El Criticón

Opinión de cine y música

Sobre el estado del cine: ¿crisis artística?

Me puse a escribir una pequeña reflexión y crítica sobre el estado actual del cine en cuanto a la poca originalidad y calidad de las películas ofrecidas y al final me ha salido un largo ensayo que empieza por ahí y acaba derivando en temas y conclusiones paralelos y anexos varios más o menos entrelazados. En fin, lean hasta que se aburran.

A finales de los noventa, aunque ya había títulos emblemáticos mucho antes (Urgencias, Babylon 5, El prisionero, Twin Peaks, Canción triste de Hill Street), el auge de la televisión fue impresionante, creciendo el número de producciones de gran calidad de forma rápida y asombrosa (podría incluir una lista casi interminable, pero basta citar a la cadena HBO como ejemplo). Pero al mismo tiempo el cine iba cayendo en un desgaste bastante llamativo, y hemos llegado a un punto en el que mientras en el mundo de la televisión se pone cada vez más énfasis en la calidad de la producción y se buscan historias más originales, arriesgadas y complejas con las que saciar a los exigentes espectadores, el cine se inclina por exprimir la taquilla fácil a base de superproducciones ultra comerciales. Así pues, se podría decir que en esta última década la industria cinematográfica está sumida en una crisis de ideas que, sumada a la avaricia de las productoras, se ha transformado en un ciclo oscuro y peligroso en el que el cine auténtico cada vez es menos rentable y sólo se buscan los ganchos fáciles y los espectáculos llamativos pero vacíos con los que hacer caja.

No hay riesgo artístico, no hay hueco para la creatividad, la inteligencia asusta, no se promueven las nuevas ideas pensando que no serán rentables. El panorama está dominado por adaptaciones de libros y cómics, remakes, secuelas y más secuelas. Cualquier saga conocida, cualquier historia gratamente recordada, cualquier nombre mítico son proclives a ser reutilizados una y otra vez, pues son valores seguros. No importa el guión ni el director, sólo que cueste lo suficiente como para que tenga muchos efectos especiales y se orqueste una campaña publicitaria de escándalo. Por supuesto que hay excepciones, hay casos donde tenemos la suerte de que cuentan con un director dotado y éste puede trabajar con un guión decente. Pero por cada saga de Spider-Man (quitando la fallida primera entrega), Iron Man y Batman (las de Christopher Nolan) tenemos quince Los Cuatro Fantásticos, Alien VS Predator, Daredevil, Catwoman, Ghost Raider…; y por cada adaptación (proveniente del formato que sea) de calidad (No es país para viejos, Gone Baby Gone) tenemos otras tantas fallidas como las pretenciosas Watchmen y 300, El código da Vinci, etc. Y no me meto a hablar de los incomprensibles éxitos de comedias estúpidas tipo American Pie o sagas de pseudo terror como Saw, que acabaría suicidándome.

¿Que una novela o saga de novelas tiene cierto éxito? Pues no hay que perder el tiempo, llevémosla al cine. Da igual que el original sea una mierda y la adaptación también (El código da Vinci, Eragon, Crepúsculo), como también da igual si se escupe o no sobre una obra maestra (El Señor de los Anillos), si tenemos suerte tiene éxito y podemos seguir timando al espectador: la división de la última parte de Harry Potter en dos es vergonzosa y la adaptación de El Hobbit cada vez suena peor. ¿Que deseamos otra saga que nos dé bastantes películas taquilleras y un suculento mercado paralelo? Pues se coge algo conocido y se retuerce para simplificarlo, que pensar no vende, y se infla con pasta para que aparente mucho más de lo que es. Así salen abominaciones como Star Trek 2009. ¿Que a pesar de lo que nos costó una adaptación no fue lo suficientemente exitosa que esperábamos porque, oh dios mío, su director hizo algo maduro e inteligente (Corrupción en Miami es un buen ejemplo)? Pues nos olvidamos del Hulk de Ang Lee y nos montamos la aberración de El increíble Hulk. Total, el público se la va a comer con patatas con la adecuada campaña publicitaria.

Y agárrense fuerte para lo que se nos viene encima: remakes de Alien, Depredador y Desafío total, adaptaciones de videojuegos como Prince of Persia (¿de verdad se puede sacar una película de un juego de plataformas?) e incluso de juegos de mesa como el Monopoly o Hundir la flota (no me lo invento, joder, no me lo invento), y eso por no citar los innumerables cómics (Linterna Verde) y viejas series (El equipo A) que pretenden llevar a la pantalla grande. Ya casi no quedan clásicos que mancillar. Pronto se ciscarán en Metrópolis e incluso se atreverán con Blade Runner. ¿Exagerado, paranoico? ¿De verdad las tres que he citado al inicio del párrafo necesitan reescribirse, de verdad no han tenido algunas de ellas muchas más secuelas de las deseadas?

Pocas noticias buenas surgen alrededor de este estilo de hacer cine. Una es que la temida adaptación hollywoodiense de Akira (de imagen real) se ha paralizado indeterminadamente (aunque no tardarán mucho en relanzar la idea, seguramente), y otras son que, al menos por lo que se dice por ahora, Spielberg llevará las riendas de la quinta entrega de Indiana Jones (la cuarta fue más que buena a pesar de las intransigentes críticas del público, pero cuanto menos se acerque Lucas mejor), o que Spider-Man 4 seguirá con los mismos autores e intérpretes (a pesar de que su más que correcta tercera entrega también fue vapuleada), o que Batman e Iron Man siguen en las manos de sus directores iniciales.

