El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: mayo 2008

Fallece Sydney Pollack

El 26 de mayo, a los 73 años de edad, falleció el director, productor y actor Sydney Pollack. Nacido en Indiana, EE.UU. en 1934, un cáncer se ha llevado a este autor no muy prolífico pero sí bastante aclamado. Algunas obras muy recordadas llevan su nombre: Jeremiah Johnson, Memorias de África, Tal como éramos, Tootsie, Yakuza, La tapadera… También participaba de vez en cuando como actor, siendo los casos más recientes los de Michael Clayton o su aparición como él mismo en la serie El séquito (Entourage).

Hace poco, en marzo, nos dejó otro director de gran calibre, Anthony Minghella, y recientemente han fallecido también actores más o menos conocidos como Charlton Heston, Heath Ledger o Richard Widmark.

Por cierto, me molesta bastante que cada vez que muere algún artista lo primero que se haga sea mencionar sus Oscar, como si eso significara que era más bueno o importante que otros. Lo verdaderamente importante es su legado cinematográfico y la huella que ha dejado en nosotos. Me resulta insultante que utilicen esos malditos premios como valoración objetiva.

Indiana Jones y el templo maldito

Indiana Jones and the Temple of Doom, 1984, EE.UU.
Género: Aventura, acción, fantasía.
Duración: 118 min.
Director: Steven Spielberg.
Escritores: Willard Huyck, Gloria Katz, historia de George Lucas.
Actores: Harrison Ford, Kate Capshaw, Ke Huy Quan, Amrish Puri.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Diversión y acción a raudales. Cuando la cinta se lanza es una auténtica montaña rusa.
Lo peor: Peca de extremismos: escenas muy exageradas o más propias de videojuegos, humor cargante y repetitivo a cargo de la chica.
Mejores momentos: Las vagonetas, en especial el final con el agua, y la escena del puente colgante.
El idioma: No sé si será cosa del doblaje, pero todos hablan un perfecto inglés, hasta los niños rescatados.

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En 1984 llegó la segunda parte de las aventuras de Indiana Jones, que en realidad es precuela, pues nos traslada a un año antes de los acontecimientos que suceden en En busca del arca perdida. Este es el capítulo menos conseguido, incluso teniendo en cuenta ya la cuarta película, aunque no por ello deja de ser una correcta cinta de aventuras. Quizá uno de los aspectos negativos más destacables sea el de la escasa relevancia y empaque que transmite. Tiene un prólogo demasiado largo, una especie de homenaje a James Bond bastante aburrido, y luego da bastantes vueltas hasta que por fin se incluye un claro hilo conductor. Al final se lanza, vaya si se lanza, pero hasta entonces la narración además de lenta ha sido difusa y poco llamativa. En las otras entregas la aventura y los enemigos tienen mayor presencia e importancia, con lo que no se da la sensación de que hay cierto metraje sin un rumbo claro.

Otro problema importante es la figura femenina, que resulta un personaje cargante en exceso. Quizá Spielberg buscó a propósito algo opuesto a Marion para no repetirse demasiado, pero se le fue la mano al hacerla centro constante de los chistes. A pesar de la más que buena interpretación de Kate Capshaw, los buenos momentos son pocos (la escena de ligoteo en las habitaciones del castillo) entre un griterío constante y una repetición cansina de los mismos toques de humor (¿hacía falta repetir el mismo chiste en cada plato de la cena?). El joven Tapón, encarnado de forma excelente por Ke Huy Quan (luego visto en Los Goonies) es un carácter mucho más acertado, pues además de su considerable gracia aporta mucho más a las escenas que la rubia tonta. Harrison Ford se mantiene en su línea, mostrando hábilmente la socarronería de su personaje.

