El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: julio 2007

Leonard Rosenman – The Lord of the Rings

Leonard Rosenman – The Lord of the Rings
Género: Banda sonora original
Año: 1978, Intrada
Valoración:

Un servidor ya era lector habitual de J. R. R. Tolkien cuando Peter Jackson levantó su colosal pero insatisfactoria trilogía, aunque fue gracias a estas películas que me interesé por una cinta de la que había oído hablar pero nunca llegó a atraerme lo suficiente: la comúnmente conocida como la de Bakshi. Este intento de Ralph Bakshi de adaptar la obra maestra El Señor de los Anillos allá por 1978 en forma de dos películas de animación resultó una obra fallida por su escasísima calidad e incompleta (sólo se realizó una parte) por las dificultades de la producción y la falta de éxito. La banda sonora, ruidosa y poco adecuada a las imágenes, no me llamó la atención cuando procedí al visionado de la cinta, sin embargo hace poco leí algunas críticas entusiastas y decidí recuperarla para darle otra oportunidad.

El autor encargado de la partitura fue Leonard Rosenman, quien, retirado ya de la composición para el cine, nunca ha sido compositor célebre, sino uno de escasa importancia y menor repercusión (ésta y la cuarta entrega de Star Trek son sus obras más conocidas). No obstante, observo con estupor que algunos críticos (esos que desprecian el auge de la música de cine propiciado por el Star Wars de John Williams y sólo aceptan como bueno cualquier cosa anterior, sin importar si son obras maestras o auténticos engendros) le otorgan unos méritos casi místicos y consideran esta partitura como un hito de la historia del cine. Mi opinión no puede ser más contraria: estamos ante una mierda de banda sonora.

Monocromática, histriónica, delirante y caótica sin razón, saturada de ritmos rimbombantes, ruidosos y repetitivos, con una carencia total de melodía y una armonía de risa, una partitura incapaz de producir la variedad temática esperada o incluso necesaria para una obra tan rica en personajes, lugares y magia; de hecho, Rosenman ni siquiera parece preocuparse por ofrecer la dualidad del bien y el mal que tan clásica e importante resulta en la obra, pues todo se mantiene en el mismo tono de aparatosidad irritante. El tema principal no está mal, pero es demasiado previsible y típico, parece una búsqueda adrede de sabores añejos, de sonidos de bandas sonoras clásicas, y en vez del tono de aventura que hubiera sido adecuado para el relato suena más propio de una cinta de acción o intriga de diez años atrás. Este motivo central se repite sin ton ni son (¿es del tema de Frodo, de Gandalf, de la Comunidad?), se deforma y satura con un petardeo constante de percusiones y vientos hasta que uno no sabe si está oyendo el mismo tema o una banda de animales destrozando los instrumentos. El único instante en que las sonoridades cobran algo de forma no llega a ser salvable, aunque se puede destacar por salirse del batiburrillo y exponer un potencial tema musical. Hablo de Mithrandir, cutre campanilleo rodeado de un coro de carácter infantil y angelical bastante monótono, perfecta muestra de la mediocridad de la composición de Rosenman.

La orquesta suena hipertrofiada, producto de usar un número altísimo de instrumentos con una composición de melodías breves y repetitivas sin sentido musical. Así, las sonoridades resultantes son aparatosas y horteras, molestas, sin personalidad, totalmente inútiles a la hora de complementar la narración (como decía más arriba, saturan ruidosamente), de proporcionar los valores que la música ha de dar a las imágenes, es decir, emociones. En una palabra: insufrible.

