El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2008

Loreena McKennitt – An Ancient Muse

Loreena McKennitt – An Ancient Muse
Género: Músicas del mundo
Año: 2006, Quinlan Road
Valoración:

La canadiense de ascendencia celta Loreena McKennitt se forjó a través de un loable esfuerzo personal (incluso creó su propia discográfica, Quinlan Road, de prestigio mundial) una de las carreras musicales más deslumbrantes que se puedan citar. Con unos inicios en sencillas formas celtas y una evolución hacia una embriagadora mezcolanza étnica, esta diva se ganó merecidamente un hueco en el corazón de melómanos de todos los rincones de planeta. Durante muchos años se mantuvo en una posición artística envidiable vetada a unos pocos genios, la de aquellos que además de poder expresarse con total libertad cuentan con el apoyo incondicional de millones de seguidores; de hecho, la cifra que en la web de Quinlan Road se indica es impresionante: más de trece millones de discos vendidos. Lamentablemente, una enorme tragedia personal impidió que su estado de ánimo fuera el adecuado para seguir trabajando, y durante nueve años no se supo nada de ella. Enorme fue la sorpresa de sus admiradores cuando en 2006 anunció su regreso con un disco titulado An Ancient Muse, pero mayor fue el impacto que causó la noticia de que haría una presentación a lo grande en nuestro país, en un escenario muy adecuado a su música: la Alhambra.

An Ancient Muse se mantiene muy fiel al estilo de sus predecesores. Es un viaje musical a través de etnias que en uno u otro momento estuvieron más o menos relacionadas. Nos lleva por tierras de Oriente, sigue la Ruta de la Seda, navega por los mares de Grecia inspirándose en Homero y su Odisea, se embriaga con poemas de sus artistas favoritos… An Ancient Muse se define pues como un mosaico de culturas mostrado a través de la música. Loreena construye atmósferas muy ricas y detalladas, obteniendo de esta manera un envoltorio a ratos fascinante. Sin embargo, si se le achaca con razón que en este retorno no se ha apartado de lo que nos había ofrecido con anterioridad, más destacable es la falta de pasión y la ligera sensación de monotonía que emerge del álbum. Quizás tras tanto tiempo apartada de la música necesita un periodo de rodaje, porque, aunque An Ancient Muse está edificado con mucho conocimiento y con un gran trabajo de observación de las músicas de distintos lugares y épocas, su falta de inspiración es bastante notable.

Entre las nueve piezas que componen el álbum se observa un paisaje de naturaleza antigua y mística, pero donde la técnica es excelente la composición no resulta apasionante. En su inicio se hallan dos temas atractivos, The Gates of Istanbul y Caravanserai, pero el resto transcurre en un tono excesivamente monocromático. No es hasta Beneath a Phrygian Sky, para un servidor el momento cumbre del álbum, cuando se puede hallar algo verdaderamente sobresaliente. Es una canción bellísima con un sonido insólito, una atmósfera embriagadora obtenida gracias a una precisión exquisita entre percusiones, cuerdas y la larga lista de instrumentos étnicos. La primera vez que la escuché me quedé completamente anonadado, pues su fuerza no concuerda con el resto del álbum.

Como es habitual, la canadiense se rodea de músicos de primerísimo nivel, artistas de gran experiencia con los que en algunos casos ya había colaborado en otras ocasiones. En la amplia lista de invitados cabe citar algunos como Nigel Eaton (hurdy-gurdy, un instrumento que me encanta), Brian Hughes (guitarra eléctrica), Caroline Lavelle (violonchelo), Hugh Marsh (violín), Donald Quan (viola), Charlie Jones (bajo acústico) y una interminable lista de aportaciones en numerosas percusiones y diversos instrumentos propios de cada región (bouzouki celta y griego, kanoum, clarinete turco, nyckelharpa y un largo etc.). Y por supuesto, Loreena McKennitt maneja acordeón, arpa y pianos además de su portentosa voz capaz de hacer vibrar hasta a las rocas. En la ejecución y plasmación en CD no hay pues lacra alguna que citar.

Lo de menos es que este disco no sea una obra de arte, lo importante es que Loreena McKennitt ha vuelto, y por si fuera poco la edición del extraordinario concierto de presentación en la Alhambra granadina, con dos discos y un DVD inmejorables y repletos de viejos y gloriosos temas, suple con creces cualquier decepción que An Ancient Muse haya podido causar en los seguidores que tuvieran el listón muy alto. Loreena McKennitt está de nuevo en la cima de las músicas del mundo, señoras y señores.

