El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: septiembre 2011

Piratas del Caribe: En mareas misteriosas


Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides , 2011, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 136 min.
Dirección: Rob Marshall.
Guion: Ted Elliott, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Penélope Cruz, Geoffrey Rush, Ian McShane, Kevin McNally, Sam Calfin.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El vestuario y el diseño de los barcos.
Lo peor: El guion es pésimo, la película aburridísima, y como producción taquillera (se espera que al menos en lo visual impresione) no luce lo más mínimo.

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No esperaba nada de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas viendo que el éxito cosechado por la simpática primera entrega se alargó con dos secuelas torpes e irregulares que se salvaban por la cantidad de pasta echadas en ellas y por algunos tramos dignos entre gran cantidad de morralla. No esperaba nada porque preveía que el desgaste de ideas seguiría aumentando, porque suponía que un nuevo capítulo se elaboraría únicamente pensando en el resultado en taquilla, no en el cualitativo. Pero incluso yendo con tan pocas expectativas acabé decepcionado.

El guion es el colmo de la vagancia o la torpeza, o las dos cosas. Es la excusa más simple y poco trabajada que he visto para justificar más de dos horas de metraje, para ir de un lado a otro mientras se empalman una detrás de otra aventuras que de nuevo parecen improvisadas. Sí, hay una premisa básica (la búsqueda de la Fuente de la Vida), pero su única presencia en el relato es que se menciona muchas veces como patético intento de decir que hay un argumento. Pero no lo hay. La narración se compone de un largo puñado de escenas sin sentido ni justificación llenas de personajes sin definición ni objetivo. Si en la tercera entrega me quejaba de tramas dispersas y tramos alargados sin razón, aquí directamente es imposible discernir entre qué vale para algo y qué debería haberse quedado en la sala de montaje, porque todo está en el mismo nivel, es decir, hasta los momentos cumbres de la cinta (la aparición de las sirenas o el clímax en la dichosa fuente –que por cierto es calcado al desenlace de En busca del arca perdida-) se caracterizan por una asombrosa falta de contenido, savia, vida. No hay una pizca aventura ni humor que rescatar en un relato que precisamente va de eso.

También resulta muy grave el notable desgaste que sufren los personajes, pues ni Sparrow, que nació como una figura de gran fuerza (lo mejor de la saga en sus orígenes), nos saca del tedio, de lo diluido que se presenta. ¿Cuáles son su motivaciones y objetivos, por qué no se explica qué hace y porqué, cómo esperan que con un protagonista así de vacío la historia nos resulte interesante? Los secundarios, nuevos y viejos, también son incapaces de despertar el más mínimo interés. Qué desaprovechados están grandes actores como Ian McShane (Barbanegra está infrautilizado, siendo una vaga sombra del buen villano que fue Davy Jones), Geoffrey Rush (Barbossa tampoco aporta nada digno de recordar) y Kevin McNally (el segundo de Sparrow, que entra y sale del relato sin mucho sentido). Y… ¿alguien se acuerda de qué hace Penélope Cruz en la película? La falta de fuerza del personaje se agrava por la falta de carisma de la actriz. Al menos los tontorrones caracteres en manos de Keira Knightley y Orlando Bloom resultaban simpáticos incluso contando con las limitaciones de los intérpretes (¡quién me iba a decir que los iba a echar de menos!). Y hablando de estos dos, hay un burdo intento de rellenar el hueco que dejaron, con ese insoportable misionero (Sam Calfin) y la absurda sirena (que pasa de ser un monstruo horrible a una chica encantadora según las necesidades del guion).

En cuanto a la puesta en escena, se nota rápidamente que Gore Verbinski es un director mucho más virtuoso, pues la actual labor de Rob Marshall es tan esquemática, monótona y falta de recursos que lo que otrora resultaba una fantasía exagerada pero disfrutable porque se caracterizaba por un gran sentido del espectáculo, aquí resulta poco creíble porque se rueda sin magia, sin sentido del asombro y con una técnica bastante pobre. Las peleas a espada, que son las únicas escenas de acción que encontramos, son horribles, pésimas coreografías que cantan a trucaje cinematográfico a distancia: las estocadas parecen ir todas al aire, las piruetas imitando a El temible burlón son ridículas, y para colmo hay chorradas que quedan fatal, como esos barriles que en una escena no se rompen de ninguna manera y en la siguiente se pinchan sin esfuerzo (y que me expliquen por qué el líquido sale a chorros como si fuera gaseosa).

