El Criticón

Opinión de cine y música

Ágora

 

Ágora, 2009, España.
Género: Drama histórico.
Duración: 126 min.
Director: Alejandro Amenábar.
Escritores: Alejandro Amenábar, Mateo Gil.
Actores: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashraf Barhom, Michael Londsdale, Rupert Evans, Richard Durden, Sami Ramir, Manuel Cauchi.
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual arrebatador. La interpretación de Rachel Weisz.
Lo peor: Ligeramente superficial, predecible y a veces hasta aburrida. El doblaje que le ponen a Weisz.
Mejores momentos: Las revueltas iniciales seguidas a través toda la ciudad.

* * * * * * * * *

No era una preferencia en mi agenda, pero estamos con lo de siempre: tarde o temprano acabo viendo la película de la que todos hablan, más por curiosidad que por la esperanza de obtener buen cine. No esperaba una maravilla, y de hecho es una obra de contenido algo irregular, pero está lejos de ser una mala historia y tiene una factura inmensa.

Visualmente es sublime, espectacular como solamente cabría esperar de una superproducción de Hollywood. Pocas veces un presupuesto (no excesivo: poco más de cincuenta millones de euros) ha sido usado tan sabiamente: las imágenes de ciudades son perfectas, totalmente creíbles, sin duda lo mejor que se ha visto hasta la fecha en el género. Sin embargo le sobra algún plano aéreo (vaciles innecesarios) y sobre todo la manía de sacar a la Tierra desde el espacio (secuencias que no aportan nada). El vestuario, decorados y demás atrezo son perfectos también y ofrecen una visión precisa, detallada e impresionante de la época.

En guión (historia, personajes, desarrollo de la narración) flojea un poco. La cinta me ha resultado muy simplona en todos esos aspectos y equivocadamente poco ambiciosa. Todos los personajes son arquetipos muy vistos, de todos se esperan determinados comportamientos que finalmente dan. De estos solo cabe destacar la excelente labor de Rachel Weisz, aunque maltratada por un doblaje que no le hace justicia. Con la trama sucede lo mismo. Todo se desarrolla de forma demasiado típica, así que todo se ve venir, nada resulta sorprendente, intenso ni sobrecogedor. Es una de esas cintas en las que identificas a cada tipo de personaje de un vistazo y puedes preveer sus destinos, en la que prácticamente se puede conocer de antemano qué escena vendrá a continuación y cuál después de aquella. También cabe indicar que mientras algunos momentos clave no dan la talla, como la insípida destrucción de la biblioteca o la fría muerte de Hipatia, demasiado poetizada en plan hollywoodiense (en realidad fue arrastrada, lapidada, descuartizada…) otros sí están muy logrados, pero de nuevo es por más por la calidad de la producción que por la del guión: las revueltas iniciales son notablemente espectaculares, pero porque están bien rodadas.

Ágora es obviamente una crítica a la religión (aunque no pone a ninguna peor que a otra, por más que los cristianos se empeñen en verlo así). Como bien indica las religiones son el foco principal de ignorancia y fanatismo de las sociedades humanas; incluso los filósofos (científicos y grandes pensadores) que se vuelven religiosos fácilmente pueden perder su humanidad e interés por el conocimiento, se pueden vender a la conquista del pueblo a base de la Verdad Suprema que sigue la secta correspondiente (falsa, maniquea, machista y demás mierdas, siempre destinada a lavar cerebros y a someter). La única que está por encima de todo eso es Hipatia, que se mantiene a parte de conflictos absurdos. Con ella y su postura se defiende que bajo el prisma de la ciencia todos somos iguales, se alega que solo la razón es el camino que nos aleja del peligro que supone la falta de conocimientos sobre el mundo que nos rodea y la proximidad de las sectas.

Sin embargo opino que el análisis y la crítica ofrecidos se quedan demasiado en la superficie de un pastel muy jugoso. La cinta se limita a mostrar el exponente máximo del fanatismo religioso (guerras, linchamientos y un poco de control intelectual –se ataca el conocimiento, pues pensar nos aleja del lazo de la religión-…), cuando hay muchísimos matices no tan evidentes pero igualmente peligrosos que podrían haber sido tratados. En otras palabras, la película es muy facilona. Sin embargo creo que obras así hacen mucha falta, que joder, tras varios milenios de civilización supuestamente moderna seguimos soportando las religiones. Me alegro de que Alejandro Amenábar se atreviera con un tema tabú y que además tenga éxito. Y también hay que celebrar que por primera vez el cine español ofrece una superproducción que da la talla, aunque como he indicado más en el continente que en el contenido.

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