El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: noviembre 2008

Red de mentiras

 

Body of Lies, 2008, EE.UU.
Género: Thriller, acción, drama.
Duración: 128 min.
Director: Ridley Scott.
Escritores: William Monahan, David Ignatius (novela).
Actores: Leonardo DiCaprio, Russell Crowe, Mark Strong, Golshifteh Farahani, Oscar Isaac, Ali Suliman, Simon McBurney, Vince Colosino, Alon Abutbul.
Música: Marc Streitenfeld.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto.
Lo peor: Falta de garra en la historia y los personajes, tiene poca acción y es algo lenta. En pocas palabras, sabe a poco, y más viniendo de autores de gran calibre (Monahan, Scott).
Mejores momentos: Hoffman (Crowe) dirigiendo el mundo desde su hogar mientras cuida de sus hijos. La cena en casa de la novia de Ferris (DiCaprio).
La pregunta: ¿Por qué Russell Crowe en casi todas las películas en las que participa se somete a un notable cambio de imagen, algo que no se suele ver en ningún otro actor salvo que el personaje presente alguna deformidad o rasgo característico?

Cuando llega la nueva producción de un director aclamado como uno de los grandes de la industria tanto críticos como público (sobre todos los primeros) se aferran a la idea de que serán recompensados con una película de primer nivel y afilan sus garras para ser más duros con el análisis de dicha obra de lo que en circunstancias normales serían. Así, cuando se encuentran con que no se acerca a un nivel de sobresaliente claman al cielo y la cinta sale muy mal parada, normalmente más de lo que merece. En esa posición se encuentra Red de mentiras, que llegó como favorita a ser una de las grandes del año y cuando se vio resultó que no era nada más que una cinta de acción/drama no muy destacable, con lo que la recepción de la crítica fue muy fría, mucho más de lo que a mi juicio una cinta de este calibre merece (y mucho más de lo que otras semejantes reciben), mientras que en taquilla le ha ido tan mal que seguramente se considere uno de los grandes fracasos del año. Sinceramente, Red de mentiras, aún siendo un filme menor, es una lección de cine comparada con las tonterías que llegan a los Oscar estos últimos años (Pozos de ambición, Juno, Expiación, Michael Clayton, Babel, Cartas desde Iwo Jima… y porque me obligo a parar…).

Viendo los avances y conociendo el tema que trata esperaba algo mucho más ambicioso y arriesgado. Al final la crítica al sistema político mundial es tan superficial como lo fue en Diamante de sangre, otra que prometía mucho más de lo que dio. La trama se presenta diluida, como si no fuera capaz de centrarse y contar algo realmente tangible, y en consecuencia la proyección se hace ligeramente larga. A pesar de lo buenos intérpretes (¿cómo lo hace Russell Crowe para estar siempre perfecto y, lo más difícil aún, ofrecer siempre un papel completamente distinto?) los personajes no presentan un dibujo muy llamativo y cabe destacar que el carácter de DiCaprio es demasiado parecido al protagonista de la recién citada Diamante de sangre. Sin embargo estos resultan mínimamente interesantes y, lo más importante, las relaciones entre ellos están bien trabajadas, con enfrentamientos (muy buenos tiras y aflojas, riñas políticas, conflictos de intereses, etc.) bien desarrollados a lo largo de la narración. Destacaría también la trama amorosa entre el personaje de DiCaprio y la enfermera, bien introducida, desarrollada sin entorpecer el resto de las historias y con algunos momentos que destacan considerablemente, como la cena en la que también se encuentra la hermana de la chica, donde se tratan los conflictos raciales y sociales entre los países fruto de guerras y odios.

Red de mentiras se queda a las puertas de ser una buena película, pero siendo justos es un thriller de acción y drama más que digno. Su puesta en escena denota profesionalidad, y eso que parece más propia de Tony Scott que de Ridley, la historia, aunque no es de altos vuelos, resulta más atractiva de lo que suele verse en el género, y el reparto es de primer nivel. Quizá cebarse con ella por no ser una maravilla sea injusto y verla como una película de acción sin muchas pretensiones pero bien realizada le haga mucho bien.

