El Criticón

Opinión de cine y música

Green Zone: Distrito protegido

 

Green Zone, 2009, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 115 min.
Director: Paul Greengrass.
Escritores: Brian Helgeland, Rajiv Chandrasekaran (novela).
Actores: Matt Damon, Greg Kinnear, Brendan Gleeson, Amy Ryan, Jason Isaacs, Khalid Abdalla.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Ofrece una crítica valiente y directa sobre un tema tabú.
Lo peor: Poco contenido y puesta en escena demasiado aparatosa y caótica.

* * * * * * * * *

Esperaba muchísimo más de un guionista del prestigio de Brian Helgeland y de los artífices de cintas de acción tan redondas como El mito de Bourne y El ultimátum de Bourne, obras que sabían unir muy bien el thriller de trama enrevesada y la acción espectacular pero realista gracias a guiones intensos y a la trepidante puesta en escena de Paul Greengrass, frenética pero sumamente eficaz. Sin embargo en Distrito protegido estamos ante una sombra de lo que en ellas se ofrecía, estamos lejos de lo que yo denominaría una película de acción de nivel.

El guión pretende contar una gran historia, una crítica a uno de los fraudes más grandes de nuestro tiempo, la justificación para invadir Irak, pero se queda en la superficie de un asunto enorme que además es tratado a través una trama simplona y anodina donde no hay ningún elemento llamativo. No hay profundidad, los aspectos sociales y políticos son vagos. No hay intriga ni densidad, el thriller no tiene alma: las indagaciones, los misterios, los tira y afloja entre personajes y las resoluciones apenas son tangibles. Ni siquiera tiene personajes de buen nivel, son caracteres que no llegan a transmitir nada, de hecho algunos no se sabe ni qué pintan ahí (como el de Amy Ryan); solo el iraquí que se ofrece como intérprete (Khalid Abdalla) tiene algo de dimensión, más que nada porque en su boca se ponen algunas interesantes reflexiones sobre la siempre olvidada perspectiva del pueblo llano. De todas formas, aunque la crítica llega tarde y no es muy llamativa se agradece que se intente ofrecer algo más que una cinta de acción intrascendente.

La puesta en escena, ayudada por una música correcta pero demasiado insistente (John Powell), intenta tapar las carencias del libreto, dar vida donde no la hay. Toda la película está montada con planos de brevísimos segundos que se fotografían con la habitual cámara en mano de Greengrass. Pero este estilo lo ha llevado a un extremo que puede resultar mareante, molesto, pues hay demasiado movimiento, demasiado caos, y en consecuencia las escenas son difíciles de seguir. Eventos intrascendentes, carreras que no emocionan y persecuciones sin fuerza se intentan convertir en las únicas escenas de acción de la historia a base de artificio y pirotecnia, pero en ningún momento se alcanza la intensidad y espectacularidad suficiente para impactar lo más mínimo.

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