El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: diciembre 2011

Attack the Block


Attack the Block, 2011, Reino Unido.
Género: Acción, ciencia-ficción, comedia.
Duración: 88 min.
Director: Joe Cornish.
Escritor: Joe Cornish.
Actores: Jodie Whittaker, John Boyega, Alex Esmail, Luke Treadaway, Nick Frost.
Música: Steven Prince.

Valoración:
Lo mejor: Cuando se lanza, es divertidísima. Los actores y sus personajes.
Lo peor: Le cuesta horrores arrancar. La música es horrible. Y no deja de ser… una gilipollez.

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Su inicio es desalentador y deja claro ante qué nos enfrentamos: una cinta casi amateur realizada con más entusiasmo que habilidad, una producción de serie B, una gamberrada intrascendente. Cabe pensar que el guión no tiene contenido ni dirección, los personajes resultan un tanto cargantes, el ritmo llega a ser insoportable en algunos momentos y el sentido del humor parece estúpido. Además todo se adereza con una banda sonora llena de canciones horteras. Pero crece sin darte cuenta, y a partir de cierto momento (30 ó 40 minutos) el conjunto halla un equilibrio superior, entra en un mágico trance y se convierte en una auténtica montaña rusa de acción y humor que incluso cuenta con algunas lecturas inteligentes de por medio.

Los personajes ahora son una pandilla deliciosa de inadaptados, de jóvenes criminales que se ven envueltos en una invasión alienígena, y han ganado en densidad, obteniendo cada uno unas características concretas y teniendo casi todos su momento destacable en la historia. Además, los actores se muestran bastante resueltos, con lo que al final terminas encariñado de los protagonistas. La carga de humor y acción ha adquirido inspiración y dinamismo, ofreciendo ahora una aventura con ritmo y chispa. Gran número de situaciones resultan descacharrantes (la pareja de críos y sus apodos, por ejemplo) y las escenas de acción transmiten emoción, sobre todo porque se basan en poner a los protagonistas en peligros varios, no en deslumbrarte con chorradas visuales inertes.

Por si fuera poco, cuando se topan con la chica a la que asaltaron al principio incluso adquiere ligeros tintes de análisis social, aunque sea a través de la parodia absurda. Esas escenas en que se adaptan entre ellos (la chica pasando miedo, ellos con remordimientos… o quizá no) y los diálogos con resentimiento y puyas son muy eficaces. Si a eso le sumamos otros detalles, como ese cuerpo de policía más hostil que eficaz que provoca que los personajes lo consideren casi un enemigo más (acorde a los tiempos que corren), la cinta termina ofreciendo algunos buenos pensamientos sobre los estratos sociales, la marginación, la delgada línea entre la pobreza y el crimen, la supervivencia en barrios pobres, la confianza entre ciudadanos y otros temas como la unión hace la fuerza.

Ya desde su tono de referencia y homenaje al cine de género de los ochenta (aspecto de serie B, ambientación oscura, criaturas monstruosas, pandilla de adolescentes como protagonistas, referencias constantes a la cultura pop –series, películas, videojuegos-…), Attack the Block deja claro que su único objetivo es divertir y entretener, y lo consigue con creces, aunque es cierto que hay que poner algo de tu parte, primero para aguantar su lento inicio, y segundo porque el estilo que ofrece no será apto para todos los espectadores. Vamos, que está con un pie en el cine cutre. Y lo bueno es que lo sabe. Por ello se ha convertido en la cinta de ciencia-ficción rarita de éxito del año, no hasta el punto obtener una taquilla asombrosa pero sí como para ser conocida fuera del círculo de amantes del género, contando incluso con buenas críticas en los medios tradicionales.

Equilibrium


Equilibrium, 2011, EE.UU.
Género: Drama, acción, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Director: Kurt Wimmer.
Escritores: Kurt Wimmer.
Actores: Christan Bale, Sean Bean, Sean Pertwee, William Fichtner, Taye Diggs, Emily Watson.
Música: Klaus Badelt.

Valoración:
Lo mejor: La base del guión, el papel de Christian Bale.
Lo peor: Las escenas de acción absurdas afean considerablemente el conjunto.
Mejores momentos: El despertar del protagonista (sus visitas a la chica detenida, su asombro ante la belleza del amanecer, la sorpresa de sus hijos…).

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Mezclando hábilmente géneros y estilos y un montón de títulos concretos, Matrix deslumbró con un guión inteligente, una puesta en escena sin igual y una capacidad insólita para atrapar al espectador de principio a fin en un viaje fascinante. Las huellas de esos elementos en los que se basaba estaban sin duda ahí, unos referenciados directamente, otros introducidos con maestría en el argumento y otros exprimidos hasta donde nadie llegó antes (las luchas marciales herederas del cine asiático), pero todo elemento formaba parte de un conjunto magistral. Equilibrium claramente pretende algo parecido, y aunque tengo mis dudas de que naciera a remolque de Matrix sí pienso que el éxito de aquella forzó a meter escenas de acción hipertrofiadas que buscaban un sello personal concreto. Sea como sea, el resultado es que Equilibrium, al contrario que Matrix, carece de ese equilibrio mágico entre la trama y estilo de sus secuencias acción, resultando éstas tan ajenas al resto y tan mal ejecutadas que empobrece el conjunto de forma fatídica.