A rasgos generales la película es más oscura, más cómica, más fantasiosa y, aunque ésta aparece muy condensada, también se podría decir que tiene más acción que la primera parte. Hay escenas muy tenebrosas, casi de auténtico terror, el humor está presente en todo momento, aunque en este caso como decía no es perfecto, y el tramo final, con las peleas en las minas y las vagonetas es, nunca mejor dicho, una auténtica montaña rusa. Sin embargo dichas escenas de acción pecan en algunos momentos de ser demasiado inverosímiles (el niño tumbando guardias armados de dos en dos, la nefasta puntería de los enemigos, ese momento ridículo en que Indy tumba a un guardia de un puñetazo y este vuela y luego se desliza por el suelo como si estuviéramos viendo dibujos animados) o parecen sacadas directamente de algún videojuego (la pelea sobre una cinta transportadora con el cilindro de aplastar rocas amenazando a los luchadores es bastante cutre).

Destacan por encima de casi todo lo demás los magníficos escenarios (tanto naturales como artificiales) y la de nuevo magistral banda sonora de John Williams, que ayudan a crear la atmósfera de terror y aventura y son indispensables en algunos momentos cumbre como la ceremonia o las escenas en las minas. Sin embargo cabe decir que los efectos especiales, quizá por la mayor dificultad de los mismos, se han quedado un poco anticuados: las pantallas de fondo y la cámara acelerada en las vagonetas son demasiado evidentes.

Divertida, original, muy bien realizada y con algunos grandes instantes, El templo maldito es un entretenimiento muy recomendable, pero es la única entrega que no merece el apelativo de película extraordinaria.

Ver también:
En busca del arca perdida.
Indiana Jones y la última cruzada.
Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.
John Williams – Indiana Jones y el templo maldito.

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal

Indiana Jones and the Kingdom of Crystal Skull, 2008, EE.UU.
Género: Aventura, acción, fantasía.
Duración: 124 min.
Director: Steven Spielberg.
Escritores: David Koepp, historia de George Lucas y Jeff Nathanson.
Actores: Harrison Ford, Karen Allen, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, Ray Winstone, John Hurt, Jim Broadbent.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Es Indiana Jones: ritmo trepidante, aventura fascinante, humor bien medido, personajes carismáticos, excelentes escenas de acción…
Lo peor: Que el espectador vaya con su película perfecta construida en su cabeza y no disfrute por tener unas expectativas demasiado altas. Que la trilogía está demasiado idealizada y los “fallos” que se le sacan a esta película no se le sacan a las anteriores, aunque sean exactamente los mismos.
Mejores momentos: La persecución y lucha sobre vehículos a través de la selva. El clímax final, intrigante, sobrecogedor y espectacular.
Un apunte anti-magufos: Las calaveras de cristal que inspiran esta historia fueron talladas en el siglo XIX (se cree que en Alemania), y todas las historias de poderes mágicos, mayas y alienígenas que giran a su alrededor no son más que invenciones de los fanáticos de lo paranormal. Más información en Magonia.

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Como decía en una crítica anterior (en concreto La jungla 4.0), cuando se recupera una saga cinematográfica que además de su valor artístico e importancia en la historia del cine está muy arraigada entre el público es harto complicado satisfacer a los espectadores, tanto a los nuevos como a los que crecieron con dicha saga. En el caso de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal se está viendo una tendencia que me resulta muy, muy, muy sorprendente: hay muchos seguidores de toda la vida que la critican duramente, que la fusilan sin miramientos por cosas estúpidas que además eran habituales en la trilogía original. Que si es muy exagerada, que si los malos no tienen puntería, que si las persecuciones son inverosímiles, que si tiene un trasfondo de fantasía… ¿Pero cómo pueden quejarse de esas cosas en esta película y a la vez alaban la trilogía, que tiene exactamente los mismos elementos? Sinceramente, es tan absurdo que no logro comprenderlo. Luego están los que van con la expectativas demasiado altas, con una obra maestra imaginada en su cabeza, y no son capaces de ver lo que tienen delante. Han pasado muchísimos años y las anteriores entregas están idealizadas, sobrevaloradas por nuestros corazones, y además el cine ha cambiado y nosotros hemos cambiado desde entonces. Quien no sea consciente de todo ello no podrá disfrutar la nueva película. La fórmula es la misma, los autores los mismos, los protagonistas los mismos, y el resultado el mismo. El reino de la calavera de cristal no es nada más y nada menos que otra entrega de las aventuras del reverenciado arqueólogo. Señores, quítense la venda de los ojos, que Indiana Jones ha vuelto.

