El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: abril 2009

Gran Torino

 

Gran Torino, 2009, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 116 min.
Director: Clint Eastwood.
Escritor: Nick Schenk.
Actores: Clint Eastwood, Christopher Carley, Bee Bang, Ahney Her, John Carroll Lynch, Brian Haley.
Música: Kyle Eastwood, Michael Stevens.

Valoración:
Lo mejor: Emotiva, hermosa, entretenida y con buenos análisis sobre los valores humanos y el sentido de la vida.
Lo peor: Los actores secundarios dan risa, el doblaje es infame. Peca de poca ambición y de ser demasiado previsible. Y como es habitual, el apellido Eastwood le otorga a la cinta una estatus que ni por asomo merece.

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Cuando se estrena la nueva producción de un autor de renombre pueden ocurrir dos cosas. La primera, que las críticas se afilen demasiado, que cualquier desliz se maximice en exceso y la película salga bastante mal parada a pesar de ser probablemente superior a la media (ya comenté esto en la crítica de Red de mentiras). La segunda es todo lo contrario: que el apellido garantice unas buenas críticas indistintamente de que el resultado sea menor o excelente. Es lo que le ocurre a las últimas creaciones de Clint Eastwood, que se sobrevaloran de forma espectacular a pesar de ser cintas no excelentes (Million Dollar Baby, El intercambio o esta Gran Torino) o directamente mediocres (las de la batalla de Iwo Jima –I y II– son para morirse de aburrimiento). Centrándome en Gran Torino, ésta tiene buenas virtudes, sin duda, pero no son como para venderla como una obra maestra (adjetivo que la gente usa demasiado a la ligera), y además tiene algunas trabas dignas de mención que le hacen perder algunos puntos, alejándola de lo que yo denominaría una gran película.

Empiezo por lo malo, cuya lista encabeza el reparto, donde el error de casting ha sido casi indescriptible. Las presencias del cura (ni me molesto en buscar nombres) y del joven del que el protagonista se hace amigo resultan grotescas y en ocasiones hasta molestas. No recuerdo semejante mal hacer interpretativo en una cinta de alto nivel en muchísimos años. El resto cumple (la chica tiene carisma), pero el único notable es el propio Eastwood, aunque eso sí, no obtiene el papelón antológico que anuncian. Por cierto, la he visto en VOS, pero no hay quien salga de la película sin maldecir el doblaje.

Los clichés que abundan en el relato (cuántas historias de viejos cascarrabias se han visto) y lo previsible que es el mismo (con cuanta antelación se puede predecir todo, incluido el soso final) son otra carga llamativa que lastra el resultado final, impidiendo que la cinta resulte realmente genuina y se ancle en nuestra memoria.

Pero en conjunto Gran Torino es una buena historia. Es sencilla y directa, muy hábil a la hora de entablar una conexión con el espectador (pronto los personajes resultan entrañables u odiosos) y tiene interesantes y nada forzados discursos sobre valores como el respeto a nuestros iguales (sin importar raza y edad), el esfuerzo personal, etc. También contiene correctos apuntes sobre la vida y la muerte, sobre el destino irremediable que nos espera y cómo debemos enfrentarlo con naturalidad y sin desaprovechar ningún instante de nuestras vidas.

Gran Torino tal y como está merece la pena, pero un poco más de ambición que alejara la narración de unos cauces tan navegados y sobre todo un reparto más adecuado habrían hecho de ella un ejercicio mucho más llamativo, más redondo. Se recordará porque se han vertido sobre ella numerosos halagos, mucho más de los que merece, y porque probablemente sea la última incursión de Eastwood en la interpretación.

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Escondidos en Brujas

In Bruges, 2009, Reino Unido.
Género: Comedia, thriller.
Duración: 107 min.
Director: Martin McDonagh.
Escritor: Martin McDonagh.
Actores: Brendan Gleeson, Colin Farrell, Ralph Fiennes, Clémence Poésy, Jordan Prentice.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Guión (diálogos, desarrollo de la trama) y dirección (Martin McDonagh), actores (inmensos Brendan Gleeson y Colin Farrell) y música (Carter Burwell).
Lo peor: Nada, excepto lo de todos los años: que en los premios más conocidos se olviden grandes películas (como ésta) y se incluyan bazofias mediáticas y cintas menores valoradas muy por encima de otras mucho más meritorias.
Mejores momentos: La fiesta con el enano, el intento de suicidio, todo el largo clímax final…

