El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: agosto 2010

Centurion

Centurion, 2010, EE.UU.
Género:Aventuras.
Duración: 97 min.
Director: Neil Marshall.
Escritor: Neil Marshall.
Actores: Michael Fassbender, Dominic West, Liam Cunningham, David Morrisey, Riz Ahmed, JJ Field, Axelle Carolyn, Ulrich Thomsen, Noel Clarke, Olga Kurylenko, Imogen Poots.
Música: Ilan Eshkeri.

Valoración:
Lo mejor: Es un entretenimiento digno de ver, de ritmo trepidante, con buenos personajes y sangre, mucha sangre.
Lo peor: La fotografía sobrecargada de filtros.
Mejores momentos: Todas las confrontaciones (en especial la final) y la escena de la cueva.

* * * * * * * * *

Parece que si haces una película de género medieval, romano o de cualquier época de héroes y espadas debes incluir tramas de conspiraciones políticas de alto nivel y batallas colosales. Es raro, sobre todo hoy día, ver cintas ancladas en estas épocas que narren aventuras más sencillas, que olviden las complejidades de los conflictos entre nobles y reyes para centrarse en la aventura del soldado de a pie o del pueblo llano. Ni las recientes Robin Hood y El reino de los cielos, que partían en principio de las historias de rangos bajos o don nadies, se libraron de sumergir al protagonista en todo el embrollo de las altas esferas. Pero Centurion es un filme que se desliga de pretensiones innecesarias para ofrecer un sencillo y gratificante relato de aventuras de supervivencia, mostrando las penurias de unos pocos personajes en su lucha contra la naturaleza y el hombre.

La narración destaca principalmente por tres puntos: por su ritmo equilibrado y trepidante donde se controlan muy bien los giros argumentales que dirigen el hilo conductor hacia nuevas direcciones, por su grupo de personajes muy bien presentado (en la magnífica la escena de la cueva) y donde cada uno tiene una historia que contar, y por ser un espectáculo dedicado exclusivamente al público adulto, mostrando la violencia y sangre intrínseca a las peleas a espada sin escatimar en fluidos, vísceras y miembros amputados en primer plano.

Lo que parecía iniciarse como la descripción de una campaña bélica confluye hacia la desesperada supervivencia de un pequeño número de soldados. A partir de ahí no hay descanso, todo es una carrera por salvar el pellejo de los pictos y los hostiles parajes, pero en este nuevo curso también se producen varios giros que cambian la situación, como la aparición de la joven rubia (historia de amor que a pesar de su brevedad no me ha parecido forzada) o las dos sorpresas finales (la primera, en el campamento, es excelente, la segunda, en el muro, es algo rebuscada pero eficaz), y más atrás alguna traición bien colocada, algún asesinato que sale mal y un rescate cuyo desenlace es también inesperado.

La dirección de Neil Marshall saca muy buen provecho de la espectacularidad latente en un relato de este tipo, especialmente en las batallas, donde destaca por su claridad a la hora de mostrar todo el caos sin los malditos movimientos agitados de cámara propios de directores que quieren ocultar sus carencias, con coreografías que ofrecen la esperada aparatosidad del momento pero sin olvidar el realismo. La fotografía exprime los paisajes mostrando su abrumadora belleza, pero desgraciadamente se afea ligeramente por un sorprendente e innecesario abuso de filtros blanquecinos y grises. Los actores, todos bastante desconocidos (Dominic West es el que más he visto, por su papel protagonista en The Wire o su aparición en esa cutre serie B llamada Punisher: War Zone), llevan muy bien los interesantes personajes. Otros aspectos como la música y el vestuario dan lo necesario sin problemas. El único elemento que falla un poco es el uso de sangre digital, pues en las primeras escenas abusan de él y efecto no está muy conseguido, pero parece que se dieron cuenta del error y conforme avanza la proyección se centran en darle mayor credibilidad, sin por ello eludir un tono que roza el gore en algunos momentos.

