El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: diciembre 2010

The Town (Cuidad de ladrones)

The Town, 2010, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 125 min.
Director: Ben Affleck.
Escritores: Ben Affleck, Aaron Stockard, Peter Craig, Chuck Hogan (novela).
Actores: Ben Affleck, Rebecca Hall, Jon Hamm, Jeremy Renner, Blake Lively, Titus Welliver, Pete Postlethwaite.
Música: David Buckley, Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Dirección.
Lo peor: La interpretación de Ben Affleck. Que la trama y los personajes no resultan del todo creíbles.
Mejores momentos: Persecuciones y tiroteos, todos excelentes.

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Después de la sorprendente y altamente recomendable Adiós pequeña, adiós, muchos esperaban con ganas la nueva película de Ben Affleck como realizador. La crítica en general la ha recibido bien, aunque casi nadie duda de que está un peldaño por debajo de aquella llamativa cinta.

The Town sigue demostrando que el joven director sabe muy pero que muy bien lo que hace, ofrenciendo una cinta de ritmo perfectamente medido y con una planificación de escenas excelente. Además Affleck opta por un clasicismo en forma que se agradece enormemente en tiempos en los que predomina la aparatosidad y el artificio excesivo. La dirección es limpia, cuidada e inteligente y permite que la historia, sea ésta más o menos acertada, se desarrolle con un ritmo e intensidad perfectamente adecuados a cada momento. Donde más destaca su mano firme y su control absoluto sobre el tempo narrativo y la precisa utilización de la fotografía y el montaje es en las escenas de mayor acción, pues construye unas persecuciones y tiroteos realmente espectaculares. Affleck da unas cuantas lecciones de cómo se hace cine auténtico.

Por desgracia la historia que tiene entre manos no hace gala de tal perfección, resultando un tanto hueca y poco llamativa. En cierta manera parece una versión más ligera y de menor calidad de la grandiosa Heat (Michael Mann), que también componía un retrato de atracadores y policías con el líder de la banda criminal enamorándose de una mujer sencilla. De hecho el parecido de algunos segmentos de la trama y de algunas escenas es notable, destacando esa secuencia donde los agentes esperan al protagonista en casa de la chica. Pero mientras la de Mann contenía un repertorio de personajes muy bien trabajado y una trama compleja pero narrada con una coherencia pasmosa, la propuesta de Affleck es en cambio bastante endeble. En todo momento da la sensación de que no están claras las motivaciones de los personajes, de que no convencen sus decisiones, y sobre todo falla el romance entre la pareja protagonista, que carece de solidez y credibilidad (cuando las cosas se tuercen no hay manera de creer que ella tome la decisión de seguir con él). Y no ayuda lo más mínimo que Ben Affleck, de sobra conocido por sus nulas labores interpretativas, asuma el rol de protagonista absoluto. Su inutilidad es tal que no se sabe si su personaje está tenso, triste, agobiado… Es como un maniquí soltando palabras y desentona enormemente en un reparto bastante acertado.

The Town es un buen thriller, bastante recomendable para quien busque algo distinto al cine de acción ruidoso habitual, pero el desequilibrio entre su notable aspecto visual y su irregular historia puede resultar algo insatisfactorio. Por cierto, veo que en DVD contiene casi media hora extra de metraje. La verdad es que no creo que necesite ningún añadido, pero habría que comprobarlo para estar seguros.

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El imperio del sol

 

Empire of the Sun, 1987, EE.UU.
Género: Drama bélico.
Duración: 152 min.
Director: Steven Spielberg.
Escritores: Tom Stoppard, J. G. Ballard (novela).
Actores: Christian Bale, John Malkovich, Miranda Richardson, Niger Havers, Joe Pantoliano, Leslie Phillips, Masatô Ibu, Emily Richard, Rupert Frazer.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, guión, actores…
Lo peor: Algunas sensaciones que deja: no es muy original, peca de ser melodramática y se hace algo larga.
Mejores momentos: La huida por la ciudad, el ataque al campamento.

