El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2011

Red State

Red State, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 88 min.
Director: Kevin Smith.
Escritor: Kevin Smith.
Actores: Michael Parks, Melissa Leo, John Goodman, Stephen Root, Michael Angarano, Nicholas Braun, Kyle Gallner, Kevin Pollack, Stephen Root.

Valoración:
Lo mejor: Valiente, original, con tramos muy impactantes. Un reparto de gran nivel.
Lo peor: La dirección es mediocre, y el guión tiene algunos detalles mejorables.
Mejores momentos: El monólogo del líder de la secta ante sus fieles y los del agente del FBI al teléfono, en uno explicando el caso y en otro enfrentándose a sus superiores por la estrategia a seguir en el asalto.

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El cine de Kevin Smith siempre ha sido minoritario, independiente, no apto para las líneas comerciales habituales, pero tras romper esquemas con Clerks y continuar con otras obras de gran calidad y cierto éxito y prestigio se presuponía que no iba a tener dificultades en su carrera. Sin embargo en los últimos años se las ha visto putas. ¿Hacemos una porno? sufrió boicot ultraconservador en EE.UU. por incluir la palabra porno en el título (¡vaya país!), Cop Out fue tan mediocre que casi no tuvo distribución (bueno, este caso se entiende, y además no se puede considerar suya porque no la escribe), y Red State, arrastrando polémica al haberse metido con las religiones, está viendo su estreno muy frenado. Por suerte está empezando a hacerse notar en algunos festivales (mejor película en Sitges) y obteniendo buenas críticas, así que esperemos que esta primera incursión en el cine serio y comprometido (no es una comedia romántica, por si alguien esperaba que siguiera en su onda habitual) vaya adquiriendo mayor éxito y prestigio, porque lo cierto es que, aun con algunas limitaciones, Red State es una película bastante llamativa.

La narración se desarrolla a través de una estructura atípica, casi en plan Tarantino, por capítulos de distinto estilo y ritmo en los que se presentan y siguen distintos personajes y aspectos de la historia. Algunos son casi monólogos (la aparición de John Goodman), otros resultan inquietantes (el discurso del líder de la secta), otros terroríficos (el intento de huída de los secuestrados), otros explotan la acción más intensa (el asalto), etc. Así, lo que se inicia como una aparente cinta juvenil pasa al terror psicológico a la vez que se convierte en una feroz crítica a la religión y la intolerancia, y termina navegando por el thriller de acción con carga política. Lo que pretende Kevin Smith es ofrecer un retrato del fundamentalismo religioso, de la ignorancia e intolerancia de la población estadounidense, de la corrupción de los poderes y en general de la inmundicia humana. Y no deja títere con cabeza, todos los personajes e instituciones protagonistas salen malparados.

La religión es analizada y puesta a parir de forma magistral, con esa perturbadora secta llena de chiflados que da un montón de instantes magníficos. El gran momento de la cinta es el discurso del líder, un tramo de una calidad atronadora: el diálogo es perfecto, medido palabra por palabra para mostrar al detalle cómo trabaja esta gente, cómo mueve a las demás personas y les moldea el cerebro, y la interpretación de Michael Parks resulta intensa y escalofriante como pocas, cada gesto y mirada dice casi tanto como las propias sentencias. Y no me olvido de otro gran papel: el de Melissa Leo, enorme actriz que a pesar de tener una larga carrera no se dio a conocer hasta The Fighter.

Las fuerzas de la ley también se llevan su varapalo. La política pesa más que la razón, la conciencia de los agentes se pone a prueba (excelentes escenas nos da John Goodman con los dilemas a los que se enfrenta), el caos de la violencia destruye la humanidad (acaban matando a gente desarmada) y la corrupción del poder llega al límites moralmente inadmisibles (la Patriot Act permite la prisión de por vida sin cargos para supuestos terroristas, los agentes no dudan en usar la fuerza y leyes como ésta para quitarse de en medio elementos indeseables, sin plantearse siquiera otras opciones, etc.).

Entre medio tenemos también otros dramas personales muy atractivos. Amigos que huyen cuando más los necesitas, confrontación entre familia y fe, la persecución de la homosexualidad y el vivirla en secreto (el sheriff proporciona algunos instantes muy tristes)… Todo se adereza con giros inesperados, muertes sorpresivas, bastante mala uva (roza la comedia negra por momentos) e inteligencia en cantidad.

