El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: julio 2011

Transformers: El lado oscuro de la Luna


Transformers: Dark of the Moon , 2011, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, comedia.
Duración: 157 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Ehren Kruger.
Actores: Shia LaBeouf, Rosie Huntington-Whiteley, John Turturro, Frances McDormand, Tyrese Gibson, Patrick Dempsey, Kevin Dunn, John Malkovich, Julie White, Alan Tudyk, Ken Jeong.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Los efectos especiales y sonoros y el provecho que el director saca de los mismos en el impresionante tramo final gracias a una puesta en escena magnífica.
Lo peor: El infame guion, lleno de morralla, estulticia, subtramas fallidas e inconexas, mensajes maniqueos…
Mejores momentos: El salto desde el helicóptero. El ataque del robot gigante al edificio, que culmina con la caída de los protagonistas por la fachada.
El plano: La chica a cámara lenta, con la guerra al fondo.
La pregunta: ¿Sois conscientes de lo jodidamente insoportable que podría haber resultado el protagonista (Sam) de no ser interpretado por un actor carismático y resultón?

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Por lo que veo en internet, mucha gente quedó desencantada con Transformers: La venganza de los caídos, de hecho se considera una pésima película comparada con Transformers, que fue bastante bien aceptada (muchísimo dentro del género de taquillazo de acción sin más pretensiones que entretener). La verdad es que en líneas generales no veo diferencia cualitativa entre ambas, aunque sí es cierto que el humor inmaduro abunda más en el segundo episodio. Sea como sea, la tercera parte se ha esperado con intriga: ¿remontaría y daría un final digno a la trilogía o seguiría por el mal camino? La respuesta del público está bastante polarizada, y se entiende, pues aquí se magnifica todo aún más, tanto lo bueno como lo malo, hasta el punto de que parecen dos películas mal mezcladas.

Se podría aceptar que como introducción a la trama nos muestren al protagonista, Sam, adaptándose a una nueva etapa de su vida, pues es algo básico y casi ineludible en el cine (y la literatura, el teatro…) mostrar evolución en el personaje, moverlo del punto A al B, que viva conflictos en los que madurará, etc. Pero lo que aquí encontramos es peor que la parte de la universidad de la segunda entrega. No es de recibo que esta sección ocupe la mitad de un metraje de dos horas y media, y menos teniendo tan poca relación con el argumento principal. Este proceso largo y sin rumbo se convierte pues en la primera subpelícula, que resulta una insoportable y cutre comedia de adolescentes sobre un pringado que fue héroe y se aferra a eso como si no tuviera más en su vida y que intenta encontrar empleo, porque claro, un hombre no puede ganar menos que su novia.

Si el argumento de este tramo es penoso, no lo es menos su desarrollo, todo a trompicones, perdiéndose en subtramas irrelevantes y saltando entre escenas que poco o nada pegan entre sí. Las apariciones de los padres se han reducido, pero siguen resultando ridículos y cargantes. No resulta creíble que tal paquete de niñato tenga semejantes novias, pero ya sabemos que las películas estas son los sueños onanistas de Michael Bay, y se acepta; y como opinión masculina, Rosie Huntington-Whiteley es fea de narices (nunca mejor dicho), por mucho que tenga buen culo. Además, como lo fue Megan Fox, es una mujer florero, puesta ahí para lucir y como excusa para que el protagonista haga cosas de machotes. La búsqueda de empleo se salda con un montón de entrevistas que pretenden ser humorísticas, y cuando lo encuentra se tira allí minutos y minutos sin hacer nada relacionado mínimamente con la historia de los robots. Y hablando de perder el tiempo, aquí nos topamos con el personaje de John Malkovich, el más descolocado y sobrante que he visto en toda mi vida en una película; y lo peor, en principio es un jefe maniático y pesado, pero más adelante, tras pensar que por fin ha dejado de salir, reaparece convertido por arte de magia en un tontaina.

Esta subpelícula resulta extremadamente difícil de digerir, pues como comedia de adolescentes es inmadura y estúpida hasta provocar vergüenza, pero sobre todo porque carece de sentido y no lleva a nada tangible: pasan cosas porque sí, una chorrada detrás de otra. Burdas rivalidades y celos con el aburrido empleador de la novia, conflicto familiar delirante, amigos mini-robots que se transforman en chistes (al menos nos hemos librado de los gemelos raperos), lucimientos de cuerpos femeninos y coches de lujo sin venir a cuento, problemas laborales que rozan el surrealismo… En todo este galimatías infumable que se come más de una hora (más o menos lo que duran muchas obras maestras) se salvan unos cuantos chistes, eso sí, infantiles, primarios.

