El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: abril 2012

La invención de Hugo


Hugo, 2011, EE.UU.
Género: Acción, aventura, drama.
Duración: 126 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guión: John Logan, Brian Selznick (novela).
Actores: Asa Butterfield, Chleë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Ray Winstone, Emily Mortimer, Christopher Lee, Jude Law.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: La exquisita puesta en escena, que da un aspecto visual deslumbrante. La fuerza de muchas secuencias.
Lo peor: Al guión le faltan unas puntadas para ser perfecto, y la propia dirección no atina a rematar algunas partes: el ritmo es irregular, hay pasajes algo fallidos.
La pregunta: ¿Por qué no se considera un fracaso comercial? 170 millones de presupuesto, 180 millones recaudados en la taquilla mundial… Teniendo en cuenta un puñado más de millones en publicidad y que no todo lo recaudado va para la productora, me sorprende que no se considere un fiasco.

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La invención de Hugo resulta un giro sorprendente en la carrera de Martin Scorsese, pues se ha decantado por una cinta de carácter familiar (una aventura para todos los públicos) en plan superproducción de apariencia comercial. Como hiciera en su momento el aquí homenajeado George Méliès, Scorsese exprime toda su técnica, experiencia e imaginería a la hora de dar vida a su creación. La mezcla de su pericia tras las cámaras (qué buen partido saca de la estupenda fotografía, menudos travellings de esos suyos tan míticos se marca), lo bien que aprovecha el enorme presupuesto disponible (vestuario y decorados magníficos) y la habilidad con que maneja las nuevas tecnologías (el 3D dicen que es el mejor desde Avatar, de hecho el propio James Cameron lo aplaudió, y la recreación digital de París y la estación es impecable) proporcionan al filme un acabado fastuoso y de gran belleza. El único punto negativo sería que se excede en el uso de la música, pues aunque la composición de Howard Shore es de gran calidad y sensibilidad, es evidente que Scorsese busca conseguir intensidad y formar un aura de magia mediante ella, pero su uso constante acaba notándose más de lo debido y termina sobrecargando algunas escenas. Para redondear la producción el reparto consigue grandes interpretaciones: los dos chavales protagonistas están fantásticos (Chloë Moretz tiene un buen currículo y experiencia que demuestra aquí sobradamente, pero Asa Butterfield era más desconocido y ha resultado un gran hallazgo) y el veterano Ben Kingsley se marca un papelón que quita la respiración (cuánta melancolía y tristeza transmite).

Los personajes son encantadores y sus aventuras resultan apasionantes además de estar envueltas en un halo cuasi mágico precioso (no hay fantasía, pero resulta casi un cuento). El chico sin padre que pone en hora los relojes de la estación, su encuentro con la chica empollona y solitaria que sueña con vivir las aventuras que lee, el misterioso y afligido padre de ella y luego mentor de él, los problemas de supervivencia, el giro que imprime a sus vidas el secreto que desvela el autómata… La trama transmite emoción y vitalidad, los protagonistas son identificables y adorables, y encontramos no pocos instantes trepidantes cuando no impresionantes (persecuciones por las entrañas de la estación rodadas con una pericia sólo al alcance de Scorsese) y otros tantos arrebatadores cuando no bellísimos (prácticamente todo lo relativo a los hallazgos sobre Méliès).

Pero tengo la impresión de que, y esto es algo que también sucede en otros filmes recientes de este autor (Gangs of New York, El aviador), se pasa de largo en grandilocuencia y longitud y quizá por ello no es capaz de rematar la película, quedándose a las puertas de obtener una obra memorable. Me explico: este intento de conseguir una gran película que abarque muchas ideas e historias resiente la naturalidad del relato, porque no consigue centrarse del todo en narrar una aventura concreta de forma fluida. Le sobran subtramas, como el ligoteo del encargado de seguridad o el del gordo con la señora del perro, fallidos intentos de otorgar aún más magia a la estación y a la vez homenajear a las clásicas comedias de tortazos del cine mudo. También me pareció que la vida del chaval se estira más de lo debido, perdiéndose en aventurillas no del todo conectadas con el hilo central (qué aporta la presencia de Christopher Lee, por ejemplo, aparte de ser en sí mismo otro homenaje al cine, claro). De hecho diría que en la sala de montaje han metido buenos recortes, porque hay instantes en que parece haberse eliminado alguna secuencia entera, dejando un par de transiciones raras donde se salta de una parte a otra de forma extraña. Y por el lado contrario, también tuve la sensación de que a prácticamente todas las escenas le sobran treinta segundos o un minuto, como si Scorsese o el encargado del montaje no supieran cogerle del todo el pulso al tempo narrativo, y eso a la larga resiente el ritmo y estropea algunos momentos: hay secuencias de acción que se alargan demasiado, perdiendo intensidad, y otras quedan muy raras o forzadas, como el sueño que acaba en accidente de tren.

