El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: septiembre 2007

“Tragando series”, mi blog sobre las series de televisión

Hace ya dos semanas que está en marcha, pero entre una cosa y otra apenas lo he anunciado, ni siquiera aquí. Pues bien, por si no tenía bastante con este blog de cine y música me he creado uno que llevaba mucho tiempo queriendo hacer, dedicado a hablar sobre otra de mis grandes aficiones, las series de televisión (que van ganando la partida al cine porque cada vez son mejores mientras en el cine va de culo…).

Se llama Tragando series, y espero que os guste.

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Mychael Danna & Tim Clément – North of Niagara

Mychael Danna & Tim Clément – North of Niagara
Género: Nuevas músicas, minimalismo
Año: 1995, Hearts of Space
Valoración:

Los canadienses Mychael Danna y Tim Clément mantuvieron una relación artística centrada en las Nuevas músicas de carácter minimalista y ambiental allá por los ochenta. Si bien la colaboración se interrumpió durante varios años debido a la carrera en solitario de ambos (la de Danna en la música de cine está siendo muy prolífica), a mediados de los noventa volvieron a reunirse y ofrecieron el que hasta ahora es el disco con mayor repercusión en su carrera conjunta.

North of Niagara es un paseo musical cuyas intenciones son las de retratar la belleza de Canadá partiendo desde las cataratas del Niágara. Danna y Clément lo hacen a través de una música apacible, de sonoridades serenas, evocadoras. Piano y atmósfera de teclados sustentan una composición suave, melancólica, con cierto carácter minimalista en contenido y forma (sencillez instrumental, cadencia tranquila y repetitiva). A veces incluyen sonidos de la naturaleza grabados en los lugares que homenajean para así enfatizar la relación con el paisaje, para realzar su visión musical del lugar.

La mayoría de los temas se dejan gozar con entusiasmo por sus hermosas y fascinantes melodías (Cootes Paradise, Mount Nemo…), sin embargo algún pasaje se acerca a la frontera de lo intrascendente, lo puramente ambiental sin grandes logros musicales (algunos de los últimos cortes). Pero en su valoración global es un álbum hermoso, relajante, perfecto como complemento de una tarea donde la mente deba estar en calma y abierta a la inspiración.

 

1. Cootes Paradise – 6:02
2. Ravensview – 2:36
3. Remember Summer – 4:42
4. Old Mail Road – 4:19
5. Mount Nemo – 6:12
6. Silent Lake – 5:08
7. Avening – 4:12
8. Crook’s Hollow – 4:27
9. Headwater Trail – 3:56
10. Crawford Lake – 3:39
11. Green River Formation – 3:20
12. Lookout Point – 3:27
Total: 52:05

El velo pintado

 

The Painted Veil, 2006, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 125 min.
Director: John Curran.
Escritores: Ron Nyswaner, W. Somerset Maughan (novela).
Actores: Naomi Watts, Edward Norton, Liev Schreiber, Toby Jones.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Construcción de personajes, la belleza de los paisajes y de la música, la correcta ambientación.
Lo peor: Le falta emoción, el director no es capaz de sacarle todo el potencial al guión.

El velo pintado es la segunda adaptación de la novela de mismo nombre de W. Somerset Maugham (la anterior, en 1934 con Greta Garbo) que relata la aventura de una joven inglesa que, siguiendo los cánones de principios de siglo, ha de aceptar un marido que la sostenga económicamente a pesar de que no disfruta con la idea de casarse si no es por amor. Como era de esperar la convivencia entre la pareja es bastante precaria y de cara a la sociedad es pura fachada, y su relación pasará entre varios baches.

La historia en sí es por tanto previsible. El retrato de este tipo de parejas no es nuevo y el guión navega por el cauce habitual en la relación: peleas, infidelidades, fiestas, amigos poderosos, etc. Se añade el exotismo de la recóndita china, pero por lo demás nunca llega a sorprender y casi todo el camino se puede predecir. El punto fuerte está en la solidez de sus personajes y la buena (aunque no extraordinaria) labor de los actores. La presentación de dichos protagonistas es muy eficaz, construyendo en pocos diálogos caracteres fuertes y creíbles. Su evolución es muy fluida y en ella se muestra perfectamente el paso del tiempo y el cambio que van sufriendo mientras se adaptan a las nuevas situaciones… Secundarios y principales se relacionan con exquisitez en una trama amorosa madura, adulta, bien escrita, apoyada muy bien por la belleza de los paisajes y la preciosa música del cada vez más interesante Alexandre Desplat, quien elabora unos temas de piano que enamoran desde las primeras notas. Es pues, una obra atípica hoy día y muy recomendable para el público adulto, una cinta que ofrece inteligencia y belleza a partes iguales.