Tras un prólogo impactante e intrigante pasamos a las pistas y revelaciones que ponen al héroe en camino. Amigos presentes y ausentes (emotivos homenajes a Sean Connery, que no quiso estar, y a Denholm Elliott, el simpático Marcus, actor que falleció en los noventa), arqueología con tintes fantásticos y místicos, conflicto social emergente (el nazismo se sustituye por el comunismo, cuya huella se siente constantemente en la historia y los personajes) y peligros constantes, desde enemigos implacables a naturaleza hostil, forman parte de una historia sencilla y con desarrollo lineal que repite más o menos el mismo esquema que sus predecesoras. Hay algún agujero de guión, sí (qué fácil es meter un llamativo grupo de comunistas en una de las instalaciones más secretas del gobierno estadounidense), pero de nuevo repito que tenemos las mismas virtudes y leves defectos que en las demás. Lo importante es que el gran sentido de la aventura y del asombro se mantiene en plena forma, el carisma de los protagonistas no se ha perdido, el humor continúa siendo muy bien tratado y la escenificación es ejemplar. Coreografías impresionantes, efectos especiales de primer nivel y exquisitas labores de fotografía y montaje allanan el camino para que Spielberg pueda ofrecer escenas de acción espectaculares donde prima la impecable planificación de las secuencias sobre la forma de rodar del cine de acción actual. Es decir, el director deja en ridículo a sagas como Piratas del caribe y La momia y otras producciones como King Kong (la nueva versión, el engendro de Peter Jackson) o la terriblemente fallida última entrega de El Señor de los Anillos (El retorno del rey, también de Jackson), cintas donde todo se reduce a muñecotes digitales, agitación de cámara y montaje caótico. Sólo podría quejarme de un par de fantasmadas, la de las lianas y la de la nevera (que es tan ridícula como innecesaria), pero por lo demás diría sin duda alguna que El reino de la calavera de cristal es superior a El templo maldito, que por cierto es igual o más exagerada que ésta.

Harrison Ford se mete de nuevo en la piel del intrépido arqueólogo, recuperando el rumbo que había perdido en los últimos años encadenando apariciones en títulos mediocres. La edad no es el problema que algunos temían, pues el guión cuida mucho esa parte (atención a los chistes al respecto) y el actor está en buena forma. Karen Allen hace lo mismo con Marion, Shia LaBeouf se desenvuelve muy bien en su papel (el chico apunta maneras), aunque el doblaje es mediocre, y la siempre espléndida y hermosa Cate Blanchett no puede lucirse mucho al tener un personaje muy serio y frío (no por ello menos interesante, ojo). El resto (John Hurt y Jim Broadbent) cumplen con profesionalidad en papeles menores pero lo suficientemente atractivos como para que su presencia se recuerde tras el visionado. La excepción es el carácter de Ray Winstone (el amigo de Indy, Mac), quien queda un tanto desdibujado. Nada grave, pero no está a la altura del resto y sus constantes cambios de lealtad terminan confundiendo y disipando el interés que pudiera despertar al principio de la función.

Es una lástima que una parte bastante numerosa del público no haya sabido apreciarla, porque El reino de la calavera de cristal es, como lo fueron sus predecesoras, una cinta modélica en el género de entretenimiento sin más pretensiones. Sin embargo, cabe recordar que tanto El templo maldito como La última cruzada en su momento también tuvieron malas críticas y sufrieron odiosas comparaciones entre sí. El tiempo las puso en el lugar que merecen, y espero que con ésta ocurra lo mismo. Tengo que añadir también un ya inútil deseo personal: ojalá el regreso de La guerra de las galaxias hubiera tenido esta calidad y hubiera conservado tan bien el espíritu de la saga original. ¿Para cuándo la quinta entrega, a ser posible basada en el argumento de aquella obra maestra de juego para ordenador que fue Indiana Jones and the Fate of Atlantis?