Por desgracia al guión le faltan algunas puntadas para que pueda considerarla una historia realmente extraordinaria. Le pesan algunas inconsistencias (el sheriff desaparece y luego muere de forma precipitada cuando su presencia molesta), le falta rematar algunas escenas, no termina de cogerle el punto a otras, y sobre todo su desenlace resulta ligeramente insatisfactorio. No es lógico, y como es evidente no funciona nada bien, que un final tenga que ser explicado mediante largos diálogos a los que les cuesta llegar a algo tangible, pues al tardar tanto en conseguir ser explicado sabe a poco. En cierta manera la resolución recuerda al cine de los hermanos Coen, con conversaciones largas llenas de desviaciones extrañas, y como en muchas de sus películas, se pierde por las ramas en un momento en que hace falta algo más concreto.

Otro elemento que pesa considerablemente y frena el potencial de la película es que la puesta en escena resulta muy floja, en parte por disponer de pocos recursos pero sobre todo porque, hay que admitirlo, Kevin Smith es un director muy poco dotado. En las escenas de acción se nota muchísimo, perdiendo la narración la intensidad que debería tener en esos momentos. Planos torpes, falta de visión de conjunto (el ritmo se resiente, no sabemos quién dispara a quién, cuesta discernir la ubicación espaciotemporal de los personajes) y muchas inconsistencias y gazapos afean considerablemente una propuesta bastante más atrevida e inteligente de lo que se ve en la taquilla habitual. Sea como sea, el conjunto merece la pena para quien busque cine diferente, arriesgado, comprometido.

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Contagio

Contagion, 2011, EE.UU.
Género: Thriller, drama.
Duración: 106 min.
Director: Steven Soderbergh.
Escritor: Scott Z. Burns.
Actores: Matt Damon, Lawrence Fishburne, Kate Winslet, Gwyneth Paltrow, Jennifer Ehle, Anna Jacoby-Hedron, Jude Law, Marion Cotillard, Bryan Cranston, Elliot Gould.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Guión, dirección, fotografía, música, reparto… Su capacidad para dejarte pegado al asiento durante todo su metraje.
Lo peor: Nada.
Mejores momentos: Los primeros diez minutos, sobre todo si no sabes lo que te espera. Innumerables instantes que se desarrollan sólo con imágenes y música. El Día 1.

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Contagio es una de las películas más sorprendentes, atípicas y electrizantes de los últimos años. Muchos de los que vayan a verla, sea con ideas preconcebidas o no (cabría esperar algo parecido a Estallido), serán abofeteados en los cinco primeros minutos de proyección, donde se muestra sin miramientos lo que va a ser la tónica (muertes de protagonistas) y el estilo (secuencias rápidas, poco diálogo…). Yo mismo iba bastante en blanco, ya tenía claro que la vería por el reparto y el director y pasé de los trailers (que por lo visto te revientan media película), y con esas primeras escenas quedé muy impresionado, tanto para bien (la narración me atrapó de lleno instantáneamente) como para mal (¿de verdad era necesario ser tan explícito y duro con las muertes?).

Desde ese primer golpe de efecto es un no parar, la trama se lanza con un ritmo impresionante, con una velocidad y fuerza que ya quisieran para sí muchas cintas de acción. El guión de Scott Z. Burns orquesta un amplio entramado de protagonistas con el que ofrece diversas perspectivas de la historia. Saltamos entre países, ciudades y personajes siguiendo la trayectoria del virus, y da tiempo para mostrar a los científicos trabajando y los problemas logísticos colaterales (distintos organismos implicados, etc.), para exponer los problemas políticos y sociales (pánico, saqueos) así como la influencia de los medios de comunicación, desde donde también se pone un ejemplo de los sacacuartos habituales (el periodista insensato –Jude Law– y su defensa irracional de falsas medicinas -homeopatía-, conspiraciones –qué malas son las farmacéuticas- y paranoias -todo el mundo miente menos yo-, llega a resultar desagradable). Y todo ello sin olvidar los dramas personales, todos realistas, cercanos (en especial los de Matt Damon y su hija), muy bien aprovechados a pesar del poco tiempo que tienen algunos de los protagonistas y los constantes saltos narrativos que hay. Pocos deslices encontramos en esta hábil y densa estructura; si acaso cabe decir que como era de esperar en tal tinglado alguna aventura queda un poco por debajo del resto, como la de Marion Cotillard, a la que le falta algo de dedicación.

