El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2010

¡El soplón!

 

The Informant!, 2009, EE.UU.
Género: Drama, thriller, comedia.
Duración: 108 min.
Director: Steven Soderbergh.
Escritor: Scott Z. Burns, Kurt Eichenwald (novela) .
Actores: Matt Damon, Scott Bakula, Eddie Jemison, Lucas McHugh Carrol, Melanie Lynskey.
Música: Marvin Hamlisch.

Valoración:
Lo mejor: Matt Damon.
Lo peor: Su fallida mezcla entre comedia y thriller, la torpe dirección, el rumbo caótico, el ritmo aburridísimo.

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El soplón me ha supuesto una de las decepciones más grandes del año. Por director, reparto y críticas esperaba un buen e inteligente thriller, pero lo que me encontré es digno de estudio, porque no sé si todos los fallos que tiene se producen por excesos y excentricidades o porque sus autores no consiguieron llegar a lo que querían mostrar, dando como resultado un galimatías que aglutina de forma irregular una serie de quieros y no puedo y de histrionismos esperpénticos.

Es alucinantemente rara (en el sentido de incomprensible y aburrida), es sumamente caótica (en ritmo y contenido), no se sabe cuál es el género y el estilo que se pretendía buscar (¿es thriller, comedia, drama?) y da la sensación de que el guión ofrecía cosa y Steven Soderbergh la quiso convertir en otra distinta, porque entre lo que se cuenta y como se cuenta no hay una conexión eficaz. En un primer vistazo parece una historia de espionaje con toques de denuncia contra la avaricia y los agujeros del sistema capitalista, pero desbarra en cauces delirantes y todo el potencial que tenía se diluye en una narración casi ininteligible donde además parece que Soderbergh trata de imitar a Tarantino mezclándolo con un tono de thriller en plan comedia tipo Ocean’s Eleven, una mezcla de resultados desastrosos.

Los personajes, tan prometedores como la trama, pronto se ven convertidos en peleles de este caos. Hay momentos en que uno no sabe si se está buscando una escena cómica o se está haciendo el ridículo inintencionado, porque las situaciones en que son sumergidos y sus formas de actuar carecen de toda lógica incluso aunque admitiéramos que la cinta es una comedia poco acertada. El protagonista es irritante y su personalidad y acciones se retuercen tanto que no se sabe qué se pretende contar exactamente, mientras que los secundarios no es que aporten demasiado; el único que destaca y tiene algo que decir es el carácter de Scott Bakula, quien funciona correctamente como contraposición seria a la locura en que el protagonista sumerge a todos los que le rodean.

Pero entre todos los fallos e ideas de olla hay dos especialmente molestos: el primero es la cansina narración, que no aporta absolutamente nada ni a la historia ni al personaje y es como tener un ruido de fondo constante que termina siendo muy molesto; el segundo es la música, que incluso en este sin sentido resulta especialmente llamativa por estar fuera de lugar y ser hortera hasta límites inexplicables. Y a esto hay que sumarle los filtros excesivos (forzado intento de mostrar la época en que se basa la historia), el cutre intento de hacer gordo a Damon a base de cantosos trajes inflados y una realización en general bastante perdida.

Lo único realmente remarcable del conjunto es la profesionalidad de Matt Damon, quien a pesar de no ser tan alabado y premiado como otros actores siempre ha sido un valor seguro. El resto es un asombroso (por desatinado) ejercicio de autocomplacencia y pedantería que supone un visionado difícil y que provoca muchísimo aburrimiento.

La vida de los otros

 

Das Leben der Anderen, 2006, Alemania.
Género: Drama, thriller, histórico.
Duración: 137 min.
Director: Florian Henckel von Donnersmarck.
Escritor: Florian Henckel von Donnersmarck .
Actores: Martina Gedeck, Ulrich Mühe, Sebastian Koch, Ulrich Tukur, Thomas Thieme, Hans-Uwe Bauer, Volkmar Kleinert, Matthias Brenner, Charly Hübner.
Música: Gabriel Yared, Stéphane Moucha.