Ver también:
En busca del arca perdida.
Indiana Jones y el templo maldito.
Indiana Jones y la última cruzada.
John Williams – Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

En busca del arca perdida


Raiders of the Lost Ark, 1981, EE.UU.
Género: Aventura, acción, fantasía.
Duración: 115 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Lawrence Kasdan, historia de George Lucas y Philip Kaufman.
Actores: Harrison Ford, Karen Allen, Paul Freeman, Ronald Lacey, John Rhys-Davies, Denholm Elliott, Wolf Kahler, Alfred Molina.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Todo, en especial que el paso del tiempo no le hace el más mínimo daño.
Lo peor: Nada.
Mejores momentos: Difícil elección. El prólogo, porque resume muy bien el tono de la historia.
La frase: Es un transmisor, una radio para hablar con Dios.

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Podría buscar información variada y hacer un artículo extenso y completo, pues se pueden contar muchísimas cosas sobre una obra tan popular y aclamada como la trilogía de Indiana Jones, sobre su proceso creativo, su rodaje y su influencia en el cine, pero eso se lo dejo a revistas varias, y seguro que no es difícil encontrar buenos artículos en la red. Voy a ir al grano, a dar mi opinión.

Los viejos amigos Steven Spielberg y George Lucas unieron sus fuerzas por un interés común, el de revivir el género de aventuras clásicas que estuvo en vigor durante los años 30 y 40, y no pudieron hacerlo mejor, porque En busca del arca perdida resultó una película extraordinaria y además dio pie a otras dos entregas que, por supuesto gracias a su también gran nivel de calidad, ayudaron a crear un mito cinematográfico y una de las sagas más memorables que ha dado el séptimo arte. La cuarta parte se gestó muchísimo más tarde y no ha llegado hasta el presente año, por supuesto envuelta en una expectación inconmensurable.

En busca del arca perdida es uno de los mejores ejemplos de lo que debe ser una cinta comercial que no deja de lado la calidad tanto en la narración como en el envoltorio. No sólo resulta espectacular, sino que es fascinante incluso tras casi treinta años de su estreno, y todo gracias a un guion muy cuidado e inspirado, una puesta en escena exquisita y una serie de elementos que estuvieron justo al nivel necesario: la música, los actores, la fotografía, el vestuario, las localizaciones…

Empecemos por el libreto de Lawrence Kasdan, un autor bastante aclamado a pesar de sus escasas obras (Elegidos para la gloria, El fuera de la ley…). En él se conjugan a la mil maravillas un sentido modélico de la aventura (misterio, misticismo, lugares exóticos, enemigos inquietantes…), humor (bastante original, a veces cínico, y siempre puesto en el momento donde resulta más eficaz y sorprendente), y algunos de los personajes más carismáticos que se puedan recordar. Por supuesto destaca el arqueólogo Indiana Jones (Harrison Ford), que recuerda a Han Solo, y no sólo por el actor, sino por su desparpajo, aunque en este caso estamos ante un individuo menos egoísta, que lucha por causas justas y no por enriquecimiento personal. Sin embargo es ineludible citar la sorprendente personalidad de Marion (Karen Allen) una chica muy audaz y resuelta. Fue muy inteligente y valiente derruir con ella los tópicos de la heroína débil que debe ser salvada por el héroe, acertándose de lleno al mostrar una mujer fuerte e independiente. Le dio a la cinta no sólo más originalidad y carisma, sino que es sin duda uno de los elementos que más juegan a su favor en la re-evaluación que provoca el paso de los años. Tenemos también amigos afables y divertidos (Sallah, en manos de John Rhys-Davies), enemigos temibles (los nazis, en especial el interpretado por Ronald Lacey, el tipo misterioso que se quema con el medallón) y por supuesto la némesis del arqueólogo, con Belloq (Paul Freeman), cuya ambición y curiosidad le llevan a alinearse en cualquier bando. Por cierto, de forma semejante a como ocurrió en La guerra de las galaxias, salvo Harrison Ford el resto de actores nunca ha conseguido forjarse una carrera realmente destacable.