Centurion me ha resultado una grata sorpresa por todos estos factores que he ido comentando: por elegir un género en desuso y aprovecharlo bien sin pretender abarcar más de lo necesario, por no acobardarse a la hora de mostrar violencia y sangre (algo que cada vez se ve menos), y por en general resultar un filme condenadamente entretenido que no tiene carencias notables que emborronen el disfrute en algún punto del metraje. Me gustaría que hubiera más producciones así como estrenos veraniegos de poca trascendencia en vez de tanta tontería saturada de efectos especiales destinada a los jóvenes.

Anuncios

Toy Story 3

 

Toy Story 3, 2010, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 103 min.
Director: Lee Unkrich.
Escritores: Michael Arndt, John Lasseter, Andrew Stanton, Lee Unkrich.
Actores: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Ned Beatty, Don Rickles, Wallace Shawn, John Ratzenberger, Stelle Harris, Laurie Metcalf, Blake Clark.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: Guión, animación, sentido de la aventura.
Lo peor: Tras las dos anteriores, sabe a poco.
Mejores momentos: La caída hacia el fuego.
El plano: El mono vigilante.
La frase: ¿Quién es Andy? –Una niña en el cine al terminar la película (qué risas, joder).

* * * * * * * * *

Toy Story 3 se centra desamparo y el terror de los protagonistas ante un gran cambio en sus vidas: la maduración de su amado dueño y el subsiguiente abandono de los juguetes. Por ello adquiere un tono más melancólico que las otras dos partes, y de hecho hay algunos momentos bastante trágicos, pero tampoco se olvida del sentido del humor y la aventura. Hay también desde mi punto de vista más mensajes moralistas sobre la familia, la amistad, el sobreponerse a los malos momentos, la lucha contra el orden establecido si hay abusos (y éste le da un tono más adulto y valiente), etc.

El sentido del humor es bastante eficaz en todas sus formas y no decae en ningún instante. Como en la segunda parte las referencias al cine son notables, utilizándose mucho el estilo carcelario de cintas como La gran evasión (centrándose mucho en la figura de Mr. Patata), aunque también llaman la atención unas pocas salidas de tono un poco absurdas para lo que acostumbra Pixar que funcionan bastante bien (Buzz en modo español –convertido en andaluz hortera en la versión doblada- o el desfile de moda de Kent).

Como momentos a destacar hay unos cuantos. El que más gratas sensaciones me ha dejado es la aparición de un muñeco de Totoro, el simpático monstruo de la deliciosa película de Hayao Miyazaki (a quien en Pixar tienen en muy alta estima), pero hay otros dignos de recordar: los primeros pasos en la guardería, con la presentación del oso rosa y el ambiente de ensueño transformándose poco a poco en pesadilla, y sobre todo el impresionante y trágico instante de los protagonistas cayendo al fuego, que te deja a punto de gritar y llorar de emoción y es resuelto con la maestría propia de los genios de Pixar. Pero lo más llamativo sin duda es el especial interés que se pone en explicar la personalidad del osito que tiene montada una dictadura en la guardería. Sorprende que en una película para niños el villano no se limite a ser un arquetipo de monstruo porque sí, sino un individuo más que ha caído en desgracia por una determinada situación y que no se ha esforzado lo suficiente para salir de ella, sino que ha optado por imponer su visión del mundo a los demás. Y no acaba ahí, porque también me dejaron a cuadros en la clásica escena donde los protagonistas le perdonan; no lo explicaré para no destripar una excelente sorpresa. Es la enésima muestra de que Pixar está un paso por delante del Disney clásico en lo que respecta a riesgo, madurez y la idea de que por ser un filme para toda la familia no debe limitarse a arquetipos más o menos huecos.