Expediente X: Quiero creer

 

X-Files: I Want to Believe , 2008, EE.UU.
Género: Thriller, misterio.
Duración: 104 min.
Director: Chris Carter.
Escritores: Chris Carter, Frank Spotnitz.
Actores: David Duchovny, Gillian Anderson, Amanda Peet, Billy Connoly.
Música: Mark Snow.

Valoración:
Lo mejor: La fotografía, las sensaciones que en un fan despierta el ver de nuevo a tan apreciados personajes.
Lo peor: La historia, demasiado simple y monótona incluso para un capítulo de nivel bajo. No es más que un telefilme vendido gracias al éxito de la serie.
El título: Me niego a emplear el inventado por los traductores (X-Files: Creer es la clave). Primero, la mitad en inglés y la mitad en castellano; segundo, lo que está en nuestro idioma no es nada fiel al original y al espíritu de la serie. Enésima traducción ridícula que se ve los títulos de películas. ¿Cómo es posible que estas cagadas pasen cualquier filtro?

* * * * * * * * *

A parte de sacar tajada aprovechando el éxito de la serie no se me ocurre otra razón que justifique la realización de un capítulo más de una saga que acabó hace muchos años, y que por si fuera poco lo hizo agonizando durante varias temporadas también innecesarias. Otra pregunta que me hago es por qué no fueron más ambiciosos. Vais a hacer un largometraje para el cine, hacedlo a lo grande, demonios. ¿Por qué eligieron una historia tan simple y con tan poca garra? ¿O es que no fueron capaces de hacer nada mejor? Quiero creer no es más que un episodio del montón, de los flojos, de los que aportan más bien poco y se olvidan rápido.

De la historia no hay nada que destacar. Es un mediocre thriller sobre asesinos en serie con toques fantásticos (¿no había nada más atractivo y original que memeces de videntes?) cuyo desarrollo es lento, demasiado lento, y no alberga sorpresas, sino todo lo contrario, resulta bastante monótono y previsible. Las dos líneas narrativas del relato no parecen tener conexión entre sí y su convergencia, si es que se puede denominar así, es prácticamente ridícula (la revelación que salvará al protagonista vista en el buzón de correos produce vergüenza ajena…). Por si no fuera suficiente el que la trama detectivesca no consiga despuntar, las aburridas aventuras de Scully en el hospital no hacen más que desviar la atención con una historia anodina y cuyos toques religiosos en ocasiones resultan enervantes.

La solidez de los dos protagonistas es un punto a favor de la cinta, pero terminan siendo mucho más interesantes que sus aventuras. Es decir, que vemos dos buenos personajes deambular sin rumbo, y es una pena. De los actores indicar que están tan bien metidos en sus papeles como siempre, sobre todo si como me ocurre a mí te has acostumbrado al fantástico retrato de padre y escritor fracasado y juerguista sexual que construye David Duchovny en la divertidísima serie Californication. El notable cambio de registro muestra muy bien las cualidades interpretativas del actor. El punto negativo está en la presencia de Amanda Peet, tan expresiva como un tubérculo, que era un lastre en Studio 60 y lo es allá donde me la vuelvo a encontrar.

El tono de telefilme del guión se suple ligeramente con una realización (de Chris Carter, el padre de la serie) bastante interesante donde destaca una gran labor de fotografía que exprime con sabiduría los hermosos paisajes helados, pero al final lo único que deja cierta impronta, y esto sólo ocurre si eres fan, es ver de nuevo a nuestros queridos personajes y disfrutar de unos cuantos buenos guiños a la serie. En pocas palabras, se deja ver, pero también es tiempo perdido que podría emplearse en algo mejor, como volver a ver los muchos buenos episodios que dio la serie.