 

1. History of the Ring – 6:33
2. Gandalf Throws Ring – 3:57
3. The Journey Begins; Encounter with the Ringwraiths – 4:29
4. Trying to Kill Hobbits – 3:04
5. Escape to Rivendell – 6:24
6. Company of the Ring – 1:40
7. Mines of Moria – 6:11
8. The Battle in the Mines; the Balrog – 5:10
9. Mithrandir – 3:19
10. Frodo Disappears – 2:40
11. Following the Orcs – 3:18
12. Fleeing Orcs – 2:32
13. Attack of the Orcs – 4:05
14. Gandalf Remembers – 2:20
15. Riders of Rohan – 3:45
16. Helm’s Deep – 7:04
17. The Dawn Battle; Theoden’s Victory – 5:37
18. The Voyage to Mordor; Theme from Lord of the Rings – 4:43
Total: 77:00
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Harry Potter y la Orden del Fénix

 

Harry Potter and the Order of the Phoenix, 2007, EE.UU.
Género: Fantasía.
Duración: 138 min.
Director: David Yates.
Escritores: Michael Goldenberg, J. K. Rowling (novela)
Actores: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Gary Oldman, Evana Lynch, Michael Gambon, Alan Rickman, Imelda Staunton, David Thewlis, Maggie Smith, Brendan Gleeson, Robert Hardy, Jason Isaacs, Ralph Fiennes, Katie Leung, Tom Felton, Emma Thompson, Robbie Coltrane, Helena Bonhan Carter.
Música: Nicholas Hooper.

Valoración:
Lo mejor: Lo de siempre: la ambientación (vestuario, efectos especiales, decorados…), los actores adultos… y de los adolescentes destaca Evanna Lynch de manera sorprendente.
Lo peor: El ritmo es tan sosegado que se hace lenta, y hay muchos tramos sin interés o que dejan con la sensación de que no pasa nada. Y cuando llega la acción, ésta es insustancial. Algunos actores jóvenes pierden bastante con el doblaje, sobre todo los secundarios.
Mejores momentos: La posesión de Harry.

Quinta entrega de siete novelas, quinta entrega de las siete respectivas películas, rodadas a un ritmo vertiginoso porque los chavales crecen y casi no encajan ya en sus caracteres. Pero la calidad de la saga no crece. Las novelas siguen siendo entretenidas, pero no van a más. La Orden del Fénix y El Príncipe Mestizo son las menos apreciadas por los fans, sobre todo porque se supone que todo está ya sobre la mesa dispuesto para la guerra, pero nada sucede. Si bien un servidor ha disfrutado bastante con la reciente lectura de la quinta novela, pues aunque no ocurran muchas cosas de gran importancia sí mantiene el interés de forma constante y hasta de la paja habitual de Rowling se saca bastante entretenimiento. En cuanto a las películas, el paso de distintos directores ha funcionado bien, pues todos han trabajado manteniendo la línea con la que se inició la saga pero a la vez se nota la mano de cada uno de ellos, con lo que se evita el desgaste de la fórmula con esta renovación constante; y además, todo lo que no sea Chris Columbus es bienvenido. Sin embargo, creo que con Alfonso Cuarón se llegó a un punto que no será superado, a menos que la última novela sea espectacular y la adaptación sepa aprovecharlo, tanto porque contaba con el libro más atractivo como porque su toque personal fue majestuoso. Mike Newell lo hizo bastante bien partiendo de un libro con mucho contenido, aunque tuvo algunos fallos y la cinta quedó un poco apresurada, mientras que el elegido para la actual adaptación (y ya está confirmado que realizará la sexta) ha mantenido el listón por los pelos a pesar de tener poca experiencia. Cabe destacar también que no había sido cambiado el guionista (Steve Klowes) hasta esta ocasión, de la que se ha encargado Michael Goldenberg, aunque parece ser que es una sustitución temporal, porque el resto de la saga está de nuevo en manos de Kloves.

