El Criticón

Opinión de cine y música

Super 8

Super 8, 2011, EE.UU.
Género: Misterio, acción, terror.
Duración: 112 min.
Director: J. J. Abrams.
Escritor: J. J. Abrams.
Actores: Joel Courtney, Elle Fanning, Ryan Lee, Riley Griffiths, Gabrel Basso, Zach Mills, Kyle Chandler, Ron Eldard.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La construcción y uso de los personajes, la puesta en escena.
Lo peor: El guión flojea conforme avanza.
Mejores momentos: El chico maquillando a la chica.
La frase: ¡Qué malas son las drogas!

* * * * * * * * *

Alerta spoilers: Puede haber algunos detalles reveladores–

Super 8 tiene buenos logros, pero me ha resultado insatisfactoria, como incompleta o coja. Quizá esperaba demasiado sin razones de peso para ello. Lo cierto es que no sé cómo J. J. Abrams consigue crear siempre tanta expectación si casi toda obra suya termina siendo más o menos igual: mucho truco narrativo (de calidad, eso sí) para impresionarte en la presentación y el nudo pero poca consistencia en su desenlace. Sus series, en especial las dos que le han dado la fama (Alias y Perdidos), han pecado de arrastrar el mismo problema, comenzando éstas sus andaduras por el notable o sobresaliente y acabando por un suficiente (Alias) o un sonoro suspenso (vean mi opinión sobre el final de Perdidos), y en el cine parece estar yendo por el mismo camino, pero agravado porque al contar con más dinero se centra más en el aspecto exterior que en el interior. Misión Imposible III, Cloverfield (aunque era productor, no director) y Star Trek eran puro fuego artificial pero sin contenido digno de mención, y esta Super 8, donde se ve más empeño en narrar algo, también termina siendo absorbida por su aparatosidad y la falta de ideas a la hora de alcanzar el cierre de la historia.

Super 8 nace como homenaje y recuperación del cine de aventuras y ciencia-ficción/fantasía de los ochenta, con obras cumbre como E.T. y Los Goonies como referencias principales, y lo cierto es que destila un constante aroma a cine de aquella época. No voy a pararme a analizar las referencias, inspiraciones y homenajes varios, que los hay en cantidad y más o menos bien utilizados (incluso en aspectos como la música, con Michael Giacchino imitando sin disimulo al John Williams de E.T. ), y voy a centrarme en la crítica. En su base y en su inicio resulta una prometedora película de aventuras juveniles, con un grupo de personajes muy bien descritos y cuyas relaciones, aunque algunas pequen de simples, como la historia conflictiva entre los padres, funcionan francamente bien. Se llega a empatizar con prontitud e intensidad con sus problemas y sentimientos, y los diálogos y situaciones mantienen un nivel de diversión y drama bastante bien trabajado. Cabe destacar la excelente labor de dirección de actores, crucial con chavales tan jóvenes y con poca experiencia. Brillan especialmente los asombrosos papeles de Joel Courtney (el protagonista principal) y sobre todo la chica, Elle Fanning (aunque ésta sí lleva años trabajando). La pega es que el doblaje, como casi siempre que tratamos con críos, resulta horroroso.

Sin embargo, no toda la película es así de gratificante. La presencia del monstruo y el tratamiento de esta trama desentonan muchísimo en estilo y calidad con la premisa inicial. Quizá porque pretendía actualizar el género, quizá porque se le va de las manos, quizá porque Abrams se ha terminado de formar en una época donde prima el espectáculo facilón sobre la narrativa más trabajada y por seguir la corriente lo mantiene, Super 8 en conjunto resulta irregular y por momentos fallida. El estilo terror con monstruo no cuaja lo más mínimo con el estilo juvenil, resultando en conjunto una cinta demasiado oscura y terrorífica para el público al que en teoría está dirigido (12 para arriba, creo yo). Pero el desequilibrio va más allá del estilo, pues también pesa en la trama. Conforme la proyección avanza me dio la sensación de que el rumbo se iba perdiendo, de que pasamos de una sencilla y eficaz historia de personajes a una aparatosa cinta de acción y terror. La credibilidad se deja de lado por el espectáculo más ruidoso (tanto que resulta excesivo en ocasiones: el innecesariamente brutal descarrilamiento o la escena del autobús de exageradas resultan molestas) y los agujeros de guión o las explicaciones muy cogidas por los pelos se amontonan: que el chaval deduzca dónde está el monstruo no tiene verosimilitud suficiente, el cómo pueden escapar del campamento militar (donde evacuan a la gente) tan fácilmente directamente se omite (aparecen fugados –con ese fumeta que sobra totalmente- y punto), que se enfrenten a la criatura resulta tan poco creíble que me sacó por completo de la película, y eso que venía de algunas escenas muy salidas de madre como la de los chavales corriendo por la guerra, etc.

Pero el final resulta aún más decepcionante. Me dejó la sensación de que por buscar un desenlace tipo E.T. , es decir, emotivo y bello, la humanización del monstruo queda muy forzada, y la simpatía que de repente despierta en el protagonista no hay manera de entenderla. Además aquí los errores e inconsistencias se acumulan: que la nave atraiga las armas de los soldados pero estos sigan con ellas canta mucho, que sea justo en ese momento cuando el monstruo decide terminar su vehículo atrayendo a los cubos (¿no estaban ya a tomar por culo?) lo mismo, y eso de que entre tanto tío colgando el alien coja a la niña justo cuando llegan sus amigos al rescate, levantándola con toda la calma del mundo, resulta un truco demasiado evidente y nada disimulado. En este tramo uno desconecta, pues las tramas iniciales (los problemas de los chavales, sus relaciones y su proceso de maduración en el paso al mundo de los adultos) han desaparecido por completo. Poco importa si las familias se reúnen a salvo al final, si se produce el previsible reencuentro entre los padres enfrentados (que se produce, pero de forma tan superficial que tras tanto hablar de ello me pregunto para qué sirve y qué aporta a ese proceso de evolución de los protagonistas), incluso ya no importa si un niño está en peligro, porque el baremo ha cambiado del realismo a la pura fantasía y cualquier cosa es posible (como el imposible cara a cara con el alien), por lo que la conexión con esos personajes no es la misma.

