El Criticón

Opinión de cine y música

Déjame entrar

Let Me In, 2010, EE.UU.
Género: Drama, intriga.
Duración: 116 min.
Director: Matt Reeves.
Escritores: Matt Reeves, John Ajvide Lindqvist (novela y cinta en la que se basa).
Actores: Kodi Smit-McPhee, Chlore Moretz, Richard Jenkins, Elias Koteas, Kara Buono, Dylan Minnette, Richie Coster.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La profesionalidad de la puesta en escena (dirección, fotografía) y los jóvenes actores.
Lo peor: Tiene poca sustancia y sabe a poco tras la original.

* * * * * * * * *

Esta Déjame entrar es claramente es un remake y no otra adaptación de la novela de John Ajvide Lindqvist en la que se basó la primera versión (Låt den rätte komma in, 2008), pues no hay más que echarle un vistazo por encima para ver que es un calco escena a escena, cambiando sólo algunos detalles, como la inclusión de un detective en sustitución de la subtrama de otros adultos o el innecesario aporte de efectos digitales. Sin embargo, conociendo el puritanismo y policorrectismo de Estados Unidos esperaba que la propuesta fuera mucho más ligera, pero sólo esquiva un momento peliagudo, aquél en que el chaval espía a la vampira desnuda y ve que en sus partes íntimas no hay lo que debería (solo una cicatriz). Aquí muestran cómo mira, pero no lo que ve, con lo que no se entiende su reacción (de hecho lo que cabe pensar es que se ha excitado, y no es esa la intención de la escena originalmente). Pero para mi sorpresa el tono en general no difiere mucho, y hay algunas escenas que no me esperaba ver relativas a la incipiente relación amorosa entre los chavales, como aquélla en que duermen juntos, ella desnuda, y hablan de ser novios.

La cinta destaca rápidamente por su trabajado aspecto visual. La fotografía (Greig Fraser) es muy virtuosa, resultando expresiva e inquietante a partes iguales (nótese que el rostro de la madre nunca se ve directamente, mostrando así su escasa conexión familiar), y la dirección (Matt Reeves) brilla por su acertado manejo de la narración, manteniéndose siempre en un ritmo pausado pero firme donde el interés, a pesar de que la historia es lenta por definición, no decae. Cabe citar que el director venía de Monstruoso (Cloverfield) , lo que supone un cambio de estilo brutal y denota que sabe muy bien lo que hace. Pero eso sí, con una banda sonora más trabajada (el esfuerzo de Michael Giacchino se queda en un pobre efecto sonoro) podría haber ganado algunos enteros.

Sin embargo no he sido capaz de meterme de lleno en la historia, no he vivido con entusiasmo los problemas y emociones de los protagonistas, ni la trama me ha parecido lo suficientemente llamativa como para resultar impresionado en los momentos clave (sean los escalofriantes o los sentimentales). Diría que se debe a que se pone más esfuerzo en la imitación, en lograr un producto parecido, que en darle densidad desde el guión. De hecho, si los personajes llegan a interesar lo suficiente como para que no acabe siendo una aventura insípida es porque los jóvenes actores (Kodi SmitMcPhee –La carretera– y Chloe Moretz –Kick Ass-) están muy bien en sus papeles.

Así pues, a pesar de su equilibrada puesta en escena le falta atmósfera, ímpetu, cuando la original resulta subyugante, atrapa desde el principio y nos sumerge en un entorno tenebroso, frío e inhóspito, y en cuanto a las emociones se conecta íntimamente con la vida solitaria y cruel que viven los protagonistas. O dicho de otra forma, una denota bastante profesionalidad y buen uso de la técnica en su realización pero apenas saca partido del contenido, y la otra resulta muchísimo más intensa y ofrece una obra de arte tan atípica como fascinante.

Además no he dejado de tener la sensación de que un producto así de arriesgado y original hoy día es casi imposible verlo nacer desde cero en Hollywood. Lo han confeccionado partiendo de un valor seguro, lo cual es bastante cobarde, más aún si tenemos en cuenta que la cinta original golpeó bastante fuerte debido a su gran calidad: lo que se tenía que haber hecho era darle un apoyo extra a su distribución, no imitarla. Esto sólo refleja demasiado egocentrismo, una industria muy cerrada (no se permiten doblajes, y quién va a ver allí algo en un idioma extranjero), una notable falta de ideas y, por eso de aprovechar el éxito de otros, bastante cara dura. Aquí debo recordar que no hace mucho escribí un artículo hablando de la crisis del cine de Hollywood.

Y esto me lleva al manido tema de si los remake son una vergüenza o algo aceptable. Y yo me inclino por admitirlos, porque, ¿qué problema hay con ver otra versión de una idea? Puede salir muy bien (Infiltrados se basa en un filme japonés y el resultado es sublime), muy mal (La cena de los idiotas ni me atrevo a verla), ser un aprovechamiento claramente comercial (la aquí analizada) o resultar una actualización hecha con muy buenas ideas (La cosa o La invasión de los ultracuerpos superan claramente a sus precursoras). Además, si no gusta sabemos que la versión buena sigue existiendo, y es evidente que pueden valer para dar a conocer obras de escasa trascendencia. Sobre Déjame entrar ya he dicho lo que pienso, así que si algún lector tiene interés, que vaya de cabeza a por la sueca.

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