Las Crónicas de Narnia: el Príncipe Caspian

The Chronicles of Narnia: Prince Caspian , 2008, EE.UU.
Género: Aventura, fantasía.
Duración: 144 min.
Director: Andrew Adamson.
Escritores: Andrew Adamson, Christopher Markus, Stephen McFeely, C. S. Lewis (novela)
Actores: Ban Barnes, Georgie Henley, Skandar Heynes, Williams Moseley, Anna Popplewell, Sergio Castellitto, Peter Dinklage, Warwick Davis.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual: efectos especiales, vestuario, decorados, entornos naturales, fotografía e incluso dirección.
Lo peor: El guión es una infumable sucesión de escenas absurdas y paridas ridículas sobre el destino con un tufo religioso que espanta.
Mejores momentos: Escenas de castillos y ejércitos que hay por aquí y por allá.
La frase: Zzzzzz. (Espectador anónimo).

Las Crónicas de Narnia: el León, la Bruja y el Armario me sorprendió por su belleza y sencillez, por ser una película de aventuras para toda la familia bien rodada y muy entretenida, una de las pocas obras dignas en el género tras la moda impuesta por El Señor de los Anillos. Su calidad, sin ser extraordinaria, superaba a varios capítulos de la saga de Peter Jackson (y tengo que decir que, a pesar de su sencillez, o quizás gracias a ella, Andrew Adamson ofrece una dirección superior a la de Jackson, sobre todo porque es regular, no inestable como la del neocelandés, que de una gran escena pasaba a un despropósito) y sobre todo a las aburridas dos primeras partes de Harry Potter. No esperaba que la segunda entrega la sobrepasara, pero menos aún preveía que el salto cualitativo iba a ser tan enorme y en sentido opuesto: Las Crónicas de Narnia: el Príncipe Caspian es un relato de aventuras tan malogrado que resulta ridículo, tanto que la pondría sin ruborizarme a la altura de engendros del calibre de Eragon.

No hay pegas en lo visual. De nuevo la empresa de efectos especiales, decorados y vestuario (WETA) se supera y ofrece una serie de imágenes tan realistas y hermosas que la sensación de decepción que deja la película se agrava, pues hace que me pregunte cómo pudo salir algo tan malo y aburrido con un envoltorio tan fascinante. Todo lo que llega a nuestras retinas es perfecto e impresionante hasta límites indescriptibles, pero estas imágenes sustentan un guión que parece no existir y cuando aparece tímidamente provoca vergüenza ajena.

No he leído las novelas, pero me voy a atrever a echarle parte de culpa del desastroso resultado al libro correspondiente y parte al guión adaptado por Christopher Markus, Stephen McFeely y por el también director Andrew Adamson. Entre lo previsible de la historia, los desdibujados y vacíos personajes, las acciones sin sentido y las gilipolleces religiosas la cinta resulta un conglomerado inestable de situaciones inconexas y a la postre cansinas. El aburrimiento hace mella desde los primeros minutos de proyección, y por si fuera poco la tortura se alarga hasta unas indefendibles dos horas y media. Cabe decir también que la obra es muchísimo más infantil que la primera parte, yéndose por las ramas con memeces insoportables un número elevadísimo de veces. Pero el principal lastre es su tono mesiánico, su obtuso mensaje religioso cristiano y la obcecación del autor con el destino: los personajes no piensan ni deciden por sí mismos, los pueblos no actúan, sino que se dejan llevar por las creencias y la fe en que todo saldrá bien porque sí; en consecuencia todo se resuelve esperando el golpe mágico que arreglará la situación, todas las escenas de tensión se solucionan con un toque del destino y todos los personajes (todos inaguantablemente estúpidos) se salvan sin mover un dedo por intervención divina. Una lástima que la adaptación no supiera pulir ese tono tan pasivo e infantil y ofreciera algo más lógico y creíble, una historia que se desarrollara con sentido y no por casualidades mágicas que no hay por dónde coger.

Para colmar mi desesperación ante tamaño despropósito está la inexplicable presencia de ese León/Dios caprichoso que permite guerras y aparece cuando le da la gana. Se lo pasa bomba viendo morir gente. Ah, y lo de resucitar a los protagonistas y sus coleguillas mientras hay gente muerta a mansalva… lecciones morales ridículas. Pero bueno, la religión es un sinsentido, una lacra moral, social e intelectual, así que no se puede esperar mucho de semejante panfleto.