Spielberg no desaprovecha la atractiva historia que tiene entre manos y ofrece un espectáculo sólo comparable al conseguido por él mismo en las continuaciones. Su calidad como director ofrece una cinta ejemplar en escenificación y ritmo, pero también aporta un toque extra de genialidad al deleitarnos con planos brillantes por doquier. Destacan los juegos de sombras y luces (atención a la forma de presentar a Indiana en el prólogo, o su entrada en el bar de Marion) y los clímax de acción (con escenas que incluso hoy día son impresionantes) y misterio (efectos especiales muy bien empleados en instantes sobrecogedores). El realizador se apoya con sabiduría en una gran fotografía de Douglas Slocombe, que saca gran partido del exotismo de los paisajes, y cómo no en la increíble música, donde el maestro John Williams elaboró una de las bandas sonoras que más han calado en la memoria del espectador. El tema de Indiana, con sus impactantes notas heroicas, y la facilidad del compositor para dotar a las escenas de pura magia fueron imprescindibles para encumbrar a En busca del arca perdida como un clásico del género de aventuras, como una lección magistral de cine.

Buscando a Nemo

 

Finding Nemo, 2003, EE.UU.
Género: Animación, drama, comedia.
Duración: 100 min.
Directores: Andrew Stanton, Lee Unkrich.
Escritores: Andrew Stanton, Bob Peterson, David Reynolds.
Actores: Albert Brooks, Ellen DeGeneres, Alexander Gould, Willem Dafoe, Brad Garrett, Allison Janney, Austin Pendleton, Stephen Root, Vicki Lewis, Joe Ranft, Geoffrey Rush, Andrew Stanton, Elizabeth Perkins, Bob Peterson.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Guión, animación, imaginación sin límites, personajes adorables, música… Todo.
Lo peor: Nada, excepto que por ser animación se menosprecia y no se le otorga los méritos que merece.
Mejores momentos: Tantos que me es imposible elegir: el prólogo, las medusas, las gaviotas, el relato del viaje de Martin circulando de boca en boca, la escena final…
La frase: Mío, mío.

Otra maravilla más de la factoría Pixar, otro derroche insólito de imaginación al que se ha dado forma a través de un guión impecable y una animación exquisita. Lástima que al ser del género de animación y más concretamente apta para todos los públicos sólo se considere una cinta familiar, un entretenimiento sin más valor que mantener a los críos ocupados un par de horas. Pues no señores, esto es cine con mayúsculas, como también lo fueron Toy Story 1 y 2, Bichos o Monstruos S.A.. De hecho, estas obras están a años luz del resto del cine actual en cuanto a originalidad y riesgo artístico, y respecto a guiones pocas las igualan o superan. En concreto hubiera podido afirmar que Buscando a Nemo fue la mejor película del 2003 si no fuera por la presencia de otras grandes obras como Mystic River o Master and Commander.

Buscando a Nemo narra la epopeya de un padre en busca de su hijo desaparecido. El viaje resulta una aventura fascinante donde los personajes crecen y aprenden en cada nueva situación mientras deleitan al espectador con sus emotivas, espectaculares y divertidas historias. Como es habitual en Pixar asistimos a un desfile asombroso de protagonistas carismáticos y situaciones encantadoras o impactantes. Los autores del libreto (Andrew Stanton, Bob Peterson y David Reynolds) son auténticos genios de la descripción de personajes y la narrativa ágil y dinámica donde tiene cabida todo lo que sus mentes sean capaces de concebir. El resultado es un guión memorable y delicioso.

De la animación tampoco puedo escribir otra cosa que halagos. La calidad de las texturas, los avances tecnológicos aplicados con tanta sabiduría, la belleza de las imágenes, los diseños de las criaturas protagonistas (donde juega un papel crucial la expresividad)… En concreto las imágenes del agua son increíbles, fue la primera vez que se alcanzó un realismo total con este elemento. Otro aspecto que ayuda a alcanzar el nivel de excelencia que ofrece esta obra de arte es la música, donde a pesar de repetir los mismos esquemas de siempre Thomas Newman consigue sacarnos sonrisas y lágrimas a partes iguales (especialmente destacable es el momentazo en la red de los pescadores). Es ineludible agradecer también el gran trabajo de los dobladores españoles, que acertaron de lleno en todas las voces, en especial en casos tan complicados como los niños y la alocada Doris (en inglés Ellen DeGeneres, en castellano una espléndida Anabel Alonso).