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Escondidos en Brujas es para mí es la sorpresa de la temporada, la típica cinta que cada año es menospreciada y olvidada por los medios en detrimento de otras producciones más facilonas, más vendibles y mejor publicitadas por las distribuidoras. Es la película desconocida, independiente o rara a la que normalmente nadie hace caso (aunque hay alguna ocasión en la que, para una vez que se tiene en cuenta, se sobrevalora demasiado, como pasó con Entre copas, Little Miss Sunshine o sobre todo con la bobada de Juno). Es una de las obras más interesantes de otro año en el que al cine de verdad se le da la espalda (y van…). ¿Cómo es posible que El Caballero Oscuro, Wall-E y Escondidos en Brujas, las tres mejores de la temporada, hayan sido tan ninguneadas? El criterio en los Oscar y los Globos de Oro se perdió hace mucho, y aunque eso no tiene por qué significar un gran cambio en la taquilla para una producción comercial, sí es un gran empuje para una pequeña joya que no ha tenido los medios a su favor. Pero la justicia y la razón es un bien escaso, cada vez más escaso.

Dos sicarios ocultos en una ciudad de ensueño. Uno adulto, maduro, erudito, el otro joven, impetuoso y además evidentemente cortito de mollera. Se mezclan las discusiones personales y los problemas laborales mientras matan el tiempo haciendo turismo o divirtiéndose. No hay lo que se dice una trama de altos vuelos, de hecho se tarda bastante rato en dar un rumbo concreto a la historia (no es ningún problema, salvo para el espectador acostumbrado a explosiones desde el primer minuto), pero no se tarda mucho en caer rendido ante las numerosas virtudes de la cinta. Yo mismo inicié su visionado sin conocer su argumento y estilo, sólo guiado alguna recomendación y en una primera instancia atraído únicamente por el reparto. En sus primeros minutos pensé que estaba ante una de crímenes, un thriller, pero cuando me quise dar cuenta estaba sumergido por completo en una comedia muy atípica e inteligente que en cada momento me tomaba desprevenido con un nuevo chiste de gran originalidad o una escena casi surrealista.

La narración se desarrolla con largas conversaciones, con unos diálogos magistrales que recuerdan bastante al estilo de Quentin Tarantino: rápidos y siguiendo cursos inesperados, aparentemente intrascendentes pero vistos en conjunto muy definitorios sobre los personajes, y sobre todo muy ágiles e inteligentes (ingeniosos, cómicos y en ocasiones delirantes). Los exquisitos personajes me fascinaron ya desde sus primeras y densas disertaciones, pero cobran una dimensión extra gracias a la sensacional interpretación de Brendan Gleeson, eterno secundario desaprovechado que aquí ofrece uno de sus mejores papeles así como uno de los más llamativos del año, y en especial la espléndida labor de Colin Farrell, un actor de gran calidad pero esquiva fama, quizá por las irregulares películas en las que participa. Me van a perdonar semejante atrevimiento, pero quizá sea una actuación superior a la soberbia presencia de Heath Ledger en El Caballero Oscuro. Farrell construye de forma sublime a un joven medio lelo perturbado por su forma de vida, superado por los acontecimientos y perdido en un mundo que le viene grande.

La obra goza de equilibrada dirección que, con ayuda de una fotografía de tonos sugerentes (la Brujas nocturna es inquietante, pero también hermosa) y una música excelente (gran trabajo de un habitual en thrillers y comedias raritas –es el compositor estándar de los hermanos Cohen-, Carter Burwell, que obtiene aquí un trabajo encomiable), ofrece una atmósfera sugestiva y un ritmo pausado pero intenso. Martin McDonagh ha dado forma a su guión con gran profesionalidad a pesar de su cortísima experiencia (sólo tiene un corto en su currículo), y se convierte así en uno de esos autores ingleses de rabiosa originalidad y de gran carisma (tipo Guy Ritchie, pero no tan excéntrico, al menos por ahora) a los hay que seguir con atención para ver con qué nuevas perlas pueden obsequiarnos.

Escondidos en Brujas es de ese tipo de cine que a los cinéfilos, a los más exigentes, nos devuelve de vez en cuando la esperanza o nos recuerdan que todavía salen unas cuantas buenas películas por año, y aunque no estén en boca de todos por ahí andan, a la espera de ser descubiertas.