El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2012

J. Edgar


J. Edgar, 2011, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 137 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Dustin Lance Black.
Actores: Leonardo DiCaprio, Naomi Watts, Judi Dench, Armie Hammer.
Música: Clint Eastwood.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, ambientación e interpretaciones.
Lo peor: Un guión que no sabe dar vida a la trama. Es aburridísima, insoportable por momentos.

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No esperaba nada de J. Edgar porque las últimas de Clint Eastwood me parecen mediocres (las de la guerra, vaya chapuzas, la de Invictus ni la recuerdo de lo sosa que fue) o demasiado frías y por ello aburridas (El intercambio), y efectivamente no me resultado un visionado entretenido ni le encuentro calidad suficiente como para citarla como una buena película.

En el aspecto visual es de buen nivel, pues Eastwood, aunque no siempre sea un buen narrador, como director tiene técnica y experiencia de sobra. La dirección compone escenas que por sí solas tienen buen cine, calidad evidente en cada plano. La fotografía es buena, aunque demasiado oscura por el uso de filtros para darle un toque antiguo, y la ambientación está muy cuidada desde el vestuario a los efectos digitales, pues aunque estos se noten un poco se usan con sabiduría únicamente cuando son estrictamente necesarios. El maquillaje es espectacular: en caracterización tradicional (en digital tenemos Benjamin Button) me ha parecido lo mejor jamás visto en envejecimiento de personajes (y no entiendo por qué algunos dicen todo lo contrario, que es horrible). Y sobre todo destaca la inmensa interpretación de Leonardo DiCaprio, con una gran labor física en las escenas en que le toca interpretar a un anciano: cada movimiento y gesto transmiten esa edad de forma magistral. Es ridículo que el actor no esté nominado a los Oscar y otros lo estén por papeles nada llamativos, como Brad Pitt por Moneyball.

Pero de nada sirve que visualmente sea muy profesional y las imágenes en un primer vistazo convenzan (es decir, parezcan ofrecer una buena película) si la base, el guión, es un desastre enorme y el director no sabe mejorarlo, hacerlo más interesante. La narración carece de rumbo, es incapaz de centrarse, de agarrar un hilo conductor y desarrollarlo. La historia de Hoover, el FBI y su relación con el Estados Unidos de la época se intenta tejer a través de idas y venidas en el tiempo y mostrando la evolución del protagonista (tanto la psicológica como la laboral) a saltos a través de distintos episodios de su vida (casos importantes, eventos determinados, momentos cruciales en temas personales), pero cada capítulo queda demasiado desligado del resto, algunos no se sabe qué aportan al conjunto y en más ocasiones de las debidas únicamente añaden innecesarios detalles triviales (los cereales, la firma…). En toda la proyección pesa la sensación de que no se está contando nada concreto, y sin un rumbo claro la trama no puede interesar, con lo que resulta una película notablemente aburrida.

Lo que salva al libreto y por extensión a la cinta de caer en un sonado suspenso es la correcta composición de los dos personajes centrales y su relación. Los intereses de Edgar Hoover (de corte fascista hasta dar asco) y sus artimañas para sacarlos adelante se exponen bastante bien, y la dependencia de su madre, su secretaria y sobre todo de su fiel compañero se muestra correctamente como algo esencial en la forja de su personalidad. Con este compañero desarrolla algo más que amistad, una relación de apoyo mutuo que indudablemente, al menos según esta cinta, hubiera debido madurar en una relación amorosa si la situación social y la educación ultra conservadora de J. Edgar no se hubieran interpuesto. Esa difícil y emotiva situación es lo único que transmite algo en un relato sin forma clara y de desarrollo desesperantemente desequilibrado y lento.

No sé si su nula presencia en la temporada de premios se debe a la inclusión de temática homosexual en una producción en apariencia del gusto de los conservadores miembros del gremio de cine hollywoodiense, pero sorprende bastante dado el hecho de que llevar a cuestas el nombre de Eastwood garantiza buenas críticas aunque no las merezca.

Un método peligroso


A Dangerous Method, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 99 min.
Director: David Cronenberg.
Escritores: Christopher Hampton, John Kerr (novela).
Actores: Michael Fassbender, Keira Knightley, Viggo Mortensen, Vincent Cassel, Sarah Gadon.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, actores, y sobre todo un excelente dibujo de personajes.
Lo peor: La falta de energía y ritmo se traducen en aburrimiento.