Para terminar, indicar que la música de Harry Gregson-Williams, uno de los autores actuales más prometedores (si no acaba absorbido por la industria Zimmer), sabe a poco, pues repite mucho las líneas de la primera parte y aporta poco (por no decir nada), y que del reparto de niños protagonistas las chicas están bastante bien y los chicos dan lástima, mientras que los secundarios, todos prácticamente desconocidos (y muchos sin rostro), cumplen sobradamente en personajes que son clichés andantes.

Crónicas de mutantes

 

The Mutan Chronicles, 2008, EE.UU.
Género: Acción, Ciencia-ficción, fantasía.
Duración: 111 min.
Director: Simon Hunter.
Escritor: Philip Eisner.
Actores: Thomas Jane, Ron Perlman, Devon Aoki, John Malkovich.
Música: Richard Wells.

Valoración:
Lo mejor: Es una película para reírse de lo mala que es.
Lo peor: Es una abominación indescriptible.
La frase: No soy de tener fe, soy de joderlo todo.

The Mutant Chronicles (Crónicas de mutantes) fue un juego de rol alrededor del que surgió toda una gama de complementos y merchandising (miniaturas, juegos de cartas, videojuegos…) hasta que finalmente en 2008 nos obsequiaron con una película de bajo presupuesto que debido a su nula calidad deambuló penosamente en algunos cines yanquis hasta que decidieron sacarla directamente en DVD en el resto del mundo.

La cinta sobrepasa la categoría de serie B para entrar directamente en la del cine cutre, es decir, que es tan mala que resulta descojonante. Este tipo de cine tiene sus adeptos (famosa es la web Cinecutre.com, aunque recomiendo también el blog de un amigo, Anticultura.blogsome.com), y lo cierto es que como entretenimiento para una tarde con los colegas los filmes de este calibre son un auténtico festín de carcajadas, eso sí, si se sabe lo que se va a ver, porque no es lo mismo ponerse El increíble Hulk o Narnia 2 esperando algo pasable y encontrarse con un bodrio infumable que tener asumido que se va a ver algo tan penoso que podrías haberlo rodado tú mismo. Como es imposible describir esta obra de arte con palabras mundanas he optado por la verborrea gafapastil inundada de anglicismos absurdos que usan los críticos profesionales para aparentar conocimientos del cine y del lenguaje de los que sin duda carecen:

Alejada de cualquier corriente mainstream Mutant Chronicles ofrece un esperpéntico espectáculo retro-vanguardista-pulp, es decir, que es Ciencia-ficción post apocalíptica y pseudo-medieval con toques de fantasía de zombies y héroes, y por si fuera poco todo se rodea de una estética tan extravagante como el steampunk. El nulo presupuesto ofrece unos efectos especiales amateurs bastante divertidos (por decirlo suavemente), pero son suficientes para formar ese aspecto visual tan curioso que, si hubiera sido bien aprovechado en una película de verdad, podría haber resultado alucinante.

Sorprende el reparto, donde la presencia de nombres como John Malkovich o Ron Perlman me hace pensar en lo buenas que debían de estar las hermanas del director para que semejantes actores se rebajaran a rodar esto. Por cierto, aunque la dirección finalmente recayó en Simon Hunter, John Carpenter fue uno de los inicialmente previstos; aunque es más conocido, creo que lo habría hecho igual de mal. Y debo citar también al semi-desconocido protagonista, Thomas Jane (lo conocí en la estupenda La niebla), un carismático héroe de acción desaprovechado por Hollywood que aquí cumple con su ridículo cometido porque el pobre hombre tiene que comer.

La historia no puede esconder su origen y para los frikis roleros resultará bastante divertida, pues la trama desarrolla precisamente una partida de rol de forma nada disimulada. La presentación de la historia, la aparición de los personajes variopintos y con cualidades bien definidas (todos tan surrealistas, absurdos y estúpidos que o te suicidas o te mueres de risa), la unión del grupo de héroes, la búsqueda y el enfrentamiento final, con un clímax a lo juego de plataformas que pone el punto final a toda esta inmundicia caricaturesca de forma hilarante, podrían haber salido de cualquier partidilla con los amigos.