Sin embargo, el director John Curran, un autor con tan sólo tres películas en su haber antes de ésta, no sabe sacar todo el partido posible al notable potencial de los elementos que tenía entre manos. Su labor peca de apatía, de falta de sentimiento. No logra que el drama que viven los personajes llegue con intensidad y apasione, de forma que ni la sombra de la muerte que se cierne sobre los protagonistas conmueve como podría haberlo hecho. Así, la película parece adormecida, dejando la sensación de que podría haber dado mucho más de sí y, lo peor, su visionado, si bien deja buenas sensaciones, apenas cala en la memoria, se olvida muy pronto.

The Telling – Blue Solitaire

The Telling – Blue Solitaire
Género: Nuevas músicas
Año: 1990, Music West
Valoración:

Colaboran:
Carl Verheyen: guitarra.
George Winston: piano.
Jeff de Rosa: trompa.
Chris Tedesco: trompeta.
Catherine Del Russo: corno inglés.
Harry Gilbert: violonchelo.
Catherine Del Russo: oboe.
Chris Tedesco: flugehorn.

Los hermanos Don y Sheri Swanson formaron el grupo The Telling y a través de su propio sello (In Preaesenti) intentaron sacar adelante sus ideas musicales con un disco denominado también The Telling (1986). No sé cómo les fue artística y comercialmente, pero para su segundo trabajo una discográfica de mayor peso, Music West, se fijó en ellos, y Blue Solitaire salió a la luz en 1990. La extraordinaria obra que habían creado tuvo una repercusión bastante notable a pesar de estar mucho más inclinada hacia las Nuevas músicas que hacia el pop comercial, llegando a vender unas notables 40.000 copias, pero desgraciadamente la carrera de la banda se vio truncada con la repentina quiebra del sello discográfico. Las dificultades legales subsiguientes sobre la posesión de los derechos de su obra mantuvieron alejado al grupo de la creación musical hasta el tercer disco, editado de nuevo por ellos mismos en 1998 bajo el nombre de Glimmer Field. Sin embargo, la única huella que dejaron fue la imborrable belleza de Blue Solitaire, los otros dos álbumes no se hicieron, seguramente para nuestra desgracia, notar. Si Blue Solitaire es prácticamente imposible de encontrar (a través de Internet se pueden hallar unos pocos discos usados en Ebay y Amazon), de los otros dos ni hablemos. En su momento se podían escuchar unos pequeños extractos en lo que parecía la web oficial, pero ya no funcionan.

Blue Solitaire es una obra corta pero llena de emociones y desbordante de elegancia, una dulce genialidad esculpida con sublime delicadeza partiendo de la prodigiosa inspiración que alcanzó con certera puntería las mentes de sus autores. Nueve bellísimos temas, la mayoría cantados, de melodías cándidas y repletas de sentimiento construidos sobre la suave voz de Sheri y una exquisita selección de instrumentos evocadores, como oboes, trompetas de distintos tipos y teclados, entre otros, forman esta breve pero imprescindible obra de Nuevas músicas.

La voz casi quebrada por las lágrimas que tiñe de melancolía las letras, las notas tan equilibradas que dan forma a las etéreas melodías, los instrumentos desde los que éstas emergen con su sonido celestial… En la concepción de este diamante pulido con maestría parecen haber tomado parte los mismísimos ángeles, dándole forma a la belleza pura para que nuestros oídos sean capaces de asimilarla sin sucumbir a la locura, para que nuestros corazones se colmen con ella y, durante poco más de media hora, estén en el paraíso que nuestras mentes quieran concebir.

