El Criticón

Opinión de cine y música

Pozos de ambición

 

There Will Be Blood, 2007, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 158 min.
Director: Paul Thomas Anderson.
Escritores: Paul Thomas Anderson, Upton Sinclair (novela).
Actores: Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciarán Hinds, Dillon Freasier.
Música: Johnny Greenwood.

Valoración:
Lo mejor: Algunos momentos de buen cine y un buen reparto.
Lo peor: Duración excesiva, historia sin rumbo ni fuerza y un tramo final insípido y soporífero. Y sobre todo, la espantosa banda sonora.
Mejores momentos: Todo lo que rodea al accidente del hijo del protagonista: el suceso, las consecuencias y la difícil adaptación de la familia a la nueva situación.

Aunque no de forma generalizadamente entusiasta, Pozos de ambición ha sido bastante aclamada por críticos de todo el mundo y ha estado presente como favorita en los premios cinematográficos más conocidos. Los atractivos avances y la presencia de un siempre imponente Daniel Day-Lewis eran dos alicientes más para ir a ver la película con las expectativas muy altas, pero tras el visionado tardío (se me escapó en cines) me he llevado otra decepción en un año de obras sorprendentemente sobrevaloradas. Por supuesto no es más que mi opinión, pero esta temporada ha sido bastante floja en cuanto a cine de primer nivel, y las entregas de premios principales (Globos de Oro y Óscar) han ayudado a vender películas de mucho menos valor del que deberían tener las nominadas. Pozos de ambición, Expiación y Michael Clayton, vulgarmente hablando, no valen un pimiento.

Pozos de ambición forma parte de ese género de epopeyas centradas en la vida de un gran personaje, siguiendo sus aventuras a través de años e incluso décadas. Uno de los aspectos más comunes de este tipo de cine es que se suele dar mucha importancia a la época en que suceden los acontecimientos y a las amistades y enfrentamientos con otros personajes (American Gangster es un ejemplo reciente). Es precisamente ahí donde más me ha decepcionado esta cinta, pues se centra de manera excesiva en la figura principal y todo lo demás, bastante superficial ya de por sí, queda eclipsado. A pesar de la buena labor de Daniel Day-Lewis (no digna de ser recordada en los anales del cine, que se tiende mucho a sobrevalorar a este actor) el personaje principal no tiene tanto carisma como para sostener el relato, y lo único destacable de toda su historia es la relación con su hijo, pues el enfrentamiento con el joven cura es irregular y nada emocionante, los problemas laborales aburren y la presencia de sus amigos es completamente nula (por no decir que su supuesto hermano no aporta nada).

La narración es bastante irregular; tiene momentos en lo que sí podría hablar de buen cine (el pozo ardiendo da para escenas de calidad) pero se diluyen en un metraje demasiado abultado. Paul Thomas Anderson no sabe poner freno a escenas innecesariamente largas ni acierta a eliminar numerosos pasajes vacíos de contenido. En la última media hora (o más, como dura tanto y se hace tan larga no sabría decir) el ritmo decae hasta un nivel casi insoportable, y el final, una pelea caricaturesca y absurda, deja muy malas sensaciones.

De los aspectos técnicos tampoco puedo decir nada bueno más allá de la correcta labor de ambientación, donde destaca una fotografía que ofrece algunos planos hermosos. Pero la música merece más mi atención, por ser espantosa. Puedo jurar que en mi vida, incluso en el cine más malo que pueda recordar, jamás he llegado a ver un caso donde la banda sonora resultara tan ajena a las imágenes. Insistentes melodías en momentos donde claramente está fuera de lugar, estilo equivocado, notas demasiado estridentes y con nula compatibilidad con la historia… Esto no es error del compositor Johnny Greendwood, sino del director, que no ha sabido guiarle y elegir lo más adecuado.

Pozos de ambición es otra de las grandes decepciones de la temporada. Dos horas y media para contar una historia sin principio ni final, sin emoción e interés, y todo ello rodado de manera poco profesional.

3 Respuestas a “Pozos de ambición

  1. Emilio \ 27/03/2008 en 23:52

    Coincido contigo, sobre todo en la banda sonora, sin personalidad ninguna, seguramente trataba de sentir crueldad e incomodidad propia del protagonista. La película en sí, esta bien, en la línea de las películas que se valoran hoy en día. Pozos de Ambición al igual de la de los Coen, están sobrevaloradas, y están dirigidas a un público muy selecto. Me gustó más esta que No es País para viejos. Creo que el cine que nos viene va a ser a sí me temo.

  2. cesvi 04/04/2008 en 23:15

    La banda sonora ha sido un encargo muy arriesgado, y desde luego es totalmente diferente a la música para ambientar esa época. Pero me gusta, y en algunas secuencias hace sentir la atormentada vida interior del protagonista.

  3. Pingback:Los Oscar, poco cine y muchos intereses « El Criticón

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