El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2011

Los próximos tres días

 

The Next Three Days, 2010, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 122 min.
Director: Paul Haggis.
Escritores: Paul Haggis.
Actores: Russell Crowe, Elizabeth Banks, Jason Beghe, Aisha Hinds, Michael Buie, Olivia Wilde, Liam Neeson.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Russell Crowe. Algunas escenas puntuales muy logradas gracias a una buena dirección.
Lo peor: Un relato tan inverosímil y absurdo que cuesta conectar con él.
Mejores momentos: La llave atascada. El casi accidente de tráfico.

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Aviso de spoilers: revelo algunos datos concretos que podrían considerarse importantes, como un par de sorpresas finales.-

No he visto la cinta francesa en la que se basa, pero sí se me ocurre acertado compararla con Venganza, aquella de acción con Liam Neeson de protagonista. En ella la historia va al grano sin perderse en tontadas morales, en justificar burdamente algo tan improbable que si se toma en serio pierde interés, y su protagonista, un asesino profesional, encaja en la situación, no como el buen padre y profesor que tenemos aquí. En Los próximos tres días desde que el carácter de Russell Crowe se encabezona con la idea de sacar a su mujer de la prisión la narración empieza a hacer malarabismos tanto para intentar resultar coherente como para justificar de cara al espectador la determinación del protagonista. Los cutres mensajes morales sobre la supervivencia de la familia y lo buenos que son los protagonistas (que rozan lo vergonzoso en algunos instantes, como cuando al final –en una escena de risa- se nos da mascadito que ella no es una asesina, con lo jugoso que hubiera sido al revés) no son un gran problema, pues estamos habituados a la moralina barata de Hollywood, pero lo que sí rechina mucho es la credibilidad. Que este profesor tranquilo y padre buenazo se meta a pistolero (con qué facilidad acaba con algunas vidas –por supuesto criminales-), urda un plan casi infalible y tenga semejante habilidad para resolver situaciones comprometidas y los problemas que surgen, no hay quien se lo trague. Es como ver un drama familiar mezclado toscamente con una de Bruce Willis. No funciona, no encaja, no alcanza el mínimo de verosimilitud como para dejarse llevar, casi toda escena rechina o molesta cuando no provoca risa.

Es indudable que Russell Crowe hace un gran papel, uno que le queda grande a una cinta de calibre tan bajo, pero aunque su interpretación resulte exquisita en situaciones clave (cuando está retenido por la seguridad de la cárcel, por ejemplo, lo borda) el personaje no funciona en el contexto en que se mueve. No ayuda tampoco que haya tramos del relato un poco torpes, como el confuso inicio o la forzada y mal empleada presencia de los detectives, y también descoloca la única y brevísima aparición de Liam Neeson, de quien obviamente se esperaba un papel mayor.

Por ello la cinta no interesa, no capta la atención, no arranca hasta que la fuga se pone en marcha, cuando ya no importa si es creíble lo que vemos, sino la acción que se vive. Con la atinada puesta en escena (y la ayuda de una banda sonora muy eficaz) se obtiene a partir de ahí una cinta de acción muy entretenida con algunos momentos puntuales bastante logrados (como el intento de suicidio de la mujer en la carretera). De un autor del calibre de Paul Haggis (¿cómo puede pasar de una obra maestra como Crash a esto?) y un reparto tan interesante cabría esperar un thriller como poco correcto, pero lo que queda es una de acción del montón.

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Gosford Park

Gosford Park, 2001, EE.UU.
Género: Drama, intriga.
Duración: 137 min.
Director: Robert Altman.
Escritores: Robert Altman, Bob Balaban, Julian Fellowes.
Actores: Michael Gambon, Maggie Smith, Kristin Scott Thomas, Camilla Rutherford Charles Dance, Jeremy Northam, Bob Balaban, Ryan Phillips, Kelly McDonald, Helen Mirren, Eileen Atkins, Emily Watson, Derek Jacobi, Clive Owen, Tom Hollander…
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Guión sublime, realización a su nivel, reparto espectacular.
Lo peor: Que no se recuerde tanto como merece.