El hilo central, lo de la nave oculta en la Luna cuya existencia fue mantenida en secreto por el gobierno de Estados Unidos, no es por definición complejo ni difícil de exponer, pero como el guionista es un patán necesita un montón de metraje para hacerlo, y en el proceso termina repitiendo información, añadiendo sandeces innecesarias y en definitiva enmarañando todo torpemente. El propio prólogo es buena muestra de ello: ¿tantos minutos y tanto enredo para decir tan poco? Durante la primera subpelícula aparecen algunos retazos de dicha trama (vagos, dispersos… y aun así redundantes), siendo lo más destacable la inclusión de otro personaje totalmente fuera de lugar y que resulta lo más penoso y molesto de toda la película: el asiático loco (Ken Jeong), sobre el que no pienso perder el tiempo diciendo nada más. Cuando por fin se dignan en lanzar esta dichosa historia central lo hacen sin embargo precipitadamente. ¿Tanto perder el tiempo en otras chorradas y ahora van con prisas? Pero lo sorprendente es que acelerar las cosas funciona. Desde que aparece el mejor acierto de la saga, el histríonico Simmons (encarnado por un alocado John Turturro), la narración se lanza. Se comen con buen ritmo los simplones descubrimientos que nos llevan al meollo del asunto, y mediante algunas acertadas secuencias de transición nos introducen de una vez por todas en la segunda subpelícula. Destaca por ejemplo la divertida inclusión de Alan Tudyk como acompañante de Turturro, aunque por desgracia ambos pasan muy pronto a segundo plano.

Y esto me lleva a ahondar en la cuestión de los personajes. Es desesperante observar como protagonistas de bastante importancia para la historia son maltratados o relegados a un plano inferior a favor de otros que tienen mucho metraje para lo poco o nada que aportan. El de Patrick Dempsey tiene escasa presencia para su relevancia en los planes enemigos, y resulta el típico traidor en el que ni pierden el tiempo tratando de exponer motivaciones, porque no hay quien se lo crea. El propio Turturro no pega mucho en esta entrega, dando la sensación de que aparece por cumplir; su presentación se da en otra larga e innecesaria escena, y cuando la acción empieza casi desaparece del relato. Tampoco funciona la tropa de militares que nos ha acompañado en toda la saga (Lennox –Josh Duhamel– sale más, pero Epps –Tyrese Gibson– está metido con calzador), pues aparecen sólo al final para pegar cuatro tiros, y además con el tiempo reducido porque se presentan nuevos soldados. Igual que ocurre con el argumento, el desequilibrio en la exposición y desarrollo de los protagonistas es horroroso. Y por último, igual que en los otros dos capítulos siento que los propios robots están infrautilizados con respecto a los humanos: ninguno llega a resultarme interesante, sus propios conflictos personales me aburren (las motivaciones de Megatrón entran en la categoría citada anteriormente: es malo porque sí y punto). De hecho en toda la saga los robots secundarios me resultan imposibles de diferenciar, aspecto en el que tiene parte de culpa ese diseño demasiado abstracto que les resta personalidad.

Entrando por fin en materia, esta segunda subpelícula supone una de las mejores muestras del cine de catástrofes, apocalipsis, invasiones alienígenas y por ende de acción que se han creado, eso sí, si hablamos de espectáculo de entretenimiento sin grandes pretensiones (para una buena historia me pongo Terminator II, Aliens o Matrix, pero a veces apetecen chorradas del tipo Independence Day o Transformers). Michael Bay se exprime al máximo y echa todo lo que tiene, todas sus dotes como realizador de colosales y grandilocuentes escenas de acción. Y lo más destacable y lo que hace grande a este tramo es que no se limita a soltar explosiones sin más y dar unas cuantas vueltas de 360º con la cámara como en otros bodrios suyos (Dos policías rebeldes y secuela, por ejemplo), sino que nos hemos encontrado con el Bay más inspirado (el de La Roca). Se enlazan ideas y secuencias muy bien planeadas y ejecutadas con maestría que aportan constantemente algo atractivo al clásico proceso de “hay una invasión y luchamos heroicamente”: asombrosos planos de destrucción y desolación, distintos tipos de incursiones (la del salto desde el helicóptero es impresionante), distintos tipos de ataques enemigos, conflictos variados (escenas cuerpo a cuerpo entre los mastodontes, momentos trágicos con rehenes, duelos personales épicos –Optimus versus Sentinel-)… Pero entre toda esta orgía de destrucción hay un momento que destaca, y lo hace tanto que por ello resulta aún más memorable. Hablo del clímax en el edificio cuando el robot gigante ataca. La conjunción de los brillantes efectos especiales con las impecables labores de planificación, dirección y montaje ofrecen una de las secuencias más asombrosas vistas en el cine: el edificio cayéndose, los protagonistas salvándose como pueden, la huída suicida por la fachada de cristal… Bay podrá ser un pésimo hacedor de historias, pero quien tenga huevos de decir que no sabe dirigir que se ponga esta escena.