 

1. Incantation – 2:35
2. The Gates of Istanbul – 6:59
3. Caravanserai – 7:36
4. The English Ladye and the Knight – 6:49
5. Kecharitomene – 6:34
6. Penelope’s Song – 4:21
7. Sacred Shabbat – 3:59
8. Beneath a Phrygian Sky – 9:32
9. Never-ending Road (Amhrán Duit) – 5:54
Total: 54:26
Anuncios

Luar Na Lubre – Plenilunio


Luar Na Lubre – Plenilunio
Género: Folk celta de Galicia
Año: 1997, Wea
Valoración:

Rosa Cedrón: violonchelo, voz.
Xan Cerqueiro: flautas.
Daniel Sisto: guitarra acústica.
Xulio Varela: bouzouki, trompa, tarrañolas, pandereta.
Xavier Cedrón: violín.
Patxi Bermúdez: bodhran, tambor, djimbek.
Bieito Romero: gaitas, acordeón, diatónica, zanpoña.

* * * * * * * * *

Nacida en 1988 Luar Na Lubre es, con nueve discos ya a sus espaldas, una de las bandas folk más sólidas, maduras y representativas de la península. A su reconocimiento fuera de Galicia mucho deben al inglés Mike Oldfield, quien, enamorado de su música, apoyó con entusiasmo al grupo y realizó una versión de uno de sus temas más famosos, O son do ar, en el álbum Voyager (1996). Así pues, con su cuarto disco, Plenilunio, la repercusión que obtuvieron en los medios logró que incluso oyentes que rara vez se acercan al folclore sintieran la llamada de la música tradicional.

Temas provenientes de la tradición ancestral de Galicia se entremezclan con arreglos propios en un disco muy grato de escuchar. Canciones de melodías ora apacibles y cándidas, ora divertidas y agradables con la enamoradiza voz de la también violonchelista Rosa Cedrón, temas de lúcidas guitarras, gaitas juguetonas y diversas percusiones ofrecen sonidos celtas de rasgos clásicos y sencillos donde se advierten algunas reminiscencias de las hermanadas culturas celtas del resto de Europa.

Destacan algunos buenos momentos como la insigne O son do ar, que aparece en primer plano creciendo a través de cautivadoras notas y continúa navegando por un río de emociones; Tu gitana, mi canción favorita del disco, con unos rasgos muy dulces y poéticos; Río Xordo, de ritmos vivaces; Pola Pomte de San Xoán, una canción bastante bailable; Pandeirada das Fiandeiras de Ramelle, de hermosas melodías y con una gaita maravillosa; Sol de outono, con un tono ligeramente melancólico…

Este disco, seguramente el más conocido de la banda aunque no por ello mejor que los demás, confirmó la buena forma del folk del norte de la península en un momento en que varios artistas del género tuvieron bastante auge popular, como el comercial Hevia (cada día más echado a perder, y eso que no empezó muy bien), el estrafalario Carlos Núñez, que supo aprovechar muy bien el tirón de su compatriota, y por supuesto Luar Na Lubre, aunque en este caso su popularidad se debiera más a factores externos que a sus más que notables méritos propios.

1. O son do ar – 7:10
2. Tu gitana – 4:26
3. Ao-Tea-Roa – 3:35
4. Río Xordo – 2:25
5. Os teus ollos – 2:26
6. Ronsel – 4:24
7. Pola Pomte de San Xoán – 3:50
8. Pandeirada das Fiandeiras de Ramelle – 3:59
9. Sol de outono – 4:24
10. Cantiga de Falvan – 3:19
11. Romance de Bernaldino e Sabeliña – 5:42
12. Galaecia – 4:48
Total: 51:02

La guerra de Charlie Wilson

 

Charlie Wilson’s War, 2007, EE.UU.
Género: Comedia, biografía.
Duración: 97 min.
Director: Mike Nichols.
Escritores: Aaron Sorkin, George Crile (novela).
Actores: Tom Hanks, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams, Julia Roberts.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, buena historia.
Lo peor: Le falta dinamismo, intensidad, energía. La dirección de Mike Nichols es más propia de una película o serie para la televisión.
Mejores momentos: El primer encuentro entre los personajes de Hanks y Hoffman en el despacho del primero, con el segundo saliendo y entrando cada dos por tres por las interrupciones de las secretarias.

