El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2009

Harry Potter y el Príncipe Mestizo

 

Harry Potter and the Half-Blood Prince, 2009, EE.UU.
Género: Fantasía, aventura.
Duración: 153 min.
Director: David Yates.
Escritores: Steve Kloves, J. K. Rowling (novela).
Actores: Daniel Radcliffe, Ruper Grint, Emma Watson, Jim Broadbent, Michael Gambon, Maggie Smith, Alan Rickman, Julie Walters, Mark Williams, Bonnie Wright, Helena Bonhan Carter, Tom Felton, Evanna Lynh.
Música: Nicholas Hooper.

Valoración:
Lo mejor: Jim Broadbent.
Lo peor: Todo lo demás: dirección, guión, actores jóvenes, música…
El título: Me niego a emplear la horrorosa traducción El misterio del príncipe que se sacaron de la manga los de la editorial en español y patéticamente han mantenido los de la distribuidora.

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¿Pero esto qué es? ¿Por qué cuando la saga debe ir a más, siguiendo las novelas, va a menos? ¿Por qué los directivos y productores tienen tanta fe en un guionista (Steve Kloves) que no consigue rascar más allá de la superficie y un director (David Yates) al que (como al elegido en las primeras entregas, Chris Columbus) le falta muchísima maduración? Así, mientras La Orden del Fénix se salvó por los pelos aquí los fallos de aquella han ido a más y consiguen que Harry Potter y el Príncipe Mestizo sea un despropósito, el peor capítulo de la serie cinematográfica. Y aún así contarán con el mismo equipo para el último episodio, que para colmo ha sido dividido en dos. ¿Por qué, por qué después de este fiasco siguen manteniendo a los mismos realizadores? ¿Sólo ven la taquilla, no son conscientes de cómo cala la adaptación entre el público?

Hay tanto de lo que quiero quejarme que no sé ni por dónde empezar. Como indicaba la cinta ofrece un retroceso en vez de un progreso lógico, tanto en la forma como en el contenido.

La historia de la novela correspondiente (bastante interesante teniendo en cuenta que la saga literaria es poca cosa más allá de un entretenimiento decente) se sigue sólo por encima, omitiendo todo lo jugoso, y lo que podría haber sido una cinta oscura y espectacular resulta una bobada de amoríos juveniles: Hogwarts es un putiferio constante donde no parece haber peligro alguno. Se alargan demasiado cosas obvias, se dan rodeos absurdos, se repiten las mismas ideas constantemente (¿de verdad hace falta recalcar situaciones tan obvias como la atracción entre Ron y Hermione, de verdad hay que sacar un plano de Malfoy en cada escena para que sepamos que está tramando algo?). En resumen, se opta por un tono demasiado adolescente donde falta una historia tangible, una narración sólida que exprimiera toda la aventura y los misterios latentes en la novela.

La anterior entrega fue convertida en una comedia tontorrona pero al menos no recortaba nada realmente importante, era entretenida y tenía unos cuantos instantes dignos de mención, pero en ésta se avanza a través de escenas inconexas e incoherentes. Las injustificables dos horas y media de metraje se hacen eternas, y por fin, cuando llegamos al tramo final, de gran fuerza y espectacularidad en el libro, todo sucede de forma tan rápida y superficial que sólo queda soltar un “¿y ya está, tantos minutos para tan poca cosa?”.

Aparte de los negligentes recortes en la trama hay un agujero de guión notable: no sé por qué tanto empeño en el recuerdo del profesor Slughorn (un estupendo Jim Broadbent) si es irrelevante para la historia, pues es exactamente lo que Dumbledore está haciendo y dicha información no supone revelación alguna ni es una pista que permita hallar los objetos (sobre los que no se explica casi nada, pues toda esa parte por desgracia se salta). Y por favor, que alguien me explique el sentido de la escena del ataque a la Madriguera, un drástico e innecesario cambio respecto al original. Y qué penosa la escena revelación del Príncipe Mestizo: “¡Yo soy el príncipe, síii, enfócame más de cercaaa por si alguien no se ha enterado todavíaaa!”.