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Gosford Park ofrece un certero retrato y análisis de la sociedad inglesa de la década de los treinta, centrándose en la élite adinerada, con títulos y tierras, y sus sirvientes, que representarían en gran medida al pueblo llano. No se escatima en detalles sobre la vida diaria de estos dos estratos sociales y se forma un entramado de relaciones, intereses, puyas, anécdotas, etc. tan complejo como fascinante. Sin embargo su sinopsis y avances pueden llevar a un equívoco y hacer que se llegue a su visionado esperando otra cosa, una de misterio alrededor de un crimen, cuando el asesinato no es el hilo conductor de la historia, sino un evento más en la misma.

Eso sí, la escena previa a la muerte es espléndida, formando un clímax de expectación verdaderamente logrado. Durante un buen rato la cámara sigue a gran parte de los personajes, ubicándolos a la vista o escondiéndolos, poniendo la sombra de la sospecha sobre unos cuantos, mientras que el guión ha cumplido su parte a lo largo del relato soltando las pistas, sospechas e intrigas necesarias para elaborar un buen misterio; como es de esperar la resolución del crimen encaja al dedillo en el entramado, sin resultar rebuscada ni demasiado evidente.

Volviendo al relato en general, este es tan rico que incluso hay visos de auto parodia, con ese detective casi absurdo o las conversaciones del productor de Hollywood sobre una película que pretende rodar y que prácticamente es la que estamos viendo (aspecto que se torna aún más cómico cuando descubres que ese actor –Bob Balaban– ideó junto a Robert Altman las bases del guión). Estos atrevidos juegos no desentonan lo más mínimo en el conjunto, de hecho casi es un vacile: mira lo que soy capaz de hacer, un guión perfecto y luego encima tomármelo a guasa. Así pues el guión (rematado por Julian Fellowes) es, en definitiva, uno de los mejores de la década, de una complejidad y calidad insólita, espectacular.

La puesta en escena es obviamente crucial en estas condiciones. Sin una dirección y recreación de la época absolutamente perfectos el puzzle se vendría abajo. Cada secuencia y plano debe manejar un gran número de personajes y diálogos cruzados, y la planificación de escenas se convierte en una tarea tan ardua como necesaria. Robert Altman salda el resultado con maestría, obteniendo una narración muy fluida que no hace ostentación visual innecesaria sino que se centra en los personajes y sus historias.

El reparto reúne a un número impresionante de grandes nombres de la interpretación británica, de hecho algunos quedan relegados muy a segundo plano (Charles Dance tiene poquísimos diálogos, por ejemplo). Los que destacan lo hacen prácticamente porque tienen más tiempo de lucirse, como Kelly McDonald, Maggie Smith, Emily Watson

Retrato de la época, intriga, drama social, romance, humor auto-paródico… Gosford Park es una cinta de enorme riqueza y densidad, una obra que deja un grato sabor de boca, aunque eso sí, es para ponérsela con ganas, porque no es un entretenimiento ligero. Hay que seguir multitud de nombres, relaciones, conflictos personales, anhelos internos sólo sugeridos, y quitar capas y capas de sutilezas, indirectas y datos soltados en cantidad. Esa es sin duda su maldición a la hora de conectar con el gran público: es demasiado difícil e inteligente. Quizá por ello, aunque tuvo bastante reconocimiento en su momomento (buenas críticas y premios en cantidad), prácticamente ya nadie habla de ella. No debería olvidarse, es una enorme lección de cine, de arte.

127 horas


127 Hours, 2010, EE.UU.
Género: Aventura, drama.
Duración: 94 min.
Director: Danny Boyle.
Escritores: Erin Cressida Wilson, Anne Fontaine.
Actores: James Franco, Kate Mara, Amber Tamblyn, Clémence Poésy, Sean Bott, Treat Williams, Lizzy Caplan.
Música: A. R. Rahman.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, montaje, música. Sentido del entretenimiento.
Lo peor: Tan sobrevalorada como toda la carrera del director.
Mejores momentos: El tramo final, con la amputación y el rescate con una música preciosa.

