El Criticón

Opinión de cine y música

Alien 3


Alien 3, 1992, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Dirección: 114 min. (cines), 145 min. (Assembly Cut, 2003).
Guion: David Fincher.
Escritores: Vincent Ward, David Giler, Walter Hill, Larry Ferguson.
Actores: Sigourne Weaver, Charles S. Dutton, Charles Dance, Paul McGann, Brian Glover, Ralph Brown, Danny Web, Lance Henricksen.
Música: Elliot Goldenthal.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, actores, música y unos pocos personajes interesantes.
Lo peor: No termina de tomar forma, es irregular y algo pesada, y no provoca las emociones esperables: el suspense y el terror brillan por su ausencia.
Mejores momentos: La autopsia, Ripley y Clemens interrogándose el uno al otro en distintos momentos, el “dragón” entrando en la enfermería.
El plano: El alien olisqueando a Ripley.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Por si acaso alguien no la ha visto todavía, la destripo a fondo. —

El proyecto de creación y producción de Alien 3 ha sido uno de los más caóticos de la industria del cine en toda su historia. La productora (20th Century Fox) mareó la perdiz alterando y descartando guiones de numerosos autores y cansando a directores que se largaban a rodar otras cosas. De hecho trataron a algunos de ellos con poco tacto: el descontrol era tal que alguno estuvo un tiempo desarrollando el proyecto sin saber que los directivos habían cambiado de ideas y su trabajo ya no valía. Varios nombres fueron muy llamativos, como el escritor de ciberpunk William Gibson, el director de acción Renny Harlin, o el autor de la posterior saga de Riddick, David Thohy. Planteamientos hubo de todo tipo, algunos muy ambiciosos, como el que pretendía dos películas, la primera sin Ripley (estaría protagonizada por Michael Biehn, quien fuera el cabo Hicks en Aliens) y la segunda con ella a la cabeza de una guerra a lo grande contra los alienígenas, y otros que prometían ser surrealistas, como una historia de monjes en una nave de madera que se convertirían en la resistencia contra los alienígenas. Al final los acreditados, aparte de los productores más implicados, fueron Larry Ferguson (La caza del Octubre Rojo) y Vincent Ward.

El rodaje lo empezaron sin poner fin al caos, seguramente porque ya llevaban gastado mucho dinero (sueldos y decorados luego desechados). Y se extendió a él, pues aunque contrataron a un director con talento, David Fincher, hoy día considerado uno de los autores más originales y dotados y con una carrera memorable (Seven, El club de la lucha, Zodiac, La red social), le hicieron la vida imposible con reescrituras de guion e imposiciones constantes. Del resultado renegó, igual que la mayor parte de los seguidores de la saga. Años más tarde, en 2003, una versión extendida con media hora más (llamada Assembly Cut, que supongo que se podría traducir como “Corte completo”) arreglaba aceptablemente bien el estropicio, pero él no tuvo nada que ver con ella y tampoco quiso participar en los extras de la edición en dvd que incluía las cuatro películas. La versión completa es la que comento aquí, porque la original ni la recuerdo ni tengo ganas de recuperarla.

Fincher era un director novel en cine pero venía de una larga carrera en videoclips, así que aparte de tener experiencia también mostraba cierta visión, que fue lo que seguramente llamó la atención del estudio, como pasó con James Cameron en la segunda entrega y luego con Jean-Pierre Jeunet en la cuarta. Y se ve la semilla de un buen director: la cinta entra por los ojos prometiendo más de lo que llega a dar. La puesta en escena se presenta muy certera, a veces incluso virtuosa, con el realizador exprimiendo a fondo la estupenda fotografía e iluminación de Alex Thomson: encuadres amplios para transmitir soledad e indefensión (los planos de los personajes empequeñecidos entre los grandes escenarios) y ángulos extraños para provocar angustia o caos (planos rápidos pero bien controlados, y recursos originales -la perspectiva del alien a ras de suelo o del techo-). El escenario elegido mantiene el sello de la saga: aislado, lúgubre y un tanto destartalado, transmite bien la sensación de claustrofobia y abandono. Eso sí, en un mundo aparte está la recreación digital del alien, que provoca auténtica vergüenza ajena. No sé si fue empeño de algún productor, pero si la tecnología digital estaba en pañales y veían que no pasaba el corte ni por asomo, no sé por qué lo mantuvieron. Supongo que en el lío que fue el proyecto llegó un momento en que no hubo otra salida que seguir adelante con semejante atrocidad. Por suerte en los planos más cercanos es fiel al original, una mezca de disfraz y mecanismos, una creación única, fascinante a la par que repugnante y espantosa. Y en el aspecto sonoro, la notable banda sonora de Elliot Goldenthal, tenebrosa como ella sola, parece la más adecuada para poner un extra de cara a la atmósfera esperada en una entrega de Alien.