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La cantidad de recursos que posee un director tan dotado como Steven Spielberg hacen de El imperio del sol una aventura que resulta impresionante y épica cuando el caos sumerge a la población en el desconcierto (las imágenes de la huida por la ciudad son impresionantes, pero no menos que el ataque al campamento) y un drama personal sencillo y directo cuando se centra en las penurias que sufren unos pocos pero deliciosos personajes. Si como epopeya bélica es notablemente eficaz, no lo es menos ahondando en temas sociales subyacentes (muestra muy bien como los diferentes estratos sociales se van al carajo con la guerra y la forzosa igualdad que provoca el internamiento en el campo de concentración) y en la evolución psicológica que sufren los progatonistas en sus desvendturas. Con su habitual maestría Spielberg nos ofrece un sinfín de escenas cautivadoras y preciosas que solo autores de su nivel llegan a concebir, como por ejemplo esa de la habitación que muestra el secuestro a través de las huellas en el polvo de maquillaje, que resulta fascinante y perturbadora.

Sin embargo en la estancia en el campo la narración pierde algo de fuerza e interés, pues es un tramo que sabe a visto y se desarrolla con algunos trucos demasiado evidentes, y además la parte final se alarga demasiado sin que parezca llegar a ningún lado, para desembocar en un epílogo quizá necesario pero demasiado melodramático. En otras palabras, la cinta a veces peca de excesos de sentimentalismo, pues parece buscar forzadamente la emoción del espectador, y de metraje, pues se hace ligeramente larga ya que algunos momentos no parecen aportar demasiado o se inflan más de la cuenta. Así pues, a pesar de ser visualmente redonda y de contener muchísimos instantes de gran fuerza, en general a la película le falta algo, ese algo que supone pasar la frontera entre la perfección técnica y el arte inolvidable.

Cabe destacar, en un reparto muy bien elegido (John Malkovich y Miranda Richardson están fantásticos), la presencia como protagonista absoluto de Christian Bale. Su papel es encomiable, sobre todo teniendo en cuenta su juventud, mostrando con gran habilidad todo el proceso de cambio que provoca en él la aventura: de joven pijo y mimado pero entusiasta pasa a chaval aterrorizado, llegando luego a ser un joven avispado y a veces un sabiondo repelente y terminando en la más absoluta desesperación y soledad. Bale vio lanzada muy merecidamente su carrera, y como curiosidad hay quienes dicen que el enfrentarse a un papel tan exigente a tan corta edad le marcó y por eso siempre elige personajes raritos y torturados.

Estoy de acuerdo con lo que he visto en unas cuantas críticas: parece una cinta hecha para que te den premios y obtener prestigio en Hollywood. Pero no concuerdo lo más mínimo con quien dice que es uno de los fracasos de Spielberg. Quizá está excesivamente edulcorado, pero es un peliculón. Si buscas buen cine es un acierto seguro, es una de esas escasas muestras de que no importa si el argumento o la situación narrada está muy vista, siempre puede haber una nueva perspectiva que ofrecer y si se sabe mostrarla bien (con un guión hábil que no se deje llevar exclusivamente por los tópicos simplones y una realización de nivel) puede dar un producto de primera calidad. La entereza de los personajes, el detallismo que impregna todo el relato y la puesta en escena con un ritmo y belleza envidiables hacen olvidar el exceso de sentimentalismo y lo vistas que están las historias de campos de concentración y superación personal.

Alien 3


Alien 3, 1992, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Dirección: 114 min. (cines), 145 min. (Assembly Cut, 2003).
Guion: David Fincher.
Escritores: Vincent Ward, David Giler, Walter Hill, Larry Ferguson.
Actores: Sigourne Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Paul McGann, Brian Glover, Ralph Brown, Danny Web, Lance Henricksen.
Música: Elliot Goldenthal.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, actores, música y unos pocos personajes interesantes.
Lo peor: No termina de tomar forma, es irregular y algo pesada, y no provoca las emociones esperables: el suspense y el terror brillan por su ausencia.
Mejores momentos: La autopsia, Ripley y Clemens interrogándose el uno al otro en distintos momentos, el “dragón” entrando en la enfermería.
El plano: El alien olisqueando a Ripley.