El reparto también es de los más llamativos en muchos años, un desfile de nombres conocidos y secundarios de gran nivel (Bryan Cranston por ejemplo), todos de calidad más que contrastada. Y todos están impecables en sus papeles, aunque por tiempo en pantalla y las características de sus roles destacan Matt Damon, en una de sus mejores interpretaciones dramáticas, o Kate Winslet, de quien se podría decir que está siempre impecable. Aunque si tengo que elegir me quedo con otros dos: Lawrence Fishburne, que aun teniendo un papel más serio y no dado a cambios de registros muestra con una facilidad pasmosa la presión a la que está sometido, y la adolescente Anna Jacoby-Heron, que en este su primer trabajo ofrece un recital a tener en cuenta de cara a su futuro.

La puesta en escena es magnífica, la mano de Steven Soderbergh ofrece una lección de virtuosismo narrativo digno de ver. Es difícil perder el hilo u olvidarse de algún personaje, todo se expone con el máximo cuidado para que cada escena esté donde se requiere y transmita y narre lo necesario, y para ello cada plano está puesto con una intención concreta, sea transmitir el miedo por el contagio (roces fugaces, apoyos en puertas y barras para convertir lo cotidiano -viajar en autobús- en peligro) o mostrar aspectos cruciales de la trama (con un plano a los viales de ántrax y sars y otro a la emoción contenida de la científica ya sabemos que están guardando las muestras –virus o cura o ambos- para la posteridad). La fotografía es excelente, el montaje mejor… pero si algo destaca es la banda sonora de Cliff Martinez (Solaris), que supone un gran hallazgo en una época de crisis en la música de cine. Su implicación con las imágenes es perfecta, consiguiendo una simbiosis de una eficacia que no se ha visto en años. Sutil o intensa según necesidades, impecable en sus funciones de matizar el suspense o desgarrarte por dentro por la dureza de la tragedia mostrada, es para mí elemento más importante de la película, pues muchas escenas carecen de diálogo y resulta crucial para darles el tono requerido.

El ritmo no da descanso y los personajes desfilan con mil problemas ante nuestros ojos sin que sepamos quién caerá y quién se salvará. La puesta en escena llena por completo los sentidos, exprimiendo y amplificando de manera impresionante un guión que en otras manos podría haber sido un caos. Casi no puedes pestañear y respirar durante dos horas, intrigado, inquieto, salpicado constantemente de sensaciones y emociones. Thriller, drama, ciencia-ficción apocalíptica con un ligero tono de documental… Contagio es una película compleja e inteligente que no olvida el sentido del espectáculo, pues resulta una proyección intensa e impactante.

Cop Out – Vaya par de polis

 

Cop Out, 2010, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 107 min.
Director: Kevin Smith.
Escritores: Robb Cullen, Mark Cullen.
Actores: Bruce Willis, Tracy Morgan, Seann William Scott.
Música: Harold Faltermeyer.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Ese esperpento de guión, uno de los más horribles en muuuuuchos años. La interpretación de Tracy Morgan.
El título: El título original Cop Out parecía muy difícil de traducir para la distribuidora española, donde tuvieron un momento de inspiración como sólo ellos saben ofrecer.

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Este engendro es una de las peores torturas cinematográficas a las que me he enfrentado en mi vida. Es una aberración digna de recordar entre las listas de peores películas de los últimos años, y no precisamente por ser de las que hacen reír por su torpeza, sino de las insufribles por lo insultantemente idiotas, ridículas y cutres que resultan. Me acerqué a ella por su director, el independiente Kevin Smith, por completar su filmografía, pero no os dejéis engañar si sois fans, no es una obra propia de su carrera, pues no la escribe, sino que únicamente la ha dirigido supongo que para ganarse el jornal. De su labor no tengo quejas, lo único que hace es poner la cámara donde hace falta. Es el guión el problema.

Cop Out pretende ser un intento de comedia y parodia del género policíaco de los ochenta, con la pareja protagonista (uno blanco y el otro negro) resolviendo entuertos mientras nos deleitan con su relación personal llena de conflictos absurdos y en teoría graciosos. Pero falla, falla estrepitosamente. La trama ni la recuerdo tras el visionado, de insustancial y aburrida. Los tópicos de género de los que en teoría debería nacer la comedia no funcionan como elemento humorístico, pues carecen de ingenio y gracia. Los chistes y bromas ofrecen secuencia tras secuencia tan pasadas de rosca (surrealistas, infantiles, esperpénticas, etc.) que provocan vergüenza ajena. Los diálogos son de lo peor que he soportado en una película, un atropellado galimatías de chistes cutres, referencias forzadas y mucha frase gritada entre interpretaciones sobreactuadas como para tratar dar intensidad a algo que no la tiene; llegan a ser completamente incoherentes e incomprensibles en muchos momentos. La música es un ruido constante y desquiciante, otro penoso intento de enfatizar el tono de comedia. Y la pareja protagonista… joder con la pareja protagonista. No existe química alguna entre ambos, no pegan ni con cola, no resultan creíbles juntos… es más, no hay quien los soporte.