El mediocre director ya se notaba limitado en La Orden del Fénix, pero aquí anda perdidísimo. La cinta está rodada de forma tan plana e impersonal que parece un telefilme de alto presupuesto. Todos las escenas se ruedan de la misma forma: planos medios (algunos demasiado alejados) y fijos y actores inertes recitando diálogos sin chispa. Y ésa es otra: no sabe dirigir a los actores. ¿Pero en qué cabeza cabe que una escena se puede construir con tipos que se quedan de pie balbuceando tonterías? ¿Dónde está el dinamismo, la vida? Es una de las superproducciones peor rodadas que he visto en mi vida.

Hablando de superproducción, volvemos a lo de que parece un retroceso en vez de un avance: los efectos especiales se me antojan bastante inferiores a los de las anteriores películas, de hecho el presupuesto parece ser la mitad que antes, pues no hay nada espectacular, no se encuentra ninguna imagen o escena que sorprenda o emocione por su grandeza visual. Incluso en momentos clave falla: la mítica parte de la cueva y el posterior ataque a Hogwarts son trasladados de forma tan aburrida, tan insípida… y por desgracia no hay más instantes remarcables en este relato.

Un aspecto que me duele mucho, otro error que se arrastra desde La Orden del Fénix y seguirá así hasta el final de la saga, es que el compositor de la banda sonora es totalmente inadecuado: Nicholas Hooper proporciona una partitura vergonzosamente mediocre. ¡Con todos los grandes músicos que podían haber elegido! ¡Qué gran error fue pasar de Patrick Doyle!

Y por último una breve nota sobre los actores. Como es habitual destacan los adultos, pero lamentablemente estas grandes figuras desaparecen en los recovecos de este relato insulso y se les desaprovecha totalmente (en especial a los siempre impresionates Alan Rickman y Michael Gambon), exceptuando al ya citado Broadbent, que sobresale aún más porque está rodeado de críos incapaces de la más mínima expresión (Daniel Radcliffe en concreto resulta incluso una presencia molesta).

Pues nada, lo que ocurre más de la cuenta en Hollywood: qué poco se cuidan a la hora de tratar de conseguir buenos resultados artísticos, cómo se nota que solo i
mporta la pasta.

El enigma de otro mundo

The Thing from Another World, 1951, EE.UU.
Género: Misterio, Ciencia-ficción.
Duración: 87 min.
Director: Christian Nyby.
Escritores: Charles Lederer, John W. Campbell (relato).
Actores: Margaret Sheridan, Kenneth Tobey, Robert Cornthwaite, Douglas Spencer, James Young, Dewey Martin, Robert Nichols, Williams Self, Eduard Franz.
Música: Dimitri Tiomkin.

Valoración:
Lo mejor: Personajes, diálogos.
Lo peor: Algunos apuntes de guión extraños, un tramo final que pierde algo de fuelle.
Mejores momentos: El intento de quemar a la criatura.

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La primera adaptación de Who was here? (Quién anda ahí, 1948), relato de John Campbell que luego explotó John Carpenter de forma magistral (La cosa, 1982), es una cinta de la década de los cincuenta que muchos consideran una obra de culto de la Ciencia-ficción. Yo no la alabaría tanto, pero sin duda me parece una buena película incluso contando con algunos fallos remarcables.

Estamos ante una narración de misterio tratada desde una perspectiva que hoy día se echa de menos: priman los personajes y la trama cuenta algo tangible. Así nos encontramos con un grupo de caracteres extremadamente sólido y denso en el que a pesar del amplio número de individuos todos muestran una personalidad fuerte y compleja y se mueven por el relato de forma lógica con respecto a la misma. Hay sin embargo algún detalle negativo, y es que sorprendentemente, a pesar del cuidado en ofrecer una trama realista desde una perspectiva racional y científica, la cinta toma un posicionamiento ideológico demasiado anclado en los 50: es extremadamente conservadora, ensalza la figura del héroe militar activo y poco reflexivo por encima de la del científico, a quien se le describe como demente y arrogante sin moral ni límites que causa más males que bien.

