El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2008

The Host

Gwoemul, 2006, Corea del Sur.
Género: Misterio, acción.
Duración: 119 min.
Director: Joon-ho Bong.
Escritores: Chul-hyun Baek, Joon-ho Bong, Won-jun Ha.
Actores: Kang-ho Song, Hie-bong Byeon, Hae-il Park, Du-na Bae, Ah-sung Ko.
Música: Byung-woo Lee.

Valoración:
Lo mejor: Toda aparición del monstruo. La música, con mucha mayor fuerza que las propias imágenes.
Lo peor: Es muy irregular, con tramos bastante aburridos. El director desaprovecha partes con mucho potencial. El humor está muy mal encauzado. La mitad del reparto da risa, problema agravado por un doblaje que parece de cachondeo.
Mejores momentos: Cualquier aparición de la criatura, en especial la primera, la que sucede en el parque atestado de gente.
El título: Ya es cansino que no traduzcan algunos títulos o que además les añadan coletillas en nuestro idioma, y también que los que traducen suelan ser completamente inventados, pero que me parta un rayo si entiendo cómo demonios nos traen la película a España con el título en inglés cuando es coreana. ¿Quién está tras esta política tan cutre y lamentable?

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Producción surcoreana de misterio y acción (la gente usa la etiqueta de terror muy a la ligera) que tras una carrera fulgurante por numerosos festivales menores de cine caló entre el público y su buena recepción creció rápidamente, llegando a estar entre las más taquilleras en muchos países durante algunas semanas. Tanto crítica como público conectaron de desigual manera, viendo unos una película estupenda y otros una cinta flojilla que no merece tanto revuelo. Un servidor se encuentra en el segundo caso.

The Host resulta especialmente interesante por estar muy alejada de los cánones del más que exprimido cine de misterio y terror hollywoodiense. Es una propuesta fresca y original, aunque promete más de lo que finalmente ofrece. La realización es bastante correcta pero contiene demasiados planos que parecen haber sido sacados de un libro de “cómo ser director en dos semanas”, quitándole en ocasiones realismo en favor de un forzado toque intelectual que se me antoja algo pretencioso (esos planos de la lluvia que gritan “mira que bueno y gafapasta soy”). Sin embargo no es un gran lastre en comparación con el ritmo irregular, el mediocre desarrollo de la historia y ese burdo y mal ubicado sentido del humor, que se ve además agravado por un doblaje que parece hecho para un programa tipo El informal.

Son las apariciones del monstruo las que dan carisma a la cinta. Su fantástico diseño, la calidad de los efectos digitales (encargados a la famosa Weta, la de El Señor de los Anillos) y lo fascinante de cada una de sus incursiones salvan con creces el desinterés que rodea a las aventuras de la ridícula familia. Por si fuera poco la música que acompaña a las imágenes es espléndida, otorgando al conjunto una expresividad mucho mayor de la que tendría sin la partitura de Byung-woo Lee. Muchas escenas se salvan por su sorprendente labor.

Recomiendo su visionado a espectadores ávidos por probar nuevas cosas, por huir de convencionalismos, pero para quien esto escribe no es más que una cinta muy inspirada pero mal construida, ya fuera por inexperiencia o torpeza.

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Pozos de ambición

 

There Will Be Blood, 2007, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 158 min.
Director: Paul Thomas Anderson.
Escritores: Paul Thomas Anderson, Upton Sinclair (novela).
Actores: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciarán Hinds, Dillon Freasier.
Música: Johnny Greenwood.

Valoración:
Lo mejor: Algunos momentos de buen cine y un buen reparto.
Lo peor: Duración excesiva, historia sin rumbo ni fuerza y un tramo final insípido y soporífero. Y sobre todo, la espantosa banda sonora.
Mejores momentos: Todo lo que rodea al accidente del hijo del protagonista: el suceso, las consecuencias y la difícil adaptación de la familia a la nueva situación.