 

1. True Gold – 3:59
2. Guardian Angel – 4:49
3. Blue Solitaire – 4:00
4. Vessel – 2:19
5. World On a Wing – 4:23
6. Santa Maria – 3:40
7. Wind Without Walls – 5:33
8. Legend of Fountains – 3:41
9. A Mile of Broken Stone – 4:31
Total: 36:55

La jungla 4.0

Live Free or Die Hard, 2007, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 130 min.
Director: Len Wiseman.
Escritores: Mark Bombark, David Marconi.
Actores: Bruce Willis, Justin Ling, Timothy Olyphant, Maggie Q.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El dúo protagonista. Len Wiseman no es John McTiernan pero cumple correctamente en todo momento. Humor y acción bien encauzados: la cinta es pura adrenalina, una de las mejores apuestas de acción en bastante tiempo.
Lo peor: Los villanos no dejan el buen sabor de boca de las otras entregas, y la inverosimilitud de algunas escenas es importante.
Mejores momentos: La estancia en el sótano del Brujo (Kevin Smith).
El agujero de guión: El sistema de seguridad de Woodlawn, según las explicaciones dadas, inicia el volcado de datos cuando los sistemas informáticos y las redes son atacados. ¿Cómo demonios va a copiar algo si la red está caída? Y aunque pudiera, los datos estarían corrompidos o borrados. Los back-up reales hacen copias periódicas, el de la película es absurdo, estúpido.
El ratón: La película cumple con uno de los extraños mandamientos de la informática en el cine: el ratón no existe y todos teclean a la velocidad de la luz.
La frase:
-Has tirado el coche contra el helicóptero.
-Sí, no tenía balas.

* * * * * * * * *

Cuando llega una secuela muchos, muchos años después de que la saga haya quedado aparcada, es muy difícil contentar a sus seguidores. La probabilidad de que no guste es alta: si es igual, porque repite el mismo patrón, si difiere mucho, porque no tiene nada que ver con sus orígenes. Uno de los principales problemas de La jungla 4.0 para calar entre los viejos espectadores es que sigue los cánones del cine de acción actual, es decir, se intenta la escena de acción más rebuscada y exagerada posible. Antes la acción era más, digamos, terrenal: todo golpes, explosiones y sangre. Ahora se busca el virtuosismo, el sorprender con el no va más. Así, las nuevas aventuras de John McClane se mueven entre la frontera de la acción exagerada y la pura Ciencia-ficción propia de un mundo imaginario como Matrix. También vivimos en una época donde la violencia se ha suavizado, sobre todo en cuanto a la cantidad de sangre que salpica la pantalla. Lo cierto es que hay bastante violencia en La jungla 4.0 para ser una obra actual (raro es ver más, hay pocas excepciones, como Hostage por ejemplo), pero el hecho de no ver cuerpos destrozados por mil disparos de armas que nunca se quedan sin munición (aquí si se agotan rápido las balas) parece ser que no ha gustado mucho. En resumen, para disfrutar de La jungla 4.0 hay que ir esperando ver una cinta de acción del presente, y desde esa perspectiva funciona como un entretenimiento más que aceptable.

El argumento es lo mismo de siempre. Malo pone las cosas difíciles a bueno, sobre todo cuando rapta a su querida familia (aunque la presencia de la hija es para inspirar compasión: es más fácil llegar al espectador con un familiar en peligro que con la humanidad al borde del colapso), y bueno remueve cielo y tierra para salvar a su progenie, y de paso al mundo (o lo que es igual, Estados Unidos, porque para ellos fuera de sus fronteras no hay nada más). Pero si algo hay que agradecer a esta nueva aventura de John McClane es que a pesar de lo típico del argumento y de que es una cinta donde el guión no importa mucho, no tiene un exceso de sabor a previsible y entretiene de principio a fin. He echado de menos más acción, pues hay escenas muy concretas, no un ritmo incansable como en la tercera película, y tampoco tiene una historia tan conseguida como en la primera, pero en ningún momento el ritmo se torna irregular. El director Len Wiseman no es John McTiernan y no aporta el toque tan personal que tiene el estupendo pero echado a perder creador de la saga, pero cumple con creces proporcionando dinamismo y buenos planos, amén de resolver con gran facilidad las escenas más rebuscadas.