En general es una aventura muy agradable de ver, notablemente amena y divertida, pero le falta ritmo en su primera mitad y la sensación de que no se aporta nada nuevo y de que muchas cosas se ven venir es constante. Va lanzándose poco a poco hasta llegar a un clímax sublime, pero no ha sido suficiente como para quitarme la idea de que le ha faltado algo de garra, de que no ha tenido la fuerza y originalidad necesaria para resultar inolvidable, de que carece del poder de atracción que transmitían las otras dos entregas gracias la perfección de la que hacían gala. Creo que es un buen final para la saga (más por temática que por calidad), pero es también es una señal de aviso: las secuelas provocan desgaste porque hay que ceñirse a unos parámetros determinados, céntrense en crear nuevas historias por favor. Sin embargo, tienen ya en marcha varias.

Ver también:
Up.
Ratatouille.
Buscando a Nemo.
Cars.

Tiempos de gloria

Glory, 1989, EE.UU.
Género: Bélica, drama.
Duración: 122 min.
Director: Edward Zwick.
Escritores: Kevin Jarre basándose en las novelas de Lincoln Kirstein, Peter Bourchard y las cartas de Robert Gould Shaw.
Actores: Matthew Broderick, Morgan Freeman, Denzel Washington, Cary Elwes, Jihmi Kennedy, Andre Braugher.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Música, fotografía, vestuario, dirección, actores secundarios.
Lo peor: Es muy típica y predecible.
Mejores momentos: Las batallas, la odisea de buscar zapatos y la lucha contra el indigno salario.

* * * * * * * * *

En el fondo Tiempos de gloria es una película excesivamente clásica o hollywoodiense de guerra y héroes, donde todos sus personajes y situaciones obedecen a arquetipos muy fáciles de ver y cuyas evoluciones todo espectador intuirá rápidamente. El joven héroe que debe luchar con ingenio en un mundo difícil, los amigos que chocarán con su rápido ascenso, el rebelde que molesta a todos pero termina siendo un amigo de valor, el líder sin escrúpulos que pondrá a los héroes en peligro, las clásicas escenas de superación personal, las batallas donde se salvan unos a otros cuando el relato lo requiere, el final trágico que convertirá a los protagonistas en héroes para la posteridad…

Si la cinta destaca como una producción impresionante y una obra de gran calidad es porque sus artífices la construyen con una artesanía impecable y se sobreponen a los tópicos para convertirla en un relato de héroes clásicos de primer nivel. El guión (basado en un par de novelas y las cartas que escribió el protagonista) lo tiene puesto todo en su momento justo para no resultar forzado y ofrece diálogos correctos y personajes de calidad cuya evolución, aunque se vea venir, es coherente y sirve bien a los propósitos de la cinta. Incluso las partes más previsibles (como el final) se ruedan tan bien que no puedo quejarme de momentos excesivamente manipuladores, de hecho resultan espectaculares. La fotografía, vestuario, sonido y sobre todo dirección son impecables y ofrecen un aspecto visual arrebatador, donde destacan unas batallas impresionantes cargadas de extras y realismo (se podían hacer maravillas sin efectos digitales). Pero lo que reluce de forma asombrosa es la excelsa banda sonora de James Horner, una de las grandes obras maestras de su carrera (y tiene unas pocas inolvidables), que redondea y realza la cinta de forma magistral y cuyo tema central es de los más memorables de la historia de la música de cine.

El reparto lo encabeza un joven Matthew Broderick, quien se ve bastante limitado por su inexperiencia, pero está secundado por algunas figuras que ofrecen interpretaciones que van desde lo impresionante (Denzel Washington dándose a conocer a lo grande) a lo sobradamente profesional (Morgan Freeman es un valor seguro ahora y lo era hace veinte años).

Edward Zwick es un director que no se prodiga mucho, pero en su haber tiene cintas francamente buenas, como la aquí comentada, Leyendas de pasión o las muy infravaloradas Resistencia o El último Samurai. Es una pena que no se deje ver más a menudo, porque es un realizador muy bueno.

Origen


Inception, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 148 min.
Dirección: Christpoher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe, Tom Hardy, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Michael Caine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El genial toque de Christopher Nolan: la originalidad y calidad que ofrece de nuevo tanto en el guion como en la dirección.
Lo peor: Reparto, personajes, música, montaje.
Mejores momentos: El clímax con varios hechos sucediéndose paralelamente, en especial las escenas en el hotel.
Las preguntas: Si el protagonista no puede ir a EEUU a ver a sus hijos, ¿por qué su padre no se los lleva a otro país de vez en cuando? ¿Por qué Ariadne, al dibujar el último laberinto en el cuaderno en la prueba que le hace Cobb, descarta una hoja en blanco y lo hace en el cartón de la tapa?