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Alerta de spoilers: Por si acaso alguien no la ha visto todavía, la destripo a fondo. —

El proyecto de creación y producción de Alien 3 ha sido uno de los más caóticos de la industria del cine en toda su historia. La productora (20th Century Fox) mareó la perdiz alterando y descartando guiones de numerosos autores y cansando a directores que se largaban a rodar otras cosas. De hecho trataron a algunos de ellos con poco tacto: el descontrol era tal que alguno estuvo un tiempo desarrollando el proyecto sin saber que los directivos habían cambiado de ideas y su trabajo ya no valía. Varios nombres fueron muy llamativos, como el escritor de ciberpunk William Gibson, el director de acción Renny Harlin, o el autor de la posterior saga de Riddick, David Thohy. Planteamientos hubo de todo tipo, algunos muy ambiciosos, como el que pretendía dos películas, la primera sin Ripley (estaría protagonizada por Michael Biehn, quien fuera el cabo Hicks en Aliens) y la segunda con ella a la cabeza de una guerra a lo grande contra los alienígenas, y otros que prometían ser surrealistas, como una historia de monjes en una nave de madera que se convertirían en la resistencia contra los alienígenas. Al final los acreditados, aparte de los productores más implicados, fueron Larry Ferguson (La caza del Octubre Rojo) y Vincent Ward.

El rodaje lo empezaron sin poner fin al caos, seguramente porque ya llevaban gastado mucho dinero (sueldos y decorados luego desechados). Y se extendió a él, pues aunque contrataron a un director con talento, David Fincher, hoy día considerado uno de los autores más originales y dotados y con una carrera memorable (Seven, El club de la lucha, Zodiac, La red social), le hicieron la vida imposible con reescrituras de guion e imposiciones constantes. Del resultado renegó, igual que la mayor parte de los seguidores de la saga. Años más tarde, en 2003, una versión extendida con media hora más (llamada Assembly Cut, que supongo que se podría traducir como “Corte completo”) arreglaba aceptablemente bien el estropicio, pero él no tuvo nada que ver con ella y tampoco quiso participar en los extras de la edición en dvd que incluía las cuatro películas. La versión completa es la que comento aquí, porque la original ni la recuerdo ni tengo ganas de recuperarla.

Fincher era un director novel en cine pero venía de una larga carrera en videoclips, así que aparte de tener experiencia también mostraba cierta visión, que fue lo que seguramente llamó la atención del estudio, como pasó con James Cameron en la segunda entrega y luego con Jean-Pierre Jeunet en la cuarta. Y se ve la semilla de un buen director: la cinta entra por los ojos prometiendo más de lo que llega a dar. La puesta en escena se presenta muy certera, a veces incluso virtuosa, con el realizador exprimiendo a fondo la estupenda fotografía e iluminación de Alex Thomson: encuadres amplios para transmitir soledad e indefensión (los planos de los personajes empequeñecidos entre los grandes escenarios) y ángulos extraños para provocar angustia o caos (planos rápidos pero bien controlados, y recursos originales -la perspectiva del alien a ras de suelo o del techo-). El escenario elegido mantiene el sello de la saga: aislado, lúgubre y un tanto destartalado, transmite bien la sensación de claustrofobia y abandono. Eso sí, en un mundo aparte está la recreación digital del alien, que provoca auténtica vergüenza ajena. No sé si fue empeño de algún productor, pero si la tecnología digital estaba en pañales y veían que no pasaba el corte ni por asomo, no sé por qué lo mantuvieron. Supongo que en el lío que fue el proyecto llegó un momento en que no hubo otra salida que seguir adelante con semejante atrocidad. Por suerte en los planos más cercanos es fiel al original, una mezca de disfraz y mecanismos, una creación única, fascinante a la par que repugnante y espantosa. Y en el aspecto sonoro, la notable banda sonora de Elliot Goldenthal, tenebrosa como ella sola, parece la más adecuada para poner un extra de cara a la atmósfera esperada en una entrega de Alien.