Otros detalles que desentonan en un conjunto bastante maduro es la proliferación de chistes incluso en momentos donde no resultan creíbles, un epílogo (el periodista soltando un grandilocuente discurso) que no sé qué demonios pinta ahí y alguna cosa un tanto cutre como ese periodista que se queja de que no tiene oportunidad de hacer una foto del ente cuando se ha quedado parado delante de él en innumerables ocasiones.

La narración se desarrolla con un ritmo muy correcto, y más teniendo en cuenta que es una obra de diálogos, de interacción de personajes, y no de acción ni efectismos tecno-científicos. Sin embargo el tramo final pierde parte de la fuerza que mantenía en el resto del metraje, haciendo que el conjunto se resienta al no ofrecer un desenlace digno de recordar. En cuando al estilo, al contrario que la de Carpenter, obviamente por las limitaciones de la época se opta no por el terror visual, sino más por la aventura y supervivencia con vetas de misterio.

Y para finalizar, decir que la cinta goza de una dirección (acreditada a Christian Nyby, aunque se cree que el mítico Howard Hawks hizo gran parte del trabajo) apañada aunque con algunas irregularidades (el clímax es algo cutre, perdonable por ser de la época, pero por el contrario el primer intento de quemar a la criatura es espectacular), y los actores están francamente bien.

Para amantes del género que no hacen asco a algunas ingenuidades y limitaciones de aquellos tiempos y que esperan algo de contenido y no sólo huecos malabares visuales.

Ágora

 

Ágora, 2009, España.
Género: Drama histórico.
Duración: 126 min.
Director: Alejandro Amenábar.
Escritores: Alejandro Amenábar, Mateo Gil.
Actores: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashraf Barhom, Michael Londsdale, Rupert Evans, Richard Durden, Sami Ramir, Manuel Cauchi.
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual arrebatador. La interpretación de Rachel Weisz.
Lo peor: Ligeramente superficial, predecible y a veces hasta aburrida. El doblaje que le ponen a Weisz.
Mejores momentos: Las revueltas iniciales seguidas a través toda la ciudad.

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No era una preferencia en mi agenda, pero estamos con lo de siempre: tarde o temprano acabo viendo la película de la que todos hablan, más por curiosidad que por la esperanza de obtener buen cine. No esperaba una maravilla, y de hecho es una obra de contenido algo irregular, pero está lejos de ser una mala historia y tiene una factura inmensa.

Visualmente es sublime, espectacular como solamente cabría esperar de una superproducción de Hollywood. Pocas veces un presupuesto (no excesivo: poco más de cincuenta millones de euros) ha sido usado tan sabiamente: las imágenes de ciudades son perfectas, totalmente creíbles, sin duda lo mejor que se ha visto hasta la fecha en el género. Sin embargo le sobra algún plano aéreo (vaciles innecesarios) y sobre todo la manía de sacar a la Tierra desde el espacio (secuencias que no aportan nada). El vestuario, decorados y demás atrezo son perfectos también y ofrecen una visión precisa, detallada e impresionante de la época.

En guión (historia, personajes, desarrollo de la narración) flojea un poco. La cinta me ha resultado muy simplona en todos esos aspectos y equivocadamente poco ambiciosa. Todos los personajes son arquetipos muy vistos, de todos se esperan determinados comportamientos que finalmente dan. De estos solo cabe destacar la excelente labor de Rachel Weisz, aunque maltratada por un doblaje que no le hace justicia. Con la trama sucede lo mismo. Todo se desarrolla de forma demasiado típica, así que todo se ve venir, nada resulta sorprendente, intenso ni sobrecogedor. Es una de esas cintas en las que identificas a cada tipo de personaje de un vistazo y puedes preveer sus destinos, en la que prácticamente se puede conocer de antemano qué escena vendrá a continuación y cuál después de aquella. También cabe indicar que mientras algunos momentos clave no dan la talla, como la insípida destrucción de la biblioteca o la fría muerte de Hipatia, demasiado poetizada en plan hollywoodiense (en realidad fue arrastrada, lapidada, descuartizada…) otros sí están muy logrados, pero de nuevo es por más por la calidad de la producción que por la del guión: las revueltas iniciales son notablemente espectaculares, pero porque están bien rodadas.