En el guion también hay unos pocos puntos fuertes que auguran un filme de mayor calidad. Se va viendo un desarrollo de personajes bastante efectivo, y eso que partimos de un giro difícilmente justificable. No se entiende ni se perdona que, después de la férrea conexión forjada con los espectadores en Aliens, se carguen a la niña (Newt) y al cabo Hicks nada más empezar, sin que lleguen a salir. Con todos los posibles caminos por donde podían extender la serie, ¿en qué cabeza cabe hacerlo de manera tan poco respetuosa? El paso del tiempo ha suavizado esta mala impresión, pero en su momento tuvo que doler bastante a los seguidores. Pero este brusco cambio de dirección también garantiza que Ripley se encuentra en otro gran punto de inflexión de su vida. Además, Sigourne Weaver se implica de nuevo mucho con el personaje y transmite de maravilla la trágica situación. Nos encontramos ante una Ripley abatida, perdida, y este aura de melancolía se va tornando en un fatalismo muy inquietante: primero porque está rodeada de presos, cada cual más loco, y segundo, porque a la impresión de que morirán todos (ni armas, ni salida) se le une el descubrimiento de que lleva una reina dentro, lo que acaba con toda esperanza para ella. La escena en que el alien la deja con vida es una de las más icónicas de la serie, y el momento en que pide a Dillon que acabe con ella es bastante duro.

En cuanto al resto, el que sean presos violentos, escoria de la sociedad, no permite apenarse mucho con sus muertes, pero aun así Dillon, con su determinación por hacer que la comunidad se desarrolle dentro de unos límites civilizados, y el misterioso doctor Clemens, que parece ajeno al lugar (inteligente, culto, paciente y reflexivo), enganchan rápido, y sus esfuerzos y maquinaciones tienen momentos bastante interesantes (genial cuando Clemens pilla a la primera que Ripley ofrece sexo para acallar sus preguntas), amén de que los actores Charles S. Dutton y Charles Dance están muy bien. Y tenemos unos pocos secundarios en los que se ve empeño por otorgarles una personalidad concreta: el alcaide, Aaron (“85”), Golic. Se agradece que no sean simples extras y carnaza, pero también se puede decir que con lo que dura la versión íntegra había margen para forjar personajes y relaciones mucho más llamativos con los que pudiéramos implicarnos con mayor intensidad. En Alien y Aliens, incluso algunos que caen pronto se hacen querer, te acuerdas de ellos tras el visionado. Aquí sólo importan realmente Ripley y Clemens.

Respecto a la trama, se observa un objetivo concreto tanto en el primer acto como en el último, con algunos segmentos bastante notables, unos por ingeniosos, otros por trágicos. Inicialmente tenemos la intriga sobre cómo y cuándo aparecerá el alien, con Ripley forzando la autopsia de Newt (una escena conmovedora) y buscando otras pruebas mientras intenta que nadie se entere o la tomen por loca. Y como señalaba, la dinámica de tiras y aflojas entre ella, Clemens y el alcaide da bastante juego. Pero poco a poco empieza a pesar la sensación de que no se avanza. El tramo central se hace bastante largo, y ninguno de los otros presos, incluso los más presentes, como Golic, terminan de ganarse nuestra atención por completo. No se aprovecha un apunte sugerido en el primer capítulo y potenciado en el segundo y que aquí parecía que iba a tener relevancia: el hombre suele ser el peor enemigo para el hombre. Al principio se matiza, incluso más de la cuenta, que ella rompe el equilibrio del lugar con su presencia, pero la construcción de la nueva convivencia, el acercamiento de cada protagonista, los perdones y redenciones se dejan completamente de lado. Del intento de violación de Ripley pasamos a trabajar todos juntos sin más. En cuanto a la caza a la que están sometidos, el giro en que atrapan al bicho por primera vez pero el loco de Golic lo suelta no está mal planteado, sobre todo porque aumenta la impresión de perdición inminente, pero lo cierto es que la ejecución del plan para su captura es poco o nada esencial: ni aporta un tramo especialmente espectacular ni una lectura más profunda de los personajes. Así pues, lo que hace es agravar el estancamiento, darle visibilidad a las vueltas en círculos que repiten cosas que ya conocemos o que se ven venir.

