El Criticón

Opinión de cine y música

Shame


Shame, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 101 min.
Dirección: Steve McQueen.
Guión: Steve McQueen, Abi Morgan.
Actores: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Bagde Dale, Nicole Beharie.
Música: Harry Scott.

Valoración:
Lo mejor: La base del relato, la calidad de los personajes y sus intérpretes.
Lo peor: La dirección pedante prefiere vacilar a emocionar.

* * * * * * * * *

Shame es la historia de un en apariencia prototipo de hombre perfecto (trabajo exitoso, físico impresionante, facilidad para ligues de una noche) que en realidad guarda un desapego emocional brutal con el resto de la sociedad, en especial con el lado femenino, algo que se agrava porque es adicto al sexo. Toneladas de porno y numerosas citas con prostitutas no llenan su vacío. Ni siquiera es capaz de manejar la relación con su hermana, una joven frágil que necesita atención y apoyo.

Steve McQueen (guionista y director) construye un drama psicológico inteligente, directo y duro (desde trágico a sórdido -la búsqueda de apego y sexo lleva al protagonista a hacer algunas locuras-) que desgrana aspectos realistas de nuestra sociedad moderna: distanciamiento, soledad, dificultad para conectar con el género que te atrae sexualmente, trabajos que atrapan pero no aportan nada a tu vida… Los personajes exponen muy bien todos esos problemas y conflictos emocionales, sobre todo gracias a que están interpretados con maestría por dos actores ya consagrados: Michael Fassbender está estupendo, aunque me gustó más en X-Men: Primera generación y en Un método peligroso, y Carey Mulligan resulta brillante, dan ganas de ir a rescatarla de su tristeza. Hay algunas escenas impactantes y desesperanzadoras bastante logradas, como el polvo que no sale bien, las peleas entre hermanos, las miradas en el metro que pasan del flirteo al acoso…

Pero estas virtudes se diluyen en un relato incapaz de sacar todo el potencial de la trama y sus excelentes personajes. Una historia sobre emociones humanas no puede narrarse de forma tan distante y fría, pero también rebuscada. No es de recibo que en momentos cruciales en los personajes se priorice el plano pseudo-artístico sobre el mostrar claramente cómo se desarrollan sus sentimientos. Escenas rodadas desde la nuca de los actores, planos secuencia vacíos, largos, cansinos y con aportes musicales que no tienen objetivo alguno (salvo dejar claro que al director le gusta el piano), excesivo interés en fotografiar la arquitectura y decoración moderna así como la belleza de la urbe con luminosidad y colorido (vamos, clichés del cine gafapasta en cantidad), salidas de tono innecesarias (¿qué aporta al argumento ver el pene de Fassbender constantemente, incluso meando?), un final que se va perdiendo hasta acabar tirando por el sensacionalismo innecesario…

Lo que pudiera ser una cinta intensa y psicológica donde dos actorazos arrasaran con unos personajes muy humanos y torturados termina siendo un producto demasiado frío, lento, distante, aburrido. Parece un intento o vacile de arte pedante, gafapasta, modernillo (hipster) y alternativo (en plan Drive, otro coñazo sobrevalorado) que sin duda gustará a los amigos de lo raro y distinto, pero que probablemente se le atragantará a quien busque una historia bien contada.

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