Retrato sobre un congresista estadounidense que se implicó como nadie quería hacerlo en la guerra de Afganistán contra los soviéticos, aumentando los presupuestos y destinando de forma clandestina grandes partidas de armas gracias a las inverosímiles alianzas que conseguía forjar. En plena fiebre anticomunista se convirtió en un personaje bastante famoso en Estados Unidos, aunque fue también conocido por su presencia en numerosas fiestas y su gran interés por las mujeres.

La verdad es que no me ha disgustado pero esperaba muchísimo más. Es una cinta a la que le falta ambición y carece de la intensidad necesaria para deslumbrar con una historia que tenía gran potencial, le falta dinamismo y carisma y sus personajes no consiguen pasar de interesantes, y eso en gran parte gracias a los actores. Philip Seymour Hoffman, que por fin va recibiendo el reconocimiento que merece desde hace muchos años, está divertidísimo bajo el pellejo de un carácter algo caricaturesco pero creíble en su contexto, mientras que Tom Hanks está muy bien pero como ha dado muchos papeles magistrales a algunos quizá les sepa a poco. En cambio Julia Roberts aporta más bien poco al conjunto, y aunque algún lector me linchará, siempre me ha parecido una mujer de nulo atractivo físico; mucho más agradecida es la presencia de la bella Amy Adams.

De un guionista como Aaron Sorkin, artífice de una de las mejores series de la historia, El Ala Oeste de la Casa Blanca, un servidor esperaba algo mucho más grande. Prácticamente cualquier capítulo salido de su pluma es diez veces mejor en todos los elementos posibles que este importante paso al cine. De todas formas ofrece una historia curiosa, divertida, con algunos tramos estupendos y unos personajes quizá demasiado sencillos pero también atractivos. El principal lastre de la función es claramente Mike Nichols. Sorprende que este autor que posee una carrera tan irregular tenga cierto prestigio, porque su labor en esta ocasión es, ya que hablaba de la televisión, más propia de un producto para ese medio. De nuevo me veo casi obligado a remitirme a El Ala Oeste, donde los directores que trabajaron con Sorkin (en especial su mano derecha, Thomas Schlamme) otorgaban un nivel de calidad a todas luces superior no sólo a esta, sino a muchas películas de los últimos años.

La guerra de Charlie Wilson es pues un entretenimiento cuya calidad real es bastante inferior a lo que augura su importancia mediática (empujada sobre todo por actores de peso). Para pasar un rato ameno y poco más.

Love Actually

Love Actually, 2003, Reino Unido.
Género: Comedia romántica.
Duración: 129 min.
Director: Richard Curtis.
Escritor: Richard Curtis.
Actores: Alan Rickman, Emma Thomspon, Liam Neeson, Colin Firth, Bill Nighy, Martin Freeman, Chiwetel Ejiofor, Keira Knightley, Andrew Lincoln, Hugh Grant, Martine McCutcheon, Laura Linney, Thomas Sangster.
Música: Craig Armstrong.

Valoración:
Lo mejor: Guión y reparto.
Lo peor: Alguna historia mal enlazada y un bajón de ritmo en el tramo final.
Mejores momentos: Juliet (Keyra Knightley) viendo el video de su boda. El divertidísimo número musical durante la ceremonia. La escena de Rowan Atkinson en la tienda de joyas. Y prácticamente toda intervención de Bill Nighy.

* * * * * * * * *

Es esta una comedia de indudablemente difícil confección, con un enorme número de personajes más o menos relacionados entre sí pero con historias independientes que siguen su propio camino. Es un logro bastante remarcable la armonía que reina en el conjunto, lo equilibradamente que se sostienen casi todas las historias, pero más loable es la asombrosa facilidad con que cada personaje conquista rápidamente al espectador. Es una pena que esta trama tan sólida fuera exprimida más allá de lo necesario aportando la historia del chaval que se va a Estados Unidos en busca se sexo, demasiado extravagante y a ratos trivial y pueril, pero es tan sólo una gota de inmadurez en un relato muy inteligente donde diferentes clases de relaciones sentimentales se exponen con sabiduría y una emotividad deliciosa. Todos los caracteres son carismáticos o adorables y divierten o producen lástima según requiera la situación, llevando al espectador por un caudal de emociones de todo tipo.

