El Criticón

Opinión de cine y música

Templario

Ironclad, 2011, Reino Unido, EE.UU., Alemania
Género: Aventuras.
Duración: 121 min.
Director: Jonathan English.
Escritores: Jonathan English, Erik Kastel.
Actores: James Purefoy, Paul Giamatti, Brian Cox, Kate Mara, Derek Jacobi, Charles Dance, Jason Flemyng.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Se deja ver sin provocar rechazo.
Lo peor: Irregular y desaprovechada, un momento innecesariamente ambiciosa y al otro demasiado sencilla.

* * * * * * * * *

Templario arrastra un notable problema: su falta de definición. Su autor (el desconocido Jonathan English) no parece saber si tiene entre manos una aventura sencilla o una más ambiciosa. Me da la impresión de que pretendía esto último y con los recursos disponibles vio que no podía lograrlo y simplificó partes. Por ello la narración va a trompicones, con explicaciones burdas metidas de vez en cuando para tratar de encajar la trama política del rey con la personal del templario, sea mediante una horrible voz en off o mediante el arzobispo, personaje que queda muy descolgado. Si se hubiera centrado únicamente en la vida del afligido templario, sin tratar de mostrar los intereses de los grandes poderes, el resultado podría haber sido más llamativo, pero lo que queda es un quiero y no puedo constante, a medio camino entre una aventura personal a lo Conan y una de gran alcance tipo Braveheart, es decir, intenta hacer un Robin Hood (la de Ridley Scott), donde la mezcla funciona bastante bien, pero no tiene ni recursos ni habilidad para ello. Se echa de menos esa definición, ese conocimiento de sus propias limitaciones que tenían otras recientes del género como La legión del águila (que tampoco era la bomba) y la más lograda Centurión.

En el aspecto visual también se muestra irregular. La fotografía aprovecha muy bien la nitidez que ofrece el haber rodado en digital y la cantidad de sangre y vísceras es muy de agradecer en estos días donde predomina el cine comercial azucarado, de hecho resulta una película asombrosamente violenta en algunos momentos. Lástima que, como ocurre con el guión, no se aproveche esta buena base: las labores de dirección son bastante normalitas y no logran que la cinta impresione como cabría esperar. Como suele ocurrir en manos de realizadores poco dotados, las batallas y sus coreografías son pobretonas, sobre todo a la hora de darles forma en la sala de montaje.

Los personajes resultan simpáticos y mantienen un dibujo bastante correcto, mientras que los actores tienen carisma. Paul Giamatti (que siempre pierde muchísimo con la inadecuada voz que le ponen en castellano), Brian Cox (repitiendo el mismo papel de siempre), la emergente figura de James Purefoy (quien deslumbró en la serie Roma) y algunos secundarios de lujo (Derek Jacobi, Charles Dance) ofrecen un reparto más propio de una película de primera división. Estos protagonistas son lo mejor de la función, incluso contando con que el problema del rumbo poco trabajado implica quitar tiempo al romance con la chica (Kate Mara, guapa pero aburrida), que queda tan resumido que no resulta creíble (de hecho el final llega a ser ridículo).

Entretenida a ratos, predecible en otros, torpe por momentos, en líneas generales resulta un entretenimiento tan inocente como intrascendente, sólo apto para seguidores del género que como un servidor vayan a verla esperando encontrar algo digno de recordar. En este caso no lo es, pero tampoco puede decirse que sea tiempo perdido si no se va con grandes expectativas.

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