En el guion también hay unos pocos puntos fuertes que auguran un filme de mayor calidad. Se va viendo un desarrollo de personajes bastante efectivo, y eso que partimos de un giro difícilmente justificable. No se entiende ni se perdona que, después de la férrea conexión forjada con los espectadores en Aliens, se carguen a la niña (Newt) y al cabo Hicks nada más empezar, sin que lleguen a salir. Con todos los posibles caminos por donde podían extender la serie, ¿en qué cabeza cabe hacerlo de manera tan poco respetuosa? El paso del tiempo ha suavizado esta mala impresión, pero en su momento tuvo que doler bastante a los seguidores. Pero este brusco cambio de dirección también garantiza que Ripley se encuentra en otro gran punto de inflexión de su vida. Además, Sigourne Weaver se implica de nuevo mucho con el personaje y transmite de maravilla la trágica situación. Nos encontramos ante una Ripley abatida, perdida, y este aura de melancolía se va tornando en un fatalismo muy inquietante: primero porque está rodeada de presos, cada cual más loco, y segundo, porque a la impresión de que morirán todos (ni armas, ni salida) se le une el descubrimiento de que lleva una reina dentro, lo que acaba con toda esperanza para ella. La escena en que el alien la deja con vida es una de las más icónicas de la serie, y el momento en que pide a Dillon que acabe con ella es bastante duro.

En cuanto al resto, el que sean presos violentos, escoria de la sociedad, no permite apenarse mucho con sus muertes, pero aun así Dillon, con su determinación por hacer que la comunidad se desarrolle dentro de unos límites civilizados, y el misterioso doctor Clemens, que parece ajeno al lugar (inteligente, culto, paciente y reflexivo), enganchan rápido, y sus esfuerzos y maquinaciones tienen momentos bastante interesantes (genial cuando Clemens pilla a la primera que Ripley ofrece sexo para acallar sus preguntas), amén de que los actores Charles S. Dutton y Charles Dance están muy bien. Y tenemos unos pocos secundarios en los que se ve empeño por otorgarles una personalidad concreta: el alcaide, Aaron (“85”), Golic. Se agradece que no sean simples extras y carnaza, pero también se puede decir que con lo que dura la versión íntegra había margen para forjar personajes y relaciones mucho más llamativos con los que pudiéramos implicarnos con mayor intensidad. En Alien y Aliens, incluso algunos que caen pronto se hacen querer, te acuerdas de ellos tras el visionado. Aquí sólo importan realmente Ripley y Clemens.

Respecto a la trama, se observa un objetivo concreto tanto en el primer acto como en el último, con algunos segmentos bastante notables, unos por ingeniosos, otros por trágicos. Inicialmente tenemos la intriga sobre cómo y cuándo aparecerá el alien, con Ripley forzando la autopsia de Newt (una escena conmovedora) y buscando otras pruebas mientras intenta que nadie se entere o la tomen por loca. Y como señalaba, la dinámica de tiras y aflojas entre ella, Clemens y el alcaide da bastante juego. Pero poco a poco empieza a pesar la sensación de que no se avanza. El tramo central se hace bastante largo, y ninguno de los otros presos, incluso los más presentes, como Golic, terminan de ganarse nuestra atención por completo. No se aprovecha un apunte sugerido en el primer capítulo y potenciado en el segundo y que aquí parecía que iba a tener relevancia: el hombre suele ser el peor enemigo para el hombre. Al principio se matiza, incluso más de la cuenta, que ella rompe el equilibrio del lugar con su presencia, pero la construcción de la nueva convivencia, el acercamiento de cada protagonista, los perdones y redenciones se dejan completamente de lado. Del intento de violación de Ripley pasamos a trabajar todos juntos sin más. En cuanto a la caza a la que están sometidos, el giro en que atrapan al bicho por primera vez pero el loco de Golic lo suelta no está mal planteado, sobre todo porque aumenta la impresión de perdición inminente, pero lo cierto es que la ejecución del plan para su captura es poco o nada esencial: ni aporta un tramo especialmente espectacular ni una lectura más profunda de los personajes. Así pues, lo que hace es agravar el estancamiento, darle visibilidad a las vueltas en círculos que repiten cosas que ya conocemos o que se ven venir.