El resultado es una película bélica de ciencia-ficción colosal… pero eso visualmente hablando, porque la conexión emocional es escasa debido a la falta de fuerza y cohesión del argumento, tanto por la poca calidad del mismo como por la eterna hora de sufrimiento anterior. Pocos espectadores han llegado hasta aquí despiertos, pocos han soportado el tedio y las sandeces previas, pocos llegan con entusiasmo y ganas y son capaces de dejarse llevar por la espectacularidad. Yo estaba tan desconectado a estas alturas que estoy seguro de que no he disfrutado plenamente este festín. Sin duda coger el dvd y ponerse esta parte será un viaje de infarto. Otros sí han sido capaces de aguantar o borrar de su memoria la primera sección y habrán disfrutado de lo lindo con la segunda…

… pero seamos justos: esto hay que valorarlo como una sola película. Lo que nos queda es un producto demasiado desequilibrado, largo, descompuesto e incluso estúpido. Un galimatías, una película delirante, amorfa. Un pastiche de los egos, manías, sueños y fetiches de su autor: onanismo con lo militar, patriotismo hortera con dosis de xenofobia recalcitrantes (todos los extranjeros se definen mediante tópicos –empezando por el de “son malos”-, llegando a extremos ofensivos: ver a los Autobots machacando árabes en plan mercenarios de los USA es vomitivo), anuncios descarados (marcas como Cisco o Chevrolett tienen auténticos reportajes velados), machismo del cutre (el momento latina-buenorra es asqueroso, los pases de modelo de Rosie Huntington cantan demasiado), videoclips musicales cada dos por tres, etc. Prescindiendo de la primera subpelícula podríamos haber estado ante una auténtica joya del cine de acción, con un estilo parecido al de la correcta pero infravalorada Invasión a la Tierra pero con tres veces más presupuesto y por lo tanto tres veces más espectáculo. En esas condiciones probablemente estaríamos hablando de algo digno de recordar, pero lo que ofrece Transformers 3 es el máximo exponente de película taquillera veraniega de consumo rápido: la más grande y espectacular, pero también la más hueca, torpe y ridícula.

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X-Men: Primera generación

X-Men: First Class, 2011, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 132 min.
Dirección: Matthew Vaughn.
Guión: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Mathew Vaughn.
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, Jennifer Lawrence, Rose Byrne, Jason Flemyng, January Jones, Nicholas Hoult, Michael Ironside.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Un guión esforzado en construir una historia sólida y con buenos personajes, una dirección que sabe mantener esa idea, un reparto muy bien elegido.
Lo peor: El ritmo es mejorable, le cuesta ir al grano y contar cosas sin alargar demasiado. La música no tiene alma. Visualmente no es la más espectacular del género.

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Después de la enorme decepción que supuso X-Men: La decisión final y lo poco que dio de sí X-Men orígenes: Lobezno no esperaba mucho de otra secuela, pero peor fue cuando anunciaron que era un reinicio. ¿Por qué dejan de lado personajes e historias ya desarrollados? Y por extensión me da la sensación de que esto es una lotería: hacen películas pensando sólo en recaudar, y si no llegan a la cifra esperada las vuelven a hacer. Así nos hemos tragado la inmunda El increíble Hulk, por ejemplo. Pero por suerte aquí se han tomado dos buenas decisiones: primero, no es un reset completo, sino que se mantienen fieles al resto de películas, y segundo, han intentado hacer una cinta de calidad… Y lo han conseguido.

Es indudable que X-Men: Primera generación tiene errores y en conjunto cabe pensar que con pocas mejoras podría haber dado algo memorable, pero siendo justos hay que ponerse en el lugar del guionista, quien se enfrentaba a un trabajo complicado y arriesgado. Debía ser fiel al cómic y a las otras películas, presentar muchos personajes con historias propias, desarrollar una trama atractiva que no solape a esos protagonistas y por supuesto añadir a la mezcla acción y humor, que al fin y al cabo esto es un entretenimiento y no un drama serio. Y todo ello teniendo en cuenta que con cada factor que añades se incrementa la dificultad.