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Para recrear el drama que vivió el protagonista, Danny Boyle opta por un tono de entretenimiento informal y el deleite visual en vez de por lo más esperable, el drama visceral. Al contrario que en sus cintas anteriores la idea funciona, porque la narración concuerda con el aspecto visual que se le imprime. En Slumdog Millionaire el pretencioso y artificioso aspecto visual diluía y desvirtuaba el contenido, y muchas veces daba la sensación de que o Boyle trivializaba lo narrado o simplemente no supo cogerle el punto a la historia y se fue por las ramas con triquiñuelas visuales muy hábiles pero empleadas en contextos equivocados. Pero una vez centrado y poniendo con mayor acierto sus numerosos recursos como realizador únicamente al servicio de la narración su obra ha mejorado, consiguiendo que en 127 horas el continente y el contenido mantengan un equilibrio bastante más acertado.

A pesar del escaso número de personajes y localizaciones el ritmo es siempre activo y atractivo, incluso espectacular en ocasiones. Aunque sí hay que indicar un par de momentos donde desbarra más de la cuenta, como una inundación imaginaria que descoloca un montón, el resto de juegos visuales, visiones, flashes y recuerdos mostrados casi oníricamente se utilizan con mucho acierto ya sean para enfatizar los distintos estados psicológicos del personaje o para exprimir al máximo las en principio escasas posibilidades que ofrece la aventura. Entre la eficacia de estos trucos (sirva de ejemplo uno de los más logrados, el recuerdo de la bebida, con ese plano magnífico que nos lleva hasta la botella olvidada en el coche) y la esforzada labor de James Franco, que pone el punto exacto de credibilidad, llegamos a conectar íntimamente con el protagonista: sus sentimientos y esperanzas, sus penurias y miedos, captan la atención en todo momento.

Es una película que engancha rápido y resulta muy emocionante y divertida así como bastante hermosa visualmente, y aunque incluso en los momentos más dramáticos se nota cierto sentido del humor y un tono distendido muy eficaz, no por ello se infravalora la terrible situación que vive el protagonista, de hecho hay instantes donde se sufre viendo su extrema situación. Ineludible es mencionar los pasos finales de la tragedia, cuando la desesperación le lleva a amputarse el brazo y huye casi desfallecido hasta encontrar ayuda, donde se obtiene un largo clímax in crescendo magnífico en el que la unión de imágenes y música (gran aprovechamiento de la poética y preciosa obra de Sigur Rós) atrapan hasta obligarte a contener la respiración.

La excelente factura, donde el director hace un uso muy sabio de la fotografía, el montaje y la música, una interpretación de James Franco muy lograda (aunque no es la bomba que venden) y en general un gran sentido del entretenimiento hacen de 127 horas un visionado muy agradable, pero también debo decir que no es una película de tanto calibre como los medios y premios se empeñan en señalar, no es como para clamar que es una de las grandes del año.

Monsters

Monsters, 2010, Reino Unido.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 94 min.
Director: Gareth Edwards.
Escritor: Gareth Edwards.
Actores: Whitney Able, Scoot McNairy.
Música: Jon Hopkins.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, música.
Lo peor: Aparenta ser otra cosa. El guión es de risa. Resulta aburridísima.

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En cierta manera ha ocurrido como con Skyline: los fanáticos del género nos volcamos entusiasmados en el atractivo de la propuesta, alentados por campañas de publicidad hábilmente orientadas a despertar nuestro interés, pero al final todo resulta ser expectación sobre la nada, porque Monsters, aunque no llega al patetismo vergonzoso de Skyline, es morralla para olvidar.

A la proyección uno se presenta con ciertas ideas preconcebidas formadas a partir de los avances y la sinopsis. Es decir, esperas ver lo que te están vendiendo, una mezcla de las siguientes posibilidades: una trama tipo Cloverfield (Monstruoso) o District 9, con alienígenas causando problemas, estilo pseudo documental con análisis sociales y políticos intrínsecos a la situación, conflictos con los monstruos (o dicho de otra manera, acción), personajes huyendo del caos, etc. Pero lo que en realidad tenemos es una historia romántica muy simplona de dos tontainas que vagan perdidos por Méjico.