Añadiendo imperfecciones al asunto, cabe pensar que el autómata tiene más protagonismo del que finalmente posee. Se debe tanto a unos cuantos momentos confusos (algunos instantes donde parece que va a pasar algo o incluso que va a cobrar vida) como a la campaña publicitaria no del todo clara (viendo los avances no se sabe muy bien a qué público va dirigido el filme ni de qué va). El segundo punto es claramente fallo de la distribuidora, pero el primero es resultado de que, aunque se basa en una novela de Brian Selznick que se centra en el crío y los autómatas que coleccionaba Méliès, Scorsese, el guión de John Logan se inclina más hacia la historia del nacimiento del cine, y a veces la conexión entre la historia de Hugo con el autómata y su acercamiento al anciano y por extensión hacia el descubrimiento de la obra de Méliès no conecta con la fluidez necesaria. Y también está el título: ¿qué se supone que inventa Hugo? Lo más cercano es reparar el autómata.

Por todo ello, aunque La invención de Hugo visualmente cautiva y la aventura por tramos es un torbellino de emociones, magia y belleza, hay veces en que el ritmo decae demasiado, y el conjunto en general anda un poco desequilibrado en ideas, intenciones y resultados. Pero aun con sus imperfecciones resulta una película notable, y sobre todo se nota la huella de un genio apasionado del cine. De hecho, como homenaje al cine resulta maravillosa. La cantidad de escenas realizadas expresamente para referenciar o recordar alguna secuencia, película o hecho relacionado con este arte es abrumadora. Algunas son descaradas (el niño colgando del reloj como en la famosa escena de Harold Lloyd en El hombre mosca), otras están más en segundo plano (El maquinista de la general, Tiempos modernos) y habrá otras tantas que son fugaces o de cintas menos conocidas y que no he sabido ver. Y el tramo final, cuando se centra en Méliès, es precioso.

The Artist


The Artist, 2011, Francia, Bélgica.
Género: Drama, comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Michel Hazanavicius.
Guión: Michel Hazanavicius.
Actores: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, John Goodman, James Cromwell, Penelope Ann Miller.
Música: Ludovic Bource.

Valoración:
Lo mejor: Actores, música, fotografía.
Lo peor: Que tanta publicidad y premios y su forma atípica parezcan implicar que es una gran película, cuando dista de serlo
Mejores momentos: El sueño en el que el sonido ataca al protagonista. La chica tratando de chantajear al director.

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Rodada en blanco y negro, muda, en formato 1:37 (con el que empezó el cine), usando la música como constante elemento enfatizador de la acción y contando con algunos planos que referencian a cintas clásicas, desde la parte técnica está bastante claro que The Artist pretende homenajear y recordar al cine de la época silente. Pero el argumento sigue también firmemente esa idea, pues muestra la vida del gremio en la época, tanto delante como detrás de la pantalla, con mucho cuidado en escenificar situaciones de aquellos tiempos: el galán, la estrella ascendente, los géneros de moda, las productoras principales, etc.

La trama parte de una base sencilla para mostrar todo ello. Un actor de éxito del cine mudo ve truncada su carrera cuando hace aparición el sonido. Su forma de actuar ya no está de moda, y su ego le impide arriesgarse a evolucionar. Por el lado contrario, una joven estrella femenina a la que ayudó a afianzarse es ahora quien triunfa. Aunque resulta una historia ciertamente previsible y posee tramos que necesitan más intensidad, la aventura se narra francamente bien, en especial gracias al empaque de sus protagonistas. Estos personajes se ganan al espectador con pocas escenas, pues a pesar de la condición de película muda son descritos con gran habilidad en pocos minutos (genial la presentación del actor, acaparando todos los aplausos), y con el mismo éxito se exponen las relaciones amorosas (preciosa la escena donde tienen que repetir tomas) y las distintas etapas por las que van pasando.

Es crucial para ello un buen trabajo actoral, algo que superan de largo los dos protagonistas absolutos. Bérénice Bejo tiene el encanto y vitalidad de las estrellas de la época, pero Jean Dujarin está inconmensurable, pues muestra con una facilidad pasmosa los tres registros que mantiene el personaje: cuando actúa en sus películas, cuando mantiene su fachada de galán ante el público (el tío la clava, es un auténtico Humphrey Bogart), y cuando está en casa y es él mismo. Con un par de gestos y miradas nos traslada por completo a la situación que se esté mostrando en ese momento, y tampoco falla cuando cae en desgracia y se va deprimiendo y desesperando.