Ágora es obviamente una crítica a la religión (aunque no pone a ninguna peor que a otra, por más que los cristianos se empeñen en verlo así). Como bien indica las religiones son el foco principal de ignorancia y fanatismo de las sociedades humanas; incluso los filósofos (científicos y grandes pensadores) que se vuelven religiosos fácilmente pueden perder su humanidad e interés por el conocimiento, se pueden vender a la conquista del pueblo a base de la Verdad Suprema que sigue la secta correspondiente (falsa, maniquea, machista y demás mierdas, siempre destinada a lavar cerebros y a someter). La única que está por encima de todo eso es Hipatia, que se mantiene a parte de conflictos absurdos. Con ella y su postura se defiende que bajo el prisma de la ciencia todos somos iguales, se alega que solo la razón es el camino que nos aleja del peligro que supone la falta de conocimientos sobre el mundo que nos rodea y la proximidad de las sectas.

Sin embargo opino que el análisis y la crítica ofrecidos se quedan demasiado en la superficie de un pastel muy jugoso. La cinta se limita a mostrar el exponente máximo del fanatismo religioso (guerras, linchamientos y un poco de control intelectual –se ataca el conocimiento, pues pensar nos aleja del lazo de la religión-…), cuando hay muchísimos matices no tan evidentes pero igualmente peligrosos que podrían haber sido tratados. En otras palabras, la película es muy facilona. Sin embargo creo que obras así hacen mucha falta, que joder, tras varios milenios de civilización supuestamente moderna seguimos soportando las religiones. Me alegro de que Alejandro Amenábar se atreviera con un tema tabú y que además tenga éxito. Y también hay que celebrar que por primera vez el cine español ofrece una superproducción que da la talla, aunque como he indicado más en el continente que en el contenido.

Malditos Bastardos

 

Inglorious Basterds, 2009, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 153 min.
Director: Quentin Tarantino.
Escritor: Quentin Tarantino.
Actores: Diane Kruger, Brad Pitt, Christoph Waltz, Eli Roth, Mélanie Laurent, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Til Schweiger, Gedeon Burkhand.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: Dirección (el manejo de la tensión es sublime), montaje, fotografía y sobre todo parte del reparto (Christoph Waltz y Diane Kruger principalmente).
Lo peor: Es demasiado larga, a veces la narración parece descentrada y tiene algunas lagunas de guión bastante grandes.
Mejores momentos: El primer episodio; King Kong; cuando Landa, conociendo el complot, se lo restriega en cara a los sospechosos (hablando italiano, soltando pistas descaradas…); la comida de Shosanna con Landa…

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Quentin Tarantino es uno de esos directores a los que uno va a ver aunque sus últimas producciones no le gustaran, porque es sinónimo de valentía, riesgo e indiscutible calidad técnica. Con su peculiar forma de tratar las historias, sus constantes referencias al mundo del cine y su reconocible sentido del humor y de la violencia se ganó ya con su primer largo (Reservoir Dogs) un estatus de culto que mantiene y engorda con cada nueva producción y con el que es capaz de remover todo el fandom cinematográfico hasta cuando se tira un pedo. Incluso es bien recibido por los críticos a pesar de los excesos, paranoias y altibajos de sus obras.