Aunque no de forma generalizadamente entusiasta, Pozos de ambición ha sido bastante aclamada por críticos de todo el mundo y ha estado presente como favorita en los premios cinematográficos más conocidos. Los atractivos avances y la presencia de un siempre imponente Daniel Day-Lewis eran dos alicientes más para ir a ver la película con las expectativas muy altas, pero tras el visionado tardío (se me escapó en cines) me he llevado otra decepción en un año de obras sorprendentemente sobrevaloradas. Por supuesto no es más que mi opinión, pero esta temporada ha sido bastante floja en cuanto a cine de primer nivel, y las entregas de premios principales (Globos de Oro y Óscar) han ayudado a vender películas de mucho menos valor del que deberían tener las nominadas. Pozos de ambición, Expiación y Michael Clayton, vulgarmente hablando, no valen un pimiento.

Pozos de ambición forma parte de ese género de epopeyas centradas en la vida de un gran personaje, siguiendo sus aventuras a través de años e incluso décadas. Uno de los aspectos más comunes de este tipo de cine es que se suele dar mucha importancia a la época en que suceden los acontecimientos y a las amistades y enfrentamientos con otros personajes (American Gangster es un ejemplo reciente). Es precisamente ahí donde más me ha decepcionado esta cinta, pues se centra de manera excesiva en la figura principal y todo lo demás, bastante superficial ya de por sí, queda eclipsado. A pesar de la buena labor de Daniel Day-Lewis (no digna de ser recordada en los anales del cine, que se tiende mucho a sobrevalorar a este actor) el personaje principal no tiene tanto carisma como para sostener el relato, y lo único destacable de toda su historia es la relación con su hijo, pues el enfrentamiento con el joven cura es irregular y nada emocionante, los problemas laborales aburren y la presencia de sus amigos es completamente nula (por no decir que su supuesto hermano no aporta nada).

La narración es bastante irregular; tiene momentos en lo que sí podría hablar de buen cine (el pozo ardiendo da para escenas de calidad) pero se diluyen en un metraje demasiado abultado. Paul Thomas Anderson no sabe poner freno a escenas innecesariamente largas ni acierta a eliminar numerosos pasajes vacíos de contenido. En la última media hora (o más, como dura tanto y se hace tan larga no sabría decir) el ritmo decae hasta un nivel casi insoportable, y el final, una pelea caricaturesca y absurda, deja muy malas sensaciones.

De los aspectos técnicos tampoco puedo decir nada bueno más allá de la correcta labor de ambientación, donde destaca una fotografía que ofrece algunos planos hermosos. Pero la música merece más mi atención, por ser espantosa. Puedo jurar que en mi vida, incluso en el cine más malo que pueda recordar, jamás he llegado a ver un caso donde la banda sonora resultara tan ajena a las imágenes. Insistentes melodías en momentos donde claramente está fuera de lugar, estilo equivocado, notas demasiado estridentes y con nula compatibilidad con la historia… Esto no es error del compositor Johnny Greendwood, sino del director, que no ha sabido guiarle y elegir lo más adecuado.

Pozos de ambición es otra de las grandes decepciones de la temporada. Dos horas y media para contar una historia sin principio ni final, sin emoción e interés, y todo ello rodado de manera poco profesional.

La invasión de los ultracuerpos

 

Invasion of the Body Snatchers, 1978, EE.UU.
Género: Terror, intriga, Ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Director: Philip Kaufman.
Escritores: W. D. Richter, Jack Finney (novela).
Actores: Donald Sutherland, Brooke Adams, Jeff Goldblum, Veronica Cartwright, Leonard Nimoy.
Música: Denny Zeitlin.

Valoración:
Lo mejor: Un reparto de calidad y una realización excelente (atención a la fotografía) que otorga ritmo y tensión a raudales.
Lo peor: Prácticamente nada respecto a la película, pero me apena que la primera versión se alabe tanto cuando comparada con ésta es muy poca cosa.
El título: En inglés se mantuvo igual que en su predecesora, pero en castellano se diferenció cambiando ladrones de cuerpos por ultracuerpos, palabra cuyo significado no resulta nada claro.