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En el nacimiento del psicoanálisis moderno los investigadores y doctores de mayor prestigio no son ajenos a los males de la mente humana que analizan con tanto entusiasmo, pues ellos también tienen vivencias difíciles, traumas y problemas con los que les cuesta lidiar que se suman a los ya de por sí difíciles primeros pasos de su gremio. Así, Carl Jung vive a la sombra de Sigmund Freud, una relación que se va calentando conforme se distancian sus formas de ver el futuro de la psicología, pero también se enfrentará al caos emocional que surge al embarcarse en una tortuosa relación extramatrimonial con una de sus pacientes más destacadas, Sabina Spielrein, que acabará siendo también una importante doctora en la profesión.

La descripción de los caracteres es exquisita, llevando al espectador directo al fondo de su cerebro y su alma, desgranándole de forma concisa sus formas de ser, sus pensamientos, anhelos y pesares. No se descuida tampoco la evolución que sufren a lo largo de su historia, siempre mostrada con nitidez. Y los actores, cruciales en esta situación, no defraudan. Viggo Mortensen consigue el que probablemente sea su mejor papel hasta la fecha (lástima que no aparezca mucho), de esos en los que un actor se sumerge tanto en su rol que cuesta reconocerlo. Michael Fassbender es una joya de tío allá por donde aparece y tiene un futuro prometedor, si es que no se pierde por el camino. Y la gran sorpresa es Keira Knightley, quien está impresionante: se introduce de lleno en su rol y escenifica de maravilla cada parte (la locura, el amor, su carrera profesional…). Aunque Mortensen consiguió colarse en los Globos de Oro quizá no hubiera estado mal algo más de reconocimiento a los otros dos. Dudo que Knightley consiga otro papel que le permita llegar tan algo, aunque claro, lo mismo nos sorprende.

La puesta en escena de un veterano y dotado como David Cronenberg se apoya en una magnífica fotografía que compone un sinfín de planos brillantes cuando no hermosos, dando a un relato de amoríos un toque extra de sensibilidad y belleza. Sin embargo, algo falta en el guión y la dirección, una puntada final, para que la película alcanzara cotas dignas de recordar. Es una pena que los interesantísimos protagonistas, que ofrecen historias con muchas escenas de gran fuerza, no se aprovechen del todo en una narración que arrastra una importante falta de ritmo, energía y capacidad para sacar más emoción de otras tantas escenas a veces demasiado tranquilas. Que sea un drama de personajes muy centrado en sus emociones no implica que no se pueda contar con algo más de vida. Indudablemente Un método peligroso es un trago difícil para el espectador impaciente. El que no lo sea sacará muy buenas virtudes, pero seguramente acabará pensando como yo: con un poco de energía podría haber sido una gran película.

Moneyball: Rompiendo las reglas


Moneyball, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 133 min.
Director: Bennett Miller.
Escritores: Steven Zaillian, Aaron Sorkin, Michael Lewis (novela).
Actores: Brad Pitt, Jonah Hill, Philip Syemour Hoffman, Robin Wright, Cris Pratt, Stephen Bishop.
Música: Mychael Danna.

Valoración:
Lo mejor: Historia sólida y entretenida.
Lo peor: No deja huella alguna. Muy sobrevalorada por los premios de la temporada.

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Moneyball se basa en la historia real de un equipo de béisbol de segunda fila sin presupuesto para formar una plantilla de nivel y con un equipo técnico que se las apaña como puede para fichar una figura o dos y tratar de hacer algo centrando el juego en ella. El encargado de los fichajes, desesperado por la situación, opta por una táctica novedosa: aprovecha las ideas de un genio programador y estadista y sigue el camino contrario al esperado, pues en vez de ir a por unas pocas estrellas de calidad trata de hacer un equipo equilibrado basando los fichajes en la estadística. Eligen los porcentajes más sólidos o los que mejor se adaptan a su estrategia (según les falte cubrir una posición o quieran potenciar otra), incluyendo a jugadores que por razones varias (edad, lesiones, fama) son repudiados. Por razones que se me escapan, en este deporte entre las distintas secciones del equipo técnico no hay comunicación, y como el entrenador y el encargado de los fichajes son puestos distintos y sin una relación directa, la nueva situación da no pocos momentos tensos por las distintas formas de ver las cosas. Finalmente se impone el criterio a la tradición, y el equipo despega de forma impresionante, causando un impacto que abre una nueva era en el béisbol.

Lejos de que pueda parecer y de lo que he leído en alguna crítica, el desconocer este deporte no hace de Moneyball una historia complicada o aburrida. Como mucho te preguntarás lo que indicaba en el párrafo anterior, el cómo demonios una plantilla de técnicos tan grande puede funcionar si cada sección va por libre: el entrenador, la economía, los fichajes, etc… Pero aparte de eso no hay problema alguno para seguir la trama, ni siquiera en la táctica estadística. De hecho o se pasa muy por encima de tecnicismos innecesarios o se explica todo mediante escenas muy amenas que se centran en aspectos menos complicados de entender, como los puntos fuertes de cada jugador y la guerra constante de fichajes. En realidad es, en líneas generales, una historia de superación muy clásica, sencilla, directa y entretenida. El personaje principal resulta cercano y sus problemas interesan, las situaciones y conflictos dan siempre algo de valor (nada de chorradas facilonas, sentimentaloides o previsibles), la trayectoria del equipo da bastante de sí y hay unos cuantos buenos momentos.