Malditos Bastardos es cien por cien Tarantino. Narración por capítulos, relatos entremezclados, larguísimas conversaciones, personajes estrafalarios y carismáticos, situaciones casi surrealistas, violencia (esta vez demasiado explícita) y humor macabro. La escenificación es brillante, con una planificación exquisita del progreso de la conversación y una puesta en escena casi perfecta (tiene algunos tics, como la manía de centrarse en nimiedades como las cerillas o la comida), y con ella consigue introducirnos de lleno en un ambiente de gran inquietud y tensión donde esperamos el fatídico desenlace de cada escena con gran expectación. Unas excelentes labores de fotografía (Robert Richardson) y montaje (Sally Menke) son elementos cruciales para obtener tan buenos resultados, aunque la ambientación (vestuario, decorados) también es más que correcta.

Pero no todo es alucinante en los apartados técnicos, pues falla la banda sonora. Tarantino se empeñó en que sonara Ennio Morricone, y como no pudo obtener su presencia incluyó temas de distintas obras del mítico compositor. Pero la selección no es la adecuada y el uso de los temas falla, pues la música suena muy ajena a las imágenes en numerosas ocasiones y además hay veces en las que las secuencias parecen construidas adrede para meter un corte concreto, quedando estas como mini-videoclips que interrumpen la narración de forma algo tosca.

La parte actoral es espectacular. Salvo Brad Pitt, que no termina de convencerme, pues a pesar de sus enormes papeles recientes (Quemar después de leer por ejemplo) se me antoja aquí algo forzado, sobreactuado, el resto del reparto cumple sobradamente, aunque es ineludible citar algunos miembros concretos por sus impresionantes labores. La joven Mélanie Laurent se desenvuelve de maravilla, pero destacan aún más la sublime interpretación de la alemana Diane Kruger, de quien siempre había pensado que era únicamente otra anoréxica más, y la del austriaco Christoph Waltz, un artista con larga experiencia en su país natal pero hasta ahora desconocido en el cine hollywoodiense. En manos de Waltz está Landa, un personaje que debe pasar directamente a los anales de la historia del cine: oscuro, terrorífico y con unas técnicas de interrogatorios psicológicos desquiciantes que ofrecen algunas de las mejores escenas de la película (el prólogo o la comida con la chica, sobre todo).

Pero la cinta también tiene algunos aspectos negativos realmente notables. Su ritmo es irregular, con líneas narrativas que se alargan demasiado y no mantienen una buena conexión entre si (la línea que une a los bastados con la historia de Shosanna es casi invisible), y tiene algunos apuntes bastante innecesarios (algunos repentinos flashbacks que recalcan situaciones más que claras, apariciones fugaces de un narrador que descolocan más que aclarar la situación). Así pues el interés decae considerablemente en algunos tramos y por ende la longitud de la cinta (dos injustificables horas y media) se hace notar bastante.

Es muy llamativo la escasa presencia e importancia de los bastardos, de quienes se supone que habla de la película, y por extensión la sorprendentemente breve presencia del supuesto cabeza de reparto, Brad Pitt. En ocasiones se pierde tiempo presentado a algunos de los miembros del grupo para que después estos no tengan nada más que un par de apariciones anecdóticas. De dichos bastardos hay tres magníficas escenas para el recuerdo (la del bate, la del juego de cartas y la de los italianos), pero sus historias parecen mal ubicadas en gran parte del metraje. Otro fallo destacable es que el tramo final resulta bastante inverosímil: la guardia que lleva Hitler es prácticamente nula y la vigilancia del cine absurda, pues puede pasearse un negro con barras de metal por cualquier parte sin toparse con resistencia alguna y hay un montón enorme de cintas inflamables que no pasarían una inspección superficial. Por otro lado, criticar lo que ocurre en el final sólo porque no es como se conoce en la Historia me parece ridículo: estamos ante una obra de ficción, no ante un documental o una biografía, y el autor cuenta lo que le da la gana.

En conjunto es una cinta atípica, gamberra, divertida, con unos cuantos errores narrativos importantes pero con notable carisma y sobre todo con una puesta en escena ejemplar y algunas interpretaciones de quitarse el sombrero. Es un visionado difícil y que requiere una mente abierta y perdonar algunos deslices importantes, pero sin duda merece la pena.