El autor del guión, Richard Curtis, cuya sobrada experiencia viene de títulos tan conocidos como El diario de Bridget Jones, Notting Hill o la mítica serie La víbora negra, se atreve por primera vez en su carrera con las labores de dirección y lo cierto es que sale bastante bien parado, sobre todo teniendo en cuenta las características del relato. El ritmo es más que adecuado, aunque en su resolución las historias pierden algo de fuelle, y se maneja bastante bien con la cámara. Con toda probabilidad no encontraría dificultad alguna a la hora de trabajar los actores, pues prácticamente todos en este amplio reparto también tienen a sus espaldas carreras muy interesantes. Merecen mención especial el gran Alan Rickman, siempre excelente, y Laura Linney y Emma Thompson, exquisitas en los dos personajes más trágicos de la función, mientras que rezagados sólo se queda Thomas Sangster, cuya edad e inexperiencia quedan patentes, aunque viendo otros trabajos suyos como La última legión creo que más le valdría esforzarse más o dedicarse a otra cosa.

Una buena selección musical donde hasta canciones muy vistas encajan a la perfección pone la guinda final en esta película que más que entretener es capaz de sacar a cualquiera de una depresión. Una comedia romántica tiene todos los alicientes para no gustarme, sobre todo por culpa de los cansinos tópicos provenientes de Hollywood, pero del cine inglés emergen muchas buenas cintas de este género y en concreto Love Actually es una de las más renombrables de los últimos años.

Jumper

 

Jumper, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 88 min.
Director: Doug Liman.
Escritores: David S. Goyer, Jim Uhls, Simon Kinberg, Steven Gould (novela).
Actores: Hayden Christensen, Rachel Bilson, Samuel L. Jackson, Diane Lane, Jamie Bell.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene a ratos.
Lo peor: Los actores son de risa, el tono de cinta para adolescentes excesivo, el guión endeble y superficial, la puesta en escena nada llamativa.
Publicidad: Hay numerosos momentos en que se publicitan marcas comerciales, algunos descarados como el anuncio que hace un personaje secundario sobre cierta videoconsola.

Producción de acción de segunda división destinada al público juvenil y realizada con la esperanza de conseguir un éxito moderado que dé pie a una trilogía con la que sacar más dinero. En ella seguimos las aventuras de un muchacho que descubre poseer un poder que le permite transportarse instantáneamente a cualquier parte del mundo, con lo que convierte su vida en una fiesta constante. La cosa cambia cuando se encuentra con una peligrosa organización que trata de eliminar a todos los individuos de su naturaleza, por lo que su vida y por extensión la de su amada se verán en peligro.

La falta de pretensiones de la cinta es lo que peores sensaciones deja. Parece que se ha buscado simplificar la trama de fantasía al máximo e incluir todos los clichés posibles en las relaciones entre caracteres, supongo que con la idea de conectar con un público cada vez más vago y apático. El resultado se asemeja más al episodio piloto de una serie para adolescentes que a una superproducción. Los personajes carecen de definición, las situaciones en las que son ubicados son pueriles, las relaciones entre ellos rozan lo patético y por supuesto se incluye con calzador algún numerito musical roquero con coches a toda velocidad. La aventura fantástica es superficial y su desarrollo y resolución no tienen nada sorprendente. Todo resulta lineal y previsible, y lo único digno de mención es que puede sacarse un chiste (si eres friki de Star Wars) entre el protagonista (Hayden Christensen) y el enemigo (Samuel L. Jackson): ¡son Mace Windu y Anakin Skywalker luchando de nuevo!

Visualmente tampoco es un alarde, esperaba muchísimo más de Doug Liman tras su buena labor en El caso Bourne. En las conversaciones abusa de primeros planos muy cerrados, los viajes o saltos del protagonista los realiza casi siempre fuera de la pantalla, las escenas de acción son rutinarias… Lo único destacable es que saca buen provecho de las localizaciones.

En cuanto a los actores, habría que crear una categoría nueva para definirlos, porque torpes, ineficientes, malos y ridículos no es suficiente. El dúo Hayden Christensen y la guapa Rachel Bilson (que viene de la simpática pero flojita The O.C.) lo tiene muy fácil para alzarse como la peor pareja cinematográfica de este recién iniciado año.

