El Criticón

Opinión de cine y música

Sunshine

 

Sunshine, 2007, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Director: Danny Boyle.
Escritor: Alex Garland.
Actores: Cliff Curtis, Cillian Murphy, Michelle Yeoh, Rose Byrne, Chris Evans, Chipo Chung, Hiroyuki Sanada, Benedict Wrong, Troy Garity, Mark Strong.
Música: John Murphy, Underworld.

Valoración:
Lo mejor: El primer tramo de la cinta, el más comedido e interesante.
Lo peor: El delirante final. La mediocre puesta en escena de Danny Boyle, el guión lleno de agujeros e incongruencias e incapaz de definir buenos personajes y ofrecer una trama que equilibre las distintas y casi incompatibles líneas narrativas (mezcla poco homogénea de cine de catástrofes, de ciencia-ficción, de terror…).

* * * * * * * * *

No llego a comprender cómo el realizador Danny Boyle ha llegado a calar tan hondo en amplios sectores del público y la crítica. Sus obras más destacadas, Trainspotting y 28 días después, han dejado bastante huella a pesar de la irregularidad de la que hacen gala, a pesar de que Boyle echa a perder las interesantes ideas originales con su puesta en escena poco lograda y en algunos tramos delirante y caótica sin sentido. El caso de Sunshine ha ido por el mismo camino: ha tenido en general críticas decentes, pero el producto final a un servidor le parece casi desastroso, y en gran medida es culpa del director.

Sunshine es una malograda mezcla de géneros. Comienza como cine de catástrofes, con la poco creíble misión de detonar una bomba en el Sol para reactivarlo, continúa como cinta de ciencia-ficción, con las aburridas aventuras de la tripulación intentando llegar a su objetivo mientras lidian con los problemas de la nave, y en el tramo final se decanta sorprendentemente por el terror de zombis con leves toques de gore. La simbiosis entre estos tres estilos es irregular, ineficaz. La cinta va dando traspiés sin que quede claro de qué va (a parte de lo de la bomba), sin decantarse de una vez por un rumbo claro, con lo que dificulta la atención del espectador, quien tiene que afrontar los cambios de estilo en una narración con un eje en común también bastante endeble: esos personajes sin definición que entran y salen casi aleatoriamente y parecen puestos ahí para morir en uno u otro instante. Estos caracteres además resultan bastante increíbles: nefasto casting que coloca a jóvenes casi imberbes como científicos y astronautas de gran nivel; la cosa no queda ahí, pues además de comportarse como adolescentes inmaduros cada cual es más incompetente y patético (el segundo al mando es una caricatura vergonzosa). ¿Quién puede creerse que para una misión de tal importancia semejantes parias hayan podido pasar una prueba de selección adecuada?

El guión es demasiado simple y monótono, con diálogos vacíos, situaciones poco entretenidas o totalmente carentes de interés… y algunas no se sabe muy bien qué pintan en la historia, estando apenas justificadas para servir de ambientación o inciso dramático (por ejemplo, ¿qué sentido tiene que el escudo tenga paneles que se abren?, ¿cómo pueden los restos de piel humana de siete tripulantes dejar una capa de polvo de varios centímetros en una nave tan grande?). Las incongruencias, los reveses previsibles de la historia, las preguntas que asaltan al espectador, etc., son elementos típicos de estas producciones menores de acción/terror: ¿por qué ese personaje se comporta tan irracional e infantilmente?, ¿por qué justo ahora se olvidan de la radio o de poner el filtro solar?, ¿cómo pueden respetar tan poco la cadena de mando? A veces dan ganas de gritarle ¡estúpido! a los personajes.

Las virtudes del libreto son casi inexistentes, pero es más lamentable que el poco jugo que se le podría sacar Danny Boyle no lo aprovecha. Su puesta en escena carece de originalidad (¿por qué cuando se está en una nave espacial la cámara tiene que girarse?), abusa de primeros planos y enfoques cortados (reflejos, reflejos borrosos, objetos de por medio) que lejos de imprimir el tono de claustrofobia propio de la situación limitan completamente la narración a los rostros de unos personajes muy aburridos, con lo que no se ve nada y se echa a perder aún más la poca intensidad que posee la historia. El abuso de escenas que pasan por encima de la nave o muestran su escudo también resulta cansino, por no hablar de las repetidas e innecesarias visitas a la sala de observación. Pero la cosa va a peor a medida que avanza la función, pues cuando la nave perdida aparece Boyle pierde el juicio completamente. La absurda y ridícula locura a la que asistimos a partir de ahora comienza con unos flashes repentinos diseminados entre fotogramas. No se acierta a ver qué es, no se comprende su presencia, sólo distrae y hace pensar en un fallo de la proyección. El montaje se acelera, se hace caótico, la fotografía empieza a agitarse descontroladamente… pero todavía no ha llegado lo peor, pues contra toda lógica Boyle se empeña en emborronar la pantalla ante la presencia del zombi, así que los últimos minutos se limitan a ruido, pantalla borrosa, personajes corriendo y escenas en las que uno ya no sabe qué pasa.

Arreglando el tramo final podría haber sido una cinta decentilla; bastante típica y con muchos baches, pero pasable. El conjunto da lástima, y por si fuera poco se acumulan los instantes que recuerdan a otras producciones del género, desde las clásicas 2001 y Alien a otras menos conocidas, como Horizonte Final o Solaris, dejando una sensación constante de falta de originalidad, de personalidad.

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