En la puesta en escena prácticamente no tengo quejas. Comparado con autores de mayor éxito como Michael Bay o Peter Jackson estamos ante alguien con muchos más recursos y cualidades, alguien que posee gran manejo del lenguaje cinematográfico y es capaz de convertir una chorrada como Misión Imposible III en una montaña rusa o darle ritmo a un bodrio como Star Trek. Aquí se adapta muy bien a un lenguaje muy concreto, el del cine ochentero y más concretamente buscando el toque de Steven Spielberg (por cierto, éste apoyó el proyecto realizando labores de productor). Acierta plenamente desde la ambientación a la fotografía (aunque sigue con la manía de abusar de brillos y reflejos) pasando por otros aspectos cruciales como la citada dirección de actores. Además se adapta a la perfección a los cambios de registro: pasa con gran soltura de escenas íntimas a momentos trepidantes e incluso de intriga y terror, y por extensión las escenas de acción dan todo de sí, desde la planificación (claras, con un rumbo bien manejado) al acabado (montaje excelente y gran uso de los efectos especiales -los sonoros son brutales-). El problema es el ya comentado: el guión (que por cierto como es habitual firma el mismo Abrams) se queda a medio camino de lo que prometía ofrecer, y por ello mientras E.T. era una cascada de emociones, sobre todo en sus momentos cumbres, Super 8 peca de inclinarse demasiado hacia el artificio estridente y hueco. En resumen, J. J. Abrams ha mostrado de nuevo que tiene un gran potencial como director y hacedor de espectáculos, pero lleva tiempo atascado sin evolucionar, sin madurar, algo que en este título se ha echado muy en falta.

4 Respuestas a “Super 8

  1. Reven 03/10/2011 en 22:03

    Efectivamente, Super 8 flaquea en el tramo final. El problema no es tanto la aparición del alien sino su integración en la historia: una película de cómo la aparición de ese monstruo sirve para que los personajes maduren y purifiquen sus problemas hubiese sido impresionante, y con la espectacularidad “marca Abrams” ya ni te cuento. Pero Abrams sienta las bases para ello pero no lo consigue, deja que el desenlace sea demasiado rápido y muy superficial.

    En lo que sí discrepo de tu crítica es en tu apreciación final: yo creo que en Super 8 Abrams sí ha evolucionado, aunque aún le quede un buen trecho para ser un director de renombre más que un vendedor de primera (porque esa es su especialidad, no nos engañemos): en esta película Abrams realiza una historia muy personal, y firma el mejor guión de todas las películas que ha dirigido. Está más centrado y narra con más mimo porque esta historia le importa: no se entrega a hordas frikis ni a fans de sagas taquilleras, sino a sí mismo. Lo único que le falta (y aún le queda mucho) es saber conectar con el público; dejarse de dirigir tan calculadamente y dedicarse a conmover, sin trampas ni exageraciones, sino de manera sincera.

  2. Warren Keffer 03/10/2011 en 23:59

    Sobre tus últimas palabras se podría hablar bastante. No es tanto cuestión de sinceridad o trampas, sino de saber qué usar en cada comento. En mi opinión Spielberg es experto en conmover con trampas, calculadamente, con cada escena medida a la perfección con un propósito concreto, y en general lo hace de maravilla (ET), rara vez me resulta como plastificado o artificioso (Salvar al soldado Ryan no la trago) o se queda a medias (Munich no es redonda). JJ todavía no le ha cogido el punto, y queda por ver si se queda como un autor más de cine de acción de segunda o da algo más como Christopher Nolan por ejemplo.

  3. Reven 04/10/2011 en 13:04

    Coincido con lo de que Spielberg también utiliza muchas trampas, y cuando se pone en plan empalagoso no hay quien pueda con él. Pero hay formas y formas de utilizarlas, como bien dices: la trampa puede ser efectiva y con clase (al estilo Spielberg, que te saca la lágrima fácil pero como un profesional), efectiva (y de ahí depende de cada uno el ver un buen drama o una película manipuladora) o sin efectividad (entonces la trampa se ve con toda claridad y uno se siente estafado). Super 8 falló en que sus momentos emotivos del final no son nada efectivos; y duele, porque antes hemos tenido un prólogo impresionante y una relación entre el niño y la niña muy profunda con poquísimos detalles (esa escena del maquillaje que mencionas, por ejemplo).

    Es decir, Abrams sabe cómo ser verdaderamente emotivo, pero falla engullido por sus ganas de ofrecer espectáculo. Conoce qué teclas tocar, pero no termina de cuadrar. Creo que Abrams puede llegar a ser un director de acción grande (lo que es la técnica, la domina, eso está claro), pero aún le falta. Nolan, por ejemplo, aún no acaba de cogerle el truco a la emotividad más allá de dejar impresionado al espectador con la acción y (esto es lo importante) meterlo de lleno en la película, porque para eso se apoya en excelentes guiones que invitan a ello. Y, ojo, soy fan declarado de Nolan; pero él también peca de frío. Y, como Abrams, sabe qué tiene que hacer para emocionar (ambos lo consiguen en muchos momentos), pero no termina de cuadrarlo.

  4. Warren Keffer 04/10/2011 en 19:49

    Muy bien resumido :)

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