El Criticón

Opinión de cine y música

Los descendientes


The Descendants, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Director: Alexander Payne.
Escritores: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, Kaui Hart Hemmings (novela).
Actores: George Clooney, Shailene Woodley, Amara Miller, Nick Krause, Patricia Hastie.

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Sin rumbo claro, de ritmo apático.

* * * * * * * * *

Una familia se enfrena a una crisis, el coma de la mujer, que sumada a los problemas previos de separación entre progenitores y distanciamiento con los hijos acentúa la situación y pone más dolor sobre las heridas. Pero los reveses de la vida también unen, y esta aventura les hará madurar mucho.

Se vende como la película sencilla de personajes cercanos y realismo dramático del año, pero no vale un pimiento como tal. Es la independiente sobrevalorada de la temporada, tipo las tontorronas Juno o Little Miss Sunshine. Entre copas, del mismo autor (Alexander Payne), sí era una obra de estas características digna de recordar, así como The Squid and the Whale (Una historia de Brooklyn) o ya tirando más al thriller Winter’s Bone. En ellas sí se mostraban historias sentimentales muy bien trabajadas que mezclaban una pizca de originalidad, un ritmo excelente, personajes deliciosos e historias más o menos cotidianas mostradas con un toque de cercanía muy logrado. Pero Los descendientes no tiene rumbo, avanza hacia ninguna parte con capítulos demasiado largos para lo poco que dicen, con demasiado enredo sobre el pasado de la familia que no viene a cuento, con unos personajes simpáticos pero muy simplones cuya progresión es excesivamente lineal y previsible. Y el final no parece llegar nunca, empalmando desenlaces insípidos uno detrás de otro. No me olvido de citar las interminables canciones hawaianas, que me resultaron insoportables. Y lo mejor de todo para el final: se anuncia como comedia, y no tiene ni un solo chiste, aunque se ve que los intentan conseguir a través del amigo de la hija mayor.

Los descendientes resulta pues un drama demasiado televisivo, tan sencillo, simpático, blando y predecible como fácil de ver, y por extensión es incapaz de levantar emociones intensas o dejar huella de cualquier tipo. Destaca por la presencia de un actor famoso, George Clooney, en un papel bastante bueno pero desde luego lejos de lo mejor de su carrera, y digna de mención es también la interpretación de la hija mayor (Shailene Woodley), una joven guapa y desconocida que muestra muy bien las penurias de la situación. Pero no hay nada más para recordar. Que sea tan aclamada y adorada por la crítica y los premios principales del año (opta a mejor película en los Oscar, algo ridículo) se me escapa completamente.

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