El Criticón

Opinión de cine y música

Pandorum


Pandorum, 2009, Reino Unido, Alemania.
Género: Misterio, terror, ciencia-ficción.
Duración: 108 min.
Dirección: Christian Alvart.
Guion: Travis Milloy, Christian Alvart.
Actores: Dennis Quaid, Ben Foster, Antje Traue, Cam Gigandet, Cung Le, Eddie Rouse.
Música: Michl Britsch.

Valoración:
Lo mejor: Fantástica vuelta de tuerca a elementos clásicos, con ideas, giros y sorpresas estupendas. Atmósfera y ritmo absorbentes y agobiantes.
Lo peor: En lo visual falla en las escenas de acción, con un montaje horrendo.
Mejores momentos: El tramo inicial, con la oscuridad, el desconocimiento, los conductos de ventilación…

* * * * * * * * *

En un análisis en frío, Pandorum no puede esconder todo el cine del que bebe sus ideas, desde Alien a la reciente The Descent. Pero tiene una capacidad de reinvención asombrosa y también mucho buen hacer: desde el estupendo inicio hace que te olvides de los lugares comunes y te sumerjas en su juego. Sí, a veces es un tanto rebuscada, otras se trampea a sí misma (el arma no letal que al final suelta unas leches tremendas, la nave súper resistente con un cristal tan frágil), pero trae cantidad de ideas frescas y recursos ingeniosos. El primero, empezar con los personajes desmemoriados, lo que ayuda a explicar el universo planteado tanto como a maximizar el desconcierto. Luego tenemos numerosos giros que van poniendo capas inesperadas y nuevas perspectivas que te dejan anonadado.

Pero como digo, también hay buen tacto a la hora de rematar las ideas, no se descuida el ritmo, con una buena progresión de la historia, y la atmósfera, muy trabajada. Los protagonistas son definidos poco a poco con retazos sencillos, lo suficiente para conseguir hacernos partícipe de sus sufrimientos y esfuerzos. Desde luego la estupenda forma con que los introducen en el relato tiene mérito: sin una larga y farragosa presentación que nos ponga triviales datos en fila, sino lanzándolos directamente a una situación terrorífica donde tenemos que aprender con ellos. De ahí en adelante nos embarcamos en una frenética historia de supervivencia y terror con escenarios verdaderamente oscuros y claustrofóbicos en los que criaturas misteriosas acechan. Los capítulos van llegando sin tropiezos ni bajones de intensidad, y aunque algunos son algo predecibles todos van aportando algo, pero además algunos incluyen esos giros tan jugosos. El largo desenlace ofrece un estupendo clímax rebosante de caos, desasosiego y unos últimos pero llamativos cambios de rumbo.

Los intérpretes principales son unos esforzados Ben Foster, un gran actor que no termina de adquirir fama (su papeles en A dos metros bajo tierra y El tren de las 3:10 son espectaculares) y Dennis Quaid (que por cierto tiene una voz impresionante, como Russell Crowe pierde muchísimo con el doblaje), capaces de hacer verdaderamente tangibles esta fantasía con momentos delirantes.

La puesta en escena tiene sus virtudes, esenciales para conseguir un thriller sólido y opresivo, pero también algunas fallas que limitan su alcance. La fotografía y la iluminación son notables, tanto como los decorados, y combinados funcionan muy bien en la generación del ambiente requerido. El maquillaje de los monstruos es exquisito y me trae a la cabeza aquella pregunta que muchos nos hicimos en Soy Leyenda: ¿por qué algunos autores se empeñan en utilizar efectos digitales en elementos donde lo tradicional da resultados de calidad más que comprobados? Tanto Pandorum como otra de género muy destacable de este año, Moon, son lecciones de cómo lo artesanal funciona mejor en un panorama dominado por el abuso negligente del ordenador.

En cuanto a sonido, la banda sonora que salta de lo sutil a lo estridente está bien empleada y en general la calidad del sonido es excelente, pero como ocurre demasiado a menudo en el terror, se empeñan en recalcar sustos, o incluso sacarlos de donde no hay, con golpes sonoros que a mí me producen el efecto contrario, me molestan. Por ejemplo, la escena en que encuentran a un tipo colgado tiene un susto forzadísimo.

Quien levanta todo esto es el director alemán Christian Albart (es una coproducción entre Reino Unido y Alemania), que capta bien la esencia del guion, sale airoso de una condiciones complicadas (mucha oscuridad y escenarios reducidos) y es capaz de exprimir muy bien el pico inicial tan potente. Por ello me choca especialmente que incorporara algunos artificios innecesarios. Mientras en la oscuridad y lo sutil se mueve muy bien, se lo ve torpe a la hora de sacar todo el partido de las escenas más intensas. Innecesarias y fallidas aceleraciones de cámara y un montaje bastante chapucero en las confrontaciones (no se ven bien los golpes pero se notan los saltos con cuerdas, por ejemplo) afean algunos instantes, y también hay escenas que se inclinan demasiado por la acción comercial en plan “mira que pelea más chula” que me sobran por completo.

Pandorum es un inesperado hallazgo que está sorprendiendo a quien se atreve a lanzarse a través de su fachada de producción de terror y ciencia-ficción barata y mediocre. Tan sólo le ha faltado una puntada en su acabado (un aspecto visual más sobrio y maduro) y su escritura (pulir algunos agujerillos y exageraciones) para lograr una obra capaz de superar la serie b y el culto de los fans del género y dejar huella en el cine en general.

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