El tema de los monstruos queda muy de fondo, tanto que las brevísimas apariciones de los bichos quedan forzadas, como si no tuvieran nada que ver con el hilo principal. Se ve que intentan utilizar la invasión como trasfondo de intriga y terror, pero no hay tensión en ningún momento, de hecho en gran parte de la cinta lo único que incide en la presencia de las criaturas son los infinitos (y cansinos) carteles que hay avisando sobre la zona prohibida. Además, en lo poco que sale sobre el tema se observa que las formas de luchar contra la invasión son asombrosamente endebles y absurdas. Se ve y oye mucho avión y helicóptero, y se supone que usan gas, pero en realidad no vemos ninguna acción. Lo lógico sería que ante un avance tan rápido se dedicaran a quemar y talar bosques y a bombardear por doquier, pero no, pierden tiempo y recursos construyendo vallas y un muro enorme, como si así pudieran frenar a esos pulpos de cuarenta metros.

Una vez admitido que nos han engañado y que estamos ante una aventura romántica con un trasfondo de ciencia-ficción muy mal usado, analicémosla como tal: es notablemente cutre y mediocre. El guión parece improvisado sobre la marcha y resulta un coladero, tiene tantos agujeros que ni la premisa resulta mínimamente aceptable. La credibilidad hace aguas por todas partes y en casi todas las escenas surgen quejas, dudas o directamente dan ganas de ciscarse en el guionista. Algunas pifiadas son gordísimas, como la forma de forzar que los protagonistas deban atravesar la zona prohibida para poder llegar a EE.UU., como si no fuera más fácil emplear el pastón que se gastan (en billetes inflados por los aprovechados, sobornos y equipos de gente para escoltarlos) en algo tan sencillo como viajar hacia el sur, incluso hasta otro país, donde no hay caos, y buscar otros medios de transporte. Aunque también es gorda la de que teniendo coches la gente se quede esperando a ver por dónde aparece el imparable monstruito en vez de poner tierra de por medio.

La aventura de los tortolitos paseándose avanza de forma renqueante, sin objetivo claro, sin rumbo, sin transmitir nada. En principio los personajes prometían, resultaban simpáticos y los intérpretes cumplen sin problemas, pero conforme los vamos conociendo se van haciendo más previsibles y anodinos, y con tanto cliché y diálogos de manual terminan resultando unos caracteres asombrosamente infantiles, primarios y cargantes.

Se observan… qué digo, se soportan pedantes y fallidos mensajes sobre la inmigración; y digo fallidos porque las torpes críticas que intentan incluir se van al traste cuando ves que los mejicanos son retratados con los tópicos de siempre: pobres, pintorescos, guerrilleros incultos y organismos corruptos.

Hay tantas gilipolleces, vaguedades y cosas incongruentes que no se tarda en llegar al extremo de que ya no te importa absolutamente nada de lo que estás viendo. Y para colmo la narración es terriblemente aburrida y vacía y el final aparece sin más, dejándote con la sensación de que no se ha llegado a contar nada concreto.

La realización destaca por resultar muy profesional a pesar de la inexperiencia de sus artífices y de los nulos recursos monetarios. Salvo por los flojos efectos digitales (perdonable por la falta de dinero) el aspecto visual es muy correcto gracias a una fotografía de calidad (hay algunos planos muy bonitos, como algún anochecer en el barco) y una dirección que sabe obtener un buen tono rebosante de lirismo (al que contribuye muy bien la banda sonora, de rasgos suaves y etéreos). Pero como la trama es tan lastimera gran parte de las escenas parecen video clips románticos uno detrás de otro empalmados sin una conexión clara. Cuánta escena de la pareja andando y qué poco contenido.