John McClane sigue siendo un personaje carismático que funciona muy bien como eje de la narración. De su boca salen numerosas sentencias llenas de humor que adornan correctamente las escenas de acción sin caer en chistes forzados o inmaduros, y Bruce Willis se mete de nuevo muy bien en el papel incluso teniendo en cuenta que está entrado en años y se enfrenta a escenas de gran dificultad física. El muchacho que le acompaña es un contrapunto cómico muy logrado. No es más que la típica pareja opuesta al protagonista, el individuo que se ve envuelto en una serie de acontecimientos que se alejan de su vida normal y debe enfrentarse como bien puede a ellos mientras socializa con su nuevo compañero, pero funciona a las mil maravillas. A decir verdad, el que fuera un friki de la informática auguraba lo peor, pero me he llevado una sorpresa muy agradable al encontrarme con un joven simpático, muy humano, con buenos diálogos y muy bien interpretado por un rostro bastante desconocido (Justin Long). De hecho, este personaje lo considero el mejor acierto de la cinta.

Sin embargo, el grupo de villanos es el punto más débil de la función. Resultan insípidos, tanto por la poca definición de sus intenciones como por la falta de garra que muestran. Maggie Q tiene un personaje vacío y aburrido, mientras que Timothy Olyphant, incluso habiendo demostrado que es un actor perfecto para el tipo de personaje frío y serio que interpreta (su papelón en Deadwood es buena muestra de ello), no puede hacer mucho porque su personaje casi carece de vida. En cuanto a secundarios, tenemos la lista habitual de policías y altos mandos, que funcionan bastante bien, mientras que la aparición de Kevin Smith ha sido divertidísima a pesar de su brevedad.

La junga 4.0  carece del carisma y solidez del resto de la franquicia, sobre todo por la falta de villanos de peso, pero al menos es un espectáculo bastante entretenido para disfrutar en el cine. El tiempo dirá si se convierte en una cinta de acción que se recuerde o en una secuela menor de una saga casi mítica.

John Powell – The Bourne Ultimatum

John Powell – The Bourne Ultimatum
Género: Banda sonora original
Año: 2007, Decca Records
Valoración:

 

La tercera entrega de las aventuras de Jason Bourne, a pesar de sus bastantes puntos a favor y la buena recepción de la crítica, para quien esto escribe ha sabido demasiado a repetición de la jugada. Todo lo que en ella se ve sigue exactamente el mismo esquema que sus predecesoras, con lo que no me dejó muy buen sabor de boca. La banda sonora padece del mismo afán de reproducir lo que anteriormente ha funcionado, con lo que también flota ligeramente en el aire la palabra decepción. Sí, el sonido conferido a la música es muy característico, el uso de percusiones un acierto de enormes proporciones, el tema central es bello y muy eficaz y sus variaciones interesantes… pero no hay un ápice de movimiento en las ideas, todo lo que ofrece aquí John Powell deja la sensación de haberse escuchado ya. Una cosa es mantenerse fiel al estilo y recurrir al tema principal de la saga, otra que no se incluya ninguna evolución musical y además varios pasajes sean una repetición exacta de temas ya usados. Una pena que Powell no haya aprovechado la buena base que ofrecía El mito de Bourne para ir más allá.

El ultimátum de Bourne nos ofrece cincuenta minutos de intensos motivos de acción con breves instantes inclinados hacia el drama a través de nueve cortes construidos sobre impactantes percusiones, fluidas y carismáticas cuerdas y algunos arreglos electrónicos muy bien ubicados. La estupenda fusión de elementos lograda por John Powell en la segunda entrega de la saga sigue funcionando a las mil maravillas como refuerzo en las desventuras del desdichado agente secreto en su búsqueda de la verdad, mientras que la escucha en disco es muy placentera. Sin embargo, al tratarse de una mera extensión del anterior trabajo la originalidad es completamente nula y le hace perder bastantes enteros a la obra.

El álbum se cierra con la canción Extreme Ways de Moby. De gran calidad y muy atractiva, parece haber quedado sellada a la saga de Bourne. Eso sí, también sabe a repetición, pues el disco de El mito de Bourne ya la incluía.

 

1. Six Weeks Ago – 4:31
2. Tangiers – 7:40
3. Thinking of Marie – 3:51
4. Assets and Targets – 7:18
5. Faces Without Names – 3:31
6. Waterloo – 10:38
7. Coming Home – 3:19
8. Man Verses Man – 5:45
9. Jason is Reborne – 4:04
10. Extreme Ways – Moby – 4:22
Total: 54:59

Alien vs. Predator

Alien vs. Predator, 2004, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 101 min.
Director: Paul W. S. Anderson.
Escritores: Paul W. S. Anderson y otros.
Actores: Sanaa Lathan, Raoul Bova, Lance Henriksen, Ewen Bremner.
Música: Harald Kloser.