Sin embargo a la aventura no le veo tanta calidad como para el revuelo que ha generado. Es más, si no fuera por la efectiva sucesión de anécdotas se notaría que la trama es más bien simple, y sobre todo hay que decir que en personajes anda muy escasa. Únicamente el rol principal tiene un poco más de enjundia, el resto, incluido el genio, quedan muy en segundo plano, desdibujados e infrautilizados hasta el punto de que llegué a pensar que se estaba echando a perder una historia con potencial al centrarlo todo en una sola figura.

Así pues, aunque sea bastante amena, no resulta una película especialmente llamativa, no como para causar impresión o dejar huella tras su visionado. Y desde luego no le veo calidad como para haber sido tan aclamada en la temporada de premios. Es alucinante que agarrara seis nominaciones a los Oscar y cuatro a los Globos de Oro, pues desde mi punto de vista no merece ninguna. El aplaudido guión no tiene la talla que algunos le acreditan o que el renombre de sus autores prometía (Steve Zailian y Aaron Sorkin), y desde luego me parece absurdo ver cómo los actores han sido tan sobrevalorados: Brad Pitt está correcto sin más, muy lejos de sus mejores papeles, y Jonah Hill directamente parece un extra haciendo bulto, convirtiéndose ambos en algunas de las nominaciones a intérpretes (tanto en los Oscar como en Globos de Oro) más incomprensibles que se han dado.

Infierno blanco


The Grey, 2012, EE.UU.
Género: Acción, aventura.
Duración: 117 min.
Director: Joe Carnahan.
Escritores: Joe Carnahan, Ian Mackenzie Jeffers (relato).
Actores: Liam Neeson, Dallas Roberts, Frank Grillo, Dermont Mulroney, Nonso Anozie, Joe Anderson, Ben Bray.
Música: Marc Streitenfeld

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, los personajes interesan.
Lo peor: Dirección muy floja, fotografía horrenda.

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El guión parte de algunas buenas virtudes, pero arrastra también notables defectos. Los personajes son sólidos, reconocibles rápidamente a pesar de tanta ropa y nieve, y en su lucha por la supervivencia muestran una correcta evolución a través de roces clásicos pero eficaces; sin embargo me sobran los flashbacks sentimentaloides centrados en el protagonista, forzados y redundantes. La propia aventura ofrece buen ritmo, algunos momentos álgidos interesantes y detalles curiosos muy eficaces (el tema de las carteras), pero cuenta con algunos excesos bastante perjudiciales. El tema de los lobos se lleva a extremos irreales, restando credibilidad al conjunto, y las reflexiones religiosas son demasiado simplonas, repetitivas y en definitiva cansinas.

Pero el problema principal es su flojísima puesta en escena. En manos más dotadas seguramente hubiera resultado un entretenimiento de buen nivel, pero lo que tenemos deja una sensación constante de haber sido desaprovechado o estropeado por una dirección que destroza las escenas de acción y una paupérrima fotografía que no sabe exprimir los paisajes helados y agobia de tanto innecesario primer plano. Joe Carnahan (el de la infumable y ridícula Ases calientes) se cargó las posibilidades de El equipo A con su atroz mano, y aquí ha hecho lo mismo. Y para colmo los efectos especiales, sean mediocres lobos o cantosas pantallas de fondo en escenas cumbre (el accidente, el paso por la cuerda), no funcionan nada bien, restando considerable fuerza al conjunto.

Entre las buenas críticas que está teniendo y que no se encuentran muchas cintas de aventuras dignas de recordar en los últimos años (Camino de la libertad y poco más), fui a verla esperando algo más llamativo, y la decepción ha sido notable.

Chronicle


Chronicle, 2012, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, drama.
Duración: 84 min.
Director: Josh Trank.
Escritores: Max Landis, Josh Trank.
Actores: Dane DeHaan, Alex Russell, Michael B. Jordan, Ashley Hinshaw

Valoración:
Lo mejor: Los personajes.
Lo peor: La puesta en escena horrorosa. La premisa desaprovechadísima. Su simpleza y falta de garra.
Mejores momentos: El atropello del autobús… en el aire. Las breves escenas en el duro hogar del protagonista.