Sus ochenta y ocho minutos se hacen largos en algunos momentos, su tono para adolescentes descerebrados es molesto y la aparente falta de esfuerzo en hacer algo un poco más sólido me apena. Se deja ver y olvidar sin esfuerzo alguno.

Dead Can Dance – Into the Labyrinth

Dead Can Dance – Into the Labyrinth
Género: Música antigua (medieval, renacentista), música gótica, dark ambient… en fin: Dead Can Dance
Año: 1993, 4AD
Valoración:

Creo que se pueden hacer dos distinciones entre los oyentes de Dead Can Dance. Por un lado están los que llegan a través del rock gótico y se enamoran de la originalidad de sus primeros discos, destacando, aunque ya de rock no tiene nada, el espléndido Within the Realm of a Diying Sun por su estilo insólito y cautivador. Luego están (diría que son la mayoría) los que llegan buscando músicas que no se parezcan a nada conocido y se rinden ante las sonoridades que el dúo Gerrard/Perry desglosan a través de creaciones imposibles de definir que toman prestados elementos del medievo y el renacentismo, de la música gótica, de la étnica… En este caso, donde me incluyo, los discos más valorados suelen ser The Serpent’s Egg e Into the Labyrinth, tanto por alejarse por completo de cualquier concepto musical establecido como por su extraordinaria e inigualable calidad.

Rompiendo por una vez con el habitualmente notable salto estilístico entre disco y disco, Into the Labyrinth se mantiene en la fantástica línea de The Serpent’s Egg, por lo que un servidor siempre ha pensado que este es el modelo musical más definitorio de la banda. Si ese disco era sublime, aquí tenemos una obra de semejante magnitud, pero con el aliciente de que esta vez la duración es mucho más generosa, con lo que su audición es si cabe más placentera.

En su inicio se hallan dos de los temas más representativos e inolvidables del grupo. El primero, Yulunga, ofrece una atmósfera misteriosa donde la voz de Gerrard aporta un toque pesimista; poco a poco va ganando intensidad hasta que hacen acto de presencia los rasgos étnicos confiriéndole un aspecto aun más extraño. The Ubiquitous Mr. Lovegrove es un corte oscuro y sobrecogedor, con sonidos indescriptibles de gran espectacularidad. Los rítmicos e impresionantes juegos con el estéreo acompañan a la inmensa voz de Perry (más poderosa que nunca) en esta canción imposible de describir. La calidad del sonido del disco, impecable en todo momento, es aquí donde más se aprovecha; suban el volumen y dejen que su fuerza les envuelva y aprisione en un mundo sensaciones hasta ahora desconocidas.

Por complicado que pareciera mantener semejante nivel de calidad, el resto de canciones no se alejan un ápice de las excelencias de estos dos exclusivos temas. Pronto encontramos The Carnival is Over, de sonoridades juguetonas, gráciles, Towards the Within, de rasgos repetitivos y con tramos muy curiosos, Tell Me About the Forest, que alterna de manera formidable melodías preciosas con instantes ostentosos, The Spider’s Stratagem, un momento que bebe aun más de la música antigua, de hecho la pieza en que está basada es del siglo XVIII, y la inmensa How Fortunate the Man With None, lenta pero enérgica.

En el ecuador del álbum dos breves pero maravillosos temas aportan un poco de luz, de emotividad, a la atmósfera tenebrosa que emana de la mayor parte de la obra. Gerrard nos deleita con sus magistrales juegos vocales en estas pequeñas joyas que, en la sabiduría de sus autores, no han sido extendidas más allá de lo necesario, mostrando en unos escasos minutos una inspiración sin igual. Las habilidades de Lisa Gerrard quedan bien patentes en los temas a cappella, que lejos de parecer fuera de lugar encajan a la perfección y elevan aún más el toque distintivo de la banda tanto a la hora de ofrecer variaciones musicales considerables incluso dentro de un mismo disco como en su palpable interés por emular música arcaica: The Wind that Shakes the Barley es una pieza conmovedora, mientras que Emmeleia aporta un tono más lúgubre.

Obra magna de cualidades únicas y quizá irrepetibles, una de las más grandes maravillas de la música contemporánea, este sexto disco de Dead Can Dance fue su mayor éxito de ventas y supuso su cima creativa, así como el principio del final de la banda, pues debido a conflictos entre los dos componentes fue compuesto por separado, uniéndose estos únicamente a la hora de realizar las tareas de grabación en la iglesia-estudio de Brendan Perry en Quivvy (Irlanda).