Otros elementos como el vestuario y la fotografía resultan muy buenos, pero si tras el papelón de Dujardin merece ser destacado algo más es la banda sonora de Ludovic Bource, adaptada perfectamente al estilo de la epoca, evolucionando constantemente según la narración lo requiera, poniendo la puntilla de suspense y emoción que necesita cada escena… Realza tanto la cinta que ayuda a enmascarar esa ligera falta de ritmo y da mucha vida a las situaciones más predecibles… De hecho tengo la sensación que si The Artist funciona es gracias a todos estos aspectos técnicos que ensalzan un guión bien intencionado pero demasiado sencillo y lineal.

El estilo de cinta muda sin duda es una barrera para el espectador medio, pero a quienes les guste de verdad el cine seguramente les entre muy bien. Es muy entretenida y divertida y está bien hecha e interpretada. Pero parece que a los críticos le gustan las visiones al pasado, porque sino no se entiende el apabullante éxito académico que ha obtenido, cuando es una cinta interesante pero bastante normalita. Y si bien los premios le vienen bien, pues ha lanzado su carrera y tanta fama ayuda a vencer prejuicios (sin los Oscar ni de coña la hubieran estrenado en mi zona), lo cierto es que me parece injusto que su prestigio se valúe por el impacto mediático más que por su propia calidad. Aunque es un visionado grato no me parece que sea como para citarla como una gran película, como una para recordar. Como mucho anecdótica y curiosa por su estilo ajeno a los cánones actuales, pero ya está.

Margin Call


Margin Call, 2011, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 107 min.
Dirección: J. C. Chandor.
Guión: J. C. Chandor.
Actores: Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Penn Badgley, Simon Baker, Mary McDonnell, Demi Moore, Stanley Tucci.
Música: Nathan Larson.

Valoración:
Lo mejor: Guión, personajes, su facilidad para exponer la situación económica y sus tecnicismos sin liar al espectador.
Lo peor: La falta de presupuesto le impide mostrar mejor algunos momentos clave.

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La crisis financiera iniciada en 2008 y que todavía dura a estas alturas todo el mundo sabe que fue generada en gran medida por especuladores de las altas esferas bancarias. Aunque dicha tormenta, como evento global y de gran repercusión, tiene su influencia en el cine, siendo parte de la trama de algunos filmes (Up in the Air, por ejemplo), nunca se ha tratado directamente, probablemente porque una película sobre economía no es una opción comercial muy llamativa, y menos si se pretende hacer algo serio. Por ello Margin Call resulta una apuesta muy atrevida e interesante. La pena, claro está, es que no pasa de ser una cinta de esas comprometidas, es decir, de las que parecen realizadas sabiendo que no van a recaudar nada, por lo que apenas tienen presupuesto. Sin embargo, se las apañaron para conseguir un reparto de primera, gracias a que muchos actores de nivel y prestigio a prueba de películas raras se permiten de vez en cuando colaborar en esta clase de proyectos.

Margin Call es todo guión, exposición constante de la situación a través de diálogos y personajes enfrascados en dilemas y reuniones constantes. La explosión de la burbuja financiera se muestra a través de los ojos de unos cuantos empleados de un gran banco de inversiones. Seguimos a los jóvenes analistas que observando los datos dejados por un veterano despedido descubren que las cifras muestran una catástrofe inminente, a los altos cargos que se forran con este trabajo, y a los directivos que no tienen ni idea de cómo funciona la cosa porque son accionistas políticos más que economistas.

La situación se muestra sin aturullar al espectador con datos y tecnicismos extraños. Eso implica que alguna escena esquive demasiado obviamente cifras y pantallas de ordenador o use palabras que seguramente no se utilizarían en ese contexto, pero era eso o no llegar a casi nadie.

El ritmo es francamente bueno, mostrando muy bien que todo ocurre en una noche estresada, pero hay algún bajón, como ese final innecesario con el perro de un personaje, quizá un intento de humanizar a los protagonistas que no queda del todo bien. Los intensos y largos diálogos resultan muy buenos, los personajes se describen correctamente y ganan dimensión extra por los pedazos de actores que interpretan a la mayoría y lo bien que se adaptan los menos conocidos. Si debo citar a alguno, sería sin duda a Jeremy Irons, imponente, espectacular.

