El Criticón

Opinión de cine y música

Las mejores bandas sonoras originales del 2007

Aunque un poco tarde, aquí llega mi repaso a lo que ha dado de sí el año 2007 en el mundo de las bandas sonoras originales. Como en las ocasiones anteriores, expongo mis opiniones sobre las partituras que considero más relevantes de la temporada, sea por su calidad, importancia o incluso polémica, y por supuesto hablo no muy bien de las incomprensibles decisiones que se toman una y otra vez en los premios más importantes, los Oscar y los Globos de Oro.

A mi modo de ver, la ausencia de los compositores más populares en Hollywood se ha notado y los críticos de la Academia no han sabido muy bien qué hacer con las nominaciones. En esta temporada atípica había que indagar en películas menos conocidas para encontrar algunas pequeñas joyas, y como es de suponer no podían arriesgarse a nominar una obra completamente desconocida porque descolocarían a medios y público, y ya sabemos que son premios cuya objetividad está eclipsada casi por completo por la fuerza con que se agarran a la popularidad. Así pues, hemos tenido más o menos lo de siempre, desde bandas sonoras nominadas porque la película también lo está, como en el caso de la insulsa Michael Clayton de James Newton Howard (vergüenza debería darles poner ésta por encima de I Am Legend, muy bien tratada –quizá en exceso- por el resto de la crítica), a otras que llegan muy alto por su popularidad pero no merecen tanto revuelo (Rataotuille no es una gran composición, por más que la gente se empeñe en decirlo). Por cierto, nadie habla este año de Alberto Iglesias, porque ha pasado la moda (los críticos de los Oscar son así de lentos) y sobre todo porque ha quedado empequeñecido por el español del año, Javier Bardem. Su aportación, tan profesional como siempre, no es extraordinaria y bajo mi criterio su presencia en los Oscar es tan exagerada como la Newton Howard o Giacchino.

La elección final, la que se alzaría con el Oscar, no podía estar más cantada, porque por muy buena que fuera 3:10 to Yuma (Marco Beltrami), Expiación era la película del año para todos los medios, y aunque sorprendieran dándole los premios de director y película a No es país para viejos, esta no tenía música y quedaban dos opciones: el oscar de apoyo o el Oscar más claro, y se dio el caso de que coincidían, porque al quedarse Expiación sin premios gordos era evidente que le iban a dar otros de consolación. Así pues, el ya imprescindible Dario Marianelli se alzó con un premio bastante meritorio (yo se lo hubiera dado a Beltrami, no claramente superior pero sí más interesante y original) pero algo (no tanto como otros años) injusto, porque, ¿dónde demonios se dejaron la maravillosa Eastern Promises (Howard Shore) y otras del calibre de Zodiac (David Shire) o la desconocida Angel de (Philippe Rombi)?

En lo que respecta a los Globos de Oro el tema ha estado más extraño de lo habitual. Sorprende la inclusión de Clint Eastwood, que momentáneamente ha dejado de realizar aburridas bandas sonoras para sí mismo y ha compuesto una obra bastante madura que merece una oportunidad, aunque incluirla en las nominaciones por encima de tantas obras de mayor calidad es excesivo. Otra elección asombrosa es la de Michael Brook, quien se encargó de la sección de canciones de Into the Wild. Su labor podrá ser buena o mala (sin haberla escuchado a fondo, tiene buena pinta), pero es una nominación que nadie esperaba, salida de la nada. Como era de esperar, a la hora de entregar el galardón también se volcaron con la película que más repercusión tuvo, Expiación, dejando a Howard Shore sin un más que merecido galardón, aunque al menos estuvo nominado.

Entrando ya en mi lista personal de lo más destacable del año, en un principio esta temporada no me pareció nada espectacular, pero dejando reposar las obras más llamativas e indagando con un poco de paciencia y buena vista he de decir que mi opinión se ha vuelto mucho más favorable. Tenemos mucha variedad en estilos, compositores de gran calidad pero de fama menor, otros que poco a poco van demostrando que valen mucho y alguna nueva promesa. El veterano Howard Shore, músico que no ha sido famoso hasta El Señor de los Anillos, nos deleita con Eastern Promises. Nos llega Medal of Honor: Airborne de la mano de Michael Giacchino, siendo otra espléndida aportación al mundo de los videojuegos. Marco Beltrami ofrece la espectacular 3:10 to Yuma, su primera obra con gran repercusión. Philippe Rombi, autor que parece seguir los pasos de Alexandre Desplat, se da a conocer con la clasicista Angel. El desconocido David Shire nos trae la tenebrosa Zodiac. En el mundo de la televisión encontramos Doctor Who: Series 3, excelente partitura de Murray Gold. Y el ya consagrado Dario Marianelli nos regala Atonement, si bien me parece que ha sido sobrevalorada en exceso, quiza por culpa de la popularidad de la película.

¿La mejor del año? Tendría que elegir entre Eastern Promises de Howard Shore y 3:10 to Yuma de Marco Beltrami, y me decantaría por la primera, aunque las dos son magníficas y se complementan muy bien. Una es una muestra perfecta de cómo hacer una banda sonora de acción que no cae en el ruido y los rellenos electrónicos, sino que es sumamente expresiva y rebosa de temas espléndidos, además de ser una fantástica aproximación a un género muy gastado, el western, y la otra es un ejemplo modélico de lo que debe ser una composición puesta a las órdenes de las imágenes, una partitura sublime tanto como apoyo en el retrato de los protagonistas como en la propia escenificación. En el tercer puesto, a modo de homenaje, incluyo Medal of Honor: Airborne, de Michael Giacchino. Es un videojuego sí, pero sigue siendo una banda sonora original, que es de lo que va esto. Y es exquisita.

En el lado malo, dos trabajos que han resultado sorprendentemente interesantes por estilo y calidad misteriosa y desgraciadamente no han sido editados aún en disco: Sunshine, de John Murphy, y la impresionante Spider-Man 3 de Christopher Young. Se esperan con impaciencia.

Por cierto, cabe destacar un campo que en los últimos tiempos se está volviendo más que interesante: las reediciones. En esta ocasión hay piezas que se pueden considerar más jugosas que muchas de las nuevas composiciones, como las grabaciones completas de The Return of the King (El retorno del Rey, Howard Shore, 2003), y las excelentes reediciones y ediciones ampliadas de Mysterious Island (Bernard Herrmann, 1984), The Wind and the Lion (El viento y el león, Jerry Goldsmith, 1975), Around the World in 80 Days (La vuelta al mundo en 80 días, Victor Young, 1956) y Alien (Jerry Goldsmith, 1979).

El 2008 no puede presentarse mejor: James Horner vuelve a lo grande con la magnífica The Spiderwick Chronicles, machacada injustamente por sus detractores (como es habitual) a pesar de estar al nivel de sus mejores obras, y pronto tendremos el regreso Indiana Jones con el excelentísimo John Williams. Y es sólo el comienzo, porque luego llegará Star Trek XI de Giacchino, Hellboy II de Elfman (lástima que no siga Beltrami, pero bueno), The Happening (la última de Shyamalan, de nuevo con Newton Howard)…

Y eso es todo hasta la recapitulación del próximo año, queridos lectores.

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