 

1. Yulunga (Spirit Dance) – 6:55
2. The Ubiquitous Mr. Lovegrove – 6:16
3. The Wind that Shakes the Barley – 2:49
4. The Carnival Is Over – 5:28
5. Ariadne – 1:53
6. Saldek – 1:07
7. Towards the Within – 7:06
8. Tell Me About the Forest (You Once Called Home) – 5:42
9. The Spider’s Stratagem – 6:42
10. Emmeleia – 2:04
11. How Fortunate the Man With None – 9:15
Total: 55:24

El último hombre vivo

 

The Omega Man, 1971, EE.UU.
Género: Drama, Ciencia-ficción.
Duración: 98 min.
Director: Boris Sagal.
Escritores: John William Corrington, Joyce H. Corrington, Richard Matheson (novela).
Actores: Chalrton Heston, Anthony Zerbe, Rosalind Cash.
Música: Ron Grainer.

Valoración:
Lo mejor: El eficaz papel de Charlton Heston, las imágenes de la ciudad desierta, el conflicto entre el protagonista (progreso) y los mutantes (conservadurismo).
Lo peor: El tramo central no tiene tanta fuerza como el resto, y por lo general Boris Sagal no realiza una labor muy llamativa.
Mejores momentos: La presentación, con Neville recorriendo las calles vacías. El asalto a su casa-cuartel y el impactante final.

La primera adaptación (o inspiración, dado el empecinamiento en realizar ciertos cambios) de la aclamada novela Soy Leyenda (I Am Legend) de Richard Matheson fue una cinta de serie B interpretada por Vincent Price, coproducida entre EE.UU. e Italia, estrenada en 1964 y llamada El último hombre sobre la Tierra (The Last Man on Earth). La segunda, la más conocida hasta el estreno de la versión con Will Smith, fue El último hombre vivo (The Omega Man) de Boris Sagal, que supuso una de las escasísimas incursiones en el cine de este director afincado en la televisión.

Bastante olvidada por crítica y público, el único aspecto que parecía recordarse de esta obra de Ciencia-ficción de principios de los setenta era la presencia de Charlton Heston, lo que considero una injusticia pues, sin ser una maravilla, es una cinta con buenas cualidades, algo limitada por los nada destacables recursos de su director pero con una historia eficaz y más inteligente de lo que se suele observar hoy día en este poco aprovechado género.

El último hombre vivo se puede dividir en dos partes. La primera muestra la dura supervivencia de Robert Neville, el único humano inmune a la plaga que ha asolado la Tierra y convertido en mutantes a un pequeño pero peligroso porcentaje de sobrevivientes. Heston interpreta correctamente a un hombre que vive una pesadilla, ofreciendo un personaje angustiado y en el límite de la cordura; impagables son sus conversaciones con un busto o el instante en que cree oír sonar los teléfonos. En el segundo tramo los pasos finales en el conflicto con los mutantes y la aparición de un pequeño grupo de personas que aún no se han visto afectadas por el virus sirven para incidir en aspectos más filosóficos. En este campo esta versión supera a la ñoñería introducida en Soy Leyenda, de hecho es prácticamente opuesta: aquí se ofrece un discurso en contra del fanatismo religioso, con esa secta que se montan los mutantes, y se ensalzan las virtudes del hombre inteligente en la ciencia y en el arte (el apartamento de Neville parece un museo) por encima de la postura medieval de ignorancia y oscurantismo que promueven los enemigos liderados por Matthias (Anthony Zerbe).

Si las escenas del principio con Heston recorriendo la ciudad desierta en coche, registrando edificios en busca de enemigos y mostrando su soledad son bastante impactantes, mejor resuelto está el clímax, con el tenso asalto a la casa-cuartel del protagonista y sobre todo con la magnífica escena final del héroe en la fuente, bastante atípica en la época en que fue estrenada, por lo que resultó bastante perturbadora.

Me alegro de que la versión actual haya despertado aunque sea un mínimo interés en recordar esta otra, pues merece la pena darle una oportunidad. Visualmente Francis Lawrence saca más partido que Boris Sagal, tanto por la diferencia presupuestaria como por el buen hacer de ese prometedor director, pero El último hombre vivo tiene un contenido más maduro y no se desinfla en su resolución, sino que ésta es como debe ser el final de una buena cinta: impactante, que se retenga en la memoria del espectador.