La única pega notable es que falla bastante en su momento cumbre. Cuando la trama llega al punto álgido, cuando el banco ha decidido que no hay salvación posible salvo vender todas las acciones que puedan unas horas antes de que el crack salga a la luz, sea porque no había presupuesto para mostrar bien la escena o porque el guionista no supo sintetizarla mejor, la parte de las llamadas telefónicas vendiendo todo resulta bastante pobretona. Entre eso y el epílogo del perrito, el final de una trama tan absorbente como la que veníamos viendo sabe a poco.

Margin Call es una cinta inteligente, muy bien escrita, narrada con fuerza e interpretada por unos cuantos ases del cine. No atraerá a muchos espectadores, pero es una pena, porque es entretenida e intensa como si fuera un thriller de acción.

Abyss


Abyss/The Abyss, 1989, EE.UU.
Género: Acción, drama, ciencia-ficción.
Duración: 171 min.
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron.
Actores: Ed Harris, Mary Elizabeth Mastrantonio, Michael Biehn, Leo Burmester, Todd Graff, John Bedford Lloyd, Kimberly Scott, Christopher Murphy, Adam Nelson, J. Kenneth Campbell, Ken Jenkins, Chris Elliot.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Todo, en especial su ritmo espectacular y lleno de tensión e interés.
Lo peor: La versión estrenada en cines recortaba cosas cruciales. Se me antoja infravalorada.
Mejores momentos: La caída de la grúa, la persecución en submarinos golpeándose entre ellos, la reanimación de Lindsay, la lección de los alienígenas.

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Tras los éxitos de crítica y público de Terminator (1984) y Aliens (1986), James Cameron era un director de sobras consolidado a la par que reconocido como gran artesano de espectáculos con una insólita capacidad para revolucionar el cine en cada producción, para ir más allá de lo imaginable tanto por la mente del espectador como de los medios cinematográficos disponibles en el momento de realizar sus obras. En 1991 arrasó definitivamente con la sublime Terminator II, probablemente la mejor película de acción de la historia (y debería ser considerado un filme de sobresaliente si la acción y ciencia-ficción no fueran géneros menospreciados), pero poco antes, en 1989 nos ofreció Abyss, que sorprendentemente, dado el renombre de su autor y de la calidad intrínseca de la película, se consideró una obra menor de su carrera y prácticamente sigue considerándose así hoy día, a pesar de que muchos intentan reivindicar una posición más merecida. Nada diferencia a Abyss del resto de su filmografía, ni en forma ni en contenido ni en resultado, así que no entiendo que pase tan desapercibida. De hecho, en mi opinión no es sólo una gran película, sino que como otras suyas (Aliens, Terminator II) roza la obra maestra, superando con mucha ventaja títulos suyos con más prestigio o fama, como Terminator, Titanic o Avatar.

La narración de Abyss juega con varias tramas a la vez de forma que se alcanza un todo de gran complejidad. Cada hilo es cuidado de forma exquisita y desarrollado con un tino impresionante en el ritmo, el interés y la trascendencia de los acontecimientos. Una base submarina de investigación petrolífera es tomada prestada por la armada para acceder a un submarino accidentado. Como trasfondo, el conflicto de la guerra fría parece llegar a un punto de tensión muy peligroso entre Rusia y Estados Unidos. A la vez, una tormenta aísla la plataforma, ofreciendo escenas espectaculares de supervivencia submarina. Mientras, parece estar sucediendo un encuentro con criaturas o aparatos extraños, para unos claramente presencia rusa y para otros un contacto con alienígenas. En ese clima de aislamiento, política al punto de la guerra y la cercanía de objetos misteriosos que podrían ser hostiles, los soldados pierden el control y además de poner en apuros a los habitantes de la base pueden liarla parda, ya que se han hecho con una cabeza nuclear del submarino.

Entre medio los personajes tampoco son descuidados, componiendo un grupo de protagonistas excelente. Los secundarios son numerosos pero siempre sabes quién es quién, cómo es su forma de ser y qué está haciendo en ese instante. Muchos tienen sus momentos cumbre en la historia, no dejando todo a los tres protagonistas principales y dando así al filme un aura de realismo extra (algo que forma parte del sello de Cameron). En cuanto a las figuras centrales, tenemos a Bud, el jefe cercano y experimentado que da todo por su gente, interpretado con solidez por Ed Harris; Lindsey, la diseñadora de la plataforma, una mujer en la línea de la obra de Cameron, decidida, fuerte e independiente, a quien da vida Mary Elizabeth Mastrantonio con una resolución enérgica; y finalmente encontramos a Michael Biehn, habitual en la filmografía del director, en un papel opuesto al de Terminator y Aliens, el de soldado de mente militar poco dado a razonar y que no es capaz de sobreponerse a las dificultades de la situación; el actor, quien nunca terminó de despegar a pesar de estar en estos títulos importantes, consigue una interpretación de gran nivel.