Apenas hay un segundo de respiro en La invasión de los ultracuerpos de Philip Kaufman. No se puede hablar de un tramo inicial destinado a presentar personajes y situaciones, sino que se nos introduce en la trama desde los primeros minutos y los caracteres aparecen poco a poco, siendo mostrados justo en el momento en que pueden aportar algo realmente sustancial al conjunto. Así, la cinta tiene un ritmo endiablado, y a pesar sus casi dos horas de duración (no muy común por la época) no le sobra ni un minuto. Tramos de diálogos densos entre personajes muy bien perfilados se alternan con escenas de misterio (con algunas buenas dosis de terror) realizadas con una escenificación muy bien cuidada, donde destaca de manera impresionante la espléndida fotografía de Michael Chapman, sumamente eficaz a la hora de otorgar una atmósfera de agobio e inquietud a través de la iluminación, las perspectivas y los reflejos. Estamos ante un relato intenso que mantiene al espectador inmerso en una historia nada predecible y sí muy intrigante donde la paranoia y el desconcierto de los protagonistas se traslada a las butacas de manera palpable. Hay numerosos momentos magníficos, siendo imprescindible citar (y no revelar) su famoso final, que resulta demoledor. La única pega que podría ponerle es que la música es demasiado ruidosa.

El reparto es poco menos que excelente, con cada actor metido por completo en la piel de su correspondiente personaje. Tenemos al psiquiatra escéptico, encarnado por Leonard Nimoy (el mítico Spock de Star Trek), un actor con pocos papeles fuera de la famosa serie. El valiente protagonista, en manos de un fantástico Donald Sutherland. El amigo pendenciero pero leal, interpretado por un joven Jeff Goldblum Y las mujeres, una representando a la fémina independiente y la otra a la clásica esposa, que recaen en manos de las actrices Brooke Adams y Veronica Cartwright respectivamente, las dos perfectas. Por cierto, Veronica Cartwright se quedó anclada en el personaje chillón de películas de miedo; seguramente todos la recordaréis por su papel en Alien (donde participó el año siguiente), por ejemplo.

La invasión de los ultracuerpos es una cinta a la que el paso del tiempo no le ha hecho ningún mal, un clásico, aunque sea menor, de los géneros de la ciencia-ficción y el terror.

Michael Giacchino – Medal of Honor

Michael Giacchino – Medal of Honor
Género: Banda sonora original
Año: 1999, Dreamworks
Valoración:

En los últimos diez años el apartado de bandas sonoras de videojuegos ha vivido un crecimiento en importancia y calidad similar al ocurrido en las series de televisión. Con las infinitas posibilidades que el veloz avance de las tecnologías ofrece, los videojuegos, sean para ordenador o videoconsola y sin importar el género y estilo, cada día presentan unos niveles de producción más cuidados a todos los niveles posibles, y en concreto la música cada vez juega un papel más crucial. En 1999 llegaba al mercado Medal of Honor, un juego bélico en primera persona ambientado en la Segunda Guerra Mundial que consiste en matar enemigos y sobrevivir a través de numerosas misiones y escenarios. Producido en parte por el famoso Steven Spielberg, Medal of Honor causó un gran impacto y abrió las puertas a un género que sigue en pleno auge. Las secuelas y expansiones superan la decena y no tardaron en aparecer apuestas similares por parte de otras empresas, como la también imprescindible saga Call of Duty, en cuya primera entrega se cuidaron de contar también con Michael Giacchino.

Un motor gráfico magnífico, unos escenarios muy bien reconstruidos, unos efectos sonoros impecables, una jugabilidad exquisita, unos enemigos con muchísima inteligencia (con instantes que producían gran sorpresa, como cuando les lanzabas una granada y los malditos te la devolvían) y un estilo muy cercano al cine, de hecho varios escenarios se inspiraban claramente en películas bélicas famosas, hicieron de Medal of Honor un clásico instantáneo. Entre todos sus grandes logros me atrevería a decir que su aspecto más sorprendente y revolucionario fue su banda sonora. Cabe recordarlo como uno de los primeros títulos en los que ésta cobraba una importancia mayúscula, siendo imprescindible en la ambientación de los niveles, y Michael Giacchino, que ya había llamado bastante la atención con su primer trabajo, The Lost World, una aventura inspirada en la famosa cinta Parque Jurásico, proporcionó una banda sonora de un nivel extraordinario. A día de hoy sigue siendo su mejor partitura, y de hecho, teniendo en cuenta sus excelentes secuelas diría que es rey indiscutible del género.