Basándose descaradamente en Farenheit 451 (Ray Bradbury), Un mundo feliz (Aldoux Huxley) y Este día perfecto (Ira Levin), entre otros hitos de la literatura, se nos presenta una clásica distopía futurista donde el gobierno dirige hasta el más mínimo detalle de la vida de sus ciudadanos. Con la excusa de que el descontrol al que nos llevan las emociones provoca dolor, crímenes y guerra, la población se encuentra sumida en un letargo propiciado por el control intelectual (educación y trabajo bajo régimen estricto) y sobre todo emocional (para lo cual se usan tanto drogas como una campaña atroz que lleva a destruir todo el arte). Como es de esperar en el género, nuestro protagonista termina despertando de tal sueño inducido y abre sus ojos a la realidad, y en el proceso es captado o se ve atraído por la resistencia que lucha contra el sistema, donde se convertirá en el eje central de un nuevo intento de revolución final.

Como ven, cualquier aficionado al género intuirá el desarrollo y desenlace de la historia, pero no es algo que importe demasiado si la trama se construye con solidez y los personajes que la habitan tienen fuerza suficiente como para que nos interesemos por sus problemas. Y aquí es fácil introducirse en las tribulaciones del protagonista, sea por el inmenso papelón de Christian Bale (atención a su evolución, a cómo cambia en el despertar) o porque el guión sabe mostrar muy bien el mundo recreado y el resto de personajes que en él viven. Hay sensación de realismo, la situación transmite agobio y rabia, se sufre con los problemas de los protagonistas… Cabe imaginarse que con semejante base que bebe de lo mejor del género tenemos casi garantizada una buena película…

… pero lo que se presentaba como una historia sumamente atractiva pronto se va diluyendo, absorbida por una concepción totalmente errónea de lo que debería ser la película. De un claro drama y thriller se empeñan en conseguir una de acción aparatosa, sin duda influenciada como decía por Matrix. Y el resultado es catastrófico. La fuerza y calidad que hubiera podido alcanzar queda reprimida, prácticamente eliminada, por esa conversión a la acción sensacionalista. Conforme la proyección avanza ni la calidad de su protagonista ni los puntos álgidos de la historia (el plan de la resistencia, las dificultades de hacer de topo) son capaces de brillar por encima de tanta estulticia visual, pues las secuencias de acción son irreales, absurdas, estúpidas y ridículas tanto en su concepción (menuda gilipollez lo de la técnica óptima para disparar: quedarse en medio del tiroteo poniendo posturitas) como en su puesta en escena (aparatosa, exagerada, confusa). Hay momentos que provocan vergüenza ajena, como la lucha a base de culatazos de pistola o la secuencia del recibidor copiada descaradamente de la cinta de los Wachowsky. Finalmente, el desenlace, a base de tiroteos y luchas a espada infumables con algún momento digno del peor cine cutre (esa cara cortada…), termina por estropear una producción que nacía con bastantes buenas ideas.

Y es una pena, porque fuera de estas escenas malogradas está bien dirigida. Apoyándose muy bien en los tonos sombríos y fríos de la fotografía consigue transmitir de maravilla el aura de dictadura, de sociedad derrotada. Los planos de los ciudadanos robotizados o las ciudades sin vitalidad alguna son desoladores, y contiene numerosas escenas (el protagonista tocando el pasamanos sin guantes, por ejemplo) propias de una buena película, una del tipo Hijos de los hombres.

Estoy convencido de que Equilibrium tenía potencial de sobra para tener bastante éxito: el tirón del actor principal y una llamativa historia de ciencia-ficción/acción, más un plus de interés por la estela del éxito de Matrix, deberían haber dado sus frutos en taquilla. Pero nadie sabe por qué la distribuidora (o la productora, a saber) se empeñó en hundir la cinta en el olvido. Su trayectoria por EE.UU. fue lamentable (ni recuperó su pequeño presupuesto) debido a la escasa distribución y publicidad que tuvo, pero es que al resto del mundo apenas llegó. En España por ejemplo no se estrenó en cines… ni en DVD. A lo largo de los años, sin duda empujada por este aura de cinta maldita, se ha ganado la denominación de obra de culto, es decir, de película atractiva por razones varias pero cuyo público real y potencial es escaso también por razones varias (principalmente suele ser porque el género atrae sólo a cierto público, pero aquí cuenta mucho lo difícil que es llegar a conocerla). Creo sin dudarlo que se merece tal categoría, pero por extensión también arrastra otro factor común de las películas de culto: se sobrevalora en exceso por sus fans. No veo que Equlibrium destaque más allá de ser una curiosidad, una cinta menor de ciencia-ficción que deja una clara sensación de película con un potencial no alcanzado.

