Nyman.

Valoración:
Lo mejor: El humor cafre y cínico, la dirección, la fotografía, el reparto, la música.
Lo peor: Que si se toma en serio, defraudará. Y el guión podría haber sido pulido un poco más.

A medio camino entre película del Oeste, terror caníbal y comedia gamberra, Ravenous es una divertidísima aventura cuyo disfrute exige un visionado con la mente abierta, sin complejos, dispuesta a aceptar tanto la excéntrica fantasía como los pequeños deslices de un guión que no es del todo redondo, pues posee alguna explicación endeble y transiciones algo apresuradas. Pero claro, no se le puede buscar demasiada consistencia a una fantasía que ni si quiera se toma en serio a sí misma y cuyo propósito no es la credibilidad, sino la diversión.

Se podría decir que tarda en arrancar y que al principio se recurre en exceso a flashbacks para explicar la historia de los personajes, pero a partir de ahí es una delirante sucesión de grandes escenas, de acción y humor constante, de gore bien medido (lo justo dado el argumento), de actores deleitando al espectador (y seguramente pasándoselo en grande) y sobre todo una realización muy buena en todos sus aspectos.

La buena labor de la directora inglesa Antonia Bird destaca aún más por la extraordinaria colaboración del director de fotografía Anthony B. Richmond, quienes obtienen unas imágenes magníficas de los paisajes de la zona y nos ofrecen una producción de una calidad sorprendente tratándose de un producto en apariencia menor. Por si fuera poco, la eficacia de los demás elementos importantes es también impresionante: el vestuario es correcto, los decorados y atrezo fueron creados con esmero y gran nivel de detalle, y la música de Damon Albarn y Michael Nyman sigue la línea de la película, es decir, una aproximación disparatada y cómica pero muy bien calculada al estilo de la época, y además acompaña a la perfección a las imágenes.

Todo el reparto se ajusta con profesionalidad a sus caracteres, tanto por la buena dirección de actores como por la sobrada calidad de todos los intérpretes. Guy Pearce, recién dado a conocer tras la sublime L.A. Confidential, se introduce correctamente en un personaje principal que tiene mucho menos diálogos que los demás (sobre todo comparado con el de Jeffrey Jones, el Coronel Hart, que no para de hablar ni un instante), consiguiendo que a pesar de su constante expresión de apariencia inerte nos transmita sin problemas su cobardía y desesperación. El resto de caracteres recaen en actores muy conocidos por sus habituales apariciones como secundarios, siendo casi todos reconocidos profesionales que vuelven a demostrar su buen hacer: el mencionado Jeffrey Jones, el fallecido John Spencer, Neal McDonough (el de ojos de hielo), etc. Pero Robert Carlyle destaca sobre todos ellos con su exquisito dibujo de una mente con varias facetas, siendo especialmente atractivo cuando está al borde de la locura.

El último rey de Escocia

 

The Last King of Scotland, 2006, Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 121 min.
Director: Kevin McDonald.
Escritores: Jeremy Brock, Peter Morgan, Giles Foden (novela).
Actores: Forest Whitaker, James McAvoy, Kerry Washington, Simon McBurney, David Oyelowo, Gillian Anderson.
Música: Alex Heffers.

Valoración:
Lo mejor: El reparto al completo, especialmente James McAvoy y Forest Withaker.
Lo peor: La pobre y convencional dirección, la falta de garra en la historia.

Drama basado libremente en la vida del tirano Idi Amin, a la que el guión nos acerca desde la perspectiva de un joven Doctor escocés que decide alejarse de su estricta y típica familia inglesa en busca de aventuras y acaba como mano derecha del general ugandés sin tener mucha idea de en dónde se mete. La historia se centra más en las desventuras de los personajes que en construir una trama de índole política y social, elementos que aparecen relegados a un segundo plano, y es precisamente el interés que despiertan los personajes lo único que sustenta el relato. Amin es un niño grande, un personaje muy humano y creíble, lo que le otorga un cariz aún más terrorífico; su posición le ofrece dinero y poder sin límites, y su inmadurez y falta de ética apenas encuentran barreras. El Doctor Garrigan es la otra cara de la misma moneda. A pesar de contar con una buena base cultural, también es un muchacho que apenas está preparado para el mundo: todo para él es un juego. Pero al contrario que el tirano, sabe discernir entre el mal y el bien.

Estos caracteres quizá no serían tan atractivos sin las extraordinarias interpretaciones de Forest Whitaker y James McAvoy. El primero le imprime al general todos los matices de su comportamiento: la candidez de un buen y social amigo, el descontrol de un crío ante un obstáculo. Sin embargo, a pesar del reconocimiento que ha recibido en todo el mundo (con Oscar a mejor actor inclusive), opino que en la estupenda serie The Shield está aún más impresionante, sobre todo porque la interpretación, al ser más comedida, llega más hondo que el histrionismo casi cómico del dictador. El escocés McAvoy, conocido por estos lares casi únicamente por ser el Fauno de Las Crónicas de Narnia, ofrece también otro retrato exquisito de la inmadurez, la felicidad de la ignorancia que tarde o temprano se quebrará ante las dificultades del mundo. El muchacho borda la transición entre ambos estados y, al estar la campaña de publicidad centrada únicamente en su compañero de reparto, su gran labor me ha sorprendido gratamente.