Giacchino seguramente contó con libertad casi total, pues no se enfrentaba a las ataduras que presenta una película, como ajustar milimétricamente las notas a las imágenes, con lo que pudo poner toda la carne en el asador y sacarle todo el provecho a sus ideas. La línea musical conferida es claramente deudora del estilo melódico clásico de John Williams y James Horner, de hecho el oyente aficionado encontrará similitudes estilísticas con Indiana Jones, Salvar al soldado Ryan, Glory y otras enmarcadas en géneros más o menos relacionados. Numerosos temas de una duración media de cuatro minutos exponen sonidos de intriga y acción muy dinámicos y espectaculares. Constantes vientos utilizados con una sabiduría impresionante en un autor novel y gran presencia de metales confieren una atmósfera de acción impecable, arrebatadora y riquísima en sonoridades. Casi todos los temas son magníficos, con notas inspiradísimas orquestadas con gran profesionalidad, pero algunas melodías y tramos son sencillamente antológicos; como es habitual, en el listado de temas destaco los temas que considero los de mayor interés y calidad.

Medal of Honor es una partitura sublime, exquisita en todo momento. Como banda sonora de videojuego supuso una revolución, pero si hablamos de obras de acción en general podría decir que indudablemente es una de las mejores jamás compuestas. No se pierdan las secuelas, donde destaca sobre todo la reciente Medal of Honor: Airborne, de un nivel similar a ésta. Lamentablemente es una obra muy difícil de encontrar, con varias versiones que no he sido capaz de numerar, por no mencionar que con las numerosas secuelas el descontrol es aún mayor. Obras de este nivel deberían tener mejor cuidado y distribución.

 

1. Medal of Honor – 4:10
2. Locating Enemy Positions – 4:10
3. Taking Out the Railgun – 3:51
4. Attack on Fort Schmerzen – 3:58
5. The Radar Train – 3:35
6. Rescuing the G3 Officer – 4:09
7. Panzer Attack – 4:17
8. Rjuken Sabotage – 4:07
9. The U-Boat – 4:43 10. Merker’s Salt Mine – 4:09
11. Approaching Colditz Castle – 3:22
12. Securing the Codebook – 3:37
13. Nordhausen – 3:18
14. Stopping the V2 – 4:14
15. The Jet Aircraft Facility – 3:29
16. The Road to Berlin – 3:07
17. Medal of Honor (alternate version) – 2:55
18. The Road to Berlin (radio) – 4:13
19. The Road to Berlin (radio y efectos sonoros) – 1:20
20. The Star Spangled Banner (Amateur National Anthem) – 2:06
Total: 73:12

No es país para viejos


No Country for Old Men, 2007, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 122 min.
Directores: Ethan y Joel Coen.
Escritores: Ethan y Joel Coen, Cormac McCarthy (novela).
Actores: Josh Brolin, Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Woody Harrelson, Kelly MacDonald, Garret Dillahunt.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: El reparto al completo, la dirección de los Coen, la fotografía, el ritmo que mantiene en vilo en todo momento.
Lo peor: Personajes descolgados y sobre todo un final que pierde muchísimo interés. Y por supuesto, con el doblaje pierde enteros.
Mejores momentos: Las largas escenas de Llewelyn descubriendo el dinero en el desierto. El duelo contra el asesino en el motel y la huida entre tiros.
La frase:
– Dependiente: ¿Cómo te quedan las botas?
– Llewelyn: Bien. Necesito todo lo demás
.

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Nota: Hay spoilers importantes sobre el final de la película.—

En un primer visionado No es país para viejos atrapa por su forma ejemplar y la intriga sobre el destino de los personajes, y aunque el final descoloca completamente en general deja un sabor de boca muy, muy grato. Pero vista otra vez más pausadamente se le puede achacar algunas irregularidades. Hay este año cintas más redondas que han tenido una repercusión menos llamativa, como las dos que no me canso de citar, Promesas del este y Zodiac, que ni si quiera han llegado a estar entre las nominadas al Oscar (habiendo encima varias de calidad menor o directamente mediocres que sí lo han estado). Tantas nominaciones y premios para una cinta de este calibre me parece algo excesivo, impensable por ejemplo una o dos décadas atrás, donde sería una buena película más pero probablemente eclipsada por otras muchas de calidad superior.