Bruce Willis aguantando el tipo como bien puede con un protagonista de lo más simple es aceptable, porque el tío tiene carisma de sobra. Pero Tracy Morgan es un caso digno de estudio. ¿La elección de este actor responde a una broma que no alcanzo a entender? Porque sinceramente, parece un retrasando mental poniendo muecas propias de alguien con esas limitaciones físicas y mentales. Y qué queréis que os diga, con esta duda me quedo: ¿tratan de hacer reír a través de un pobre desgraciado o es que la interpretación de este individuo es así de lamentable? El resultado es asombrosamente inquietante, perturbador, grotesco. En muchísimas escenas sus muecas, babas y tics me sacaban completamente de una narración ya de por sí espantosa.

No logro entender cómo guiones de semejante nivel consiguen el visto bueno para producirse. Por vuestra salud mental, no se os ocurra acercaros a esta abominación.

Super 8

Super 8, 2011, EE.UU.
Género: Misterio, acción, terror.
Duración: 112 min.
Director: J. J. Abrams.
Escritor: J. J. Abrams.
Actores: Joel Courtney, Elle Fanning, Ryan Lee, Riley Griffiths, Gabrel Basso, Zach Mills, Kyle Chandler, Ron Eldard.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La construcción y uso de los personajes, la puesta en escena.
Lo peor: El guión flojea conforme avanza.
Mejores momentos: El chico maquillando a la chica.
La frase: ¡Qué malas son las drogas!

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Alerta spoilers: Puede haber algunos detalles reveladores–

Super 8 tiene buenos logros, pero me ha resultado insatisfactoria, como incompleta o coja. Quizá esperaba demasiado sin razones de peso para ello. Lo cierto es que no sé cómo J. J. Abrams consigue crear siempre tanta expectación si casi toda obra suya termina siendo más o menos igual: mucho truco narrativo (de calidad, eso sí) para impresionarte en la presentación y el nudo pero poca consistencia en su desenlace. Sus series, en especial las dos que le han dado la fama (Alias y Perdidos), han pecado de arrastrar el mismo problema, comenzando éstas sus andaduras por el notable o sobresaliente y acabando por un suficiente (Alias) o un sonoro suspenso (vean mi opinión sobre el final de Perdidos), y en el cine parece estar yendo por el mismo camino, pero agravado porque al contar con más dinero se centra más en el aspecto exterior que en el interior. Misión Imposible III, Cloverfield (aunque era productor, no director) y Star Trek eran puro fuego artificial pero sin contenido digno de mención, y esta Super 8, donde se ve más empeño en narrar algo, también termina siendo absorbida por su aparatosidad y la falta de ideas a la hora de alcanzar el cierre de la historia.

Super 8 nace como homenaje y recuperación del cine de aventuras y ciencia-ficción/fantasía de los ochenta, con obras cumbre como E.T. y Los Goonies como referencias principales, y lo cierto es que destila un constante aroma a cine de aquella época. No voy a pararme a analizar las referencias, inspiraciones y homenajes varios, que los hay en cantidad y más o menos bien utilizados (incluso en aspectos como la música, con Michael Giacchino imitando sin disimulo al John Williams de E.T. ), y voy a centrarme en la crítica. En su base y en su inicio resulta una prometedora película de aventuras juveniles, con un grupo de personajes muy bien descritos y cuyas relaciones, aunque algunas pequen de simples, como la historia conflictiva entre los padres, funcionan francamente bien. Se llega a empatizar con prontitud e intensidad con sus problemas y sentimientos, y los diálogos y situaciones mantienen un nivel de diversión y drama bastante bien trabajado. Cabe destacar la excelente labor de dirección de actores, crucial con chavales tan jóvenes y con poca experiencia. Brillan especialmente los asombrosos papeles de Joel Courtney (el protagonista principal) y sobre todo la chica, Elle Fanning (aunque ésta sí lleva años trabajando). La pega es que el doblaje, como casi siempre que tratamos con críos, resulta horroroso.

