El Criticón

Opinión de cine y música

Escondidos en Brujas

In Bruges, 2009, Reino Unido.
Género: Comedia, thriller.
Duración: 107 min.
Director: Martin McDonagh.
Escritor: Martin McDonagh.
Actores: Brendan Gleeson, Colin Farrell, Ralph Fiennes, Clémence Poésy, Jordan Prentice.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Guión (diálogos, desarrollo de la trama) y dirección (Martin McDonagh), actores (inmensos Brendan Gleeson y Colin Farrell) y música (Carter Burwell).
Lo peor: Nada, excepto lo de todos los años: que en los premios más conocidos se olviden grandes películas (como ésta) y se incluyan bazofias mediáticas y cintas menores valoradas muy por encima de otras mucho más meritorias.
Mejores momentos: La fiesta con el enano, el intento de suicidio, todo el largo clímax final…

* * * * * * * * *

Escondidos en Brujas es para mí es la sorpresa de la temporada, la típica cinta que cada año es menospreciada y olvidada por los medios en detrimento de otras producciones más facilonas, más vendibles y mejor publicitadas por las distribuidoras. Es la película desconocida, independiente o rara a la que normalmente nadie hace caso (aunque hay alguna ocasión en la que, para una vez que se tiene en cuenta, se sobrevalora demasiado, como pasó con Entre copas, Little Miss Sunshine o sobre todo con la bobada de Juno). Es una de las obras más interesantes de otro año en el que al cine de verdad se le da la espalda (y van…). ¿Cómo es posible que El Caballero Oscuro, Wall-E y Escondidos en Brujas, las tres mejores de la temporada, hayan sido tan ninguneadas? El criterio en los Oscar y los Globos de Oro se perdió hace mucho, y aunque eso no tiene por qué significar un gran cambio en la taquilla para una producción comercial, sí es un gran empuje para una pequeña joya que no ha tenido los medios a su favor. Pero la justicia y la razón es un bien escaso, cada vez más escaso.

Dos sicarios ocultos en una ciudad de ensueño. Uno adulto, maduro, erudito, el otro joven, impetuoso y además evidentemente cortito de mollera. Se mezclan las discusiones personales y los problemas laborales mientras matan el tiempo haciendo turismo o divirtiéndose. No hay lo que se dice una trama de altos vuelos, de hecho se tarda bastante rato en dar un rumbo concreto a la historia (no es ningún problema, salvo para el espectador acostumbrado a explosiones desde el primer minuto), pero no se tarda mucho en caer rendido ante las numerosas virtudes de la cinta. Yo mismo inicié su visionado sin conocer su argumento y estilo, sólo guiado alguna recomendación y en una primera instancia atraído únicamente por el reparto. En sus primeros minutos pensé que estaba ante una de crímenes, un thriller, pero cuando me quise dar cuenta estaba sumergido por completo en una comedia muy atípica e inteligente que en cada momento me tomaba desprevenido con un nuevo chiste de gran originalidad o una escena casi surrealista.

La narración se desarrolla con largas conversaciones, con unos diálogos magistrales que recuerdan bastante al estilo de Quentin Tarantino: rápidos y siguiendo cursos inesperados, aparentemente intrascendentes pero vistos en conjunto muy definitorios sobre los personajes, y sobre todo muy ágiles e inteligentes (ingeniosos, cómicos y en ocasiones delirantes). Los exquisitos personajes me fascinaron ya desde sus primeras y densas disertaciones, pero cobran una dimensión extra gracias a la sensacional interpretación de Brendan Gleeson, eterno secundario desaprovechado que aquí ofrece uno de sus mejores papeles así como uno de los más llamativos del año, y en especial la espléndida labor de Colin Farrell, un actor de gran calidad pero esquiva fama, quizá por las irregulares películas en las que participa. Me van a perdonar semejante atrevimiento, pero quizá sea una actuación superior a la soberbia presencia de Heath Ledger en El Caballero Oscuro. Farrell construye de forma sublime a un joven medio lelo perturbado por su forma de vida, superado por los acontecimientos y perdido en un mundo que le viene grande.

La obra goza de equilibrada dirección que, con ayuda de una fotografía de tonos sugerentes (la Brujas nocturna es inquietante, pero también hermosa) y una música excelente (gran trabajo de un habitual en thrillers y comedias raritas –es el compositor estándar de los hermanos Cohen-, Carter Burwell, que obtiene aquí un trabajo encomiable), ofrece una atmósfera sugestiva y un ritmo pausado pero intenso. Martin McDonagh ha dado forma a su guión con gran profesionalidad a pesar de su cortísima experiencia (sólo tiene un corto en su currículo), y se convierte así en uno de esos autores ingleses de rabiosa originalidad y de gran carisma (tipo Guy Ritchie, pero no tan excéntrico, al menos por ahora) a los hay que seguir con atención para ver con qué nuevas perlas pueden obsequiarnos.

Escondidos en Brujas es de ese tipo de cine que a los cinéfilos, a los más exigentes, nos devuelve de vez en cuando la esperanza o nos recuerdan que todavía salen unas cuantas buenas películas por año, y aunque no estén en boca de todos por ahí andan, a la espera de ser descubiertas.

2 Respuestas a “Escondidos en Brujas

  1. Milo Luna 06/05/2009 en 16:38

    La gran protagonista de la película es….Brujas, me encantó la ambientación y Clemence Poesy…jeje. Colin Farrell, me resulta algo sobreactuado, la vi hace mucho en VOSE y me irritaba muchísimo, todo lo contrario que Gleeson. Una muy buen película, por momentos, casi mágica. Saludos

  2. Pingback:Los Oscar, poco cine y muchos intereses « El Criticón

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