Drama, comedia y acción pasan ante nuestros ojos a toda velocidad a través de un hermoso relato que versa sobre el sacrificio, la valentía, la amistad, la familia, los peligros y también la belleza del mundo que nos rodea… Las secuencias inolvidables son tan numerosas que no me queda otra opción que decir lo evidente: la película es perfecta de principio a fin. Como indicaba al principio, el cine es cine y la calidad es calidad sin importar el género y el público al que está destinado.

Very Bad Things


Very Bad Things, 1998, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Peter Berg.
Guión: Peter Berg.
Actores: Jon Favreau, Leland Orser, Cameron Diaz, Christian Slater, Jeremy Piven, Daniel Stern, Jeanne Tripplehorn.
Música: Stewart Copeland.

Valoración:
Lo mejor: El sentido del humor gamberro y bestia sin límites, la puesta en escena, muy adecuada a las circunstancias, y un reparto muy correcto.
Lo peor: Al ser una cinta tan extraña, gran parte del público no la acepta o entiende.
Mejores momentos: Todos los asesinatos, por supuesto, y la delirante escena final.

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Un grupo de amigos realiza un viaje de despedida de soltero a Las Vegas. En la fiesta el desenfreno predomina, las drogas circulan y las conversaciones fluyen hasta que en un accidente la prostituta muere. Aterrorizados ante las posibilidades de ir a la cárcel y de que se sepa lo que estaban haciendo deciden descuartizarla y enterrarla en el desierto. No es más que el comienzo de una aventura que irá acumulando cadáveres y enfrentando a los otrora amigos, amenazando además con destruir la perfecta boda que sueña la novia.

Very Bad Things es una cinta incomprendida, una de esas obras tan extrañas que pocos son capaces de apreciar en su totalidad y menos aún tienen la decencia de admitir algunas de sus muchas virtudes por encima del rechazo que les provoca tan arriesgada propuesta. Es una comedia negra, gamberra, gore y algo surrealista con un sentido del humor tan peculiar como efectivo. Sus personajes son fácilmente identificables, están muy bien ubicados en la narración y cada uno posee una característica propia en su personalidad que lo hace más interesante y divertido. Pero lo mejor es que, obviamente dentro del tono fantasioso del relato, las evoluciones y transiciones de los protagonistas están muy bien trazadas, siempre acordes con su forma de ser. Las muertes truculentas, los diálogos absurdos (atención a los monólogos del personaje de Christian Slater, o a los ataques de pánico del encarnado por Daniel Stern), el ritmo sin descanso y el humor delirante e inagotable conforman una producción sorprendente e impactante que no dejará impasible a ningún espectador: provoca absoluto rechazo o admiración eterna.

El guión y la dirección corren a cargo de Peter Berg, un actor, escritor y director bastante irregular (hace poco me aburrí con Friday Night Lights y La sombra del reino) que firma aquí la que para mí es su única obra realmente destacable. Sus manías de mover la cámara y de añadir filigranas varias sirven por una vez muy bien a la narración, otorgándole un tono irrealista, agobiante o cómico según la situación lo requiera. Un montaje excelente ayuda aún más a darle muy buena forma a la función.

El reparto está compuesto por actores secundarios de nombres poco conocidos pero cuyos rostros se han visto muchas veces, aunque también encontramos alguna estrella menor. Jeremy Piven (para un servidor su papel en la serie Entourage –El séquito- es uno de los más grandes de la historia), Jon Favreau (que ahora les sonará por ser el director de Iron Man), Leland Orser (visto en recientemente en la serie Urgencias), Daniel Stern (el más desconocido de todos) y Christian Slater (el más famoso y a la vez el menos interesante) forman el grupo de amigos, y los papeles femeninos recaen en dos actrices muy distintas: la siempre efectiva Jeanne Tripplehorn (Mystic River) y la irregular Cameron Diaz, que aquí aporta bastante bien el tono de novia desquiciada. El conjunto ofrece un reparto compacto, sólido, donde todos dan rienda suelta a sus venas más histriónicas en la confección de caracteres al borde de la locura.