El guión cumple en la confección de los caracteres pero no logra dotar de suficiente interés a la historia en que se ven envueltos. Mientras sus reacciones son un logro, la narración se ve impedida por unos acontecimientos que se desarrollan de forma muy previsible. La dirección de Kevin McDonald es aún más irregular, llena de convencionalismos que se traducen en una estructura demasiado típica en la que todas las escenas se resuelven de manera esquemática y aburrida a pesar de que ha querido dotar a la cinta de modernidad con una cámara en mano fallida (a veces pierde mucho el encuadre) y un montaje efectista en exceso y con bastantes errores. Esta dirección malograda se traduce en una falta total de emoción y tensión en la película, e incluso en los momentos más importantes no logra transmitir nada a pesar de contar con una buena música que brilla especialmente en el tramo final y una correcta ambientación de la época.

Una producción poco agraciada pero que no llega a ser mala y gracias al exquisito reparto se deja ver sin muchos problemas, aunque ha tenido una repercusión desmesurada gracias a los actores y la espabilada campaña publicitaria, amén del empuje de la nominación al Oscar de Whitaker.

James Horner – Apocalypto

James Horner – Apocalypto
Género: Banda sonora original
Año: 2006
Valoración:

La razón de ser de una banda sonora, sea original o no, es simplemente acompañar a las imágenes de la mejor forma posible, funcionar como complemento de la narración. Eso implica que en ocasiones la música no funcione sin dichas imágenes y no sea adecuada para un público que no esté volcado del todo con este género. El caso de Apocalypto entra en esta categoría de música difícil para los oídos, así que en su análisis hay que ser más preciso de lo habitual, y aún así será difícil encontrar un número amplio de opiniones que coincidan en la calificación de la obra.

Deudora directa de Where the River Runs Black (es más que probable que Horner fuera elegido pensando en el estilo de dicha partitura), Apocalypto presenta una serie de cortes ligados íntimamente a la naturaleza: flautas y percusiones étnicas, voces humanas y sonidos de la jungla que entran y salen, sintetizadores que crean atmósfera según los requisitos del momento… Salvo las claras reminiscencias a The New World (El Nuevo Mundo), enmarcadas únicamente en el primer y último cortes del disco, y el estilo ya utilizado en Where the River Runs Black, el trabajo de Horner destaca sobre todo por alejarse por completo de lo que lleva ofreciendo años e incluso décadas. Sin embargo, esto no es pretexto para ensalzar una composición que no brilla por ser de gran calidad.

La música creada por Horner se mantiene en un estilo ambiental de percusiones y vientos con sonidos generalmente aleatorios de gritos y efectos sonoros. El sintetizador es pieza clave junto con los instrumentos étnicos en la elaboración de temas que van de lo expositivo a lo opresivo y que desarrollan motivos de acción dedicados a las persecuciones (como No Longer Hunted, uno de los mejores cortes del álbum). A pesar de que la narración transcurre en plena naturaleza, la película de Gibson apenas muestra unos instantes de su belleza, pues la cacería empieza pronto; así pues, el tono general de la composición es de corte melancólico, destilando siempre una sensación de pesar y pérdida.

Apocalypto se ajusta de manera irregular a las imágenes del filme. En ocasiones se funde correctamente con la espectacular y emotiva creación de Mel Gibson, pero otras veces no funciona bien o todo lo contrario, molesta. En algunos tramos la confluencia de sonidos de la naturaleza propios de la música y los efectos sonoros de la película se acoplan y producen confusión, sobrecargando la escena innecesariamente. La falta de personalidad de la música en casi toda la obra es otro lastre que la limita casi a un efecto sonoro más con poca interacción y difusa expresividad.

No puedo terminar sin citar el único momento que realmente me conmueve, la magnífica melodía obtenida de los teclados en Civilisations Brought by Sea, que dura tan solo unos instantes. Por lo demás, un trabajo nada llamativo excepto por la fama de su autor, una obra que desligada de su madre (la película) no despierta interés por su condición de música construida únicamente para acompañar imágenes y, lo más importante, que ligada a ella no encaja con la perfección esperada y necesaria en una producción de tal importancia.

 

1. From the Forest… – 1:55
2. Tapir Hunt – 1:31
3. The Storyteller’s Dreams – 3:41
4. Holcane Attack – 9:28
5. Captives – 3:06
6. Entering the City with a Future Foretold – 6:05
7. Sacrificial Procession – 3:40
8. Words Through the Sky – The Eclipse – 5:11
9. The Games and Escape – 5:15
10. An Elusive Quarry – 2:15
11. Frog Darts – 2:45
12. No Longer the Hunted – 5:50
13. Civilisations Brought by Sea – 2:20
14. To the Forest… – 7:31
Total: 60:33