Sin embargo, no toda la película es así de gratificante. La presencia del monstruo y el tratamiento de esta trama desentonan muchísimo en estilo y calidad con la premisa inicial. Quizá porque pretendía actualizar el género, quizá porque se le va de las manos, quizá porque Abrams se ha terminado de formar en una época donde prima el espectáculo facilón sobre la narrativa más trabajada y por seguir la corriente lo mantiene, Super 8 en conjunto resulta irregular y por momentos fallida. El estilo terror con monstruo no cuaja lo más mínimo con el estilo juvenil, resultando en conjunto una cinta demasiado oscura y terrorífica para el público al que en teoría está dirigido (12 para arriba, creo yo). Pero el desequilibrio va más allá del estilo, pues también pesa en la trama. Conforme la proyección avanza me dio la sensación de que el rumbo se iba perdiendo, de que pasamos de una sencilla y eficaz historia de personajes a una aparatosa cinta de acción y terror. La credibilidad se deja de lado por el espectáculo más ruidoso (tanto que resulta excesivo en ocasiones: el innecesariamente brutal descarrilamiento o la escena del autobús de exageradas resultan molestas) y los agujeros de guión o las explicaciones muy cogidas por los pelos se amontonan: que el chaval deduzca dónde está el monstruo no tiene verosimilitud suficiente, el cómo pueden escapar del campamento militar (donde evacuan a la gente) tan fácilmente directamente se omite (aparecen fugados –con ese fumeta que sobra totalmente- y punto), que se enfrenten a la criatura resulta tan poco creíble que me sacó por completo de la película, y eso que venía de algunas escenas muy salidas de madre como la de los chavales corriendo por la guerra, etc.

Pero el final resulta aún más decepcionante. Me dejó la sensación de que por buscar un desenlace tipo E.T. , es decir, emotivo y bello, la humanización del monstruo queda muy forzada, y la simpatía que de repente despierta en el protagonista no hay manera de entenderla. Además aquí los errores e inconsistencias se acumulan: que la nave atraiga las armas de los soldados pero estos sigan con ellas canta mucho, que sea justo en ese momento cuando el monstruo decide terminar su vehículo atrayendo a los cubos (¿no estaban ya a tomar por culo?) lo mismo, y eso de que entre tanto tío colgando el alien coja a la niña justo cuando llegan sus amigos al rescate, levantándola con toda la calma del mundo, resulta un truco demasiado evidente y nada disimulado. En este tramo uno desconecta, pues las tramas iniciales (los problemas de los chavales, sus relaciones y su proceso de maduración en el paso al mundo de los adultos) han desaparecido por completo. Poco importa si las familias se reúnen a salvo al final, si se produce el previsible reencuentro entre los padres enfrentados (que se produce, pero de forma tan superficial que tras tanto hablar de ello me pregunto para qué sirve y qué aporta a ese proceso de evolución de los protagonistas), incluso ya no importa si un niño está en peligro, porque el baremo ha cambiado del realismo a la pura fantasía y cualquier cosa es posible (como el imposible cara a cara con el alien), por lo que la conexión con esos personajes no es la misma.

En la puesta en escena prácticamente no tengo quejas. Comparado con autores de mayor éxito como Michael Bay o Peter Jackson estamos ante alguien con muchos más recursos y cualidades, alguien que posee gran manejo del lenguaje cinematográfico y es capaz de convertir una chorrada como Misión Imposible III en una montaña rusa o darle ritmo a un bodrio como Star Trek. Aquí se adapta muy bien a un lenguaje muy concreto, el del cine ochentero y más concretamente buscando el toque de Steven Spielberg (por cierto, éste apoyó el proyecto realizando labores de productor). Acierta plenamente desde la ambientación a la fotografía (aunque sigue con la manía de abusar de brillos y reflejos) pasando por otros aspectos cruciales como la citada dirección de actores. Además se adapta a la perfección a los cambios de registro: pasa con gran soltura de escenas íntimas a momentos trepidantes e incluso de intriga y terror, y por extensión las escenas de acción dan todo de sí, desde la planificación (claras, con un rumbo bien manejado) al acabado (montaje excelente y gran uso de los efectos especiales -los sonoros son brutales-). El problema es el ya comentado: el guión (que por cierto como es habitual firma el mismo Abrams) se queda a medio camino de lo que prometía ofrecer, y por ello mientras E.T. era una cascada de emociones, sobre todo en sus momentos cumbres, Super 8 peca de inclinarse demasiado hacia el artificio estridente y hueco. En resumen, J. J. Abrams ha mostrado de nuevo que tiene un gran potencial como director y hacedor de espectáculos, pero lleva tiempo atascado sin evolucionar, sin madurar, algo que en este título se ha echado muy en falta.