Esto además se magnifica en el plan final de cazarlo en la fundición, porque a fin de cuentas es lo mismo que vimos en Alien y en el primer intento: ir cercándolo. Pero además emerge la pregunta de que si ahora no necesitan el peligroso combustible y el fuego, por qué antes sí. Si no decae hasta resultar un clímax insípido es por el buen hacer de Fincher, porque lo único que vamos a ver es gente corriendo y cerrando puertas. Se transmite algo de agobio, el destino de Ripley aunque está escrito posee cierto interés… pero desde luego no es un arco final deslumbrante. Ni la llegada de los hombres de la compañía Weyland, con el misterioso tipo que creó al modelo de androides de Bishop, aporta un extra, porque es enormemente predecible. El sombrío final de Ripley es una imagen bastante poderosa, pero por la fuerza del personaje, por su trayectoria, más que por la escena en sí, que va a lo más predecible. Y aquí debo decir que prefiero el cierre original, con la reina intentando escapar del cuerpo y Ripley agarrándola, que el elegido para la versión completa, donde Ripley cae sin más al magma. Con la reina presente se ve una victoria trágica más efectiva, más emocionante.

La sensación final es que, a pesar de los puntos fuertes con atractivo y del potencial global, Alien 3 nunca termina de despegar, de tomar una forma concreta y deslumbrar como podría. No llega a ser una película mediocre en su versión completa (la estrenada en cines parece que sí fue bastante desastrosa), pero queda claro que desde la improvisación no hay manera de levantar un proyecto tan grande como es una producción cinematográfica de forma que el resultado sea de alto nivel, o, dicho de otra forma, sin concretar los objetivos no se pueden medir las necesidades para alcanzarlos y repartir el trabajo adecuadamente. Por muy hábiles o esforzados que estuvieran los guionistas (a los que les tocó en la rifa ser elegidos), el director, el director de fotografía, el editor, el compositor y los actores, si no hay una línea clara y consistente sobre la que trabajar, difícilmente se puede rodar pensando en edificar una atmósfera concreta en este segmento, otra en este otro, y una global para la película entera. Así pues, las pocas virtudes que tiene, aunque inicialmente llamativas, no llegan a explotar, se diluyen un poco en un relato deslavazado, apagado y muy largo para lo poco que llega a mostrar. El misterio y el suspense no logran atrapar con fuerza como para ir poniéndote nervioso para que cuando el alien aparezca te lleve adecuadamente al terror, pero es que este factor miedo ni amaga con aparecer: las incursiones del bicho son muy desganadas, ni con sangre resultan espeluznantes, y por si fuera poco las escenas en que es digital pierden mucha más pegada. Y el fatalismo que prometía emerger de la situación sin salida y del destino sellado de Ripley, aunque tiene buenos momentos dramáticos, no consigue a resultar amargo y desgarrador como se espera.

En resumen, queda en Alien 3 una pizca de la esencia de la saga y un mínimo de calidad más que aceptable como película, pero el listón está tan alto, se esperaba tanto, que la mayor parte de los fans siguen divididos: o se rechaza con lástima o se acepta con tibieza.

PD: El tiempo de gestación de los alienígenas sigue estando muy poco meditado. El alien del buey se gesta en unas horas, el que lleva Ripley en cambio tarda mucho más. También cabe preguntarse cuándo tuvo tiempo la reina de plantar unos pocos huecos por la Sulaco, y más donde Ripley no los viera.

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
-> Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

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