Valoración:
Lo mejor: La construcción de los personajes y la labor de sus actores. La lección de historia y moral que ofrece.
Lo peor: El ritmo es demasiado lento, con tramos alargados más de la cuenta. Es excevisamente previsible.

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La vida de los otros es un exitoso título alemán que trata sobre la persecución ideológica en uno de los tramos más oscuros de la historia reciente, el de la opresiva Alemania del Este (o RDA) que estuvo vigente desde los cincuenta hasta 1990 y donde se vigilaba a todo ciudadano para ver si cumplía correctamente con los preceptos del régimen comunista o si tenía ideas propias que lo señalaran como un elemento peligroso. Vemos como la población debía decidirse entre la idea sobrevivir pasando desapercibido y la de luchar por la libertad y por lo tanto arriesgar su vida, y lo observamos además desde un punto de vista nada común: el del agente del gobierno totalitario, que en realidad no siempre es el monstruo que se suele dibujar, sino que a veces no es más que un ser humano que ha elegido un mal camino y tiene una visión de la realidad y la moral distorsionada o deformada por unas circunstancias sociales, educativas e ideológicas adversas. Por supuesto, también hay quien es un monstruito per se, pero la cinta pretende ir algo más allá.

La construcción y progresión de los caracteres es el eje principal de la historia y no defraudan, pues son exquisitas. Están además arropados por buenos actores, y en concreto el protagonista, Ulrich Mühe, obtiene un papel magnífico, de esos que transmiten todo con un solo tic, con un pestañeo, con una mirada o una respiración contenida. Relaciones amorosas, conflictos ideológicos, luchas por alcanzar más poder en el entramado político… Se ofrece una perspectiva muy completa de cómo funcionaba la sociedad de aquella oscura época, y se alza así como una lección de historia que además resulta muy atrevida y novedosa por, como indicaba, aportar una mirada diferente, una mirada desprovista de prejuicios y alineaciones morales: los humanos no siempre son robots que hacen el bien o el mal sin más, sino que hay muchísimos más factores que señalan su camino. No pretente señalar a nadie ni clamar justicia por los crímenes que se cometerion, sino mostrar que la vida y las decisiones humanas a veces son más complicadas de lo que parecen.

Sin embargo, todos estos complejos y fascinantes personajes son puestos en una trama general demasiado convencional y es muy fácil predecir sus destinos. Y esto me lleva al principal problema de la película: las conclusiones de cada línea narrativa se ven venir con demasiada facilidad, no hay lugar para la sorpresa ni la tensión. Es una pena que tantas buenas ideas se vean diluidas en una narración que parece realizada siguiendo un manual del género que pone cada revelación, duda, escena de intriga y desenlace justo donde se espera que aparezca.

La realización es bastante buena, con una fotografía muy profesional (quizá por ello algo fría), pero no logra evitar la sensación de que no consigue sacar partido de todo el potencial disponible. Todo transcurre con demasiada lentitud, se podría (o debería) haber narrado con mayor fluidez y se podrían haber descartado o recortado algunas escenas de escasa trascendencia, como los epílogos, de intenciones lógicas pero mostrados de forma demasiado ineficaz y anticlimática. Apenas se consigue tensión a pesar de tener mucho más de thriller que de drama, siendo en general un relato frío, distante y apático.

En resumen, la cinta tiene algunos puntos a favor muy destacables, pero, quizá por la poca experiencia de su artífice (guión y dirección de Florian Henckel von Donnersmarck), queda como una producción con buenas e ideas y un gran potencial que no se supieron plasmar debidamente. En general obtuvo unas críticas sumamente entusiastas y bastante repercusión, tanto que ganó el Oscar a mejor película extranjera y varios medios la citan entre las mejores de la década, pero desde mi punto de vista no es una obra maestra ni de broma, en conjunto no tiene la cohesión y calidad media suficiente como para llegar siquiera al notable.