Como en todo buen trabajo de los Coen (tienen sus baches o recesos comerciales, como Ladykillers y la divertida pero intrascendente Crueldad intolerable), estamos ante una cinta hipnotizante, elocuente, con un humor extraño pero eficaz (esta vez en dosis muy pequeñas), personajes muy bien definidos, algunos bastante estrafalarios pero creíbles en el entorno en que son puestos… En pocas palabras, hacen cine diferente, alejado de cualquier convencionalismo. Tienen una técnica impecable y gran capacidad para provocar asombro, y en No es país para viejos han estado especialmente acertados a la hora de rodar.

A través de una fotografía brillante (uno de los mejores trabajos del año el logrado por Roger Deakins) y una escenificación cuidada hasta el más mínimo detalle proporcionan a la narración un ritmo muy, muy pausado, contemplativo, milimétricamente montado para conseguir trasladar al espectador toda la tensión del momento. Y vaya si lo consiguen. Hasta el fallido tramo final la cinta mantiene una atmósfera intrigante, expectante e incluso agobiante, destacando algunas estupendas escenas que obligan a contener el aliento como la persecución en el desierto, en especial cuando aparece el perro, o todas en las que el temible asesino se acerca a sus víctimas, escucha tras la puerta y utiliza sus extrañas artimañas.

Sin embargo, lo que estaba siendo una cinta impresionante cae en un receso inesperado e incomprensible. La muerte del protagonista no se nos muestra, los Coen prefieren pasar de un final clásico pero espectacular para mostrar el hallazgo del cadáver desde la perspectiva del sheriff. Para un servidor el resultado no es bueno, pues la resolución queda fría, distante, carente de fuerza. Por si fuera poco, a partir de aquí se enlazan numerosas escenas, falsos finales que, exceptuando la aparición del asesino en la casa de la mujer de Llewelyn, momento excelente cuyo resultado el espectador debe deducir, en vez de aportar algo alargan de forma confusa la historia, haciendo esperar una conclusión que nunca llega. Los monólogos del sheriff y el accidente de tráfico del asesino no parecen tener propósito alguno, son partes de la novela mal introducidas en la película.

El mismo personaje de Tommy Lee Jones, aunque su presencia sirve para aportar un tono filosófico, pues habla sobre el cambio de las sociedades y su presumible decadencia, queda algo descolgado en gran parte del relato. No consigo decidir si es un toque pretencioso que sobra o una gota de inteligencia y reflexión incluida para dar mayor profundidad al irremediable final catastrófico al que se dirige la aventura. Sea como sea, sus apariciones se mantienen en errático equilibrio entre lo innecesario y lo fascinante. No hay dudas sin embargo sobre el carácter de Woody Harrelson: es completamente prescindible.

Estos personajes son interpretados por un reparto donde hasta la intervención más insignificante es magnífica. Desde secundarios como el dependiente que se ve forzado a elegir cara o cruz ante el psicópata hasta el protagonista (Josh Brolin), pasando por caracteres menores pero importantes como su mujer (Kelly MacDonald), todos los actores están perfectos en sus funciones. La publicidad ha ensalzado la labor de Javier Bardem hasta límites casi inimaginables, vendiendo su actuación como algo antológico cuando, si bien se podría citar como el mejor de la cinta (provoca pavor con sus silencios y sus miradas), este mismo año ha habido interpretaciones muy superiores, como la increíble transformación de Cassey Affleck, injustamente olvidado (además de nominado como secundario cuando es principal) por la Academia.

Deseo de todo corazón darle más nota, porque me ha encantado, la realización es modélica y tiene momentos de sobresaliente, pero me temo que el conjunto padece una cojera severa. De todas formas, tiene la suficiente calidad y sobre todo originalidad como para ser recordada entre lo mejor de un año no que no ha sido impresionante.