El Criticón

Opinión de cine y música

Dead Can Dance – Into the Labyrinth

Dead Can Dance – Into the Labyrinth
Género: Música antigua (medieval, renacentista), música gótica, dark ambient… en fin: Dead Can Dance
Año: 1993, 4AD
Valoración:

Creo que se pueden hacer dos distinciones entre los oyentes de Dead Can Dance. Por un lado están los que llegan a través del rock gótico y se enamoran de la originalidad de sus primeros discos, destacando, aunque ya de rock no tiene nada, el espléndido Within the Realm of a Diying Sun por su estilo insólito y cautivador. Luego están (diría que son la mayoría) los que llegan buscando músicas que no se parezcan a nada conocido y se rinden ante las sonoridades que el dúo Gerrard/Perry desglosan a través de creaciones imposibles de definir que toman prestados elementos del medievo y el renacentismo, de la música gótica, de la étnica… En este caso, donde me incluyo, los discos más valorados suelen ser The Serpent’s Egg e Into the Labyrinth, tanto por alejarse por completo de cualquier concepto musical establecido como por su extraordinaria e inigualable calidad.

Rompiendo por una vez con el habitualmente notable salto estilístico entre disco y disco, Into the Labyrinth se mantiene en la fantástica línea de The Serpent’s Egg, por lo que un servidor siempre ha pensado que este es el modelo musical más definitorio de la banda. Si ese disco era sublime, aquí tenemos una obra de semejante magnitud, pero con el aliciente de que esta vez la duración es mucho más generosa, con lo que su audición es si cabe más placentera.

En su inicio se hallan dos de los temas más representativos e inolvidables del grupo. El primero, Yulunga, ofrece una atmósfera misteriosa donde la voz de Gerrard aporta un toque pesimista; poco a poco va ganando intensidad hasta que hacen acto de presencia los rasgos étnicos confiriéndole un aspecto aun más extraño. The Ubiquitous Mr. Lovegrove es un corte oscuro y sobrecogedor, con sonidos indescriptibles de gran espectacularidad. Los rítmicos e impresionantes juegos con el estéreo acompañan a la inmensa voz de Perry (más poderosa que nunca) en esta canción imposible de describir. La calidad del sonido del disco, impecable en todo momento, es aquí donde más se aprovecha; suban el volumen y dejen que su fuerza les envuelva y aprisione en un mundo sensaciones hasta ahora desconocidas.

Por complicado que pareciera mantener semejante nivel de calidad, el resto de canciones no se alejan un ápice de las excelencias de estos dos exclusivos temas. Pronto encontramos The Carnival is Over, de sonoridades juguetonas, gráciles, Towards the Within, de rasgos repetitivos y con tramos muy curiosos, Tell Me About the Forest, que alterna de manera formidable melodías preciosas con instantes ostentosos, The Spider’s Stratagem, un momento que bebe aun más de la música antigua, de hecho la pieza en que está basada es del siglo XVIII, y la inmensa How Fortunate the Man With None, lenta pero enérgica.

En el ecuador del álbum dos breves pero maravillosos temas aportan un poco de luz, de emotividad, a la atmósfera tenebrosa que emana de la mayor parte de la obra. Gerrard nos deleita con sus magistrales juegos vocales en estas pequeñas joyas que, en la sabiduría de sus autores, no han sido extendidas más allá de lo necesario, mostrando en unos escasos minutos una inspiración sin igual. Las habilidades de Lisa Gerrard quedan bien patentes en los temas a cappella, que lejos de parecer fuera de lugar encajan a la perfección y elevan aún más el toque distintivo de la banda tanto a la hora de ofrecer variaciones musicales considerables incluso dentro de un mismo disco como en su palpable interés por emular música arcaica: The Wind that Shakes the Barley es una pieza conmovedora, mientras que Emmeleia aporta un tono más lúgubre.

Obra magna de cualidades únicas y quizá irrepetibles, una de las más grandes maravillas de la música contemporánea, este sexto disco de Dead Can Dance fue su mayor éxito de ventas y supuso su cima creativa, así como el principio del final de la banda, pues debido a conflictos entre los dos componentes fue compuesto por separado, uniéndose estos únicamente a la hora de realizar las tareas de grabación en la iglesia-estudio de Brendan Perry en Quivvy (Irlanda).

 

1. Yulunga (Spirit Dance) – 6:55
2. The Ubiquitous Mr. Lovegrove – 6:16
3. The Wind that Shakes the Barley – 2:49
4. The Carnival Is Over – 5:28
5. Ariadne – 1:53
6. Saldek – 1:07
7. Towards the Within – 7:06
8. Tell Me About the Forest (You Once Called Home) – 5:42
9. The Spider’s Stratagem – 6:42
10. Emmeleia – 2:04
11. How Fortunate the Man With None – 9:15
Total: 55:24
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3 Respuestas a “Dead Can Dance – Into the Labyrinth

  1. Cubano 20/02/2008 en 11:57

    Nosotros tuvimos el disco de importación, antes de que Sonifolk lo editase. TAK traía discos realmente curiosos que encontrabas en pocos sitios de España…

  2. Pepe 29/03/2008 en 16:43

    Te me adelantaste, estaba preparando la crítica de este disco para mi blog así que dejé pasar un mesecito para colgarla.
    Grandísimo trabajo, por supuesto, escucharlo entero de un tirón es una sensación única.

  3. Alexei Lopez 27/06/2011 en 2:06

    Saludos, Ustedes no se imaginan el rastro que por varios años le seguí a este disco, una época en la que por estos lados aún no existía el internet ni nada por donde asirme de algo para llegar a averiguar cual era el nombre completo y real de la banda que otorgaba esta maravilla de disco. Yo obtuve una copia en k-sset de un turista alemán que gentilmente me lo presto para copiar. Disco infaltable para llevar de viaje, 11 temas que encierran tantos recuerdos coleccionados en esos años.

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