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso sólo describro el argumento.–

Está claro que Christopher Nolan es uno de los mejores directores del momento. La facilidad que tiene este genio para lograr películas arriesgadas y complejas sin que se vea resentida la capacidad para llegar al espectador medio es asombrosa. Desde Steven Spielberg no hemos tenido a nadie capaz de llenar las salas con taquillazos de alta calidad y sobre todo tantísima valentía y originalidad. Pero Origen, a pesar del entusiasta recibimiento, no es la gran obra maestra que anuncian. Me ha parecido una película magnífica, a alcance de muy pocos, tanto a nivel de guion como de realización, pero no veo la maravilla revolucionaria que muchísimos parecen haber encontrado. Principalmente es por la sensación de que no es tan compleja como parece, pero también porque no da todo lo que podría haber dado y porque hay elementos mejorables que impiden que sea tan redonda como sus dos trabajos más destacados hasta ahora, Memento y El Caballero Oscuro. De hecho incluso me gustó más El Prestigio, aunque está a su nivel.

Origen sorprende otra vez con una historia valiente e intrincada pero con gran ritmo y pegada, y también relativamente fácil de entender. Sin duda habrá algún espectador casual que pierda detalles, que sólo se quede con una perspectiva global, pero no será porque Nolan no define con mucho detenimiento las distintas etapas de la cinta, el funcionamiento y los límites de su propuesta, dejando tiempo más que de sobra digerirlo todo y entender los nuevos giros.

Los protagonistas entran en los sueños de sus clientes o víctimas para sacarles información del subconsciente mediante engaños que estando despiertos notarían. Pero ya desde el prólogo Nolan rompe la primera noción que nos plantea: también entran en sueños dentro de sueños. El protagonista principal engancha rápido. Arrastra un misterio que lo hace vulnerable, que nos permite sentir compasión e interés por ver si saldrá adelante. Su necesidad de expiar sus pecados para poder volver a casa lo pone en una posición precaria, y no tarda en verse obligado a realizar un trabajo muy peligroso. La clásica formación del grupo de compañeros cobra interés más por la sugerente propuesta del juego con los sueños que por los personajes en sí, y el thriller va creciendo a ojos vista, enseñándote en cada paso algo ingenioso y dándole la vuelta de nuevo poco después. A pesar de su abultada longitud, necesaria para exponer un universo tan complejo poco a poco, el ritmo es absorbente, apenas se resiente tras algunos visionados en algún pasaje bastante prescindible aunque lejos de resultar negligente, como la huida por las calles de Mombasa.

Para el tramo final es difícil no estar absorto en un thriller tan inspirado y vistoso, y Nolan remata la jugada con un apoteósico y larguísimo desenlace que te deja clavadísimo a la butaca. Entramos en varios niveles de sueño combinando distintos clímax de acción y drama, porque el personaje principal y su tormento se mantiene siempre en primer plano. Las asombrosas peleas en el hotel con la gravedad alterada, la intriga por cómo los protagonistas resolverán los problemas de cada sueño, cada uno más difícil, el ritmo relativamente pausado pero agobiante que imprime Nolan y la tensión y la épica aumentada a niveles estratosféricos por la ostentosa música de Hans Zimmer, nos dejan uno de los mejores finales vistos en muchos, muchos años.