Very Bad Thing es una de las comedias con las que más me he reído en mi vida, y debo decir que no pierde nada de fuerza con los sucesivos visionados. Es una película única y fascinante pero injustamente olvidada e incluso despreciada.

Gangs of New York

Gangs of New York, 2002, EE.UU.
Género: Drama, crimen, histórica.
Duración: 167 min.
Director: Martin Scorsese.
Escritores: Jay Cocks, Steven Zaillian, Kenneth Lonergan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis, Cameron Diaz, Brendan Gleeson, John C. Reilly, Jim Broadbent, Liam Neeson, Henry Thomas.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Impresionantes labores de dirección, fotografía, escenarios, vestuario…
Lo peor: Los personajes son insípidos y sus vidas no interesan lo más mínimo.
Mejores momentos: Algunos planos espectaculares que muestran las calles atestadas de gente y los escenarios construidos de forma tan realista.

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Cada nueva obra de Martin Scorsese se recibe con gran expectación y lo cierto es que nunca le va mal en las críticas, pero para quien esto escribe es un autor muy sobrevalorado y la mayoría de películas suyas que he visto son aclamadas muy por encima de la que desde mi punto de vista es su calidad real (hay excepciones, como la excelente Infiltrados). Además, este director tiene un problema que debe solventar o no conseguirá nunca una obra maestra: es un perfecto realizador, pero en muchos casos es un mediocre narrador. Gangs of New York es el mejor ejemplo de lo que digo, pues su puesta en escena es fastuosa, impresionante, pero la historia y los personajes que la viven en ningún momento llegan a interesar lo más mínimo, con lo que a pesar de ser visualmente fascinante aburre considerablemente.

Scorsese pretende narrar en Gangs of New York los difíciles años del nacimiento de New York como metrópolis rebosante de diversidad cultural, y lo consigue, pero a costa de sacrificar la importancia de los protagonistas que supuestamente llevan la historia. Y es que olvida que una película ha de tener un grupo de caracteres como hilo conductor y una aventura donde les ocurran cosas dignas de contarse, por lo que el relato está deslavazado, disperso, a medio camino entre el documental y el drama sin conseguir decantarse por uno u otro. Sí, hay grandes escenas aquí y allá, el trasfondo social y político es atractivo y todo se muestra a través de una envoltura exquisita, pero en su abultadísima duración la cinta apenas consigue captar la atención por culpa de unos caracteres insulsos cuyas vidas, cuyos enfrentamientos, ligues y amistades no ofrecen nada que merezca la pena recordar.

Para empeorar el pobre interés que despiertan los protagonistas tenemos actores inadecuados a sus roles: DiCaprio no había entrado todavía en su buena racha (iniciada precisamente en sus siguientes intervenciones, en Atrápame si puedes y El aviador), Cameron Diaz da pena verla a pesar de su belleza y Daniel Day-Lewis rebosa histrionismo y muecas caricaturescas. Algunos secundarios como Brendan Gleeson, Gary Lewis o Liam Neeson (curiosamente empecinado en hacer de maestro que muere rápidamente) resultan mucho más atractivos.

En la realización no hay quejas y sí numerosos adjetivos de admiración, pues la producción fue mastodóntica y Scorsese le sacó buen rendimiento. Como decía más arriba, todo es más que impecable, es sencillamente increíble, desde la escenificación, con una dirección artística encomiable y unos decorados grandiosos y detallados con sumo cuidado, hasta la labor tras las cámaras, con una fotografía excelente, un montaje muy correcto y un Scorsese que siempre sabe dónde poner el objetivo y cómo realizar las secuencias de la mejor forma posible. Lástima que todo se quedase en una fachada, muy preciosista y virtuosa pero vacía.