El Criticón

Opinión de cine y música

Caballo de batalla


War Horse, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 146 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Lee Hall, Richard Curtis, Michael Morpurgo (novela).
Actores: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, David Thewlis, Tom Hiddleston, Bennedict Cumberbatch, Celine Buckens.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena. Algunos momentos de gran fuerza.
Lo peor: El forzadísimo tono sensiblero. El ritmo apático de su primer tramo. Su simpleza y previsibilidad a pesar de tanto envoltorio exquisito.
Mejores momentos: Los caballos que llegan con jinetes al frente de ametralladoras… y pasan sin ellos. Soldados de distintos bandos tratando se salvar al caballo en las trincheras.

* * * * * * * * *

Desde los avances se intuía y los primeros minutos de proyección confirman el tono e intenciones que Steven Spielberg quería para War Horse: un sensiblero melodrama familiar centrado en animales, un clásico cuento de superación, separación y reencuentro. Su virtuosismo en la puesta en escena consigue que el viaje sea espectacular a la par que emocionante, y si bien hay momentos capaces de estrujar el corazón y humedecer los ojos, hay otros donde ese tono consigue transmitir todo lo contrario, la sensación de que el estilo se ha forzado en exceso, de que la búsqueda de la lágrima fácil se intenta a través de trampas muy evidentes. Resulta en ocasiones tan enervantemente ñoña, facilona y predecible que por momentos parece un insulto a la experiencia (esto ya lo he visto, esto es una bobada cursi) e inteligencia (tan pasado de rosca que no sé cómo esperas que me lo crea) del espectador. Y es una pena que a veces patine tanto, porque como digo la realización es exquisita y la historia puntualmente posee gran fuerza.

El peor tramo es el inicial. El proceso de unión entre el chaval y el caballo obedece a unos clichés y un estilo tan clásico que resulta viejo y por extensión ingenuo, a lo que se le suma que es tan previsible que no despierta interés y que parece tan decididamente obsesionado con conectar con la fibra sensible del espectador que se ven los trucos muy rápido y provoca más rechazo que emoción. El empresario villano, el padre sobrepasado por la situación, la madre fuerte, el joven entusiasta y esperanzado… Todo resulta tan evidentemente moldeado que casi provoca arcadas. Cuando aparece una oca graciosilla a complementar las escenitas bobas de animales casi dejo la película a medias. Pero menos mal que no lo hice…

Cuando empieza la guerra y el caballo se ve envuelto en ella la cosa cambia bastante. La tontería familiar se deja de lado para seguir al equino en una aventura que muestra la tragedia del conflicto bélico en varios niveles. Se trata la deshumanización de los soldados, donde algunos intentan resistirse encontrando consuelo en el cuidado de estos animales, y se analiza el efecto que la situación causa en el resto de la sociedad (en especial en las clases bajas) y la soledad que trae consigo la muerte y la desolación. De hecho a veces me parece un relato demasiado intenso y oscuro comparado con el que encontramos al inicio de la proyección: las escenas de guerra son tétricas y hay muchos muertos (incluidas ejecuciones), aunque se evitan mostrar los impactos de bala con diversos juegos visuales (que son virtuosos pero también parecen forzados).

En este viaje hay también muchos momentos claramente destinados a estimular la lágrima y sensibilidad del espectador, pero unos cuantos de ellos resultan muy acertados (los personajes con los que se topa el caballo siempre aportan esperanza dentro del caos, en especial la encantadora pareja del anciano y la niña -imposible no pensar en Heidi, por cierto-), otros resultan gratificantes (por divertidos a la par que bonitos, como los soldados de distintos bandos salvando al caballo en las trincheras), otros se controlan mucho mejor (la reaparición del anciano al final me pareció muy comedida y eficaz) y algunos aunque estén bastante sumergidos en la onda previsible y forzada llegan en el momento justo, y quizá si antes no se hubiera abusado tanto hubieran funcionado mucho mejor (el reencuentro final del chaval con el caballo es digno de culebrón pero difícil de eludir en una narración de este tipo).

El relato tiene un envoltorio técnicamente perfecto y artísticamente sobrecogedor. La ambientación (desde el impecable vestuario a las localizaciones y decorados), el sonido, la música, la fotografía… Steven Spielberg une todo bajo su mando ofreciendo una labor de dirección que derrocha recursos y habilidades en cantidades no mesurables. De hecho, su inmenso aspecto visual es más esperable en una gran epopeya y parece excesivo para una cinta tan sencilla, algo que sin duda disfraza bastante el tono de fábula tontorrona.

Aunque como pasatiempo cumple con creces y algunos puntos fuertes elevan su nota, no me cabe duda de que con un estilo más maduro e inteligente la película podría haber sido de muchísima calidad. Estar destinada para todos los públicos no significa rebajar su nivel hasta casi el retraso mental. Menos tono Disney y más madurez y naturalidad le hubiera venido francamente bien. No puedo evitar citar un ejemplo de lo que sería un perfecto drama familiar: E.T., una de la producciones más recordadas de Spielberg y que sin duda está en la cumbre del género.

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