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Chronicle tenía una pintaza increíble en sus avances. Prometía ofrecer una vuelta de tuerca original y seria sobre el género de los superhéroes, se intuía un relato probablemente maduro, quizá hasta inteligente. Y para colmo las primeras críticas que leí en medios en los que confío (labutaca.net/chronicle por ejemplo) eran tan entusiastas que aumentaron mis esperanzas. Sin embargo, aunque obviamente tenía mis dudas sobre lo de ver una obra maestra, desde luego no esperaba encontrarme con un desperdicio de tiempo tan grande. Sin duda la campaña publicitaria ha funcionado y fui engañado. O me dejé engañar, que la verdad sea dicha no es la primera vez que me ocurre (recuerdo con vergüenza los casos de Predators y Skyline). Pero lo que más me sorprende es que de hecho hay muchos críticos y espectadores adorando esta producción, y me resulta imposible entender que este artificio burdo y hueco se considere una gran película, y más aún una revolucionaria.

En el guión se adivina una base con buenas ideas e intenciones. La definición de los tres personajes principales y su evolución es su fuerte, en especial con el acertado esfuerzo que se pone en describir a fondo la figura central y las razones de su caída al lado oscuro. Pero dichos cimientos y la prometedora idea de mostrar una historia de superhéroes de corte hiperrealista se sumergen en un envoltorio completamente desacertado. En vez de un drama inteligente que se atreve a realizar un análisis sólido de qué significaría en una persona el convertirse en un superhombre con poderes y de cómo se llega a ser héroe o villano, lo que encontramos es una clásica bobada de adolescentes estadounidenses con un tratamiento de cinta de acción demasiado básica y rutinaria. Animadoras, ligoteos, fiestas, deporte, problemas de integración, niñatos salidos, chica guapa metida con calzador… Los poderes añaden muy poco a esa línea tan trillada; algo de humor, unos cuantos dilemas éticos poco exprimidos y un clímax sin fuerza ni emoción es todo lo que da se sí la aventura.

Si tratar de convertir una premisa con tanto potencial en un clásico relato de y para adolescentes limpiado de cualquier atisbo de complejidad que pudiera asustar a la audiencia objetivo mina y limita notablemente su potencial, peor aún resulta la forma elegida para desarrollar la narración. La intención mostrar la historia en plan falso documental, como si fuera la recuperación de lo grabado por la cámara del protagonista, es un suicidio evidente desde las primeras escenas, donde ya se ven los malabares que hay que hacer para conseguir contar lo necesario para la evolución de la trama. Los encuadres casuales increíbles, las escenas demasiado forzadas, los trucos cutres para sacar lo esencial… Y todo ello empeora conforme avanza la proyección, llegando a un punto en el que incluso dejan de disimular y hacen trampas descaradas para mantener el formato. Los cutres efectos sonoros que salen de la nada y claramente son sustituto de la banda sonora, las mil cámaras que aparecen por arte de magia en el clímax porque era imposible abordarlo con el estilo elegido sin matar su poca fuerza, el increíble tino y pulso de la policía y el público para sacar perfectamente las conversaciones cruciales de dos locos con poderes que están destrozando edificios a pocos metros, la impresionante habilidad del chaval para mantener la cámara flotando siempre en el encuadre perfecto, sobre todo en el absurdo instante en que usa un montón de teléfonos mientras agoniza de dolor y está en pleno combate (¿quién puede creerse que en ese momento se entretendría en eso?), los apaños sacados de cámaras de seguridad o de grabaciones caseras que encajan tan mal… El cúmulo de despropósitos no tiene fin.

Visualmente la cinta llega a ser un desastre, y es imposible no pensar en que si el guión se hubiera escrito con la idea de rodarse con un estilo más tradicional sin duda hubiera salido algo más interesante, pues aunque la trama fuera simplona al menos se podría haber enfatizado mejor. Pero tal y como está, resulta evidente que Chronicle no es más que otra cinta menor que pretende exprimir la moda actual de cine en plan falso documental, siguiendo el legado de El proyecto de la bruja de Blair, Monstruoso, [Rec], Paranormal Activity, Monsters y alguna otra, estilo que hasta ahora no ha dado casi nada remarcable excepto la impresionante Buried o la digna Disctrict 9. No se dejen engañar como yo, y si van a verla no esperen cine inteligente o rompedor, sino todo lo contrario: poca inteligencia, poca habilidad, y mucho abuso de clichés disfrazados con modernismo mal entendido y peor ejecutado. No es más que un entretenimiento para jóvenes poco exigentes, una producción intrascendente y con muy poca chicha y emoción: no llega a hora y media y se hace larga. Parece que la única de temática de superhéroes tratada con realismo, inteligencia y profesionalidad, seguirá siendo por ahora El protegido de M. Night Shyamalan.

