El Criticón

Opinión de cine y música

Ravenous

 

Ravenous, 1999, Reino Unido, EE.UU. República Checa.
Género: Aventura, terror, comedia.
Duración: 100 min.
Director: Antonia Bird.
Escritor: Ted Griffin.
Actores: Guy Pearce, Robet Carlyle, David Arquette, Jeremy Davies, Jeffrey Jones, John Spencer, Neal McDonough.
Música: Damon Albarn y Michael Nyman.

Valoración:
Lo mejor: El humor cafre y cínico, la dirección, la fotografía, el reparto, la música.
Lo peor: Que si se toma en serio, defraudará. Y el guión podría haber sido pulido un poco más.

A medio camino entre película del Oeste, terror caníbal y comedia gamberra, Ravenous es una divertidísima aventura cuyo disfrute exige un visionado con la mente abierta, sin complejos, dispuesta a aceptar tanto la excéntrica fantasía como los pequeños deslices de un guión que no es del todo redondo, pues posee alguna explicación endeble y transiciones algo apresuradas. Pero claro, no se le puede buscar demasiada consistencia a una fantasía que ni si quiera se toma en serio a sí misma y cuyo propósito no es la credibilidad, sino la diversión.

Se podría decir que tarda en arrancar y que al principio se recurre en exceso a flashbacks para explicar la historia de los personajes, pero a partir de ahí es una delirante sucesión de grandes escenas, de acción y humor constante, de gore bien medido (lo justo dado el argumento), de actores deleitando al espectador (y seguramente pasándoselo en grande) y sobre todo una realización muy buena en todos sus aspectos.

La buena labor de la directora inglesa Antonia Bird destaca aún más por la extraordinaria colaboración del director de fotografía Anthony B. Richmond, quienes obtienen unas imágenes magníficas de los paisajes de la zona y nos ofrecen una producción de una calidad sorprendente tratándose de un producto en apariencia menor. Por si fuera poco, la eficacia de los demás elementos importantes es también impresionante: el vestuario es correcto, los decorados y atrezo fueron creados con esmero y gran nivel de detalle, y la música de Damon Albarn y Michael Nyman sigue la línea de la película, es decir, una aproximación disparatada y cómica pero muy bien calculada al estilo de la época, y además acompaña a la perfección a las imágenes.

Todo el reparto se ajusta con profesionalidad a sus caracteres, tanto por la buena dirección de actores como por la sobrada calidad de todos los intérpretes. Guy Pearce, recién dado a conocer tras la sublime L.A. Confidential, se introduce correctamente en un personaje principal que tiene mucho menos diálogos que los demás (sobre todo comparado con el de Jeffrey Jones, el Coronel Hart, que no para de hablar ni un instante), consiguiendo que a pesar de su constante expresión de apariencia inerte nos transmita sin problemas su cobardía y desesperación. El resto de caracteres recaen en actores muy conocidos por sus habituales apariciones como secundarios, siendo casi todos reconocidos profesionales que vuelven a demostrar su buen hacer: el mencionado Jeffrey Jones, el fallecido John Spencer, Neal McDonough (el de ojos de hielo), etc. Pero Robert Carlyle destaca sobre todos ellos con su exquisito dibujo de una mente con varias facetas, siendo especialmente atractivo cuando está al borde de la locura.

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