Esto además se magnifica en el plan final de cazarlo en la fundición, porque a fin de cuentas es lo mismo que vimos en Alien y en el primer intento: ir cercándolo. Pero además emerge la pregunta de que si ahora no necesitan el peligroso combustible y el fuego, por qué antes sí. Si no decae hasta resultar un clímax insípido es por el buen hacer de Fincher, porque lo único que vamos a ver es gente corriendo y cerrando puertas. Se transmite algo de agobio, el destino de Ripley aunque está escrito posee cierto interés… pero desde luego no es un arco final deslumbrante. Ni la llegada de los hombres de la compañía Weyland, con el misterioso tipo que creó al modelo de androides de Bishop, aporta un extra, porque es enormemente predecible. El sombrío final de Ripley es una imagen bastante poderosa, pero por la fuerza del personaje, por su trayectoria, más que por la escena en sí, que va a lo más predecible. Y aquí debo decir que prefiero el cierre original, con la reina intentando escapar del cuerpo y Ripley agarrándola, que el elegido para la versión completa, donde Ripley cae sin más al magma. Con la reina presente se ve una victoria trágica más efectiva, más emocionante.

La sensación final es que, a pesar de los puntos fuertes con atractivo y del potencial global, Alien 3 nunca termina de despegar, de tomar una forma concreta y deslumbrar como podría. No llega a ser una película mediocre en su versión completa (la estrenada en cines parece que sí fue bastante desastrosa), pero queda claro que desde la improvisación no hay manera de levantar un proyecto tan grande como es una producción cinematográfica de forma que el resultado sea de alto nivel, o, dicho de otra forma, sin concretar los objetivos no se pueden medir las necesidades para alcanzarlos y repartir el trabajo adecuadamente. Por muy hábiles o esforzados que estuvieran los guionistas (a los que les tocó en la rifa ser elegidos), el director, el director de fotografía, el editor, el compositor y los actores, si no hay una línea clara y consistente sobre la que trabajar, difícilmente se puede rodar pensando en edificar una atmósfera concreta en este segmento, otra en este otro, y una global para la película entera. Así pues, las pocas virtudes que tiene, aunque inicialmente llamativas, no llegan a explotar, se diluyen un poco en un relato deslavazado, apagado y muy largo para lo poco que llega a mostrar. El misterio y el suspense no logran atrapar con fuerza como para ir poniéndote nervioso para que cuando el alien aparezca te lleve adecuadamente al terror, pero es que este factor miedo ni amaga con aparecer: las incursiones del bicho son muy desganadas, ni con sangre resultan espeluznantes, y por si fuera poco las escenas en que es digital pierden mucha más pegada. Y el fatalismo que prometía emerger de la situación sin salida y del destino sellado de Ripley, aunque tiene buenos momentos dramáticos, no consigue a resultar amargo y desgarrador como se espera.

En resumen, queda en Alien 3 una pizca de la esencia de la saga y un mínimo de calidad más que aceptable como película, pero el listón está tan alto, se esperaba tanto, que la mayor parte de los fans siguen divididos: o se rechaza con lástima o se acepta con tibieza.

PD: El tiempo de gestación de los alienígenas sigue estando muy poco meditado. El alien del buey se gesta en unas horas, el que lleva Ripley en cambio tarda mucho más. También cabe preguntarse cuándo tuvo tiempo la reina de plantar unos pocos huecos por la Sulaco, y más donde Ripley no los viera.