En el resultado hay una clara falta de ritmo, aunque no es lo que se dice fatídica. Da la sensación de que le cuesta arrancar e ir al grano, pues hay mucho contenido (unas cuatro narraciones paralelas: la odisea de Magneto, la de Xavier, los intereses del gobierno y el plan del enemigo) y al guión le ha faltado conseguir una última puntada de ingenio para acelerar o hacer más amena la narración. Así, en algunos tramos la historia parece algo dispersa y el interés decae, de hecho hay alguna escena claramente innecesaria (como la de Magneto en un bar de Argentina, por ejemplo), pero este bache se supera bastante bien gracias a que la exposición y el desarrollo de los personajes resultan loables. Se pone a cada protagonista, y son muchos, en su lugar en la trama: hay tiempo para que te caigan simpáticos todos ellos (aquí los secundarios salen mejor parados que en las de Bryan SingerI y II-) y para disfrutar con sus problemas, observar sus evoluciones según las circunstancias y finalmente conocer cómo se crearon de los dos famosos bandos que forman los mutantes. Buenos diálogos, situaciones divertidas y una estupenda química entre los actores dan un punto extra de interés al conjunto.

La labor de esos intérpretes merece una mención más detallada. James McAvoy como Charles Xavier y Michael Fassbender como Erik Lehnsherr/Magneto llevan casi todo el peso de la cinta de forma impresionante. Aunque se alaba mucho al segundo yo no diría que supera al primero, pues ambos captan a la perfección los matices de sus personajes y dotan de interés escenas donde es crucial la labor del actor (como aquellas en las que Xavier trabaja con su mente). En un plano inmediatamente inferior tenemos a Kevin Bacon como Sebastian Shaw, un actor siempre competente, y a la joven Jennifer Lawrence como Raven/Mystique, quien demostró ser una actriz como la copa de un pino en Winter’s Bone. Lawrence da credibilidad de sobra a una chica perdida, inadaptada, y Bacon consigue un toque extra de intensidad en un villano correcto pero no espectacular.

La acción no abunda pero se usa con la cabeza, no buscando el golpe de efecto fácil sino tratando de mantener a los protagonistas y sus tribulaciones en el centro de todo. Como resultado la historia atrapa y estamos más pendientes de lo que ocurre que de los vaciles visuales. La labor de dirección es excelente en todo momento, pero destaca en esos momentos álgidos, donde no pierde el foco de los acontecimientos: los personajes. La fotografía y montajes son excelentes, dando toda una lección al cine de acción actual. Pero no todo es perfecto, pues tengo la sensación de que para el presupuesto con el que jugaban (unos bárbaros 160 millones) lo que tenemos no luce como cabría esperar, y más teniendo en cuenta que vemos pocos momentos de efectos especiales. No es grave porque lo que hay funciona, simplemente me pregunto si con tanto dinero no podían haberse soltado un poco más. Las escenas de los chavales volando no son especialmente llamativas, por ejemplo. Lo que sí es más criticable es que después de currarse tanto el guión y la puesta en escena, a la hora de rematarla en la sala de montaje parece que le han querido dar intensidad o agilizar el ritmo a base de meter música activa, trepidante y contundente en todo momento. Ni la intención ni el resultado me convencen, tanto porque supone tener un murmullo constante en cada escena como porque la partitura, aunque correcta, no tiene mucha personalidad. Lo cierto es que me da la sensación de que no confiaban en que el espectador de hoy día pudiera disfrutar una película pausada.

Con las buenas sensaciones que deja el visionado y la más que correcta presentación que supone para el universo de los X-Men, uno sale de la proyección deseando ver una secuela de este nivel. Sin embargo quizá haya que rezar para ello, pues aunque las críticas (profesionales y de público) son excelentes la taquilla no es espectacular, y una cinta de este calibre necesita duplicar holgadamente su presupuesto para llamar la atención. Esperemos que piensen en que el prestigio que Christopher Nolan ganó con Batman Begins provocó que la secuela recaudara casi tres veces más.

Diría que a X-Men: Primera generación le falta el toque de genialidad que diferencia las buenas películas de las grandes películas, ese que dio por ejemplo el citado Nolan a sus Batman, pero desde luego ha apuntado alto en un género que ofrece más desencantos que obras dignas de recordar.