El Criticón

Opinión de cine y música

X-Men: Primera generación

X-Men: First Class, 2011, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 132 min.
Director: Matthew Vaughn.
Escritores: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Mathew Vaughn.
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, Jennifer Lawrence, Rose Byrne, Jason Flemyng, January Jones, Nicholas Hoult, Michael Ironside.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Un guión esforzado en construir una historia sólida y con buenos personajes, una dirección que sabe mantener esa idea, un reparto muy bien elegido.
Lo peor: El ritmo es mejorable, le cuesta ir al grano y contar cosas sin alargar demasiado. La música no tiene alma. Visualmente no es la más espectacular del género.

* * * * * * * * *

Después de la enorme decepción que supuso X-Men: La decisión final y lo poco que dio de sí X-Men orígenes: Lobezno no esperaba mucho de otra secuela, pero peor fue cuando anunciaron que era un reinicio. ¿Por qué dejan de lado personajes e historias ya desarrollados? Y por extensión me da la sensación de que esto es una lotería: hacen películas pensando sólo en recaudar, y si no llegan a la cifra esperada las vuelven a hacer. Así nos hemos tragado la inmunda El increíble Hulk, por ejemplo. Pero por suerte aquí se han tomado dos buenas decisiones: primero, no es un reset completo, sino que se mantienen fieles al resto de películas, y segundo, han intentado hacer una cinta de calidad… Y lo han conseguido.

Es indudable que X-Men: Primera generación tiene errores y en conjunto cabe pensar que con pocas mejoras podría haber dado algo memorable, pero siendo justos hay que ponerse en el lugar del guionista, quien se enfrentaba a un trabajo complicado y arriesgado. Debía ser fiel al cómic y a las otras películas, presentar muchos personajes con historias propias, desarrollar una trama atractiva que no solape a esos protagonistas y por supuesto añadir a la mezcla acción y humor, que al fin y al cabo esto es un entretenimiento y no un drama serio. Y todo ello teniendo en cuenta que con cada factor que añades se incrementa la dificultad.

En el resultado hay una clara falta de ritmo, aunque no es lo que se dice fatídica. Da la sensación de que le cuesta arrancar e ir al grano, pues hay mucho contenido (unas cuatro narraciones paralelas: la odisea de Magneto, la de Xavier, los intereses del gobierno y el plan del enemigo) y al guión le ha faltado conseguir una última puntada de ingenio para acelerar o hacer más amena la narración. Así, en algunos tramos la historia parece algo dispersa y el interés decae, de hecho hay alguna escena claramente innecesaria (como la de Magneto en un bar de Argentina, por ejemplo), pero este bache se supera bastante bien gracias a que la exposición y el desarrollo de los personajes resultan loables. Se pone a cada protagonista, y son muchos, en su lugar en la trama: hay tiempo para que te caigan simpáticos todos ellos (aquí los secundarios salen mejor parados que en las de Bryan SingerI y II-) y para disfrutar con sus problemas, observar sus evoluciones según las circunstancias y finalmente conocer cómo se crearon de los dos famosos bandos que forman los mutantes. Buenos diálogos, situaciones divertidas y una estupenda química entre los actores dan un punto extra de interés al conjunto.

La labor de esos intérpretes merece una mención más detallada. James McAvoy como Charles Xavier y Michael Fassbender como Erik Lehnsherr/Magneto llevan casi todo el peso de la cinta de forma impresionante. Aunque se alaba mucho al segundo yo no diría que supera al primero, pues ambos captan a la perfección los matices de sus personajes y dotan de interés escenas donde es crucial la labor del actor (como aquellas en las que Xavier trabaja con su mente). En un plano inmediatamente inferior tenemos a Kevin Bacon como Sebastian Shaw, un actor siempre competente, y a la joven Jennifer Lawrence como Raven/Mystique, quien demostró ser una actriz como la copa de un pino en Winter’s Bone. Lawrence da credibilidad de sobra a una chica perdida, inadaptada, y Bacon consigue un toque extra de intensidad en un villano correcto pero no espectacular.

La acción no abunda pero se usa con la cabeza, no buscando el golpe de efecto fácil sino tratando de mantener a los protagonistas y sus tribulaciones en el centro de todo. Como resultado la historia atrapa y estamos más pendientes de lo que ocurre que de los vaciles visuales. La labor de dirección es excelente en todo momento, pero destaca en esos momentos álgidos, donde no pierde el foco de los acontecimientos: los personajes. La fotografía y montajes son excelentes, dando toda una lección al cine de acción actual. Pero no todo es perfecto, pues tengo la sensación de que para el presupuesto con el que jugaban (unos bárbaros 160 millones) lo que tenemos no luce como cabría esperar, y más teniendo en cuenta que vemos pocos momentos de efectos especiales. No es grave porque lo que hay funciona, simplemente me pregunto si con tanto dinero no podían haberse soltado un poco más. Las escenas de los chavales volando no son especialmente llamativas, por ejemplo. Lo que sí es más criticable es que después de currarse tanto el guión y la puesta en escena, a la hora de rematarla en la sala de montaje parece que le han querido dar intensidad o agilizar el ritmo a base de meter música activa, trepidante y contundente en todo momento. Ni la intención ni el resultado me convencen, tanto porque supone tener un murmullo constante en cada escena como porque la partitura, aunque correcta, no tiene mucha personalidad. Lo cierto es que me da la sensación de que no confiaban en que el espectador de hoy día pudiera disfrutar una película pausada.

Con las buenas sensaciones que deja el visionado y la más que correcta presentación que supone para el universo de los X-Men, uno sale de la proyección deseando ver una secuela de este nivel. Sin embargo quizá haya que rezar para ello, pues aunque las críticas (profesionales y de público) son excelentes la taquilla no es espectacular, y una cinta de este calibre necesita duplicar holgadamente su presupuesto para llamar la atención. Esperemos que piensen en que el prestigio que Christopher Nolan ganó con Batman Begins provocó que la secuela recaudara casi tres veces más.

Diría que a X-Men: Primera generación le falta el toque de genialidad que diferencia las buenas películas de las grandes películas, ese que dio por ejemplo el citado Nolan a sus Batman, pero desde luego ha apuntado alto en un género que ofrece más desencantos que obras dignas de recordar.

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