La Comunidad del Anillo


The Fellowship of the Ring, 2001, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 228 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, espectacularidad, música, actores, vestuario, localizaciones, decorados.
Lo peor: La dirección, floja y que desaprovecha muchos instantes. Decisiones erróneas sobre la confección de determinados personajes, que luego lastrarán las otras dos entregas.
Mejores momentos: La presentación de los hobbits. El clímax en Moria, desde la llegada de los orcos a la caída de Gandalf. La lucha y caída de Boromir.
Peores momentos: El ataque de los Jinetes Negros. Las escaleras de Moria. Los Uruks-Hai sacados del barro.
El plano: La Comunidad al completo caminando por montañas.
La frase a destacar: Que extraño destino sufrir de tanto miedo y tantas dudas por algo tan pequeño, tan insignificante -Boromir.
La frase a repudiar: No quiero ese poder. Nunca lo he querido -Aragorn.

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Allá por su estreno en 2001 un servidor contaba con diecinueve años, había leído la novela al menos un par de veces (es uno de esos libros tan mágicos que de vez en cuando caes en su embrujo de nuevo) y seguía la creación de las películas con sumo interés. Recuerdo que las expectativas eran altísimas, pero salí bastante contento del cine. Me pareció corta y de ritmo aceleradísimo, que resumía bien la novela y visualmente había captado su esencia, y que los fallos que arrastraba, notables algunos, no eran suficientes para desequilibrar una cinta de aventuras deslumbrante y entretenidísima. Mi opinión sigue siendo la misma después de diez años y probablemente un número de visionados semejante: es una película de enorme calidad que auguraba una saga memorable. Lástima que al final fuera la única realmente acertada y tenga el problema de que valorando la trilogía entera sus fallos se ven más graves, pues te das cuenta de que lo que empezó mal aquí luego se convirtió en una bola de nieve imposible de frenar.

Con un presupuesto holgado pero no infinito Peter Jackson trató de rodearse de un equipo técnico de primera calidad. Acertó de pleno en elecciones como la empresa que manejó los efectos especiales, el vestuario y las armas (WETA) y en el constante apoyo en los artistas más conocidos que han plasmado la obra de Tolkien en ilustraciones, John Howe y Alan Lee, que fueron cruciales para la fidelidad del diseño artístico. No fue tan certero en otros aspectos como la fotografía y el montaje, que resultaron bastante normalitos, pero sí tuvo (y por extensión tuvimos) una suerte inesperada en un caso que resultó probablemente el más llamativo de todos: la música. Para la banda sonora Howard Shore fue elegido porque otros (James Horner y Wojciech Kilar) pedían contratos muy exigentes. ¿Se imaginan que hubieran seleccionado a Horner como en principio se pretendía? Estaba precisamente en una etapa de bajón, y me temo que hubiéramos escuchado un remedo de Willow por enésima vez. Tuvimos una fortuna infinita con Shore, cuya dedicación a la hora de buscar los sonidos más adecuados y su frescura de ideas dio unos resultados difícilmente mejorables.

La recreación de la Tierra Media se lleva a detalles extremos (hasta las runas de las espadas tienen su significado), destacando especialmente el magnífico vestuario y decorados y fallando sólo en algunos detalles que son culpa directa del director: los países de los elfos resultan vacíos (¿es que no vive nadie con Elrond?), fríos e incluso terroríficos en vez de alegres y llenos de música. Los excelentes efectos especiales suponen un apoyo crucial (espectacular prólogo, memorable la lucha contra el trol), los sonoros más de lo mismo, y la música ayuda de forma magistral a sumergirnos en un mundo imaginario lleno de lugares, culturas y criaturas tanto hermosas como aterradoras. Así pues, el aspecto visual alcanzó un nivel impresionante, digno de lo plasmado en la novela.

El ritmo de la cinta es de montaña rusa, con una acertada alternancia de los momentos álgidos y los pausados, aunque debo decir que es deudora del sencillo esquema de este primer libro, pues Jackson no es capaz de manejar el ritmo de las otras dos entregas, que son bastante más complejas. Este episodio tiene sus achaques, pero son minucias en un conjunto trepidante y espectacular. El prólogo que nos pone en situación es una forma muy eficaz e impactante de introducirnos en la historia del mundo que nos van a mostrar. La presentación de la Comarca es maravillosa (sobre todo en la versión extendida) y Bilbo y Gandalf eran exactamente como los imaginaba. El inicio de la aventura y la salida de la aldea funcionan bien (la aparición de Saruman es perfecta), aunque con peros: Pippin y Merry se apuntan porque sí, sin explicarse, y de igual manera confían en Aragorn.