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
-> Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

Los mercenarios

The Expendables, 2010, EE.UU.
Género: Acción
Duración: 103 min.
Director: Sylvester Stallone.
Escritores: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Eric Roberts, Randy Couture, Mickey Rourke, David Zayas, Giselle Itié, Charisma Carpenter.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes y los chistes entre ellos. Que entretiene bastante.
Lo peor: El guión lleno de agujeros. La dirección muy mejorable.
Mejores momentos: Las apariciones de Bruce Willis y Arnold Swarzenegger.

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Me resultaba atractiva por estilo (cine de acción de tiros y no de efectos digitales, a la antigua usanza), por el reparto de figuras clásicas del género (aunque yo siempre he sido amante del cine de acción de primera calidad, el de Swarzenegger, y no el chusquero de los Lundgren y demás), y por alguna razón pensaba que iba a ser una cinta más trabajada y original que lo que se ve hoy día en el género (El equipo A, Transformers, etc.). Sin embargo el resultado es bastante pobre, no difiere lo más mínimo de por ejemplo la citada El equipo A: es un quiero y no puedo, unas cuantas buenas ideas muy desaprovechadas en un conjunto torpe e irregular.

El guión es una excusa para meter acción, eso lo acepto, pero no cuando se llega al extremo de que solo se trabajen los protagonistas buenos y los malos sean caricaturas ridículas, y menos aún si no hay una narración que lleve a los personajes en una dirección concreta y coherente. Si me preguntan de qué va la película casi no sabría decirlo, y más aún cuando después de rechazar la misión vuelven a la isla por razones cogidísimas por los pelos.

Si el guión es un colador, la dirección está a su nivel. La mano hiperhormonada de Stallone no vale para coger una cámara, solo para soltar puños y chascarrillos graciosetes. La puesta en escena es mediocre y tosca, con unos cuantos momentos de vergüenza ajena (cuando corre para alcanzar el avión, por ejemplo) y en general con unas escenas de acción que, aunque deberían ser lo mejor de la película, resultan nada originales a la par que caóticas y confusas. El clímax en la mansión es tan aparatoso e ineficaz que se hace largo y no impresiona mucho.

Lo que destaca y hace de la propuesta un entretenimiento digno es su grupo de figuras protagonistas, tanto actores como personajes. Los caracteres resultan muy simpáticos y los diálogos que hay entre ellos, llenos de chistes y dejando ver relaciones bien trabajadas, son por momentos muy llamativos; y por si fuera poco la buena química entre los actores ensalza aún más estas virtudes. Cada personaje tiene sus motivaciones y estilo, y la camadería y los roces entre ellos resultan muy gratificantes de ver. Además hay apariciones espectaculares, como la escena que comparten Arnold Swarzenegger y Bruce Willis, momento breve pero que se utiliza muy sabiamente gracias a unos ingeniosos diálogos que tienen magníficas puyas tanto entre personajes como relacionadas con la vida real de los actores.

En conjunto considero que Los mercenarios es un visionado aceptable para pasar el rato (si eres amante de este tipo de cine, claro), pues su ritmo no decae hasta el aburrimiento y los protagonistas son de bastante calidad. Pero como en otras tantas que he comentado recientemente deja la sensación de que era muy mejorable con poco esfuerzo y que ya no hay autores (guionistas y directores) que sepan ofrecer cintas de acción con un argumento decente y buenas dosis de carisma y espectáculo.

Skyline

Skyline, 2010, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 94 min.
Directores: Colin Strause, Greg Strause.
Escritores: Joshua Cordes, Liam O’Donnell.
Actores: Eric Balfour, Scottie Thomson, Brittany Daniel, Crystal Reed, Neil Hopkins, David Zayas, Donald Frayson.
Música: Matthew Margeson.

Valoración:
Lo mejor: Los efectos especiales.
Lo peor: ¡No os dejéis engañar por la publicidad, es una mierda enorme!
Mejores momentos: Aunque es absurdo, el ataque con aviones teledirigidos.