Para la novela más larga han optado por la película más corta, aunque no por ello deja de superar ligeramente las dos horas. Sin embargo, al contrario que en las dos innecesariamente largas primeras entregas, donde se trasladaba el libro a imágenes página por página sin ponerle alma alguna, sin adaptar, a partir de ahí se optó por centrar la trama en lo esencial y eliminar tramos de relleno, y en concreto es en La Orden del Fénix donde mejor han sabido sintetizar, siendo además un logro mayor si tenemos en cuenta que no era fácil en esta abultada novela discernir entre lo puramente insustancial y lo importante para exponer correctamente la línea principal. Michael Goldenberg ha acertado de pleno en la separación de lo necesario de lo innecesario, hilando una narración mucho más estable que en los dos guiones predecesores. Aunque los hay, los baches y recortes son pocos, y las transiciones entre tramos del argumento son más equilibradas. Eso sí, a la vez es menos fluida, más lenta de lo que debiera para mantener bien alto el interés. El año escolar ha sido bien tratado, sobre todo en cuanto a personajes. Siendo estos tan numerosos es sorprendente que haya conseguido mantener a tantos en el centro de la narración sin que estos pierdan interés y arrastren consigo también el interés de la historia; no obstante, es lógico que alguno saliera perdiendo: por ejemplo Minerva apenas tiene un par de escenas. El objetivo de Voldemort y su necesidad del joven Potter es otro elemento importante muy bien plasmado, con los sueños del mago bien dosificados durante el metraje y las explicaciones necesarias dadas en su momento exacto (aquí no se comete el error de no explicar el final, como sí ocurrió en El Cáliz de Fuego). Pero no todo son alabanzas, ya que también tengo alguna queja notable. La más destacable viene de la trama política concerniente a la intrusión dictatorial de Dolores Umbridge en el colegio Hogwarts. Dicha trama ha sido aligerada sobremanera, descargando casi por completo su aspecto de conspiración conservadora a favor de una línea más cómica y tontorrona. Así, la imposición de decretos que socavan las libertades de alumnos y profesores queda como mero capítulo cómico, y en general el carácter de Umbridge se ha tornado más hacia una profesora inepta que hacia la cruel y despiadada política extremista que tenemos en la obra escrita.

David Yates ha realizado un trabajo uniforme tras las cámaras, pero correcto no es lo mismo que eficaz, y está aún a más distancia de atractivo e impactante. Así, a pesar de las virtudes que le he acreditado al guión y aceptable labor del director, he salido del cine con la sensación de que en general la fuerza del libro no se ha captado, sino que se ha diluido en un metraje que está más cerca de lo anodino que de lo interesante. La película se ha quedado en una aventura sencilla, casi sin contenido, con un ritmo sin garra y tan sosegado que a veces aburre. A un servidor se le ha hecho larga en bastantes tramos, y cuando por fin ha llegado la confrontación final, ésta ha pasado sin pena ni gloria. Las escenas de batalla se limitan a ruido y efectos especiales donde la cámara se mueve mucho, con nieblas de magos tele trasportándose, rayos de colores, lluvias de fuego, agua y cristales… Ni siquiera el esperado enfrentamiento entre Voldemort y Dumbledore resulta tan impactante como cabría esperar y la caída de Sirius es fugaz e insípida. Pero al menos la posesión de Voldemort a Harry es de una intensidad inesperada, todo un torrente de emociones capaces de cortar la respiración. Ese instante es sin duda el mejor de la película, y uno de los mejores de lo que llevamos embarcados en este viaje.

Como viene siendo habitual tanto en la saga de Harry Potter como en el cine actual, es el buen nivel de la producción (dirección artística, elementos técnicos…) lo que siempre da la talla de manera más o menos excelente. Con un éxito asegurado en la taquilla y el mercado colateral (juguetes, publicidad, etc.) se pueden permitir un presupuesto prácticamente ilimitado (ciento cincuenta millones), y este luce en pantalla de manera asombrosa. Vestuario, decorados, efectos especiales… todos estos elementos merecen múltiples adjetivos de admiración, excepto la banda sonora, que esta vez no pasa de ser un sencillo complemento (para pena de fanáticos del género como un servidor). El reparto de actores adultos también es digno de elogios, estando todos ellos exquisitos incluso cuando sus apariciones son esporádicas o carecen de diálogos (como el conserje). Pero mientras la mayoría destacaría a Imelda Staunton en el fantástico papel de Umbridge (para el que suscribe los hay mejores, como Michael Gambon), yo me quedo con la sorpresa del filme, la única del grupo de adolescentes que pasa del suficiente para llegar al sobresaliente: una sorprendente y genial Evanna Lynch como Luna Lovegood.