La nueva dirección de Tragando series

Ya he conseguido trasladar el blog de series, que estará también en wordpress: tragandoseries.wordpress.com

Drive


Drive, 2011, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 100 min.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Guion: Hossein Amini, James Sallis (novela).
Actores: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Christina Hendricks, Oscar Isaac.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Alguna escena suelta, la atmósfera sugerente lograda por la fotografía y la música. El papel de Carey Mulligan.
Lo peor: La narrativa mediocre y a trompicones, la falta de consistencia del rol central y los personajes secundarios estereotipados y mal usados. La interpretación de Ryan Gosling.
Mejores momentos: El prólogo.

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Drive nos sumerge en una atmósfera con cierto atractivo, mostrando un Los Angeles sombrío, solitario y peligroso. Esto se logra a través del tono melancólico y sugerente contruido mediante una fotografía hipnótica y la acertada música de Cliff Martinez. Esta última tiene un estilo electrónico ochentero muy interesante que se suma a una excelente selección musical (atención a los temas de Chromatics y College). Se construyen varias secuencias elegantes, capaces de dejarte pensando momentáneamente “esto es digno de una gran película”. Pero son destellos de calidad fugaces en un conjunto mediocre. Es decir, si hay talento, en especial en la labor de fotografía, el director no lo ha aprovechado del todo, pero sobre todo, el guion es un coladero muy grande, tanto que es capaz de hundir al filme en un pozo de monotonía y mediocridad.

A medio camino entre Taxi Driver y Collateral, Drive es un quiero y no puedo constante, una amalgama de ideas empalmadas una detrás de otra sin mucha cohesión narrativa. La trama peca de una notable falta de definición y posee carencias enormes de ritmo y coherencia. Para empezar, el protagonista es totalmente hueco, se usa como comodín para montar esas escenas variadas sin hilo en común: cambia de forma de ser demasiadas veces. Se nos presenta como un tipo frío, capaz de medir cada situación al milímetro incluso en momentos de gran estrés, un superviviente que usa sus dotes de piloto de coches para realizar algunas actividades delictivas. Es también inteligente, pues evita meterse directamente en fregados peligrosos: no usa armas, se mantiene al margen de los robos y esquiva las relaciones largas con criminales. Sin embargo, repentinamente se convierte en un pistolero vengativo que no se piensa las jugadas, que actúa sin pensar, lanzado por la ira del momento. Y para rematar la faena, al final enlaza unas cuantas decisiones tan absurdas que no hay manera de entender teniendo en cuenta lo presentado anteriormente. Y no me vale argumentar que la situación ha cambiado y ahora está en peligro, no, porque debería haber actuado como antes o si acaso haber evolucionado a través de una transición creíble. Pero el cambio se produce sin más, de tal forma que parece otro personaje de una escena a otra.

La falta de descripción del protagonista afecta también a la relación amorosa. ¿Por qué se embarca en ella? No se muestra razón alguna, si hay amor, compasión o simplemente es que se aburre; y más difuso se torna todo cuando vuelve el novio de ella, sobre todo con esa incomprensible decisión de ayudarlo. Por ello las escenas románticas no funcionan, y más cuando se desarrollan mediante videoclips musicales metidos con calzador. Sin embargo, Carey Mulligan se marca un gran papel, transmitiendo todas las emociones de su personaje de forma excelente, con lo que levanta considerablemente las previsibles escenas que le dan. No se puede decir lo mismo de Ryan Gosling, quien con una interpretación completamente inerte sin duda pone una gota extra en el desastre que resulta el personaje. Incomprensiblemente, se ha levantado cierto culto alrededor de este rol…

En cuanto al resto de la historia y los protagonistas hay que destacar que el embrollo final (es decir, el supuesto punto álgido de la trama) resulta precipitado y confuso, pues se desarrolla a través de caracteres secundarios mal ubicados en la narración y construidos a base de tanto cliché que resultan incluso ridículos: la presencia de Ron Perlman… pocas veces he visto un personaje tan mal introducido en un relato.

A todo esto se le suma que el director está obsesionado con el encuadre perfecto de cada plano (hasta el punto de que se han realizado análisis sobre esta fotografía), pero se olvida de todo lo demás: la escena no dice nada, los personajes van dando tumbos, y como resultado el ritmo es torpe, entre moroso y caótico. Así pues, conforme avanza la tenue trama la proyección va perdiendo el interés que despertó con su prometedor inicio, cuanto más se sumerge en ella más se emborrona el argumento y la consistencia de los protagonistas y más artificial parece la puesta en escena. El arco final enlaza tiroteos exagerados pero sin capacidad de asombrar y alguna persecución con más enredo visual que esfuerzo por transmitir emoción. Finalmente un desenlace bastante pobre cierra una película aburrida y torpe.

Pero sorprendentemente Drive se ha convertido en una de las producción menores o independientes más aclamadas del año. Por lo tanto fui a verla esperando una cinta como mínimo buena… y el encontronazo ha sido brutal. Su aspecto externo ha engañado a muchos, pero a mí no me parece justificable una buena nota en una película tan hueca por dentro, y más si en vez de ofrecer una trama mínimamente interesante resulta un caos de incoherencias.