Y como extensión a esto último, lo peor de la película es que el dinero invertido en ella no se ha aprovechado lo más mínimo. Es imperdonable que una cinta de estas características, con doscientos cincuenta millones de presupuesto (cifra semejante a la de los episodios precedentes), parezca rodada al completo en un estudio, con decorados de cartón piedra, hierbas falsas y poco eficaces pantallas de fondo, todo ello mal disimulado por constantes nieblas y mucha oscuridad. Lo único digno de recordar es el barco de Barbanegra, porque el resto de elementos parecen propios de una producción televisiva. Apenas hay un par de escenarios naturales y se echa muchísimo de menos las maravillosas criaturas digitales con las que nos deleitaban en las anteriores partes.

La serie o brilla por su calidad, pero al menos conseguía entretener bastante. Esta deja ver mucho más las costuras y para colmo más que aburrida resulta insoportable. Es un auténtico engaño de película, una entrega completamente innecesaria y fallida, un insulto al bolsillo, la paciencia y la inteligencia del espectador. Me gustaría saber cómo se puede engendrar semejante bodrio sin que nadie en el estudio o el equipo de rodaje sea capaz de darse cuenta de que el libreto disponible es infame y no se puede sacar nada bueno de él, ni de que están rodando algo que apunta a desastre. ¿Será que parten de la idea de que el público es idiota y se tragará cualquier cosa con la debida campaña publicitaria? Probablemente sí, porque los mil millones que ha recaudado respaldan ese argumento.

Ver también:
El cofre del hombre muerto.
En el fin del mundo.

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El origen del planeta de los simios


Rise of the Planet of the Apes, 2011, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 105 min.
Dirección: Rupert Wyatt.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver.
Actores: James Franco, Freida Pinto, John Lithgow, Brian Cox, Tom Felton, Andy Serkis.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Se centra en contar algo tangible, la realización es exquisita, los efectos especiales memorables.
Lo peor: Resulta demasiado predecible y sus personajes son esquemáticos. Los actores cumplen por los pelos.
La frase: ¡No! –Caesar.

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El origen del planeta de los simios es una cinta muy hábil a la hora de tocar la fibra sensible del espectador, pues utiliza con sumo acierto las dosis justas de emociones, humanidad y escenas construidas para encandilar. No en vano está confeccionado como un drama muy clásico, cada personaje responde a un arquetipo muy definido y el desarrollo de la aventura sigue patrones muy concretos. Pero esas formas tan elementales son a la vez una virtud a destacar y su mayor limitación. El guion está bastante bien medido, demuestra un buen conocimiento del mundo del cine, de cómo poner cada frase y evento en el momento más acertado para impactar en conciencias y corazones, pero por extensión resulta una película muy simple, predecible en todo momento. La narración resulta excesivamente lineal y cada escena se ve venir muy de lejos; no hay sorpresa alguna, más aun cuando se conoce de antemano el desenlace. Y por si fuera poco a los personajes le falta densidad, todos responden a un patrón y de ahí no se mueven. Son evidentemente peones de la trama, no caracteres bien dibujados que se encuentran con una aventura y responden a ella según sus personalidades, es decir, se han proyectado como clichés andantes para desarrollar determinadas ideas, y entiendo las intenciones y hasta cierto punto las acepto (el protagonista y su padre tienen simpatía de sobra para que nos interesemos por su viaje), pero lo cierto es que resultan un tanto limitados, y en una película que habla sobre temas sociales y éticos se echa de menos más complejidad en uno de sus pilares fundamentales. Y me temo que en los secundarios sí se cae a un nivel un tanto cargante, como la chica, puesta ahí de adorno para cumplir con el cupo femenino de cara a la taquilla, y el ridículo villano (el chaval que pega a los animales), un personaje digno de una película de Disney. Además, los actores principales, exceptuando a John Lithgow, son muy poco competitivos.

No puedo quitarme la sensación de que en su base no es más que un telefilme sencillo de ciencia-ficción, agradable y ameno pero intrascendente, y de que es el dinero puesto en ella lo que la engrandece. Es decir, su excelente puesta en escena ofrece un acabado tan arrebatador que prácticamente disimula las líneas tan básicas de la historia y sus numerosos agujeros (que sea tan fácil sacar animales y viales de un centro de semejante nivel…), convirtiendo un relato quizá demasiado simplón en una aventura muy atractiva. Entre la virtuosa dirección del desconocido Rupert Wyatt y los perfectos efectos digitales (los simios son totalmente creíbles) la cinta es un deleite visual constante. La cámara siempre está el lugar adecuado para conseguir el plano perfecto o el travelling más dinámico y espectacular, la música acentúa cada escena correctamente y el registro interpretativo de Caesar es asombroso.