Por desgracia, la ambición de Cameron le lleva a hacer cintas demasiado grandes, tanto en contenido como en técnica, pero también en longitud. Hasta el año 2000 no empezó a aceptarse eso de que las producciones en teoría destinadas a la taquilla, es decir, de acción y efectos especiales, pudieran superar ampliamente las dos horas de metraje, y el director redujo la longitud de la cinta considerablemente, pensando que así funcionaría mejor. Además los efectos especiales del tramo final (las olas gigantes) no había manera de terminarlos a tiempo, con lo que alteró también el desenlace. Pero como ocurrió con Aliens, Cameron pensó luego que merecía la pena recuperar la versión completa, y con el dinero que obtuvo de la inmensa taquilla de Terminator II pudo finalizar esas escenas. La versión vista en cines se resiente, contando con algunos huecos y lagunas extraños y un final apresurado y demasiado ligero comparado con lo que en realidad quería ofrecer. La versión completa, que pasa de 138 a 171 minutos, incluye escenas aquí y allá que redondean la narración, pero sobre todo muestra su magnífico final entero. En él los alienígenas dan una lección moral a una humanidad a punto de aniquilarse mutuamente. Lejos de resultar sensiblero o forzado, la calidad del guion y la puesta en escena (maravillosa la recreación de la nave y los entes) así como el papelón de Ed Harris ofrecen un desenlace intenso, emotivo y precioso que funciona de maravilla como alegato o lección antibelicista.

Siendo Abyss cien por cien James Cameron, o sea, construida milimétricamente por él desde el guion hasta el último detalle de la puesta en escena, no falta esa citada ambición que le lleva a hacer no sólo películas que en la técnica cinematográfica son endemoniadamente complejas y aparatosas, sino también visionarias como pocos autores si quiera se arriesgan. Así, la producción de Abyss no fue nada fácil. El presupuesto fue el más alto de la historia hasta la fecha (70 millones). La recreación de la plataforma y en general el rodar de forma realista las escenas submarinas supuso enormes quebraderos de cabeza resueltos hábilmente pero no sin dejar secuelas: los actores acabaron hasta las narices de un rodaje tan exigente y afirmaron que no volverían a trabajar con el director. De hecho, esto no es nuevo, porque Alan Silvestri se encargó de la banda sonora porque James Horner renegó tras el trato recibido en Aliens.

El resultado conseguido con Abyss es inmejorable, tanto en la parte artística como en la técnica. La dirección del filme es perfecta, manteniendo un pulso narrativo encomiable, controlando magistralmente los clímax, los interludios, las emociones, los personajes, la habilidad para mantener al espectador interesado cuando no asombrado… Cameron se apoya con sabiduría en un reparto muy bien controlado, en una fotografía (Michael Salomon) que exprime de maravilla los interiores y con el tono y color adecuados (sin ser oscura transmite la sensación de falta de luz y claustrofobia), en los excelentes decorados (grandes, muy cuidados), en los efectos especiales difíciles y avanzados (el aporte digital del brazo de agua fue una innovación impresionante) que se integran de maravilla (aunque las olas gigantes no han envejecido bien) y en la eficaz música de Silvestri, que si bien funciona muy bien es cierto que le falta algo de la fuerza y personalidad que por ejemplo tuvo el trabajo de Horner en Aliens.

Durante sus casi tres horas que pasan volando te mantiene pegado al asiento en un sinfín de tramas absorbentes que siempre llevan a algo más espectacular y emocionante. Hay tensión, aventura de supervivencia, ciencia-ficción muy bien usada, gran capacidad de asombro… y tenemos personajes de gran calidad con los que es fácil conectar y acompañar en sus problemas y sufrimientos, y mira que sufren. Momentos para el recuerdo hallamos muchos, destacando la larga secuencia de reanimación de Lindsay, que te deja sin respiración, los problemas que causa el militar (persecución en submarino, buceo por las aguas heladas, peleas desesperadas…), el descenso al abismo (largo pero inquietante), el encuentro con los extraterrestres, el mensaje que envían…

No es que reivindique que Abyss es otra gran producción de James Cameron, sino que me parece una joya cinematográfica injustamente olvidada por la crítica y el público, arrastrando además la sensación de que por ser de acción y ciencia-ficción se la menosprecia aún más, cuando ya quisieran muchos dramas tontorrones de esos que gustan en Hollywood (ver por ejemplo los Oscar de ese año: Mi pie izquierdo, Paseando a Miss Daisy, Campo de sueños…) tener la calidad de esta enorme e inolvidable película.