El tramo siguiente es el más flojo. El ataque de los Jinetes Negros en la cima está pésimamente resuelto por Jackson, siendo una escena tosca y carente de emoción e intriga. Tampoco transmite mucho la aparición de una Arwen guerrera con la poco atractiva persecución a caballo. La estancia en la casa de Elrond (Rivendel) podría dar más de sí, pero el Concilio, una parte larguísima en la novela, se resume francamente bien y expone correctamente de qué va el asunto del Anillo. Por mi parte lo hubiera hecho de otra manera (metiendo los flashbacks del prólogo aquí), pero como adaptación no funciona mal. Sin embargo aquí se presenta finalmente a Aragorn, y lo que se muestra asusta: no es un rey en el exilio que se embarca en una misión con un objetivo, es un civil cualquiera que no quiere saber nada de sus antepasados y su destino… y aun así se apunta al fregao, sin que se nos exponga motivo alguno de por qué lo hace cuando dice no querer hacerlo (ver la frase a repudiar). Por suerte el resto de la película se centra en la aventura y no es hasta los otros episodios cuando su misión cobra importancia, así que aquí no se ve el estropicio cometido y el personaje, aunque algo soso, resulta simpático.

Una vez formada la Comunidad del Anillo entramos en el mejor segmento, el de mayor intensidad y emoción. Se ahonda en la personalidad de Boromir, un carácter acertadamente acentuado con respecto al libro y que supone, tras Gandalf el gris, el mejor protagonista de la saga; es mítico el plano en las cimas nevadas cuando coge el Anillo y expresa sus dudas. Sobrecogedora resulta la entrada en Moria, impresionante la lucha contra el trol (muy bien potenciada respecto al libro). La aparición del balrog, monstruo que, aunque sea una versión muy personal de la criatura (casi lo convierten en un dragón enorme), resulta acongojante, tanto por los efectos especiales como por el ambiente que genera la banda sonora. La caída de Ganfald y la posterior escena de lloros es sublime, para mí el mejor momento de la trilogía, capaz de dejarte sin respiración y siendo un instante que sin duda hizo llorar a muchos espectadores. Sin embargo, en todo este exquisito clímax Jackson desbarra como hace demasiadas veces a la hora de meter cosas de su propia cosecha: la escena de las escaleras de piedra que se balancean parece tener intención de alargar la secuencia para sacarle más partido, pero es una tontería infantiloide que entorpece considerablemente el desarrollo y ritmo de una parte que no necesitaba nada más.

Seguramente pensando en que había que seguir mostrando peligros, la sección de Lórien pasa de ser un descanso o interludio pacífico en la novela a un sitio lúgubre, siniestro y peligroso en la película (hasta la despedida, donde de repente todo es bonito y hay regalos y Galadriel se vuelve súper maja). Jackson se carga de un plumazo la esencia del lugar en las novelas (magia, belleza, poesía, descanso), lo cual no sería excesivamente grave si funcionara en la adaptación como ocurre con Bree (una parte también oscurecida), pero no lo hace, pues resulta una sección irregular, mal manejada, que en general termina por no saberse qué pinta ahí y además posee partes incomprensibles e innecesarias, como las visiones del espejo (para qué ponerlas si no aportan nada, pues el saneamiento de la Comarca no existirá).

En el tramo final la batalla con los Uruk Hai es brutal. Las coreografías son soberbias, mostrando todos los golpes de espada con mucha claridad y obteniendo una confrontación épica, y su final con la caída de Boromir es otro logradísimo momento trágico. Lástima que el desenlace de la película se alargue en exceso, pues como se puede ver a lo largo de la trilogía a Jackson le cuesta horrores hacer que sus personajes avancen, evolucionen, maduren, decidan: cuando Frodo duda si se va o no se va se hace eterno y rompe la fuerza de la escena irresponsablemente. Y respecto a este personaje está ya bastante claro que no sabe qué hacer con él, ni cómo dirigir a Elijah Wood: sólo sirve para cargar con el Anillo mientras pone muecas de sufrimiento. ¡Qué protagonista más aburrido! ¿Dónde está el Frodo maduro, culto y decidido de las novelas?

Debo incluir un anexo sobre los Uruks Hai, pues resulta ridícula la versión que se hace de ellos en el filme: ¡Saruman los recoge del barro como si fueran sapos! Es un sinsentido de tales proporciones que no me entra en la cabeza cómo demonios se les ocurrió algo así. Y además su diseño deja bastante que desear (muy simple, tanto el físico como el vestuario, pues llevan las espadas en la mano), cuando los orcos vistos en Moria eran la perfección absoluta de diseño y maquillaje. No comprendo cómo se puede estar tan acertado en un momento y tan errado en otro; son una de las dos únicas cosas del departamento artístico que me rechinan (la otra es Minas Tirith, como comentaré en su momento).

