El Criticón

Opinión de cine y música

The Fighter

The Fighter, 2010, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Director: David O. Russell.
Escritores: Scott Silver, Paul Tamasy, Eric Johnson.
Actores: Mark Walhberg, Christian Bale, Melissa Leo, Amy Adams, Jack McGee.
Música: Michael Brook.

Valoración:
Lo mejor: El inmenso reparto (en especial Christian Bale) y la calidad de los personajes.
Lo peor: Relato previsible, sin fuerza; realización bastante flojita.
Mejores momentos: La desmedida actuación de la policía. La familia viendo el documental terminado.

* * * * * * * * *

The Fighter narra la carrera de un boxeador que vive casi sin darse cuenta absorbido por su familia, sin tener capacidad de decisión ni libertad pues su madre, su padre y su entrenador dirigen su vida según sus propios términos. La tensión constante en que se mantiene y las continuas disputas de su resquebrajada familia nublan su juicio y obstaculizan su independencia a pesar de sus intentos de levantar cabeza. No es hasta que se echa novia y su hermano, boxeador acabado y metido en las drogas, acaba en la cárcel, cuando por fin se encarrila y llega a tener serias posibilidades de convertirse en una leyenda del boxeo.

Un reparto muy ajustado a las circunstancias da vida a una serie de personajes de certera definición, de composición extremadamente realista. Christian Bale se mete de lleno en el papel, tanto físicamente (es la tercera vez que adelgaza más de lo que cualquier médico recomendaría –El maquinista y Rescue Dawn fueron las otras-) como en su esforzada y acertadísima labor de interpretación, construyendo un fracasado y drogadicto espléndido. Melissa Leo como la controladora madre y Amy Adams como la novia fuerte e independiente están muy comprometidas con sus roles, aunque la primera ha sido aclamada quizá más de lo merecido (sin ir más lejos su presencia en la serie Treme me convence más). El menos inspirado es Mark Walhberg, pero cumple de sobra en la confección de un carácter agobiado y deprimido.

Sin embargo, a pesar de estos protagonistas tan bien descritos resulta una narración demasiado lineal, cuyos giros, desarrollo y resolución se ve venir muy de lejos. O en otras palabras, no hay tras esta historia real un guión lo suficientemente sólido, arriesgado y en definitiva llamativo como para sacar un buen partido más allá de una correcta descripción de personajes. Sus vivencias interesan, sí, pero no impactan, no te agarran y sacuden, de hecho en muchos tramos, sea por la falta de intensidad o el rumbo poco definido, no parece pasar nada digno de mención. Hay algunos buenos instantes, como la dramática intervención policial, la disputa que acaba con las hermanas y la novia a tortas o lo dura que se hace la emisión del documental sobre el hermano drogadicto, pero son anécdotas en un drama de superación personal demasiado clásico y con poca garra. Además en la parte final la irregularidad narrativa comete un fallo importante: no hay proyección tangible de la carrera del protagonista una vez decide volver. No se lo ve entrenando en serio después de un tiempo sin hacer nada y la lesión, sencillamente aparece ganando un montón de combates. Y luego de repente se entera de rebote que está a un combate de ganar el título… ¿pero qué demonios? ¿quién se cree que un deportista profesional no está al tanto de la clasificación de la liga donde compite?

Otro problema notable es su floja puesta en escena, su apática e impersonal impronta visual. La fotografía simplona y la dirección (David O. Russell) sin fuerza llevan el relato con desgana, sin entusiasmo. Asombrosamente mediocres resultan los combates de boxeo, en especial el último, que se presenta como el instante más importante de la película y aburre considerablemente. Esta falta de recursos de hecho descoloca: por qué pone los combates con filtros, como si estuviéramos viendo la tele de la época, pero el sonido es de película. Queda muy falso, como si quisiera dar un toque distintivo y un efecto llamativo a lo que no sabe lograr dirigiendo bien.

Así pues, desfilan ante nuestros ojos enormes personajes retratados con maestría por un reparto de primerísimo nivel, pero en una narración demasiado sencilla en la que no parece haberse puesto énfasis alguno en darle un envoltorio que le otorgara más categoría e interés. No puedo dejar de citar la espléndida El discurso del rey como perfecto ejemplo de cómo hacer una buena cinta de conflictos personales: su guión es impecable en todo momento y su puesta en escena resulta arrebatadora. Si The Fighter ha llegado tan alto en la temporada de premios es porque a Hollywood le chiflan los dramas de superación personal, sobre todo si están bien interpretados.

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