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Skyline se presentaba como una propuesta muy prometedora en sus avances, llamando bastante la atención entre el público joven gracias a su aspecto de invasión alienígena de grandes proporciones. Luego se descubre que su presupuesto fue de unos míseros diez millones de dólares, así que las sensaciones cambian y el fandom (los amantes del género que se reúnen por internet para compartir aficiones) empieza a pensar que se trata de otra de esas cintas que despunta por su originalidad en el planteamiento y buen hacer a la hora de plasmarlo en imágenes (como Monstruoso o District 9). Pero el timo se descubre en cuanto se estrena y las críticas empiezan a aparecer. De infame y ridícula para abajo. Nada, que todo fue una campaña publicitaria muy eficaz y la cinta se está estrellando como merece.

Al contrario que en las citadas Monstruoso o District 9 aquí no hay talento alguno y es clara la sensación de que se ha buscado un taquillazo juntando elementos de éxito comprobado, sin pensar tan siquiera en homogeneizar la mezcla, sin darse cuenta de que trozos e ideas puestos en fila no garantizan una buena película. Es descarado como toma retazos de Independence Day, Monstruoso, La guerra de los mundos, Matrix e incluso de videojuegos de éxito como el Crysis, pero todo se mezcla sin tino en una burda película digna de la televisión y destinada al público adolescente.

El trabajo de guión es mínimo, tanto a la hora de dotar a los personajes de credibilidad (todos son anodinos y aburridos) como en la propia evolución de la trama. La aventura es simple, predecible e intrascendente, y como no sentimos nada por lo que les pueda pasar a los protagonistas es imposible conectar con las imágenes. Los directores (los hermanos Strause, quienes engendraron Alien Vs. Predator 2) son unos mantas de cuidado. La fotografía es un burdo intento de cámara en mano que no sabe adónde apunta y muestran una nula capacidad para crear tensión y sacar algo de chicha de las escasas escenas de acción. Ni los momentos que deberían ser más estresantes e impactantes transmiten algo, y algunas escenas resultan ridículas, como esos soldados en la azotea haciendo el gilipollas o los aviones que para disparar misiles tienen que estar a diez metros del enemigo. Como no hay emoción, ni acción, ni espectáculo, Skyline aburre muchísimo.

El presupuesto se destina a los efectos especiales, que es con lo que se vende la película (con unos cuantos buenos ordenadores se consiguen maravillas), y claro, así no queda casi nada para realizar un rodaje de cierto nivel: toda la acción se desarrolla en una sola habitación y en la azotea, con una breve incursión al aparcamiento. Así pues, da la sensación de que hay dos películas, una de pseudo-terror de adolescentes estúpidos en primer plano y otra de guerra contra alienígenas que solo se ve fugazmente de fondo.

Mención especial merece su final. No sé si los guionistas creen que han hecho algo original o qué, porque en realidad es el colmo del absurdo. Es spoiler, así que si os vais a arriesgar a ver la mierda ésta mejor saltáis al siguiente párrafo. La escena del beso, los alienígenas comiendo y usando cerebros, la chica embarazada de una semana y que ya tiene latido fetal, el protagonista convertido en perro-alien y… y lo más gracioso de todo, la chica reconociendo al monstruo como su novio por arte de magia… y… y aún hay más memeces, porque ahí se acaba la película. ¿Y ahora qué? ¿Se va con el perrito, muere, se matan mutuamente? ¿Pero de verdad piensan que esto es un desenlace abierto y una gran sorpresa? ¡Uno de los peores finales que he visto en mi vida!

Skyline es el fiasco y el engaño del año. Totalmente descartable. Sus creadores (guionistas y directores) provienen del mundo de los efectos especiales, y ahí deberían quedarse, porque sus incipientes incursiones en la realización están siendo catastróficas.

Por cierto, extendiendo la reflexión que hacía en The Man from Earth, Sklyine es el perfecto ejemplo de mal cine, el que trata de reventar la taquilla con fuegos artificiales y publicidad en vez de con una buena historia. Son dos visiones opuestas del arte: una es una buena idea escrita con sabiduría y dedicación, la otra es un sub-producto comercial que prácticamente resulta inmoral de lo malo y engañoso que es.