Harry Potter y la Orden del Fénix se presenta como otra entrega bien realizada y, como el resto de la saga, mucho más fiel que la mayoría de adaptaciones que llegan a la gran pantalla. Es una pena que, a pesar de que todos sus elementos funcionan bastante bien, David Yates no haya conseguido una cinta que merezca la pena retener mucho tiempo en la memoria. Y es que el nivel de la producción no lo es todo, lo más importante es la forma y el contenido, que siendo justos aquí han estado lejos de ser fallidos pero tampoco han brillado lo más mínimo.

David Arkenstone – Valley in the Clouds

David Arkenstone – Valley in the Clouds
Género: Nuevas músicas
Año: 1987, Narada
Valoración:

David Arkenstone es uno de los compositores de Nuevas músicas con mayor repercusión internacional, aunque no llega al nivel de Enya en cuanto a presencia en los medios. Tras un periodo de aprendizaje en grupos rock y country inició su aventura en solitario, y su prolífica carrera ronda ya los veinte discos, sin contar colaboraciones varias. Fue una de las cabezas más destacables de la maravillosa discográfica Narada hasta que, supongo que por su creciente fama, acabó partiendo hacia otros sellos, como Windhan Hill, Green Hill y otros.

El estilo de Arkenstone tiene dos ramas bastante bien diferenciadas. Inició su carrera explorando en las nuevas tecnologías, adquiriendo gran habilidad en la construcción de sonoridades electrónicas mediante la combinación de teclados y ordenadores; eso sí, nunca se ha descuidado de complementar estas composiciones con maravillosos instrumentos de corte clásico, como arpas, guitarras, violonchelos… Su segunda línea básica tiende, sin desligarse por completo del toque electrónico, hacia modelos más étnicos que obtiene mediante eficaces fusiones de músicas del mundo. En cuanto a la calidad de sus discos, suele ser alta, salvo tropiezos en los que se notan intenciones comerciales (incluidas canciones pop); para un servidor, algunas de sus obras más destacables son Island, In the Wake of the Wind y The Spirit of Olympia (con Kostia), pero he de matizar que no se hallan a una distancia notable de otros muchos buenos discos y que todavía me queda por descubrir cerca de la mitad de su amplísima discografía.

David Arkenstone nos deleitó con su primer trabajo, denominado Valley in the Clouds, en 1987. Le llevó bastante más tiempo y esfuerzo que sus obras venideras, pues tuvo que emplearse a fondo para dominar el manejo de la tecnología con la que quiso expresar sus ideas musicales. No sé cuánto sudor, desencantos y alegrías sufrió en el proceso, pero el esfuerzo dio sus frutos de forma loable. En cuarenta breves pero deliciosos minutos el californiano construye unas sonoridades tan hermosas y singulares que tras veinte años suenan tan frescas como en el momento de su nacimiento. Salvo aportes de piano y algo de guitarra y arpa, las preciosas atmósferas están elaboradas mediante diversos teclados electrónicos con los que Arkenstone nos sumerge en un marco ideal para soñar con la belleza de la naturaleza, para dejarse llevar con cándidas y emotivas melodías llenas de paz y alegría, sencillas pero intensas. Algunos temas parecen emular a la propia naturaleza, como Rain, otros ofrecen sonidos únicos y arrebatadores, como Valley in the Clouds o Night Wind, uno de mis temas favoritos del artista, otros proporcionan sosiego, como Easter Dream o Lost Temple… Un gran comienzo en una discografía con numerosos discos prácticamente imprescindibles en cualquier colección de Nuevas músicas que se precie.