Origen resulta una película muy estimulante, tanto porque exige atención e ir pensando y teorizando conforme avanza, algo insólito en el cine contemporáneo, como porque es un espectáculo de primera, tanto en originalidad como en ejecución. La propuesta es tan fascinante que ha embrujado incluso más de la cuenta al público, que la ha puesto rápidamente como una de las mejores películas de la historia cuando en realidad se le puede poner muchas pegas…

La necesidad imperiosa de llegar a todos los públicos empieza a lastrar una propuesta que tenía potencial para más. Los personajes se hacen preguntas básicas que no pegan en expertos en su trabajo, algunas son incluso demasiado obvias. De hecho con Ariadne (Ellen Page) se nota demasiado. Está claro que es el nexo entre el universo ficticio y el espectador, difícilmente evitable dado lo intrincado del argumento, pero se debería haber disimulado mejor. No resulta verosímil que cojan a una universitaria, casi una niña, y la metan en un trabajo tan peligroso con tan poca preparación. Se va introduciendo en varios niveles de sueños y su único propósito en ellos parece ser explicarnos las cosas.

Con el resto el problema es que no tienen un dibujo muy elaborado y muchas veces parecen incluirse para cumplir el número necesario de soñadores. Estamos muy lejos del amplio y trabajado repertorio de El Caballero Oscuro o de los atractivos protagonistas de El Prestigio. Aquí todo gira alrededor del carácter de DiCaprio, cosa entendible y aceptable, más cuando resulta un rol central excelente, pero se potencia demasiado a costa de dejar a los secundarios con una definición escasa y una presencia forzada. No sabemos nada de las motivaciones de cada uno, hasta el punto de que no se entiende que se arriesguen con una misión tan arriesgada. ¿No tienen familias, no conocen otra cosa, sólo les mueve el dinero, su lealtad a Cobb es así de férrea? No se explica nada, ni si quiera se señala sutilmente algún u otro aspecto. En vez de dedicar tiempo a la persecución en Mombasa, ¿por qué no lo dedicaron a explorar la relación entre ellos? Unos cuantos chistes entre los personajes de Hardy y Gordon-Levitt son de lejos insuficientes, de hecho me parecieron incluso bastante fuera de lugar.

El reparto tampoco deslumbra, es bastante irregular. Leonardo DiCaprio repite un personaje muy parecido al de Shutter Island, y lo hace sin las ganas puestas en esa y otras labores recientes. Ellen Page y Marion Cotillard se esmeran en dotar de vida a dos figuras que son meros objetos de la trama, y en cierta manera funciona, Page consigue hacer creíble la preocupación por Cobb y Cotillard transmite bien la melancolía y el pesar, así que es una pena que no tuvieran un papel más complejo. Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) es un actor lamentable con carisma nulo, lo que afea bastante el producto: es el secundario con más presencia y no muestra ni un sentimiento, no se altera ante ninguna situación. El resto (Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao) cumplen sin más en otros roles con nulo recorrido. Al final es el objetivo de la misión, Cillian Murphy, el que ofrece una labor más competitiva. Tampoco funciona plenamente la banda sonora. Nolan arrastra por ahora un defecto notable en su por otra parte deslumbrante filmografía: es muy dado a sobrecargar sus películas con un susurro de fondo, la forma más fácil de dar ritmo a una escena, y Zimmer se presta a ello con su estilo comercial de los últimos años, donde compone a base de librerías predefinidas en un sintetizador. El tema de acción será imponente y realza mucho el clímax, pero puedes terminar harto de escucharlo tantas veces sin una progresión adecuada a los distintos escenarios, y fuera de él hay aún menos exploración emocional, todo es adorno.

Pero sobre todo da la sensación de que había infinidad de posibilidades en la idea de jugar con la mente, lo onírico, las pesadillas, la confusión de realidad y sueño… y después de todo la visión de Nolan no va más allá de doblar ciudades y una pelea en ingravidez, espectacular y resuelta con maestría, pero no tan novedosa como nos venden. La propuesta recuerda bastante a Matrix, por ejemplo: crear entornos virtuales y luchar alterando las físicas del mundo real. Y me temo que cuanto más bajamos en los sueños menos parece esforzarse. El eterno y cansino tiroteo en la nieve afea un poco un clímax por lo general impresionante, y el esperado limbo no deja de ser una pesadilla básica, una ciudad medio derruida. Es más, no se entiende muy bien cómo en la fantasía de Mal y Cobb lo único que hacen es construir bloques horteras hasta tener una ciudad infinita, cuesta creer que esta es su visión idílica del mundo.