Valoración:
Lo mejor: Las criaturas son espectaculares y la cinta goza de un ritmo activo y entretenido.
Lo peor: El guión es una recopilación de tópicos, los personajes carnaza para los monstruos. Es una vergüenza que el cine caiga tan bajo mancillando dos sagas clásicas con una cinta en la que es evidente que no se ha puesto esfuerzo alguno en buscar calidad.
Mejores momentos: Un depredador destrozando alienígenas con el arma de su hombro.

* * * * * * * * *

En su momento renegué completamente de esta producción. El propio hecho de realizarla dejó claro que el interés era puramente comercial, y los tráileres indicaron aún con mayor claridad que su objetivo era la taquilla fácil, el público joven al que se ha acostumbrado a esperar la espectacularidad vacua por encima del arte, de la calidad. Pero la razón de mayor peso a favor de renegar completamente de la obra es la traición que supone contra dos sagas excelentes y bastante revolucionarias en la historia del cine. El hecho de que Alien ya fuera alargada innecesariamente con dos secuelas de dudosa calidad no supuso ningún freno a los productores.

Conseguí ignorar su existencia durante un tiempo, pero poco a poco, acrecentándose con la llegada de su secuela (no es broma, pronto habrá una segunda parte), fue picándome el gusanillo: ¿qué clase de bodrio han realizado?, ¿tendrá algo salvable?, ¿funcionará como entretenimiento? Finalmente, la curiosidad alimentó tanto mi vena fanática que me dispuse a ver de nuevo a los dos terroríficos e inimitables monstruos, eso sí, con pleno conocimiento de que me enfrentaba a otro monstruo muy conocido: el Hollywood más comercial.

El resultado ha sido ni más ni menos que el esperado, una obra más cercana a un videojuego que a una película, con un guión construido sobre lo más fácil y seguro posible, o sea, todos los tópicos que se pudieron reunir. Los personajes son jóvenes atractivos, pero inadecuados casi todos a sus roles de expertos en distintas materias. Los diálogos, cortos, directos y en teoría cómicos (generalmente dan risa por lo ridículos que son). Se suceden y amontonan paridas (¿las paredes son de yeso o qué?), y cosas poco lógicas (no resulta creíble que la expedición lleve tanto armamento), las patadas a la Historia son bestiales (una pirámide mezcla culturas maya, egipcia y camboyana, qué descojone) y muchas partes evitan explicaciones porque no hay manera de colarlas (esos alienígenas que se reproducen y alcanzan su tamaño letal en diez minutos)… Sin embargo, a pesar de que todo queda supeditado al espectáculo, es de agradecer que, a pesar de que éste tarda en llegar, la cinta nunca decae hasta el aburrimiento. Pero claro, si no se arriesgan en la parte inteligente, ¿por qué van a esforzarse en que las escenas de acción tengan personalidad, sean algo más que tiros, hostias, destroces y ruido? Parece que solo Michael Bay merece la pena en este tipo de cine de acción sin contenido, porque los realizadores de Alien vs. Predator no sacan mucho jugo de esas criaturas tan bien caracterizadas. Hay acción, bastante, pero no llega a impresionar en ningún instante. Vamos, que la cinta se ve con tanta facilidad como se olvida. Eso sí, podría haber sido mucho peor. Al menos no me la han vendido como algo que no es, como me ha pasado hace unos días con Sunshine, película que sigue el mismo esquema que Alien vs. Predator paso por paso, con los mismos malos hábitos.

Nunca comprenderé por qué hay tantos productores empeñados en que si metes unas cuantas escenas de acción chulas y algún personaje guapo y simple que suponen caerá bien al espectador, tienes la película perfecta para funcionar bien en taquilla. Pero es lo que hay. Lo mejor que se puede hacer con Alien vs. Predator es fingir que no existe, y más importante aún, fingir que no forma parte de ninguna de las dos inolvidables sagas. No pierdan el tiempo preguntándose cómo es posible que llegue a realizarse algo así y encima tenga secuelas, los caminos de Hollywood son inescru… absurdos.