El Criticón

Opinión de cine y música

Déjame entrar

Låt den rätte komma in, 2009, Suecia.
Género: Drama, intriga, fantasía.
Duración: 115 min.
Director: Thomas Alfredson.
Escritor: John Ajvide Lindqvist (novela y guión).
Actores: Kåre Hedebrant, Lina Leandersson, Per Ragnar, Henrik Dahl, Karin Bergquist, Peter Calberg, Ika Nord.
Música: Johan Söderqvist.

Valoración:
Lo mejor: Originalidad de la propuesta, el cuidado del continente (dirección, fotografía, atmósfera obtenida) y el contenido (los personajes y sus motivaciones, el desarrollo de la narración).
Lo peor: No está hecha para el público de hoy día, vendido a historias directas y facilonas y aspectos visuales artificiosos pero huecos.
Mejores momentos: El rescate en la piscina, las búsquedas de alimento por parte del cuidador…
El plano: La mujer ardiendo.

* * * * * * * * *

Hay cine de gran calidad que no llegamos a ver, cine independiente que no tiene una gran distribución o, más difícil aún, cine que no es de Hollywood. Si sabes moverte por páginas y foros de cine puedes estar al tanto de obras prometedoras, pero aún así siempre habrá alguna joya que se escape. Sin embargo en ocasiones un filme de esta categoría triunfa por una serie de factores que no suelen darse a menudo. Lo más común es que se dé a conocer en algún festival (el que aquí nos atañe arrasó en innumerables entregas de premios), tenga suerte y el boca a boca le lleve aunque sea tímidamente a la taquilla en muchos países. Déjame entrar entra en esta categoría de cinta que ha tenido la bendición de poder mostrar sus virtudes por el mundo entero (que no al mundo entero, no ha sido un taquillazo) y ha obtenido un meritorio éxito de opinión tanto del público que se ha atrevido a verla como de los críticos más o menos profesionales (estos lo tenían fácil: es perfecta para dar rienda suelta al gafapastismo). Si no hubiera sido por esas excelentes críticas y las constantes recomendaciones quién me iba a decir que iba a ver una película sueca extraña y de un género que no me llama.

Déjame entrar no es un relato vampírico al uso, no encaja en los cánones del reciente resurgir del género (tenemos películas y series hasta en la sopa) ni por su forma ni por su contenido. Tampoco puede decirse que sea de terror; es inquietante, sí, pero es más un drama con crímenes sangrientos de por medio. Es la historia de cómo dos jóvenes marginados y por ende solitarios e incomprendidos inician una relación romántica (ojo al tono de algunas escenas, que de haberse rodado en Hollywood hubieran armado un escándalo bestial) donde se dan consuelo para sobrellevar sus penurias y con la que comprenden que unidos son más fuertes.

La descripción de los caracteres es sutil y es el espectador el que debe ir quitando capas y descubriendo sus miedos y motivaciones. Nada se da mascadito, los diálogos son escasos y sencillos, y sobre todo humanos. Miradas, frases no realizadas y escenas muy bien planificadas van desarrollando unos personajes que transmiten todo su tormento y miserias. Es imposible no empatizar, no compartir el dolor y las esperanzas de los protagonistas. Y los actores, a pesar de su juventud, cumplen muy bien; además, el físico de la muchacha, con esos ojos enormes que transmiten toda su hambre y soledad, ha sido elegido muy acertadamente.

En la realización el sueco Thomas Alfredson no podría haber estado más acertado. Permite que la narración hable por sí sola con la utilización de planos estáticos y una escenificación pausada, y muestra lo justo en cada instante para que el espectador piense y deduzca por su cuenta algunas cosas esenciales, contribuyendo así a que la conexión con la historia sea total. También favorece que los paisajes desoladores, fríos, inertes y solitarios de Suecia hablen por sí solos, obteniendo imágenes que cautivan con suma facilidad. Así, la atmósfera que ofrece la cinta es fantasmagórica, gélida, intrigante. Destacan algunos instantes magistrales como el rescate en la piscina, donde las muertes truculentas se intuyen más que se ven, la visita al hospital, trágica y directa, las cazas de alimentos fallidas del cuidador de la chica…

Déjame entrar puede ser una película difícil, sobre todo si no se es abierto a propuestas diferentes y a tipos de cine que hoy día se ven cada vez menos (es narrada con parsimonia y delicadeza, no con fuegos artificiales aparatosos y vacíos), puede decirse que es un poco lenta y está algo inflada (las subtramas relativas a un grupo de adultos se alargan más de la cuenta y en ocasiones sin conexión clara con la línea principal), incluso puede resultar perturbadora por el comportamiento de los críos y algunas escenas sangrientas, pero garantiza un visionado fascinante y de degustación lenta: incluso después de haber pasado días desde que la vi sigo dándole vueltas, recordando escenas y planos.

Una respuesta a “Déjame entrar

  1. Espilberg 13/06/2009 en 18:10

    Coincido prácticamente en todo. Salí del cine totalmente satisfecho. No se trata de una obra maestra, y en un par de ocasiones se resiente el ritmo. Los personajes secundarios están tan esbozados que no pasaría nada si no están.

    Pero la ternura de la relación entre los protagonistas (como bien dices, la mojigatería de Hollywood habría censurado las que para mí son las escenas más sensibles y sinceras de toda la película) me ha conquistado. Como dije hace tiempo, Déjame Entrar me ha parecido un viaje a la infancia perdida, y espero que haya sido así con más espectadores. Una delicia de historia, sí señor. Y de película, también. :D

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