No me olvido de recomendar la versión extendida, pues la estrenada en cines fue un resumen obligado por la productora debido a la alta duración de la película. Mejora el ritmo y la consistencia ligeramente, y explica con más detenimiento algunos detalles significativos. De hecho no deberían llamarse versiones extendidas, pues son el montaje previsto por el director. Pero claro, aquí entra en juego el dinero: menos duración equivale a más pases en el cine, y si encima sacan distintas ediciones en dvd pues más beneficio aún.

El reparto tiene figuras acertadísimas, pero también un par de elecciones criticables. Destacan las magníficas interpretaciones de Ian McKellen (Gandalf), Ian Holm (Bilbo) y Sean Bean (Boromir). Me desentona Hugo Weaving, pues confecciona un Elrond muy rudo, y Elijah Wood no convence del todo como Frodo, cosa que se agravará más adelante. Y se mire por donde se mire sobra Liv Tyler como Arwen, tanto el personaje, insoportable en toda la trilogía, como la actriz, una de las peores que he visto, tan infame que da grima en todas sus escenas. Y por favor, vaya princesa elfa: tiene cara de atontada, sin porte ni elegancia ni una belleza inimaginable, cosas que sí muestra Cate Blanchett como Galadriel.

La dirección es algo limitada en recursos (que mal rodadas están las escenas nocturas, con una horrible iluminación con focos) pero está maquillada lo suficiente por la propia intensidad de la historia y la fuerza visual que se obtiene gracias a los paisajes, el vestuario y los decorados como para no desentonar demasiado. Tampoco posee una fotografía digna de recordar, por no decir que se exceden con las gradaciones digitales, con las alteraciones de colores en postproducción (en los extras se muestra bastante bien), terminando con algunas escenas muy sobrecargadas de colores demasiado falsos (Lóthlorien, Rivendel). Sea como sea, el presupuesto y las labores de los equipos técnicos lucen de maravilla y ocultan lo impersonal y sencilla que resulta esa labor de dirección, salvo cuando ésta desbarra con sinsentidos como Legolas “viendo” a los Uruk Hai, el abuso de artificiosos planos aéreos o los primeros planos a cámara lenta propios de un mal telefilme.

El que la puesta en escena no sea sobresaliente y los todavía no muy destacables errores de adaptación son aspectos que no desentonan lo suficiente como para afear una cinta de aventuras de gran nivel. La Comunidad del Anillo quedó muy, muy cerca de lo que para mí sería la adaptación soñada de la maravillosa novela de Tolkien, y como película, aun contando con algunas imperfecciones en concepto y forma, resulta un espectáculo memorable y muy emocionante. Se convirtió rápidamente en una de mis producciones favoritas, una odisea épica digna de ver una y otra vez. Lástima que a Peter Jackson el proyecto se le escapó rápidamente de las manos, pues las dos siguientes entregas, Las dos torres y El retorno del rey, suponen un bajón de calidad y fidelidad enormes y acaban siendo muy decepcionantes.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

El árbol de la vida


The Tree of Life, 2011, EE.UU.
Género: Drogas duras.
Duración: 139 min.
Director: Terrence Malick.
Escritor: Terrence Malick.
Actores: Brad Pitt, Jessica Chastain, Sean Penn, Hunter McCracken, Laramie Eppler.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, montaje, música, reparto.
Lo peor: Sin rumbo ni sentido, con tramos insoportables y mensajes perdidos en un galimatías pretencioso.

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Casi toda crítica que he leído sobre El árbol de la vida ha sido positiva, pero estoy convencido de que es porque los que han renegado de ella pasan de perder el tiempo comentándola. Yo soy uno de los que acabó decepcionado, y he querido plasmar por qué para que haya algo más de variedad.

Hay películas que se distancian de los cánones establecidos, es decir, que se dejan llevar más por el arte que por la técnica, y claro, con ellas surgen las disputas más acaloradas, porque son aún más difíciles de describir con adjetivos que las enmarquen en una tabla cualitativa determinada. Encontramos obras que huyen de la narración lineal (Memento va al revés), otras que quieren transmitir algo a través de un efecto concreto (el montaje acelerándose de Requiem por un sueño trata de contagiar el caos y la desazón que viven sus protagonistas), las hay que refuerzan un elemento para destacar en algún aspecto (Barry Lyndon y su fotografía), las hay que rehacen un género para convertirlo en otro (La delgada línea roja no va tanto de guerra como sí de introspección y filosofía) y tenemos también las que apelan más a los sentimientos que a la idea de desarrollar una trama con principio y final, como las dos Solaris o esta El árbol de la vida.