Esta crisis tiene otras lecturas e implicaciones, que yo resumiría en dos tendencias:

1) Dado este panorama, el cine para adultos está por desaparecer. Es decir, que los thrillers y dramas inteligentes y maduros no son rentables (siempre hay excepciones, claro), pues incluso obras tan interesantes como La sombra del poder o Red de mentiras (ésta además de un peso pesado como Ridley Scott) tuvieron taquillas muy flojas. Esto obviamente empuja a las productoras a seguir por la línea del cine facilón de escasa relevancia y densidad argumental y de temática atractiva para los jóvenes (superhéroes sobre todo). Hay un reportaje bastante interesante al respecto en el número de junio de Imágenes de actualidad.

Hay que indicar también que la temida limitación de edad (sólo apto para mayores de 18) es un problema para la taquilla, según la visión de los productores. ¿Para qué van a arriesgar a perder unos cuantos milloncejos sólo por un poco de sangre y una temática más madura, oscura y violenta? El que Aliens, Terminator 2, Matrix y otras catalogadas para +18 fueran rotundos éxitos y a la postre grandes clásicos del cine no va a frenar sus miedos, hay un pastel demasiado jugoso entre los 13 y los 18. Así, las secuelas de grandes sagas se edulcoran bastante, y aunque es cierto que algunas tienen bastante violencia para estar catalogadas para mayores de 13 (como Terminator Salvation) por lo general se echa de menos más realismo y crudeza pero sobre todo temáticas y escenas más adultas. Y sobre el sexo: ¿cuándo fue la última vez que se vio algo de carne y sensualidad en una cinta comercial?

2) Otra repercusión es que en ocasiones se producen éxitos de rebote, es decir, que películas independientes o extranjeras, de forma más o menos casual y aleatoria, se convierten en grandes éxitos. Aparecen como soplos de aire fresco en taquillas saturadas de bodrios clónicos y, como son bastante distintas y tienen cierta calidad, reciben alabanzas que en muchas ocasiones resultan exageradísimas. ¿Cuántas Entre copas, Little Miss Sunshine, Juno y semejantes han llegado mucho más lejos de lo que su calidad hubiera augurado porque no había nada decente contra lo que competir?

Termino con algunas conclusiones:

Huelga decir que hay más de un culpable en esta crisis. Uno es la masa de espectadores, fácil de convencer, moldeable, exprimible y cada vez menos exigente y madura. Otro está formado por las grandes productoras, que no tienen vergüenza ninguna en actuar de cualquier manera siempre que se obtengan beneficios rápidos y fáciles, aunque eso conlleve dejar al verdadero arte cinematográfico medio muerto de inanición.

Por supuesto que prácticamente todos los años podemos obtener algunos títulos indispensables, pero, ¿cuántos de grandísimo potencial se han quedado en la estacada por ser catalogados de inviables? A mí me gusta el cine de acción y el espectáculo sin grandes pretensiones argumentales como a cualquier otro espectador, pero no estoy de acuerdo con que la industria viva casi exclusivamente de ello, y menos mientras por cada El Caballero Oscuro ofrecen innumerables engendros infumables creados además a partir de las ideas de otros, es decir, ensuciando películas, series y novelas clásicas y míticas. Así, cuando en los noventa iba prácticamente todas las semanas al cine, ahora es raro el mes que voy incluso una sola vez. Primero porque me arriesgo a que me engañen por enésima ocasión (la última fue con Star Trek 2009), y segundo porque a base de saturar la taquilla con películas estultas las pocas prometedoras tienen una distribución nula. Y por el lado contrario apenas encuentro hueco para proseguir con mi enorme lista de series de televisión que tengo a medias o pendientes por empezar, cada cual más atractiva, jugosa y prometedora.

Por extensión la crisis artística puede y se está traduciendo en una crisis económica. Las grandes productoras de Hollywood sobreviven gracias a unos pocos taquillazos enormes cada año que les proporcionan cientos de millones con los que ir tirando un par de temporadas más, pero a parte de eso cada vez les cuesta más llenar las salas de cine. Se aferran al espectador casual, al que va a la película molona del momento pero el resto de la taquilla se la trae floja, olvidando por el camino al aficionado que verdaderamente disfruta de este arte, al que si no fuera porque las mediocres carteleras le desaniman iría casi todas las semanas.

Y paralelamente surge otro tema polémico: la llamada piratería en Internet. La industria apunta a un culpable en la crisis, el espectador que se baja películas, en vez de mirar a sus propios errores: la falta de interés que despierta el cine actual por la falta de innovación y riesgo y la obsesión con mantener su reinado incluso a costa de ver como algo demoníaco las nuevas vías comerciales que abren las nuevas tecnologías, esas a las que se niegan a adaptarse porque supondría mucho esfuerzo. Que me llamen pirata, pero sin Internet no hubiera visto las excelentes Déjame entrar o ¿Hacemos una porno? con comodidad (sin gente maleducada a mi alrededor, sin esperar meses ni efectuar desplazamientos, con mi propio horario y en VOS), y por lo tanto no sería un candidato claro a comprarlas en DVD, porque, ¿quién se arriesga a gastarse siete euros en el cine o quince en el DVD a ciegas con el nivel de calidad actual que se ofrece?

Pero nada, que sigan así, sin adaptarse a los nuevos tiempos y exprimiendo la taquilla por encima de sus posibilidades. Con la industria de la música ocurre exactamente lo mismo. Les estallará en la cara la crisis artística y por extensión también las crisis económica (en el sector musical ésta se nota más) y seguramente para nuestra desgracia seguirán tratando de colar productos prefabricados con una mano mientras con la otra buscan ayuda en los gobiernos para obligar a que el ciudadano se adapte a sus exigencias en vez de adaptarse a las de los espectadores (los que todavía no han sido lobotomizados) y a los nuevos mercados.

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