Así pues, el ritmo es impecable en todo momento, dando como resultado una montaña rusa de emociones, una narración intensa y atractiva incluso en los momentos en que se desarrolla algo tan previsible que probablemente debería aburrir. Sí, sin duda son emociones simples y maniqueas, pero para pasar el rato son más que válidas, sobre todo porque esta película supone una grata sorpresa en el cine comercial actual, pues es una superproducción que no engaña, que cuenta algo, aunque sea sencillo, esforzándose en hacerlo interesante sin basarse únicamente en aparatosos pero huecos efectos visuales y sonoros. Es evidentemente una película hecha para la taquilla, para gustar, pero debo decir que prefiero de largo esta línea al resto de las producciones comerciales recientes, casi todas basura sin alma, todo fuegos artificiales sobre la nada como Transformes 3 o Piratas del Caribe 4.

Pero también se puede mirar desde otra perspectiva, desde la del cinéfilo curtido. Entonces debo decir que incluso habiéndome gustado bastante me sorprende la cantidad de buenas críticas que recibe. Para mí es un gran estreno veraniego, pero dista de ser una gran película. Y además me ha despertado sentimientos encontrados. Como pasatiempo cumple con creces, pero deja el regusto de enésima producción creada únicamente para sacar tajada de la taquilla exprimiendo otra saga originalmente memorable que ya había sido alargada muchísimo más de la cuenta y que no necesitaba más reinicios, remakes o secuelas. Y también pone de manifiesto la nula inteligencia y cultura del espectador actual: en la sesión en que la vi numerosos espectadores se asombraron cuando el mono habló, llegando incluso a dar gritos en voz alta por la impresión. ¿Cómo puede haber un porcentaje tan amplio de la sala con tan pocas capacidades como para no olerse algo que se veía venir desde muchísimos minutos antes? Y sobre todo, ¿es perdonable desconocer la obra maestra que da nombre a la saga?

Hanna

 

Hanna, 2011, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 111 min.
Director: Joe Wright.
Escritores: Seth Lochhead, David Farr.
Actores: Saoirse Ronan, Eric Bana, Cate Blanchett, Olivia Williams, Tom Hollander, Jason Flemyng.
Música: Chemical Brothers.

Valoración:
Lo mejor: La virtuosa y deslumbrante puesta en escena. El trío protagonista, en especial la joven Saoirse Ronan.
Lo peor: De tanto experimentar, lo que queda casi no resulta una película, sino un juego audiovisual bastante excéntrico.
Mejores momentos: La pelea en la estación de metro realizada en un solo plano.
Peores momentos: La escena que define España: flamenqueo del cutre.

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Una niña prodigio es educada en medio de la naturaleza más inhóspita por un espía huido. Las vueltas de la vida la llevan a la civilización, donde será perseguida por el pasado de sus progenitores, encabezando la búsqueda una fría e implacable agente (una Cate Blanchett como siempre hermosa y arrolladora). La búsqueda de sus orígenes estará plagada de peligros y la llevará a conocer tanto el mundo que le rodea como a ella misma.

A medio camino entre la cinta de espionaje, la de acción y la road movie, Hanna es un experimento atípico que no dejará indiferente a nadie. Cada tramo de la cinta es un juego visual, casi un videoclip. Cada escenario se exprime obteniendo tanto su belleza real (los paisajes son preciosos) como la belleza casi surrealista que sólo el arte humano puede concebir. Los diversos pasajes de la cinta cautivan y sorprenden en todo momento, llenando los sentidos a ritmo de la espectacular música del grupo Chemical Brothers y la fascinante puesta en escena del dotado pero siempre irregular Joe Wright (Expiación). Y digo irregular porque como en sus anteriores obras su labor como director destaca muy por encima de la historia que está contando.

