El Criticón

Opinión de cine y música

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio


The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011, EE.UU.
Género: Aventura, fantasía.
Duración: 109 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guión: Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish, Hergé (cómic).
Actores: Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Toby Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La animación, perfección absoluta en texturas, ambientación y movimientos. El ritmo endiablado, el sentido de la aventura.
Lo peor: Excesivas escenas de acción, que buscan impactar con cosas demasiado exageradas y consiguen lo contrario: incredulidad, rechazo. Y que por ellas la trama y personajes pierden definición.

* * * * * * * * *

Tintín resulta entretenidísima y espectacular por la mezcla de su ritmo siempre activo (impresionante a veces), su eficaz sentido de la aventura (situaciones, escenarios…) y por su impecable acabado, tanto el narrativo (dirección) como el visual (animación perfectísima). Se nota que Steven Spielberg aprovecha para hacer con lo digital lo que no se puede conseguir en la realidad, y se lo pasa en grande. Entre sus infinitas ideas y la calidad de la animación se monta secuencias imponentes donde da rienda suelta a toda su imaginería y experiencia. Planos sueltos, escenas enteras, situaciones concretas… encontramos un sinfín de virguerías que van de lo sorprendente a lo alucinante, con algunos momentos que quitan el aliento. Sin embargo, tanto en el guión como en la escenificación hay algunos peros notables.

A la aventura le falta contenido. La historia se simplifica demasiado y pierde mucha de la fuerza que se deja entrever en los mejores momentos. Es evidente que se elije la idea de machacar al espectador con acción constante sobre la de contar algo más denso, pero ahí se exceden muchísimo. La narración acumula demasiada acción exagerada y demasiada escena absurda, hasta el punto de que hay momentos tan imposibles o ridículos que precisamente juegan en contra de lo buscado: me sacaron completamente de la película. Toda la parte de Marruecos es infumable, por ejemplo. Y es una pena, porque cuando se pone seria funciona. Hay algunos muy buenos momentos, como las fusiones con la historia del pasado o la huida del barco (quitando la memez de las llaves) o los numerosos instantes que hacer recordar a Indiana Jones.

Pero debo decir que desde mi punto de vista el cómic deja las mismas sensaciones: no termina de definirse, de centrarse. En ambos formatos las aventuras de Tintín no dejan claro si la idea es hacer algo infantil o adulto, si se busca un thriller o una aventura medio fantástica. Se pasa de un estilo y género a otro en cada escena (o viñeta en el cómic), de una trama seria gira hacia a una chorrada sin pies ni cabeza, unas veces parece tirar por el realismo (drama y aventura serio) y en el siguiente momento desbarra con paridas absurdas (toda la parte de la avioneta es penosa). Esa ambigüedad, falta de equilibrio y rumbo es lo que impide que ahora de adulto conecte con unos cómics que de niño me gustaban mucho, e impide que la película llene por completo. Y también deudor del cómic es el otro punto negativo: Tintín carece de definición, siempre va hacia delante sin que se ahonde lo más mínimo en su personalidad y motivaciones. Menos mal que Haddock es un buen personaje y lleva el peso de la cinta, porque me temo que los secundarios, que en el formato original sí funcionan y se usan muy bien, aquí no brillan especialmente: los detectives gemelos molestan (¿cómo llegan a África y por qué?), el villano es incapaz de dejar huella…

Su fuerza visual y su ritmo absorbente disimulan bastante los huecos narrativos. La hipnótica animación y la soberbia dirección casi hacen olvidar las salidas de tono demasiado irreales. La suma de virtudes y defectos dan como resultado una impresionante montaña rusa que divierte y emociona con bastante facilidad, pero una vez roto el hechizo la película se olvida rápidamente.

2 Respuestas a “Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio

  1. Carito 17/07/2012 en 19:00

    hay veces que demostrar no saber nada.
    Y ésta, es una.

  2. Warren Keffer 17/07/2012 en 21:07

    Pues para demostrar que no sabes nada no escribas y no quedas como un imbécil. Yo es que alucino.

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