Buried (Enterrado)

Buried (Enterrado), 2010, España.
Género: Thriller.
Duración: 95 min.
Director: Rodrigo Cortés.
Escritor: Chris Sparling.
Actores: Ryan Reynolds, José Luis García Pérez, Robert Paterson, Stephen Tobolowsky, Samantha Mathis.
Música: Víctor Reyes.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, ritmo y sobre todo su capacidad de impactar con tan poco.
Lo peor: Que la etiqueta de película rara espante a espectadores potenciales.
Mejores momentos: El acongojante desenlace.
El título: Qué absurdo y cansino es que se empeñen en poner títulos en inglés seguidos de un subtítulo o traducción en castellano… y más en este caso, que la película es española.

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Un hombre despierta en un ataúd, siendo un teléfono móvil el único contacto que mantiene con el exterior y su única posibilidad de salir con vida del cautiverio. En principio para disfrutar lo que nos propone Enterrado hay que hacer algunos saltos de fe (las llamadas por teléfono se suceden atendiendo al ritmo, no a la credibilidad), pero lo cierto es que conforme avanza el relato se olvida lo exagerado que resulta y uno se rinde ante su atmósfera opresiva, llegando a conectar intensamente con el personaje en su claustrofóbica odisea.

Sabiamente el libreto no se queda en el mero hecho del encierro, sino que sabe rascar una buena crítica a la presencia occidental en Irak, ahonda en los motivos por los que actúa la gente (tanto terroristas como simples currantes como el protagonista), muestra las fallas del sistema con el clásico pero no por ello menos efectivo caos que provoca el alto número de instituciones dedicadas a la seguridad en EE.UU. (el personaje no sabe a dónde llamar y le van pasando de un lado a otro a pesar del inminente peligro), y también incide en los abusos de las grandes empresas (demoledora la llamada en que la empresa se desentiende de su trabajador en peligro). La descripción del protagonista es bastante eficaz, pues hasta nos interesamos por su familia a pesar de que no la vemos nunca, y cabe decir también que la sosegada e hipnotizante voz al teléfono del encargado de los secuestros que por fin parece ofrecer algo de ayuda se nos hace, como al personaje, la única esperanza de ver la luz en esta oscura tragedia.

Pero lo que hace de Enterrado una gran película es su realización, que resulta brillante en todos los sentidos. Es evidente que es una cinta que funciona más por su puesta en escena que por su guión, que proponía una historia tan sencilla argumentalmente hablando como complicada a la hora de darle vida de forma que resultara llamativa. El español Rodrigo Cortés es valiente de narices por atreverse con una idea tan arriesgada, y por si fuera poco su resolución e inspiración da unos frutos dignos de sonoros aplausos. El ritmo que obtiene es trepidante, lo cual sorprende sobremanera viendo que prácticamente solo hay un personaje visible y el escenario es minúsculo; la tensión es palpable en todo momento, y llega a ser de lo más agobiante en algunas escenas cumbre, sobre todo en ese tramo final que es capaz de hacerte saltar de la butaca. Es sin duda uno de los mejores desenlaces que he visto en un filme, capaz de dejarte sin respiración mientras lo ves y anonadado durante un rato cuando ya ha sucedido y tratas de digerirlo.

La dirección se apoya muy bien en otros elementos que resultan imprescindibles para formar este espectacular experimento. Es sorprendente la de ángulos que consiguen exprimir en un espacio tan reducido con la fascinante fotografía (Eduard Grau), pero no menos importante es la impecable labor de montaje (del propio Cortés), crucial a la hora de mantener el ritmo del relato. Atinadísima es también se presenta la banda sonora de Víctor Reyes, cuya presencia se limita a los instantes donde es estrictamente necesaria. Y por último, la esforzada labor de Ryan Reynolds otorga un punto extra de solidez a un personaje que de base tenía difícil resultar creíble.

Se puede criticar que a veces esa puesta en escena cobra demasiado protagonismo (aunque sin llegar a ser un lastre, como por ejemplo sí ocurría en Pandorum, donde algunas escenas parecían video clips) y de que al guión le falta esforzarse en la coherencia y la fluidez, pues aunque se desarrolle en tiempo casi real hay numerosos fundidos en negro para saltar de una escena a otra, dando la sensación de que para simplificar las cosas atacan la historia por capítulos. Pero son detalles menores en un entretenimiento de primera calidad que atrapa con gran facilidad. Sin duda merece una oportunidad, no se amilanen ante su apariencia de película rara y difícil, pues aparte de ser muy original resulta mucho más amena y estimulante que la mayor parte del cine comercial actual. Y aunque no lo parezca es una producción española.