En cuanto a teorías, dobles lecturas y cuestiones, hay algunas cosas que comentar, pero también pienso que había más posibilidades.
Alerta de spoilers: Destripo claves del final.–

Es probable que salgas del cine intentando encajar alguna duda. Una muy común es cómo puede entrar Cobb en el limbo de Saito, pero se asume que están conectados con la máquina en el avión y dentro de los sueños todo vale, si vemos otras máquinas es únicamente para mantener el engaño ante la víctima (Fischer). También puede confundir que salgan de ahí suicidándose, cuando andaban diciendo que con tal sedación morirían, pero Cobb se ha saltado “la patada”, es decir, sabe que ya no están sedados.

El final me disgusta un poco, porque Nolan, en su afán de explicarlo todo y darlo todo cerrado, pone la peonza tambaleándose en el último momento, mostrando que Cobb está en la realidad. Dejándola girando y cortando el plano quedaba todo a la imaginación del espectador. Pero al menos sí hay una cuestión el aire, aunque no sé si es buscada por Nolan o no. ¿Y si en realidad toda la misión es para hacerle un Origen a Cobb? El plan con Fischer sería para forzar que Cobb enfrente su pasado con Mal para que la única forma de salir que tenga sea hallando una forma de perdonarse, esto es, de hacerse el Origen a sí mismo sin darse cuenta.

Nota 08/08/17: le he pegado un repasillo a la crítica.

Creation

 

Creation, 2009, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 108 min.
Director: Jon Amiel.
Escritores: John Collee.
Actores: Paul Bettany, Jennifer Connelly, Jeremy Northam, Toby Jones, Jim Carter, Martha West.
Música: Christopher Young.

Valoración:
Lo mejor: El reparto, la banda sonora, la correcta puesta en escena.
Lo peor: Aburridísima, sin rumbo, desaprovechada…

* * * * * * * * *

Creation me ha supuesto una decepción enorme en muchos aspectos. Primero, parecía venderse como una cinta sobre la vida y obra de uno de los mayores genios de la historia de la humanidad, Charles Darwin, pero no lo es. Segundo, si hubiera dado lo que esperaba en el punto anterior también cabría esperar una cinta atrevida y polémica, sobre todo para los cenutrios habitantes de amplias zonas de Estados Unidos, pero obviamente si falla el punto anterior este tenía todas las de caer. Tercero, parece una buena película desde fuera, pero es un telefilme anodino y soporífero. Y explico más ampliamente los puntos:

Primero. No se habla de la vida y obra de Darwin, no se menciona nada más allá de que ha escrito algo sobre la evolución que parecen seguir las especies animales. No hay aventuras en el Beagle, no se explican los hallazgos que revolucionaron la ciencia moderna y el entendimiento del mundo que nos rodea. La cinta se basa en los problemas psicológicos de un padre que ha perdido a una hija y de cómo afecta esto a su matrimonio. No va más allá, de hecho abusa tanto de los miedos, tics y visiones de la dichosa niña que resulta cargante, lenta y plomiza hasta conseguir ser una de las cintas más aburridas que recuerdo haber visto. Con todo lo que se podría haberse contado…

Segundo. No hay riesgo intelectual ni crítico en temas sociales, científicos y religiosos. Al ser tan espantosamente superficial y cobarde en cuando a la vida y obra de Darwin no se puede ahondar mucho en la polémica subyacente en las mismas, y desde luego ni lo intentan. Como indicaba, lo más que se muestra, y con un tono repetitivo cansino, son los temores y dudas del biólogo, pero sin profundizar apenas en las razones externas, solo en la pena por la pérdida. Hay un par de menciones muy ligeras sobre el posible miedo que le daría el impacto y rechazo social que podría causar su obra al alejarse de la forma de vida impuesta por las malditas religiones, pero es tan superficial que es como si no hubiera nada al respecto. Si no hay choque entre ciencia y creación divina, ¿para qué llamarla Creation?