 

1. Ancient Legend – 3:54
2. Stepping Stars – 3:45
3. Valley in the Clouds – 3:35
4. Princess – 3:32
5. Eastern Dream – 4:49
6. Night Wind – 3:56
7. Rain – 5:41
8. The Sun Girl – 4:37
9. Lost Temple – 6:43
Total: 40:02

Transformers


Transformers , 2007, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Shia LaBelouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Rachael Taylor, Anthony Anderson, Jon Voight, John Turturro.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Que Michael Bay va directo a buscar la espectacularidad, y además lo hace sin importarle que no haya guion, con lo que no resulta un intento de aparentar más de lo que es (como le pasó con La isla). Y, sobre todo, que la película se ríe de sí misma sin tapujos.
Lo peor: El guion es lastimero: los diálogos son lo más simple posible, los personajes son cascarones, el tono de película para adolescente es excesivo y cansino a veces.
Mejores momentos: La lucha contra Scorponock, los Transformers escondiéndose alrededor de la casa del protagonista e intentando no hacer ruido.
La frase: El nivel de feromonas indica que el joven quiere aparearse con la hembra.

* * * * * * * * *

Cuando comenzó la campaña de publicidad de Transformers, con esos tráileres alucinantes, la cinta me resultó atractiva de inmediato. Esperaba otra producción súper espectacular tipo Armageddon o La Roca, donde el guion no sería de altos vuelos pero eso no impide que cumplan con creces como entretenimiento que no te cansas de ver una y otra vez. Con más de ciento cincuenta millones de presupuesto y todo el énfasis puesto en la recreación de los robots de la forma más asombrosa posible y en realizar en batallas por doquier, Transformers ha cumplido con mis esperanzas, contando además con un aliciente nada esperado, una vena cómica con destellos de auto-parodia desternillante.

Siendo realistas, Transformers tiene un guion muy flojo, incluso se podría decir que éste no existe, o mejor aún, que Bay sabía que no era necesario y prescindió de él, ya fuera sabiendo o sin saber que no tendría buenas críticas pero gustaría a muchos espectadores. Los personajes están dibujados esquemáticamente, los diálogos poco sustanciosos, limitados a sentencias de pocas palabras, y el desarrollo de la trama es convencional y sin sorpresas. Pero también son personajes simpáticos y funcionan correctamente como núcleo imprescindible de una aventura muy entretenida, y por si fuera poco hay alguno divertidísimo, como el miembro del S7 (John Turturro), una caricatura absurda que sólo podría funciona en una cinta tan poco seria como ésta. Además los diálogos son chistes constantes, cuya carencia total de inteligencia se suple gracias a que el número de bromas es altísimo y además el humor no pierde fuelle en todo el metraje.

En cuanto al ritmo, es apabullante e impresionante en sus momentos cumbre, pero podría haberse mejorado un poco en general. Los Transformers con diálogo tardan mucho en aparecer (excepto esa especie de Jar Jar Binks que habla como los Gremlins y a quien más de uno odiará desde su primera escena), saliendo algunos muy mal parados, como Megatrón, que no tiene presencia alguna pese a ser el malo de la función. Hay un tramo innecesario, pesado y alargado sin razón, aquel de los ligoteos entre los protagonistas adolescentes, pero fuera de ese leve bajón Michael Bay sabe incluir escenas de acción aquí y allá que evitan que la tensión decaiga mientras se llega al o los clímax importantes. Por ejemplo, la lucha con Scorponok en el desierto es intensa y los planos aéreos impresionantes. Cuando hace acto de presencia la batalla cumbre, llevada a la ciudad sin lógica alguna más allá de buscar el espectáculo que ofrece romper coches y edificios, dicha confrontación mezcla bastante bien la aparatosidad de las escenas caóticas con los momentos bien planificados. Panorámicas y movimientos circulares habituales del director exprimen al máximo unos efectos especiales y sonoros perfectos, consiguiendo una batalla en la que te agarras a la butaca de la impresión o aplaudes de emoción. Como dice un extra cuando llegan algunos robots a la Tierra, esto es cien veces más flipante que Armageddon.