Mad Max: salvajes de la autopista

Mad Max, 1979, Australia.
Género: Acción.
Duración: 88 min.
Director: George Miller.
Escritores: George Miller, James McCausland, Byron Kennedy.
Actores: Mel Gibson, Joanne Samuel, Steve Bisley, Hugh Keays-Byrne, Roger Ward, Tim Burns, Geoff Parry, Sheila Florence.
Música: Brian May.

Valoración:
Lo mejor: Las persecuciones no están mal.
Lo peor: Vacía, soporífera, infame.

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En un supuesto futuro no muy lejano las fuerzas del orden deben lidiar con bandas de delincuentes en las desoladas carreteras de Australia; persecuciones a toda velocidad, escasez de combustible y piezas de recambio, violencia constante y vidas pendientes de un hilo son la tónica de cada día. Mad Max es serie B de acción con un estilo claramente deudor del western, con personajes solitarios, parajes desolados llenos de individuos hostiles que luchan por la supervivencia en una sociedad caótica y donde por supuesto no faltan actos de venganza.

La narración es extremadamente lenta y dispersa, durante gran parte del metraje no se sabe de qué va y al final se ve que no tiene densidad alguna, pues aparte de gente persiguiéndose y matándose no hay más enjundia. Todas las escenas que la componen se alargan hasta el infinito, desde el cansino prólogo hasta las aburridas vacaciones familiares. Y para colmo cuando por fin parece lanzarse hacia algo tangible la venganza dura diez minutos y no tiene nada digno de mención.

No se explica lo más mínimo del contexto donde se desarrollan las aventuras. Se menciona que es algo en el futuro, pero no sabemos nada más, con lo que no se entiende nada de lo que está pasando. Aparecen personajes de la nada (esa anciana con el tipo retrasado) y en general los protagonistas carecen de dimensión, son tan planos y esquemáticos que provocan risa cuando no asco, sobre todo los ridículos villanos, figuras tan caricaturescas y con momentos tan absurdos que la película roza el cine cutre en muchos tramos. Parece que Mel Gibson se dio a conocer aquí, pero que me lo expliquen, porque su interpretación es infame y su personaje no es que resulte atractivo, si acaso insustancial.

Lo único aceptable es que la puesta en escena resulta bastante correcta, sobre todo en las escenas de acción, donde destacan una buena fotografía y montaje. Pero por el lado contrario la banda sonora es horrible: ruidosa, caótica sin motivo, mal empleada, insistente y en definitiva muy molesta.

Mad Max tuvo cierto éxito fuera de Australia, pero fue la segunda parte la que asentó la fama la saga, y acabó siendo una trilogía a la que siguió durante años muchos rumores de una cuarta entrega que nunca parece ver la luz. El éxito de la trilogía en conjunto le ha otorgado a este primer título un estado de culto en todo el mundo, y se ha convertido en una cinta de cine independiente que se cita en todas las listas de imprescindibles del género. Es sorprendente que un producto tan desastroso llegue a conseguir tantas reverencias.

Fallece John Barry

El pasado 30 de enero un infarto se ha llevado a John Barry, quien contaba ya con 77 años de edad. Fue un grandísimo compositor de música para el cine, de esos que sin llegar a alcanzar el éxito de los más renombrados siempre ha tenido un hueco en el corazón de los amantes de las bandas sonoras originales gracias a su estilo inconfundible y a unas pocas composiciones geniales que no pocos consideran obras maestras, como la mítica e inolvidable Dance with Wolves (¿quién no conoce los temas principales de Bailando con lobos?) u otras tan memorables como Out of Africa (Memorias de África) The Lion in Winter (El león en invierno), Robin and Marian o sus aportaciones a la saga de James Bond.