Tercero. No está mal realizada para tener un presupuesto ínfimo, y tiene un buen reparto y una banda sonora deliciosa (de un excelente compositor muy desaprovechado por la industria, Christopher Young), pero eso no basta para disfrazar el aspecto de cinta menor que arrastra, de telefilme intrascendente. Si a eso le sumamos la enorme decepción que supone si se espera algo de contenido con el que rendir homenaje a tan gran figura y agitar conciencias que están adormecidas por el mal de la religión y lo horriblemente aburrida que es, pues tenemos una película totalmente olvidable.

El escritor

 

The Ghost Writer, 2010, Francia, Alemania, Reino Unido.
Género: Thriller.
Duración: 128 min.
Director: Roman Polanski.
Escritores: Robert Harris (sobre su novela), Roman Polanski.
Actores: Ewan McGregor, Olivia Williams, Kim Cattrall, Pierce Brosnan, Tom Wilkinson.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, música, reparto.
Lo peor: Poco sustanciosa y algo forzada, sobre todo en su final.

* * * * * * * * *

El escritor es un tipo de cine que se ve cada vez menos, y por ello es una lástima su poca publicidad y escaso tirón comercial (recuperó por los pelos su pequeño presupuesto). Como decía en mi artículo sobre el estado del cine en la actualidad, da la sensación de que las producciones inteligentes y para adultos ya no son rentables y no se les da tantas oportunidades como a tontadas de acción fantasiosa (miren las horrendas críticas de Airbender: el último guerrero y a pesar de ello el éxito que ha conseguido gracias a su campaña publicitaria).

El escritor tiene a su favor tiene una acertadísima combinación entre diálogos e imágenes, donde la construcción de escenas juega un papel crucial: el tono pausado, los escenarios aislados y claustrofóbicos, los instantes de corte casi surrealista para descolocar y poner los nervios a flor de piel (el barrendero absurdo es un buen ejemplo)… También resulta un acierto que haya notables paralelismos con la situación política real (aunque en el desenlace desbarre), otorgándole así un aire de realismo crítico con el que gana interés. En su contra diré que deja la sensación de que el relato está inflado, alargado y algo retorcido para resultar más interesante de lo que una historia tan sencilla y, meditando después, previsible, podría dar de sí. Y concretamente el final ofrece una vuelta de tuerca que me resultó tan exagerada como innecesaria, una sorpresa demasiado rebuscada para una obra en general bastante seria. Sin embargo, en el resto de la cinta no se juega con exageraciones, sino con sutilezas, y en ningún otro momento se opta por recurrir a golpes de efecto forzados, sino que son los propios acontecimientos los que transmiten todo el tono inquietante (por ejemplo, los clímax de tensión no abusan de la acción, sino que se toman su tiempo, como la estupenda persecución que acaba en el ferry).

La puesta en escena es crucial en una cinta de estas características para dar el salto de una simple historia de investigación a un thriller que atrapa e inquieta en cada momento, y pocos directores valdrían para conseguirlo. Roman Polanski es uno de ellos, y se rodea de un equipo de primer nivel con el que edifica una obra exquisita en todos los aspectos de su realización: la dirección cuenta con un control perfecto sobre la historia, la fotografía es grisácea hasta resultar tenebrosa, la música resulta fascinante, el reparto es equilibradísimo (aunque destacaría a la brillante Olivia Williams)…

Es un thriller que espera conexión por parte del espectador, tanto paciencia como esfuerzo por seguir las pistas, donde la atmósfera densa y sombría y la trama que se desglosa poco a poco te mantienen en todo momento en vilo, en guardia por la sensación de peligro y misterio constante. Pero no por ello se libra de esa sensación que indicaba de poca trascendencia, de que nos han conseguido engañar hábilmente durante la proyección pero una vez acabada se puede comprobar que no posee la suficiente fuerza como para ser recordada días después. En otras palabras, es una buena película, pero más por su impecable factura que por su guión.