Terrence Malick sin duda pretende construir un canto poético y embelesador sobre la familia, el crecimiento y la maduración personal, el perdón, la muerte, la esperanza… pero todo intento de narrar algo y formar mensajes (sean ambiguos o más determinados) se pierde en un galimatías de ñoñas peroratas cristianas, pasajes inefectivos o directamente sobrantes, secciones que se pierden en la impronta visual, etc. Así, es constante la sensación de que confunde sensibilidad y emotividad con artificiosidad y manipulación audiovisual, de que todo esto no es más que un ejercicio de pretenciosidad mal orquestado, saturado de filigranas que prometen ser artísticas pero terminan resultando tecnicismos sin alma que dejan atrás cualquier atisbo de objetivo narrativo, artístico o emocional.

De un prometedor inicio con personajes reales mostrando visos de alguna trama y mensaje concretos saltamos a largos  pasajes donde se fotografían edificios y árboles con mucha elegancia y belleza pero sin motivo ni resultado tangible, con lo que resultan vacíos, inertes. De repente, sin venir a cuento, nos deleita durante veinte minutos con un numerito audiovisual sobre la creación del universo. Puede inferirse, al enlazar con el nacimiento del hijo, que trata de decir algo sobre el origen de la vida… pero no hay manera de entender qué, y menos para qué se necesita algo tan largo, tedioso y desconectado del resto. Además, esa subpelícula acaba con un desmadre alucinante: la absurda escena en que un dinosaurio carnívoro perdona la vida a un herbívoro malherido. El cúmulo de vaguedades sobre existencialismo y religión alcanza aquí un punto álgido delirante en esta cadena de despropósitos.

A continuación deambulamos entre escenitas familiares que parecen volver a centrar la historia, pero en realidad tampoco terminan de dirigirse hacia ninguna parte. Un par de capítulos sueltos sobre la maduración del chaval o los problemas familiares se diluyen en un sinfín de planos que podrán ofrecer buena fotografía (oooh, qué bonita es la farola, te la saco otra vez para que la sigas viendo) pero sin duda son mala composición narrativa. Y además los pequeños detalles sobre la vida, de triviales o previsibles que resultan, no transmiten nada, con lo que se acrecienta de nuevo la sensación de que la película no es más que un disfraz presuntuoso.

Entre los disparates o salidas de tono destaca también el final, con la escena de reencuentro en la playa, sea sueño o cielo cristiano (como hay no pocas chorradas religiosas, ésta seguramente será otra), y los forzados mensajitos de perdón, redención o lo que intentara decirnos con esos mil eternos abrazos. Parece un videoclip empalmado sin el más mínimo esfuerzo para que conecte con el resto.

En todo el sinsentido se adivinan unas buenas labores interpretativas de Brad Pitt y Jessica Chastain, y el chaval (Hunter McCracken) cumple correctamente. La fotografía brilla con luz propia de manera impresionante, pues sin ataduras narrativas que lo limiten Emmanuel Lubezki (uno de los grandes del gremio) se lía a componer planos maravillosos. El montaje es excelente a la hora de enlazar esos planos hermosos. La música, tanto la seleccionada con sumo acierto como la escrita por Alexandre Desplat, funciona muy bien. Pero sin ideas claras, sin guión que marque un objetivo y defina unas intenciones y sin una labor de dirección que sepa utilizar todas esas técnicas gloriosas para conseguir edificar narrativa y arte cinematográfico, el conjunto resulta un pésimo intento de obra vanguardista, poética, experimental, emotiva o lo que pretendiera Malick obtener. Como he visto comentado más de una vez, un solo plano de esta cinta tiene más calidad técnica y fuerza artística que gran parte del cine actual. Pero un gran plano, y dos, y muchos puestos en fila no tienen por qué formar en conjunto una buena película, ni buen arte.

La delgada línea roja, como historia que navega por el sentimiento y la filosofía, aun con sus fallas (montaje final desequilibrado, con huecos y altibajos en el ritmo), resultó una obra cautivadora e impactante, pero a El árbol de la vida no hay por dónde agarrarla. Eso sí, hay no pocas voces que ven en ella una maravilla y conectan profundamente con su tono e intenciones, así que como indicaba al principio está claro que es una de esas películas donde la percepción emocional individual es más importante que cualquier intento de catalogarla con adjetivos o puntuaciones. Resumiendo mi opinión, yo ni siquiera la considero una película. Es un experimento fallido, dos horas y quince minutos de tiempo perdido. De temática y estilo semejantes no puedo dejar de recomendar La fuente de la vida, de Darren Aronosky. Ésa sí es hermosa y fascinante.