Su tono de producto para adolescentes y las carencias tan descaradas de un guion lleno de insensateces donde no hay una sola pizca de inteligencia no la hacen una obra apta para todos los paladares. Transformers únicamente será disfrutable para el que espere nada más que lo que la cinta ofrece sin engañar, sin pretenciosidad alguna: un espectáculo visual inigualable aderezado con un humor directo y facilón y unos actores atractivos. No es una buena película, pero vaya si vale una entrada de cine. Y más de una.

Déjà Vu

 

Déjà Vu, 2006, EE.UU.
Género: Acción, Ciencia-Ficción.
Duración: 128 min.
Director: Tony Scott.
Escritores: Bill Marsilii, Terry Rosio.
Actores: Denzel Washington, Paula Patton, Val Kilmer, James Caviezel.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Es muy entretenida y bastante curiosa.
Lo peor: La idea está muy desaprovechada, con un guión endeble y lleno de agujeros. La música, imitando descaradamente a la banda sonora de la saga de Bourne.
Mejores momentos: La persecución a dos tiempos.

Ésta es una cinta difícil de catalogar. Si no fuera porque los trailers no ocultaban su giro hacia la Ciencia-Ficción, el espectador que fuera a verla pensando en disfrutar una cinta de acción policíaca se sorprendería mucho, ya fuera para mal si no soporta el género, o para bien si logra disfrutar de una película que intenta distanciarse de los cánones habituales. Tony Scott, conocido por marear con sus cámaras siempre en movimiento, sus montajes rápidos casi caóticos, sus cansinos tonos naranjas o azules y efectos visuales varios, sigue manteniendo su sello característico, aunque hay que agradecerle muchísimo que haya moderado el tono con respecto a la insufrible y horrorosa Domino.

La idea que aquí nos ofrece es muy curiosa: un aparato que permite ver lo que ocurrió hace exactamente cuatro días, como si fuera una película del pasado. Lamentablemente, a pesar del atractivo de la propuesta y su gran potencial, es un esfuerzo fallido, y el toque de CF queda como un apaño mal introducido y desarrollado con torpeza, con tramos de desigual calidad. A momentos interesantes, como la persecución a dos tiempos, se suman otros casi catastróficos, como esa historia de amor increíble que sucede en la parte final a toda velocidad. Así mismo, se observan numerosas inconsistencias y explicaciones endebles o cogidas por los pelos, fruto de intentar otorgar un aspecto científico lo más simple posible a ideas muy complejas. Uno de los fallos más llamativos es que el gobierno está utilizando esa tecnología, hallada al azar, sin saber casi nada de ella: aparentemente sin haber realizado pruebas y estudios la han puesto en mano de agentes de la ley para resolver crímenes, lo que se traduce en escenas irrisorias por su falta de seriedad y lógica donde se deja en evidencia que el guionista sabe tan poco sobre lo que hace como los personajes.

Como en casi toda cinta de viajes en el tiempo se juega con los cambios que afectan las líneas temporales y las sorpresas que estos conllevan. En ese sentido el final no es muy impactante, pues tenía solo dos posibilidades: que sucediera todo igual o que sí se pudiera cambiar el pasado. Y, sin decir cuál ocurre, le falta garra, es como si la función terminara porque sí después de haber dado vueltas en círculos sin llevar a ninguna parte. La parte más normal de la cinta, la de género detectivesco, se inicia de manera interesante, pero pronto adquiere una forma demasiado rutinaria y termina siendo una película de acción del montón. El conjunto resulta bastante recomendable para pasar un buen rato, pero puliendo el guión (que uno de los autores es guionista de Piratas del Caribe, Godzilla, Shrek y otras tonterías) y en manos de un director más serio podía haber sido un thriller de CF bastante bueno.