Hanna es tan sorprendente y curiosa como dispersa, descentrada, excesiva y a veces caricaturesca. El argumento no parece tomar forma, aparece y desaparece, se olvida para buscar una escena preciosista, se deja de lado para hurgar en enredos artísticos diversos. A ratos es un thriller espionaje y acción claramente deudor de la saga de Jason Bourne (con espectaculares piruetas visuales propias del director, como la pelea en la estación de metro), por momentos se centra en el drama de una adolescente sobreviviendo en el mundo, con ligoteos y todo (muy bonita la escena del beso con la otra chica, pero, ¿a qué viene?), en ocasiones se decanta por el cuento enrevesado tipo Tim Burton (el tramo final casi resulta delirante), y por momentos, con la aparición de la familia viajante (donde destaca una siempre espléndida y desaprovechada Olivia Williams), Wright parece construir un alegato a favor de la liberación, mostrando que hay más mundo y formas de vivir que el tradicional.

Hanna es rara de narices, tanto que unos ven en ella una película curiosa y emocionante y otros un juego audiovisual sin el remate necesario como para denominarlo como película con sentido. Pero sin duda está rodada con una maestría que te deja pasmado en todo momento, y la interpretación de Saoirse hipnotiza. No me ha entusiasmado, ni la veré otra vez, pero el viaje ha sido digno de vivirlo. Hablando de viajes, la mejor forma de describirla es: "ey, vamos a hacer una secuela de Bourne pero drogados hasta las cejas".

Templario

Ironclad, 2011, Reino Unido, EE.UU., Alemania
Género: Aventuras.
Duración: 121 min.
Director: Jonathan English.
Escritores: Jonathan English, Erik Kastel.
Actores: James Purefoy, Paul Giamatti, Brian Cox, Kate Mara, Derek Jacobi, Charles Dance, Jason Flemyng.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Se deja ver sin provocar rechazo.
Lo peor: Irregular y desaprovechada, un momento innecesariamente ambiciosa y al otro demasiado sencilla.

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Templario arrastra un notable problema: su falta de definición. Su autor (el desconocido Jonathan English) no parece saber si tiene entre manos una aventura sencilla o una más ambiciosa. Me da la impresión de que pretendía esto último y con los recursos disponibles vio que no podía lograrlo y simplificó partes. Por ello la narración va a trompicones, con explicaciones burdas metidas de vez en cuando para tratar de encajar la trama política del rey con la personal del templario, sea mediante una horrible voz en off o mediante el arzobispo, personaje que queda muy descolgado. Si se hubiera centrado únicamente en la vida del afligido templario, sin tratar de mostrar los intereses de los grandes poderes, el resultado podría haber sido más llamativo, pero lo que queda es un quiero y no puedo constante, a medio camino entre una aventura personal a lo Conan y una de gran alcance tipo Braveheart, es decir, intenta hacer un Robin Hood (la de Ridley Scott), donde la mezcla funciona bastante bien, pero no tiene ni recursos ni habilidad para ello. Se echa de menos esa definición, ese conocimiento de sus propias limitaciones que tenían otras recientes del género como La legión del águila (que tampoco era la bomba) y la más lograda Centurión.

En el aspecto visual también se muestra irregular. La fotografía aprovecha muy bien la nitidez que ofrece el haber rodado en digital y la cantidad de sangre y vísceras es muy de agradecer en estos días donde predomina el cine comercial azucarado, de hecho resulta una película asombrosamente violenta en algunos momentos. Lástima que, como ocurre con el guión, no se aproveche esta buena base: las labores de dirección son bastante normalitas y no logran que la cinta impresione como cabría esperar. Como suele ocurrir en manos de realizadores poco dotados, las batallas y sus coreografías son pobretonas, sobre todo a la hora de darles forma en la sala de montaje.

Los personajes resultan simpáticos y mantienen un dibujo bastante correcto, mientras que los actores tienen carisma. Paul Giamatti (que siempre pierde muchísimo con la inadecuada voz que le ponen en castellano), Brian Cox (repitiendo el mismo papel de siempre), la emergente figura de James Purefoy (quien deslumbró en la serie Roma) y algunos secundarios de lujo (Derek Jacobi, Charles Dance) ofrecen un reparto más propio de una película de primera división. Estos protagonistas son lo mejor de la función, incluso contando con que el problema del rumbo poco trabajado implica quitar tiempo al romance con la chica (Kate Mara, guapa pero aburrida), que queda tan resumido que no resulta creíble (de hecho el final llega a ser ridículo).

Entretenida a ratos, predecible en otros, torpe por momentos, en líneas generales resulta un entretenimiento tan inocente como intrascendente, sólo apto para seguidores del género que como un servidor vayan a verla esperando encontrar algo digno de recordar. En este caso no lo es, pero tampoco puede decirse que sea tiempo perdido si no se va con grandes expectativas.